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Informe Mensual, núm 324 - Mayo 2009
Coyuntura internacional - Ajustes globales: el papel de la flexibilidad cambiaria
Informe completo ( 1,4 MB )

 

Para que el ajuste continúe, China y las economías asiáticas deben colaborar

  En la última década se han acumulado importantes desequilibrios a nivel global que representan un riesgo para la estabilidad financiera y económica mundial. Economías como Alemania, Japón, China y otros países asiáticos (véase gráfico siguiente) han registrado persistentes superávit debido a su mayor propensión al ahorro. Este ahorro se ha canalizado hacia economías con déficit, principalmente Estados Unidos, pero también a Australia, España, Nueva Zelanda o el Reino Unido.

  En décadas anteriores, el déficit por cuenta corriente era una seña característica de las economías emergentes. A menudo, este déficit se financiaba con deuda a corto plazo en moneda extranjera. Cuando el acceso a la refinanciación se cortaba, los tipos de cambio sufrían fuertes depreciaciones y el país difícilmente podía hacer frente a la devolución de la deuda. Era el momento en el que el FMI entraba en escena. Esta situación cambió radicalmente a raíz de la crisis asiática de 1997.

  La traumática experiencia de la crisis de 1997 hizo que varias economías asiáticas decidieran mantener unos tipos de cambio muy competitivos para estimular el crecimiento y acumular reservas para evitar una nueva crisis. Esto permitió generar importantes superávit en la balanza exterior, lo que se tradujo en una vertiginosa acumulación de reservas internacionales, principalmente en dólares de Estados Unidos (véase recuadro «¿Provoca la globalización los desequilibrios de las balanzas de pagos?»). Más recientemente, desde 2004, los países exportadores de petróleo contribuyeron notablemente a la ampliación de los desequilibrios globales. Estos países han ahorrado buena parte del aumento de ingresos derivados de la espectacular alza del precio del petróleo.

  El alto nivel de ahorro de las economías emergentes y los exportadores de petróleo han tenido importantes repercusiones sobre los países avanzados. Ha contribuido, por ejemplo, a que los tipos de interés y las primas de riesgo de los mercados corporativos se mantuvieran en niveles excesivamente bajos, especialmente entre 2004 y 2006, lo que a su vez permitió que se formaran burbujas en el precio de algunos activos como la vivienda. Otra consecuencia negativa de los desequilibrios globales es el riesgo que representan para la estabilidad de la economía mundial si se produce un parón súbito de los flujos de financiación hacia las economías con mayores déficit, en concreto Estados Unidos. La materialización de este riesgo provocaría una fuerte depreciación del dólar y un aumento de los tipos de interés a largo plazo.

  ¿Cómo se deben reducir estos desequilibrios? La respuesta no es sencilla e inevitablemente suscita controversia. La solución a un problema tan complicado pasa seguramente por alcanzar un consenso global en materia de política económica. Los gobiernos de las economías emergentes son conscientes de que deben formular políticas que estimulen el crecimiento de la inversión y el consumo interno. En definitiva, que impulsen el crecimiento de la demanda interna y reduzcan la dependencia del crecimiento de la demanda externa. Además, las autoridades saben que es importante flexibilizar los regímenes de tipo de cambio, aunque prefieren que los cambios sean graduales. China, por ejemplo, ha permitido una apreciación del yuan frente al dólar del 16% desde que flexibilizó su régimen cambiario en julio de 2005. Por otro lado, es importante que las economías desarrolladas que presentan importantes déficit fomenten el ahorro a largo plazo, aunque es lógico que en la coyuntura actual la preocupación central sea evitar un ajuste excesivo del ahorro privado en muy poco tiempo. En este sentido, el ajuste presupuestario de Estados Unidos a medio-largo plazo, crucial para aumentar el ahorro del conjunto de la economía, se adivina como una de las claves para reducir el déficit estadounidense y, por lo tanto, los desequilibrios globales.

  No se puede negar, de todas maneras, que el proceso de reducción del déficit comercial de Estados Unidos ya se ha puesto en marcha en los últimos años. Así, desde su punto máximo en el tercer trimestre de 2006 hasta el cuarto trimestre de 2008, el déficit ha caído en un punto porcentual, hasta alcanzar el 3,5% del PIB, a pesar de la escalada del precio del petróleo. Excluyendo las importaciones de petróleo, el déficit se ha reducido desde el 3,7% hasta el 2,1% del PIB. A ello ha contribuido la depreciación del dólar, que perdió un 18% en términos efectivos reales entre 2003 y 2006-2008. Dado el impacto retardado de los tipos de cambio sobre el déficit comercial, el déficit de 2008 está relacionado básicamente con el tipo de cambio del dólar de los dos años precedentes.

  ¿Debe el dólar seguir depreciándose para culminar el ajuste del déficit exterior de Estados Unidos? No necesariamente. Según las estimaciones de algunos economistas,(1) la depreciación experimentada por el dólar desde 2004 ya sería suficiente para que el déficit comercial en Estados Unidos siga reduciéndose gradualmente hasta un nivel sostenible del 1,5%-3% del PIB. En términos bilaterales, podemos esperar que a medio-largo plazo el dólar continúe debilitándose frente a las monedas asiáticas (especialmente el renminbi) y que se aprecie ligeramente frente al euro. Ello mantendría la cotización del dólar a un nivel similar al actual en términos efectivos (en promedio) y conduciría a un ajuste gradual del déficit de Estados Unidos y, por ende, de los desequilibrios globales.

  ¿Qué observaremos en el corto plazo? En los próximos trimestres, el ritmo del ajuste de los desequilibrios globales podría intensificarse temporalmente. Esta aceleración tendría un fuerte componente cíclico, relacionado con la recesión económica actual, la acusada debilidad de la demanda interna en Estados Unidos y la contracción del comercio internacional. Sin embargo, una vez que se atenúen los factores cíclicos, y para que el proceso de ajuste gradual continúe, es fundamental que China y las principales economías asiáticas sigan facilitando la apreciación de sus divisas. Se trata de un ingrediente fundamental para acabar con los desequilibrios globales y sentar las bases de un crecimiento mundial más sostenible que el de los últimos años.

  Este recuadro ha sido elaborado por Eduardo Pedreira

  Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de ”la Caixa”





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