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Informe Mensual, núm 287 - Enero 2006
Coyuntura internacional
Informe entero sin compactar ( 1,09 MB )
     

Previsiones OCDE

Previsiones OCDE: no tan fuerte como parece

La OCDE eleva su previsión de crecimiento para 2006. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha elevado ligeramente sus previsiones de crecimiento para el conjunto de sus miembros. Para 2006 la cifra ha pasado del 2,8%, al 2,9%, y para 2007 se prevé un mantenimiento de la actividad de 2006. Estados Unidos seguirá liderando la expansión económica global. Durante 2005 sus avances en productividad, el mercado inmobiliario y los estímulos monetarios y fiscales han apoyado la actividad económica, y se prevé que gran parte de estos factores continúe en 2006, lo que hace que la expectativa de crecimiento se eleve del 3,3% hasta el 3,5%.
Por su parte, la zona del euro abandona definitivamente el anémico comienzo de 2005 y encara una recuperación que, aunque moderada, cada vez parece más asentada de cara a 2006, cuando se espera que el crecimiento llegue al 2,1%. Por países, se espera que España crezca un 3,2%, mientras que Francia y Alemania recuperarán ligeramente el pulso con avances del 2% aproximadamente, lo mismo que Japón. En esta segunda mitad de 2005 la recuperación nipona, basada en la demanda interna y los buenos resultados empresariales, ha perdido fuerza frente al vigor de principios de año. Sin embargo, se ha asentado y extendido a todos los sectores, como ponen de manifiesto los datos de producción industrial, sector que iba inicialmente rezagado.
Es significativa la estabilidad de precios frente a las tensiones del petróleo. Un hecho significativo que apoya la continuidad del crecimiento global es el limitado impacto del tensionamiento de los mercados energéticos sobre los índices de inflación. Las previsiones para el próximo año apuntan a un retroceso de la tasa de inflación. Así, en Estados Unidos se espera pasar del 3,4% de 2005 a un 2,8% en 2006, y en la zona del euro del 2,2% al 2,1%. Para Japón las perspectivas son algo diferentes ya que se espera que a lo largo de 2006 se abandone el largo periodo de deflación. La recuperación será empero moderada, y se debe tener en cuenta que para aumentar el crecimiento potencial en el presente contexto de envejecimiento demográfico, queda pendiente un camino de reformas, de las cuales la privatización del sistema postal es un primer paso.
El mayor riesgo son los grandes déficit y superávit por cuenta corriente. A pesar de tanta bonanza, este escenario idílico de crecimiento sostenido sin inflación es menos estable de lo que parece. Algunos países ricos presentan unos niveles de ahorro excesivamente bajos pero que se compensan por el exceso de ahorro de las economías emergentes. Esto genera grandes déficit por cuenta corriente que en 2006 se prevé alcancen el 6,7% del producto interior bruto (PIB) en Estados Unidos, el 2,0% de la zona del euro y el 8,9% del de España. Alemania y Japón son en este sentido excepciones con superávit esperados del 5,2% y 4,7% respectivamente. La OCDE advierte de que estos desequilibrios por cuenta corriente podrían desencadenar una huída desordenada de los activos denominados en dólares que provocaría deflación fuera de Estados Unidos y afectaría negativamente al crecimiento, con subidas de tipos y bajadas en el precio de los activos, incluyendo la vivienda. Los desequilibrios fiscales son también importantes riesgos para 2006. El estímulo del ahorro en Estados Unidos y poder gestionar una población envejecida en Japón serán arduas tareas en los tiempos venideros.

Estados Unidos

Estados Unidos: madera, más madera

Estados Unidos crece sin inflación, pero continúa aumentando su déficit comercial. La locomotora americana tira. El petróleo nos puso los pelos de punta y los pisos están caros, pero al final siempre queda más de lo mismo: un crecimiento cada vez más asentado, y pese a todo, con precios moderados. La mayor sombra la constituye un déficit comercial, que sigue batiendo récords. La cuerda se tensa así cada vez más en un proceso cuyo límite exacto es incierto.
El consumo y la vivienda son los pilares del crecimiento. En su tercera estimación, el Bureau of Economic Analysis revisó al alza el crecimiento del PIB (producto interior bruto) hasta el 4,1% intertrimestral anualizado, por encima del ya robusto 3,8% previamente anunciado. La revisión se fundamenta, como ya viene siendo una constante, en la demanda interna. Dentro del consumo, los bienes no duraderos mantuvieron el tono. En estos últimos meses la fuerza de la alimentación viene compensando con ventaja la reducción del consumo de gasolina. La formación de capital fijo también siguió fortaleciéndose, con un sector de la vivienda que, tras la revisión, incrementó en un 50% su contribución al crecimiento, rompiendo su suave ralentización. Frente al vigor de la demanda interna, el sector exterior volvió a decepcionar, indicando que lo deseado va por delante de lo producido. Con esta tercera estimación del PIB, la ya reducida contribución positiva al crecimiento cambió de signo y pasó a ser un drenaje, dejando los buenos datos del segundo trimestre como una excepción. La causa del empeoramiento estuvo centrada en el aumento de las importaciones, en consistencia con la fuerza del consumo. En este sentido, es de esperar que la aún pendiente reposición de los niveles de existencias siga tensionado las importaciones al alza.
Las ventas minoristas evolucionan al alza y el consumidor recupera la confianza. Por el lado de la demanda, las ventas al por menor de noviembre conservaron el vigor de los últimos meses. Los componentes no volátiles, sin automóviles ni gasolina, avanzaron al 7,5% interanual, crecimiento robusto que además se inscribe en una tendencia de ligera aceleración. A consecuencia de los precios energéticos, el consumo de combustible ha pasado a tener una gran volatilidad y desvirtúa el dato agregado, al igual que lo venían haciendo las ventas de vehículos a motor. En noviembre, el drástico deterioro de las primeras no fue compensado por la recuperación de las segundas. Menaje del hogar y ventas en grandes almacenes continuaron su robusta marcha y la alimentación continuó afianzando su repunte, compensando la relativa pérdida de fuerza del vestido. Apoyando esta fuerte demanda, la confianza del consumidor despierta de sus miedos huracanados y de la resaca de las desgracias de General Motors, aunque con un mes de retraso en comparación con otros indicadores. Así, después del repunte de noviembre, los niveles de confianza del pasado verano están ya cercanos.
Por el lado de la oferta, la producción industrial tuvo un mejor comportamiento que en meses recientes, con tasas de crecimiento cercanas al 3% interanual. A pesar de esta tímida reactivación, el sector dista mucho de ser un pilar de la presente expansión, con un ritmo de avance que es la mitad del registrado en anteriores recuperaciones. Por su parte, el optimismo empresarial se mantiene, con un predominio de quienes ven el futuro inmediato con optimismo. El muy ligero retroceso de noviembre del índice de actividad manufacturera del Institute for Supply Management hay que verlo como un mantenimiento en niveles elevados de confianza más que como el inicio de una tendencia bajista.
La vivienda sigue tirando con fuerza. La vivienda sigue tirando con fuerza. Las estadísticas de precios y ventas de octubre siguieron siendo robustas, y las viviendas iniciadas, que en los meses de verano traían tímidos aires de ralentización, reputaron en noviembre con un crecimiento del 17,5% respecto al mismo periodo del año anterior. Si el precio de la vivienda nueva se ralentiza, el precio de la vivienda usada se acelera llegando a tasas superiores al 16%, siendo la venta de vivienda usada cinco veces mayor que la de vivienda nueva. El aterrizaje suave que algunos veían a principios de otoño se ha transformado así en repunte. En este sentido, las tareas de reconstrucción por los efectos de los huracanes pueden haber introducido distorsiones al alza, pero la fuerza de fondo del sector parece bien asentada por el momento, lo cual sigue dando soporte a la actividad económica en general.
El empleo crece y los salarios se recuperan gracias a las ganancias de productividad. El empleo confirmó su fuerza con la creación de 215.000 nuevos puestos en noviembre. Reforzando esta impresión de bonanza, tras la segunda revisión, en el accidentado mes de septiembre, la pérdida de 35.000 puestos se transformó en ganancia de 17.000. Consistente con este panorama alcista, la tasa de paro permaneció en noviembre anclada en el 5,0%. Después de retrocesos anteriores, el poder adquisitivo de los salarios también se recupera, avanzando en noviembre un 1,0%; ganancia que, a la vista de los datos de productividad, debe entenderse más como soporte al nivel de actividad que como señal inflacionista. La productividad del trabajo fue revisada al alza del 4,1% al 4,7% interanual, lo que supone un descenso del 1,0% de los costes laborales unitarios. Así, el mercado de trabajo, gracias a las mejoras tecnológicas y los efectos de la globalización, continúa sin mostrar tendencias inflacionistas a pesar de su vigorosa marcha.
La inflación vuelve con rapidez a tasas más moderadas. La inflación de octubre bajó del 4,3% al 3,5% interanual. Un retroceso, a causa de la relajación de los precios energéticos, que mejora lo esperado. El componente subyacente, que excluye energía y alimentación y es más fiel exponente de la tendencia general, quedó prácticamente invariado en el 2,1%. Los precios de producción, que excluyen márgenes minoristas, siguieron una evolución pareja desacelerándose del 6,9% al 4,5% en sólo dos meses, con un componente subyacente que avanzó un mero 1,7%. Viendo el camino de ida y vuelta de los precios a causa de los vaivenes del petróleo, es destacable la poca oscilación que han mostrado los componentes no energéticos, denotando la solidez en los fundamentos de la presente recuperación.
El creciente déficit exterior sigue tensando la cuerda. El déficit comercial volvió a decepcionar con nuevos máximos, rozando en noviembre los 69.000 millones de dólares según los datos de la balanza de pagos. La cifra es un 19,4% superior a la registrada en julio, cuando el déficit se redujo por última vez respecto al mes anterior, y es que en los últimos tres meses éste sobrepasa ya el 6% del PIB. La leve mejoría del segundo trimestre queda pues como un fenómeno aislado, motivado por el ciclo de existencias y por rigideces momentáneas en las importaciones provenientes de Asia. Con los presentes niveles de consumo e inversión, con unas exportaciones que no acaban de despegar, y con el superávit de ahorro que tienen sus principales socios comerciales, es difícil precisar donde está el límite de esta cuerda que mes a mes va tensionándose cada vez más.

Un tema generacional, vacas gordas y vacas flacas

El faraón tuvo un sueño y preguntó a José, y el hábil muchacho respondió que en los siete años de vacas gordas debería ahorrar y proveer para los años de vacas flacas. Con un crecimiento robusto sin inflación, Estados Unidos está ciertamente en años de vacas gordas, pero no se siguen los consejos de José, ya que ni hogares ni gobierno ahorran para lo que pueda venir. Fruto de ello es el creciente déficit exterior, su mayor desequilibrio, y también su mayor riesgo. Durante los años de Reagan, el déficit público era la causa del déficit exterior; con Clinton, la responsabilidad pasó al sector privado. Hoy, con gastos de guerra y apoyos a la actividad, el déficit público vuelve a convertirse en causante del desequilibrio exterior, mientras que las familias continúan con su desahorro.
Las perspectivas a corto plazo son de mejora, tanto en ingresos como en gastos. En el tercer trimestre de 2005, el déficit corriente total de las administraciones públicas, sin incluir gastos y transferencias netas de capital, se situó en el 4,5% del PIB. De este déficit, la parte más activa es la correspondiente al gobierno federal, que en 2004 fue de 412.000 millones de dólares y representó el 3,5% del PIB. La CBO (Oficina Presupuestaria del Congreso) prevé para 2005 un déficit federal de 331.000 millones de dólares, sensiblemente menor del esperado a principios de año, 390.000 millones, y lejos del valor de 2004. Para 2006 la CBO espera un déficit federal de 314.000 millones, el 2,4% del PIB. Más y mejor, esta mejora se inscribe en proceso de reducción del déficit del que se espera que lo lleve hasta el 0,4% del PIB en 2015. Las cosas parecen enderezarse, pero la economía es la ciencia lúgubre por algo: siempre hay algún punto negativo.
La mejora es por mayores ingresos y menores gastos, pero el problema es que lo bueno es temporal y lo malo creciente y permanente. La recaudación del impuesto sobre la renta de las personas físicas aumenta al 15% interanual, bien por encima del PIB nominal porque, con el crecimiento, las rentas tienden a evolucionar hacia tramos con mayor tasa de gravamen, y superan los mínimos exentos de tributación. A este hecho se une el final de exenciones fiscales temporales que la actual administración puso en marcha en 2001, algo que ya no se repetirá. En los impuestos sobre beneficios empresariales, el aumento sobrepasa el 30% interanual, muy por encima del aumento de los mismos beneficios empresariales. Las posibles explicaciones de esta discrepancia apuntan a que esta fuente de ingresos se desacelerará drásticamente en el futuro. Si los beneficios se han subestimado momentáneamente en las cuentas nacionales, éstos están hoy en un máximo insostenible; si la causa son cambios legislativos, o cambios de prácticas contables, la conclusión es la misma ya que estas mejoras tampoco pueden darse continuamente. El ritmo de aumento de esta recaudación también debe disminuir.
Por el lado del gasto, podemos distinguir entre gastos discrecionales, que varían muy sensiblemente con las decisiones de la administración, y gastos obligatorios, menos volátiles. Durante los últimos años ha habido un fuerte aumento de los gastos discrecionales, motivado por la guerra de Irak y por unas necesidades de defensa nacional cuyo epílogo ha sido paliar los efectos del huracán Katrina. Se alcanzó un máximo a mediados de 2003, justo al final de la campaña de invasión de Irak, pero después han venido desacelerándose, provocando la mejora presupuestaria actual. Hasta aquí las vacas gordas.
Cuando miramos los gastos obligatorios aparecen las vacas flacas. A partir de 1946, primer año de paz tras la II Guerra Mundial, en Estados Unidos hubo un fuerte incremento de nacimientos, dando lugar a una oleada demográfica numerosa que ha venido a ser llamada la generación del baby boom. En los sesenta fueron a Vietnam, el Ford Mustang fue diseñado para sus años mozos, soñaron con Luther King y aplaudieron a Elvis y a Bob Dylan. De hippies pasaron a yuppies y compraron casas y acciones, y ahora se retiran. En 2008 los primeros babyboomers tendrán 62 años, edad mínima para acogerse a los beneficios del retiro estatal. En 30 años, los mayores de 65 años se habrán doblado, y se pasará de 3,25 a 2 personas trabajando por cada jubilado. Así, los gastos de la seguridad social, que ahora crecen al 5,5% interanual, se irán acelerando.
Pero la cosa no acaba aquí. La Seguridad Social es sólo uno de los tres capítulos principales del gasto público. También está la sanidad con los programas Medicare y Medicaid, y aquí, el aumento esperado del gasto aún es mayor. Cualquier enfermedad degenerativa a los ochenta es más cara de tratar que un cáncer de pulmón a los sesenta. Además, los avances de la medicina van a tener un efecto neto de encarecimiento de los tratamientos. Como consecuencia, el gasto en sanidad va a crecer muy por encima del PIB nominal.
La situación no es desesperada. Existe una cura que todo lo puede, que es el crecimiento y la productividad. La productividad podría hacer posible que hasta con dos trabajadores por persona retirada cuadrasen las cuentas. Lo preocupante es que en estos momentos, con la economía lanzada y con un déficit público moderándose, éste aún contribuye a más de la mitad del desequilibrio por cuenta corriente. La encrucijada a la que se enfrenta Estados Unidos es que cualquier cambio drástico en los gastos públicos o en las pautas de ahorro de los hogares puede tener efectos importantes sobre el crecimiento. Si en los días de vino y rosas estamos en déficit, ¿qué pasará cuando cambie el panorama? La CBO prevé una mejora en los próximos años, pero lo que no convence de esta previsión es que requiere que los años de vacas gordas sean bastantes más de siete.

Japón

Japón se recupera, pero con parsimonia

Japón revisa su crecimiento a la baja. La expansión japonesa sigue adelante, aunque con un mayor optimismo en productores que en consumidores. Las dudas sobre su intensidad y la cuestión de la deflación son distintas caras de un mismo enigma que por ahora permanece sin resolver.
En su primera revisión, el Ministerio de Comunicaciones revisó a la baja el crecimiento del tercer trimestre del PIB, pasando de un crecimiento del 1,7% intertrimestral anualizando al 1,0%. En contraste, los datos de la primera mitad de año fueron revisados al alza, lo que reduce la anterior tendencia alcista. El grueso de la revisión fue motivado por la disminución de los niveles de existencias, lo que quita cierto hierro a la noticia, aunque no por ello elimina las dudas sobre la fortaleza de la actual recuperación. Los principales motores de ésta, el consumo privado y la inversión, permanecieron, con pocos cambios, ligeramente revisados al alza, en especial la inversión. El sector exterior también mejoró y, gracias a unas menores importaciones, dejó de sustraer crecimiento. Las principales dudas sobre el crecimiento están en los datos nominales. Con un deflactor que incrementó su tendencia bajista hasta disminuir un 1,4% interanual, el PIB en términos corrientes presentó una disminución del 0,7% respecto al anterior trimestre en tasa interanual, cuando previamente se había anunciado un aumento del 0,7%.
Las ventas minoristas y las de automóviles disminuyen… En la línea del mes anterior, los últimos indicadores de demanda siguieron dando señales de debilidad. Las ventas minoristas retrocedieron en octubre un 0,4% interanual, hecho que no se daba desde finales de 2004. Pese a ello, la tendencia de fondo alcista aún no está rota. Las ventas de automóviles siguieron esta misma evolución de flaqueza, con un retroceso por quinto mes consecutivo que en noviembre se intensificó hasta el 9,7% interanual.
…mientras que la producción industrial frena su ralentización y los empresarios ven las cosas un poco mejor. Los indicadores de oferta, también en línea con meses anteriores, dieron señales más positivas que los de demanda. La producción industrial de octubre fue revisada al alza hasta el 3,0% interanual, un buen registro que no se daba desde febrero y que estabiliza la desaceleración de los últimos meses. Los pedidos de maquinaria de octubre perdieron la fuerza del mes anterior, pero su componente doméstico continuó dando unas mesuradas señales positivas. En un contexto menos bueno, las quiebras empresariales de octubre y noviembre repuntaron ligeramente hasta niveles de inicios de 2004. Marcando un poco el tono moderado de la presente recuperación, el índice Tankan de grandes empresas manufactureras del cuarto trimestre pasó del 19 al 21, un incremento bastante menor de lo esperado, pero que vuelve a situar el optimismo empresarial entre los mejores niveles desde inicios de los noventa, aunque lejos aún de las cifras que presentaba antes de que Japón entrase en su década perdida.
El mercado de la vivienda siguió en noviembre su lenta pero paulatina recuperación. Las ventas en Tokio perdieron de forma lógica la intensidad de meses anteriores, pero la evolución general de precios y ventas continúa con su tendencia alcista.
La deflación continúa. En el frente de la inflación, los precios de octubre retrocedieron un 0,7% interanual y los de Tokio de noviembre bajaron un 0,9%. En un tono más positivo, los precios sin los volátiles alimentos frescos repitieron los valores del mismo periodo del año pasado, aunque en ello fueron ayudados por el repunte de los precios energéticos. Con estas cifras, y sin olvidar los también negativos deflactores del PIB, es poco probable que Japón abandone la deflación de forma consistente al final de 2005, como ha afirmado el banco central, o incluso a inicios de 2006. En un tono continuista con los últimos meses, la tasa de desempleo de septiembre aumentó hasta el 4,5% de la población activa, se perdieron empleos en construcción y se ganaron en servicios.
El superávit comercial japonés siguió menguando en noviembre, a causa de las crecientes importaciones. En un contexto positivo, las exportaciones se recuperaron.

China

China sigue creciendo, pero sin tensiones inflacionistas

China avanza a pasos agigantados sin inflación y con una estabilidad asombrosa. China sigue impertérrita su portentosa marcha, con fuertes crecimientos y poca inflación. Las estadísticas serán revisadas, y en principio los cambios deben ser al alza, con una mejor contabilización de los servicios. Sorprende esta convivencia de un fuerte ritmo de actividad con unos precios extremadamente moderados, que sólo se entiende por la mayor fuerza de la inversión en relación al consumo. Sorprende aún más la estabilidad del crecimiento, que durante estos últimos trimestres apenas muestra variaciones en su ritmo de avance.
La economía china creció un 9,4% el tercer trimestre de 2005. Por sectores, la industria volvió a ser el principal actor, con un incremento del 11,1% interanual, seguida de los servicios, que avanzaron el 8,1%, y la agricultura, que creció el 5,0%. Inversión y exportaciones siguen siendo la base del crecimiento, muy por encima del consumo privado.
Desde el punto de vista de la oferta, en este tercer trimestre, el sector industrial siguió protagonizando el mayor crecimiento, mientras que los servicios aumentaron ligeramente su tasa de avance. Es probable que tras la próxima revisión estadística, que incluye una mejor estimación de los servicios, el peso de la industria baje su participación en el total de la economía.
En el lado de demanda se encuentran los pocos indicadores que dan alguna señal de ralentización. Así, las ventas minoristas de noviembre aumentaron un 12,4% interanual, tasa que si bien es cierto que continúa siendo alta, es empero la segunda menor de los últimos tres años. La causa de esta relativa desaceleración se encuentra en el ámbito rural, mientras que en las ciudades asistimos más bien a una intensificación del crecimiento. Esta divergencia es significativa en un país donde uno de sus principales problemas es la brecha de renta que se ha abierto entre campo y ciudad.
Los productores, en especial industriales, mandan sobre los consumidores. En la oferta, la producción industrial de noviembre avanzó un 16,6% interanual. La industria pesada siguió ganando terreno y las empresas estatales renovaron sus retrocesos bajando su participación en el valor añadido total desde el 41,4% de hace un año al 37,7%. Esto supone cierta reducción de riesgos, al ser los conglomerados estatales y sus deudas uno de los mayores problemas de la economía china. Por productos, la producción de vehículos a motor, incluyendo motocicletas, parece casi estancada, mientras que la de ordenadores avanza a toda máquina, con un robusto crecimiento del 80,2% interanual en los doce meses hasta noviembre. También la producción de energía avanza con fuerza. El mismo periodo del año anterior, la producción de energía eléctrica sigue su marcha ascedente.
Los precios, a pesar del alto nivel de actividad, siguen en unas cifras asombrosamente contenidas, con un índice general de precios al consumo que en noviembre avanzó un mero 1,3% interanual. Dejando aparte el dato absoluto, los precios de las zonas rurales subieron más que los de las zonas urbanas, a pesar del menor consumo minorista de las primeras. Un hecho explicable por la reconocida existencia de ciertos cuellos de botella fuera de las ciudades.
El superávit se modera,a excepción de la balanza bilateral con Estados Unidos. En el sector exterior, las exportaciones siguieron creciendo con fuerza, aumentando un 29,9% interanual en los doce meses hasta noviembre, lo que sin embargo supone un ligera desaceleración. Las importaciones también continuaron ralentizándose y en el mismo periodo aumentaron un 17,7%. Fruto de estas desaceleraciones, el superávit comercial en los doce meses hasta noviembre alcanzó los 102.134 millones de dólares, un nuevo récord, pero que ya no crece de forma explosiva. Siempre con la precaución de su alta volatilidad, el registro de noviembre fue menor que el de octubre. Se mantuvieron los déficit comerciales con Corea y Japón, pero se pasó a tener superávit con Alemania. Caso especial es el superávit con Estados Unidos, que supera los 110.000 millones de dólares situándose por encima del superávit total. Puede decirse así que China es un importador neto a nivel mundial si exceptuamos su balanza bilateral con Estados Unidos.
Por productos no hubo grandes cambios respecto a meses anteriores, con las exportaciones de manufacturas de los doce meses hasta octubre creciendo un 33,0% y las importaciones de materias primas del mismo periodo creciendo un 32,1%.

México

México mantiene su expansión

México crece sin inflación. La economía mexicana creció un 3,3% interanual en el tercer trimestre de 2005. Se mantiene así la expansión azteca por tercer año consecutivo. Una expansión apoyada en la demanda interna, en especial por una notable recuperación del consumo privado. La inversión mantiene el tono, pero la de origen público aún crece por encima de la privada. El sector exterior sigue sustrayendo fuerza al crecimiento dibujando un perfil macroeconómico más parecido al de Estados Unidos que al de otras economías latinoamericanas, que en la actualidad presentan superávit comerciales. Por sectores, los servicios bancarios y financieros y el transporte siguieron siendo puntos fuertes, a los que se añadió el fuerte repunte del sector alimenticio. Por contra, la construcción perdió gran parte del ímpetu de los últimos meses.
Las maquiladoras se desaceleran. En el lado de la demanda, las ventas minoristas de octubre mantuvieron el tono con un 3,8% interanual, algo por debajo de los fuertes registros de agosto y septiembre. En el lado de la oferta, la producción industrial de octubre avanzó un 2,6% interanual, con un perfil otra vez similar al caso americano y japonés: recuperación, pero a tasas más moderadas que en anteriores expansiones. La construcción apuntó cierta mejora, pero decepcionaron las maquiladoras, que avanzaron un 3,3%, una significativa ralentización que puede ser consecuencia de los efectos que la mano de obra barata china, vía exportaciones sustitutivas, tiene en países de bajos costes como México.
El paro baja, pero los costes unitarios suben. La tasa de paro general de septiembre se redujo hasta el 3,7% de la población activa, fruto del tirón de la demanda. En el mismo periodo, la productividad manufacturera frenó su caída, pero aún sigue languideciendo. En este sentido, los costes laborales unitarios, que aumentaron cerca del 10%, siguen constituyendo un problema que afecta seriamente a la competitividad mexicana.
Siguiendo un camino conocido, los precios al consumo intensificaron su tendencia moderadora, aumentando en noviembre un mero 2,9% respecto al mismo periodo del año anterior. El componente sin alimentos ni energía del mismo mes siguió apuntando a la baja con una tasa del 3,1%.
La dependencia de las exportaciones de petróleo es ahora un riesgopara la economía mexicana. El sector exterior mexicano es la parte más negativa de una economía que, por otro lado, crece sin presentar tensiones inflacionistas. El déficit comercial de los doce meses hasta octubre de 2005 se mantuvo cercano a los 9.500 millones de dólares. Sin contar las exportaciones de petróleo, el déficit rozó los 40.000 millones de dólares. Una evolución a la baja de los precios del petróleo podría añadir presión a un sector exterior que no está en sus mejores momentos.

Materias primas

Precio del petróleo: tras el repunte, nueva tregua

Tirón alcista del petróleo en la primera quincena de diciembre debido al rigor climático en el hemisferio occidental y a la decisión de la OPEP de no ampliar su cuota oficial de producción. Tras dos meses de relativa contención de las cotizaciones del oro negro (entre finales de septiembre y finales de noviembre el precio del barril de calidad Brent cayó un 13%, situándose en los 54 dólares por barril), en diciembre se ha asistido a un nuevo episodio alcista. Durante las dos primeras semanas de dicho mes los precios volvieron a acercarse al nivel de los 60 dólares por barril, aunque a finales de diciembre deshicieron posiciones hasta los 56 dólares por barril.
De las restantes materias primas sigue sorprendiendo el aumento de los metales, entre los cuales destaca la subida del cobre. Dicho movimiento se debió principalmente a una primera quincena de diciembre muy fría en Estados Unidos y Europa que afectó al nivel de existencias de crudo y productos refinados. También contribuyó a este episodio tensionador el anuncio de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) del pasado 12 de diciembre de mantener su cuota oficial de producción invariada en 28 millones de barriles diarios. Esta evolución de corto plazo no tiene que hacer olvidar que las tendencias de fondo del mercado siguen tendentes a generar precios altos del petróleo. Aunque el tramo final de 2005 ha sido relativamente tranquilo, la Agencia Internacional de la Energía ha revisado al alza sus perspectivas de demanda para 2006.
Por lo que se refiere a las restantes materias primas, se ha asistido a una nueva aceleración de las cotizaciones (en diciembre el índice «The Economist» en dólares creció un 14% interanual, tres puntos más que en noviembre). Especialmente preocupante es la tendencia que registran las materias primas industriales, con los metales a la cabeza. Así, mientras el grupo general de materias primas industriales avanzaba un 23% en el último año, las materias primas metálicas se acercaban al 30%. Aunque importantes metales como el platino y el aluminio están en ritmos de crecimiento apreciables, el caso del cobre, con un aumento interanual del 45% en diciembre, reviste especial intensidad. El oro, por su parte, superó en el promedio de diciembre la cotización psicológica de los 500 dólares por onza (aumento interanual del 15%).




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