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Informe Mensual, núm 295 - Octubre 2006
Coyuntura internacional
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La inmigración en España y Estados Unidos: una cuestión de género ( 61,85 KB )
     

Previsiones FMI

Previsiones del FMI: crecimiento sólido pero los riesgos persisten

El FMI espera un crecimiento global para 2006 y 2007 en torno al 5%... El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe de perspectivas de la economía mundial de septiembre aumenta sus previsiones de crecimiento para 2006 del 4,9% al 5,1%. Para 2007 espera una muy ligera moderación que dejaría el avance en el 4,9%. La expansión mundial es sólida gracias a los hasta ahora bajos tipos de interés y la expansión del comercio internacional. Pese a un escenario central positivo, aumentan los riesgos de una revisión a la baja del crecimiento por unos tipos de interés al alza, posibles elevaciones del precio del petróleo, la desaceleración del mercado de la vivienda americano y los desequilibrios de las balanzas por cuenta corriente, que podrían traer tensiones proteccionistas.
…pero aumentan los riesgos del tipo de interés, desaceleración de la vivienda en Estados Unidos y desequilibrios de balanzas por cuenta corriente. Por áreas geográficas, Estados Unidos cede algo de fuerza y ganan vigor Europa y, especialmente, los países emergentes con China a la cabeza. Para Estados Unidos se espera un crecimiento del 3,4% en 2006 y se rebaja al 2,9% en 2007. Japón mantiene su expansión con avances del 2,7% en 2006 y del 2,1% para 2007, mientras que la prestación económica prevista de la zona euro se revisa del 2,0% al 2,4% para 2006 y queda en el 2,1% para 2007. Pero son los países emergentes los que más ven aumentar sus expectativas de crecimiento económico, con un avance conjunto para este año superior al 7%, un vigor que también se mantendrá en 2007. China mantendrá sus fuertes crecimientos en torno al 10%. Las economías de América Latina esperan crecer un 4,8% este año y para 2007 un 4,2%, en ambos casos revisados al alza en torno al medio punto porcentual. Rusia y los países de Europa del Este también ven corregidos de igual manera al alza su crecimiento.
Para Europa, se disipa en parte la incógnita alemana, que era el país que más dudas venía suscitando, con una previsión de crecimiento para 2006 del 2,0% y del 1,3% para 2007. Vuelven a mejorar las perspectivas de expansión para Francia y Reino Unido, mientras que se mantienen para Italia. España sigue estando a la cabeza de los avances europeos, con una previsión para 2006 del 3,4%, y del 3,0% para 2007.
El crecimiento baja en EEUU, sube en Europa y sigue disparado en los países emergentes. Dejando aparte los riesgos inflacionistas del petróleo, las fuertes tasas de crecimiento mundial están llevando a una mayor utilización de la capacidad productiva. Es principalmente este hecho lo que ha provocado un tensionamiento de la inflación subyacente, con niveles en general por encima de los objetivos de los bancos centrales. En este sentido destacan los costes laborales unitarios de Estados Unidos, que obligarán a la Reserva Federal a estar expectante pese al menor crecimiento. Así, las expectativas de inflación se revisan al alza, y se espera que los precios suban un 3,6% este año y un 2,9% el año próximo. La situación del Banco Central Europeo es similar, con una menor inflación esperada –pero también revisada al alza y por encima del objetivo del banco– del 2,3% para 2006 y 2,4% para 2007.
El principal riesgo para el crecimiento siguen siendo los desequilibrios comerciales. La corrección de los mismos supone la posibilidad de un ajuste brusco de la cotización del dólar. A este riesgo se añade la corrección del mercado inmobiliario americano y dudas sobre la resistencia de las economías emergentes en un entorno global menos propicio, con mayores tipos de interés y unas materias primas, de las que son exportadores netos, más baratas. También persisten los desequilibrios fiscales y la falta de políticas decididas para subsanarlos en un momento especialmente propicio.

Estados Unidos

Estados Unidos aguanta el final de ciclo de la vivienda, de momento

La fuerte utilización de la capacidad productiva está provocando tensiones en los precios. Richard Fisher, presidente del banco de la Reserva Federal de Dallas, ha estado preocupado estas últimas semanas. A finales de agosto había recibido información de primera mano de profesionales del sector inmobiliario que indicaba que estábamos ante la corrección más drástica que se recuerda. La economía estadounidense se está replegando de forma suave, con un crecimiento del 3,6% interanual en el segundo trimestre, y con una menor amenaza inflacionista de lo que se esperaba hace tan sólo unos meses. Pero los últimos datos del mercado de la vivienda confirman las preocupaciones del señor Fisher, aunque, todo hay que decirlo, la sangre aún no ha llegado al río ¿por qué?
La vivienda asiste a la bajada de actividad más abrupta de las últimas décadas... La desaceleración del mercado inmobiliario es abrupta, pero lo es más en volumen de actividad que en precios. El retroceso de la actividad ha sido muy rápido, mucho más que en mercados bajistas anteriores como a inicios de los años ochenta y noventa, que tuvieron caídas más tendenciales, con lo que no debería descartarse aquí un rebote alcista. Las viviendas iniciadas de agosto bajaron un 19,8% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando en el conjunto de 2005 habían aumentado un 6,3% respecto al año previo. Otro tanto pasa con la venta de viviendas, nuevas o de segunda mano, que en agosto descendieron un 17,4% interanual y un 12,6% respectivamente. En precios las cosas son algo distintas. Más que de retroceso, hay que hablar de súbita desaceleración. Los precios de las viviendas nuevas y de segunda mano descendieron un 1,7% interanual y un 1,3%. Guarismos mucho menores que los crecimientos en la zona del 10% de principios de año, pero aún lejos de suponer una pérdida apreciable de valor.
...pero los inmuebles aún conservan su valor. Esta diferencia entre precios y actividad es importante. Una debilidad del volumen de negocio e inversión del sector residencial afecta al 6% del total del producto interior bruto (PIB) en dólares corrientes que, aunque no es poco, queda lejos de los dos tercios que representa el consumo. El consumidor americano ha sido uno de los pilares más importantes, sino el que más, de la presente expansión, no ya a nivel estadounidense sino en términos globales. Sus salarios hasta hace poco han estado languideciendo, y las subidas del petróleo han minado sus presupuestos. En este contexto teóricamente poco favorable, el efecto riqueza derivado de la apreciación de sus activos inmobiliarios, combinado con unos bajos tipos de interés que han permitido rehipotecar inmuebles y financiar otros gastos, ha sido un soporte crucial para continuar comprando aquí y allá. La disminución de la actividad del ladrillo ya se está dejando sentir en el crecimiento del PIB, pero sin bajadas de precios significativas, algo que aún no se ha producido, y si, además, el petróleo ayuda un poco y los salarios despiertan del letargo como así parece, la desaceleración de la economía dista de adquirir tintes melodramáticos.
El consumo se mantiene fuerte, con algo más de confianza gracias al petróleo. Las ventas al por menor siguen mostrando una notable fortaleza. Excluyendo las ventas de automóviles y gasolina, por su volatilidad en volumen las primeras y en precios los carburantes, el consumo minorista creció en agosto un 6,9% interanual. Existe empero cierta desaceleración en lo que llevamos de 2006, con una tendencia hacia incrementos del 6%. La ralentización se centra en los materiales para la construcción y el menaje del hogar, consecuencia lógica de la situación actual de la vivienda. Otra muestra de cierta debilidad es la desaceleración del consumo de alimentos y bebidas en bares y restaurantes, y es que, cuando las cosas no se ven claras, es mejor comer en casa y ver algún vídeo. Los niveles de confianza del consumidor, después de bajar en julio, encontraron cierto soporte en agosto, principalmente gracias a la mencionada moderación de los precios del crudo.
Los empresarios aún perciben vigor en la marcha económica. Por su parte, la producción industrial, pese a decepcionar ligeramente en agosto, está en mejor forma que hace un año, creciendo al 4,7% interanual. Si bien no se crean empleos manufactureros, existe en el sector una tendencia hacia empleos de mayor calidad, fruto de ganancias en productividad. Las encuestas de actividad y sentimiento empresarial reflejan este mejor comportamiento del sector manufacturero, con un índice del Institute for Supply Management que en manufacturas mantiene prácticamente los niveles, estabilidad en la banda alta que también se da en servicios. Las cotas de agosto de 54,5 y 57,0 puntos respectivamente, ambas por encima del nivel de 50, indican que predominan quienes ven mejoras sobre los que ven un empeoramiento de la situación.
El mercado de trabajo se modera, con una creación de empleo que en la actual expansión nunca ha llegado a niveles similares en otros ciclos. Los salarios salen del letargo sin excesiva fuerza. Tras la revisión de agosto, los costes laborales unitarios subieron algo más de lo esperado. Algo que o bien indica tensiones inflacionistas o menores beneficios empresariales. La ralentización de la economía, la actitud de la Reserva Federal y los beneficios empresariales en máximos históricos respecto a los salarios indican que cierta moderación de éstos es lo más probable.
Por su parte, la producción industrial, pese a decepcionar ligeramente en agosto, está en mejor forma que hace un año, creciendo al 4,7% interanual. Si bien no se crean empleos manufactureros, existe en el sector una tendencia hacia empleos de mayor calidad, fruto de ganancias en productividad. Las encuestas de actividad y sentimiento empresarial reflejan este mejor comportamiento del sector manufacturero, con un índice del Institute for Supply Management que en manufacturas mantiene prácticamente los niveles, estabilidad en la banda alta que también se da en servicios. Las cotas de agosto de 54,5 y 57,0 puntos respectivamente, ambas por encima del nivel de 50, indican que predominan quienes ven mejoras sobre los que ven un empeoramiento de la situación.
El mercado de trabajo se modera, con una creación de empleo que en la actual expansión nunca ha llegado a niveles similares en otros ciclos. Los salarios salen del letargo sin excesiva fuerza. Tras la revisión de agosto, los costes laborales unitarios subieron algo más de lo esperado. Algo que o bien indica tensiones inflacionistas o menores beneficios empresariales. La ralentización de la economía, la actitud de la Reserva Federal y los beneficios empresariales en máximos históricos respecto a los salarios indican que cierta moderación de éstos es lo más probable.
La inflación baja, pero por ahora no cambia la tendencia. En el frente de precios, las cosas siguen mejorando. El crecimiento del índice de precios de consumo (IPC) de agosto se situó en el 3,8% interanual, bajando desde el 4,2% previo gracias al petróleo y a efectos de base a causa de la distorsión que supuso el desastre del Katrina. En el componente subyacente se da una situación contraria. El incremento de agosto fue de un 2,8% interanual, y continúa así una tendencia alcista que en estos momentos se apoya en efectos de base de signo contrario. Sin embargo, la últimas variaciones mensuales desestacionalizadas marcan una tendencia a la moderación que, ayudada por el menor nivel de actividad, debe ir tomando cuerpo. Los precios de producción apoyan también la tesis de menores tensiones.
El enorme déficit comercial continúa. El camino de la corrección aún no aparece claro en el horizonte, pero como mínimo se ha logrado cierta estabilidad. La duda para muchos de los interesados, (léase países asiáticos, ¡y también Europa!) está en la suavidad de una futura corrección y si ésta se haría vía menor crecimiento o cediendo a los cantos de sirena proteccionistas, con el dólar como estrella invitada de incierto papel.

La inmigración en España y Estados Unidos: una cuestión de género

Diferencias entre la inmigración masculina y femenina

En mayo de 1903 llegaba al puerto de Nueva York un barco de inmigrantes. Abatido por las pésimas condiciones del viaje trasatlántico, había entre ellos un niño siciliano de seis años apellidado Capra. En sólo 30 años, Frank Capra sería el director de cine más exitoso de su tiempo, conciencia de América en los momentos cruciales de la Gran Depresión y firme creyente en la capacidad de la gente común para mejorar las cosas.
La inmigración puede ser una bendición o un problema. Más inmigrantes implica más personas trabajando y probablemente un mayor crecimiento económico. La cuestión está en si este crecimiento conlleva también un aumento de la productividad y de la renta per cápita. Una buena formación académica y complementariedad con la fuerza laboral autóctona, además de la iniciativa ya demostrada por el esfuerzo de dejar el país natal, ayudan a garantizar todo lo segundo.
La capacitación de los extranjeros en España es relativamente buena aunque, eso sí, con tendencia al deterioro. Un indicador del grado de capacitación son los años de formación académica, ponderados en función de la titulación alcanzada. En 2003, en Estados Unidos, país donde la inmigración tiene una especial relevancia, el tiempo de escolarización de los trabajadores extranjeros era de casi 14 años, claramente inferior a los 16 años y medio del resto de la población. Sorprende la situación española de junio de 2006, con una población extranjera que con unos 14 años de escolarización, tenía sólo unos 9 meses menos que los españoles. No se contempla aquí la calidad de la formación recibida ni su adecuación a las demandas del mercado laboral, aunque es preciso añadir que la mitad de los extranjeros en España proceden de América Latina, con lo que la lengua deja de ser problema.
La cruz es que, mientras que en el caso de Estados Unidos existe una estabilidad entre 1998 y 2003, la situación española parece deteriorarse desde inicios de 2005, ya que la diferencia entre extranjeros y españoles aumenta en unos tres meses. La principal causa de este deterioro está en el cambio de procedencia de la inmigración, con una disminución del porcentaje de europeos, un mantenimiento de la proporción de latinoamericanos y un aumento de los procedentes de otras partes del mundo.
Aun con buenas credenciales académicas, muchos extranjeros están subempleados por razones de dominio del castellano o por las preferencias de los empresarios a favor de los trabajadores nacionales. No es verdad, sin embargo, la idea de que los inmigrantes efectúan trabajos que rechazan los españoles. Los españoles pueden rechazar los trabajos hechos por inmigrantes al precio cobrado por éstos. Pero una oferta de trabajo reducida, sin extranjeros, aumentaría el salario ofertado en los puestos vacantes hasta que hubiera gente dispuesta a ocuparlos. Por tanto, existe la posibilidad de que haya sectores perjudicados por la presencia de extranjeros.
La condición clave para minimizar estos costes es que los recién llegados sean complementarios a los trabajadores autóctonos. Es difícil que algún americano hubiera sido capaz de emular a Frank Capra. Esta complementariedad entre nacionales e inmigrantes es difícil de medir, pero la comparación de sus respectivos perfiles de empleo, en qué sectores unos y otros están ocupados, podría darnos alguna pista. Viendo el porcentaje que cada sector representa del empleo total de cada uno de los dos colectivos, nacional y extranjero, calculamos la diferencia para cada sector. Sumando los valores absolutos de éstas obtenemos un indicador que, a falta de otras medidas, nos da una idea orientativa de la complementariedad entre ambos colectivos. En el caso americano, tomando seis macrosectores de ocupación, la complementariedad así medida creció un 12% entre 1998 y 2003. Para España, tomando 45 sectores, entre inicios de 2005 y junio de 2006, el diferencial se mantuvo estable con una ligera tendencia a la baja, lo que parece dar ventaja a los Estados Unidos.
Es interesante profundizar en la diferencias por sexo. En los datos americanos la complementariedad en la ocupación entre extranjeros y estadounidenses varones aumenta en un 26,1% en el caso de las mujeres, que son el 48,5% de los inmigrantes. La historia no acaba aquí, ya que si en capacitación académica las mujeres inmigrantes estaban un mero mes y medio por debajo de los hombres en 1998, en 2003 ya los habrían sobrepasado por muy poco. Así, sin desventaja en capacitación y con una mayor complementariedad, las mujeres parecen una mejor apuesta de crecimiento en el caso americano.
En el caso español, falta un estudio exhaustivo sobre la complementariedad femenina, pero un hecho diferencial es que las inmigrantes trabajan proporcionalmente más que las españolas, están mejor formadas que sus homólogos masculinos y, además, esta característica va en aumento. Un creciente 43,5% del total de inmigrantes ocupados son mujeres, frente a sólo el 40,0% que representan las mujeres del total de ocupados españoles. Su capacitación académica supera en cerca de un año a la masculina.
Puede que España no sea para muchos subsaharianos recién llegados el anhelado Shangri-La de la película del famoso director, pero el colectivo femenino, aunque menos observado, evoluciona al alza, está mejor formado y probablemente sea más complementario con respecto a las trabajadores españolas. Así, según las cifras oficiales, muchos inmigrantes, mejor cualificados y con mayor potencial del que se les supone, pueden estar contribuyendo ya al crecimiento económico, sin ruido y sin excesivos costes, pero superando dificultades tal y como hacían los héroes populares de las películas de Frank Capra.

Japón

Japón, un crecimiento basado en la inversión

En Japón la inversión crece al 9% y el consumo, el 2%. La economía japonesa sigue su particular ciclo expansivo apoyada principalmente en la demanda interna. Si antes era el consumo privado el principal motor de la economía, en estos momentos es la inversión en equipo el componente más activo, que en el segundo trimestre avanzó al 9,2% interanual. Una inversión que sigue principalmente destinada al sector exterior, últimamente perjudicado por los precios energéticos, llegando a drenar crecimiento en el mismo periodo. Japón sigue siendo una economía de productores más que de consumidores.
Ventas minoristas estancadas y ventas de automóviles a la baja denotan un consumo privado de perfil bajo. Dentro del lado de la demanda, el consumo privado aguanta el tono, aunque cada vez con un perfil más bajo. En el segundo trimestre creció un 1,8% interanual, tasa aceptable pero por debajo de la norma en el presente ciclo expansivo. Con un patrón parecido, los niveles de confianza siguen en la zona alta, pero en el segundo trimestre perdieron terreno respecto al máximo del primero. Mostrando una mayor debilidad, las ventas minoristas de julio retrocedieron un fuerte 1,6% respecto a junio, permaneciendo invariadas respecto al mismo periodo del año anterior, encarando una tendencia de signo bajista. También es significativo que, con los precios entrando en el terreno positivo, en términos de volumen el consumo minorista está ya retrocediendo.
Las ventas de automóviles llevan ya año y medio perdiendo terreno y en los doce meses hasta agosto se situaron un 7,1% por debajo del máximo de la presente expansión que se dio a mediados de 2005, un 25% por debajo de los máximos absolutos de inicios de los noventa. También la vivienda evolucionó a la baja, con una reducción en agosto del volumen de transacciones en Tokio a la mitad que en julio y con los precios estancados. El momento actual no es comparable al retroceso de la primera mitad de los años noventa, pero el sector está drenando crecimiento y no supone ningún estímulo al consumo.
La producción industrial y los pedidos de maquinaria constituyen el contrapunto positivo. En el lado de la oferta las cosas van decididamente mejor. La producción industrial de julio creció un 5,0% interanual, y se sitúa en el ritmo de avance más rápido de la presente expansión. También los pedidos de maquinaria, tanto de origen foráneo como de demanda interior, llevan una decidida marcha alcista dando continuidad a la fortaleza inversora. A la vista de estos datos, el tradicional Japón más inversor y menos consumidor se manifiesta cada vez con mayor fuerza, aunque los ritmos de crecimiento de la inversión aún están lejos de los niveles de anteriores expansiones de inicios de los años noventa. Por su parte, el mercado laboral sigue estable, con una tasa de paro del 4,1% en julio. Es destacable aquí la aceleración de la productividad manufacturera, que en Japón siempre coincide con la recuperación de la producción industrial, que denota que el país sigue siendo una fuerza exportadora competitiva de primer orden.
El consumo aguanta, pero la inversión no. Menos claro está el comportamiento de la inflación y cómo se está produciendo el final del periodo deflacionista. El componente sin alimentos frescos, tras la revisión del índice, tuvo en agosto un avance del 0,2% interanual. Esta actualización ha llevado las tasas de incrementos de precios a la baja, y así, el fin de la deflación se sitúa más tarde de lo que inicialmente se había afirmado, quedando junio como el primer mes de incrementos de precios, viniendo a coincidir más con el deflactor del producto interior bruto (PIB). Parece así que la política más restrictiva del banco central podría haber sido prematura, lo que, junto a la contención del gasto público de los últimos trimestres, está drenando el crecimiento. El sector exterior sigue mostrando una fortaleza basada en la competitividad de las exportaciones, aunque las importaciones y los precios energéticos nublen momentaneamente el panorama.

Brasil

Brasil pierde fuerza

Brasil vuelve a pinchar y crece un 1,7%. La economía brasileña ve complicarse su situación macroeconómica. El crecimiento languidece por debajo del 2% interanual y sin avances importantes. En una economía con una tasa de paro por encima del 15% de poco servirá la inflación controlada para acallar las críticas a la gestión gubernamental.
Los indicadores de demanda siguen anclados en la apatía. El PIB del segundo trimestre avanzó un 1,7% interanual. El consumo privado fue el componente que más fuerza mostró, con ganancias del 4,1%, pero la inversión volvió a dar señales de flaqueza al crecer un magro 2,1%, que deja en entredicho la sostenibilidad del ciclo actual. También el sector exterior tuvo un mal comportamiento, principalmente por el estancamiento de las exportaciones, después de una buena evolución en los últimos dos años. El flojo dato del segundo trimestre plantea dudas sobre la competitividad y refleja también la dependencia que tiene Brasil de las compras de economías como la china y la estadounidense.
Siguiendo la tónica de los últimos meses, los indicadores mensuales de demanda y oferta ofrecen una imagen de perfil bajo y cierto estancamiento. Las ventas minoristas de julio siguieron intensificando su desaceleración y crecieron un magro 2,3% interanual, aunque las ventas de automóviles siguieron mostrando fuerza. La producción industrial volvió a crecer en julio después de retrocesos en meses anteriores, pero la ganancia del 3,2% interanual es una cifra insuficiente para lo que es la economía brasileña.
La inflación se sitúa por debajo del 4%, pero el desempleo sigue en el 16%. La inflación sigue reduciéndose, con unos precios que, ayudados por el menor ritmo de actividad, crecieron en julio un mero 3,8% interanual. El contraste negativo sigue estando en la alta tasa de paro, que en el distrito de São Paulo quedó en agosto en el 16,0% de la población activa

Argentina

Argentina sigue a toda máquina

Argentina crece al 8% gracias al consumo y la inversión. La economía argentina continúa su expansión, con cierta desaceleración lógica después de encadenar meses de fortísimo crecimiento que la ha llevado a superar los niveles previos a la crisis de 2002. Sin embargo, inflación y desempleo siguen siendo las dos asignaturas pendientes que preocupan al público argentino, constituyendo un riesgo latente sobre una recuperación que, hasta ahora, ha sorprendido favorablemente.
El PIB argentino creció un 7,9% interanual en el segundo trimestre de 2006. El consumo privado siguió siendo relativamente más fuerte que el resto de la economía, estabilizando su crecimiento por encima del 8%. Es positiva la relativa moderación del consumo público, que corta una tendencia de aceleración que venía intensificándose. La crucial inversión en capital productivo siguió avanzando con fuerza, ganando un 18,5% interanual, y da aires de continuidad al crecimiento. El sector exterior siguió siendo superavitario, pero supone cierta decepción la desaceleración de las exportaciones en un contexto internacional que hasta la fecha ha sido favorable.
El consumo mantiene el protagonismo, pero la inflación sigue constituyendo un riesgo. Los indicadores de demanda son consistentes con la fortaleza del crecimiento. Las ventas minoristas de julio se desaceleraron, pero aún así crecieron un 16,3% interanual, y la adquisición de automóviles de los últimos doce meses hasta agosto avanzó un 25%, recuperando paulatinamente niveles de consumo anteriores a la crisis.
En el lado de la oferta la expansión continúa aunque con menos vigor que meses atrás. La producción industrial de agosto se desaceleró hasta el 5,7% interanual, aunque los indicadores de actividad industrial y construcción se mantuvieron.
La inflación argentina sigue suponiendo el mayor riesgo para la estabilidad del presente ciclo expansivo. En mayo, el avance del 10,7% interanual supone una mejora relativa frente a los niveles de inicios de 2006, pero aun así, el aumento de precios continúa siendo alto, sobre todo en el contexto actual, en que la mayor parte de las economías latinoamericanas ha logrado la práctica estabilidad de precios. Otro problema importante es la tasa de paro, que si bien durante el segundo trimestre se redujo hasta el 10,4% de la población activa, sigue todavía en un nivel alto. El superávit comercial se ha estabilizado en los últimos meses, pese a que las exportaciones se están desacelerando.

Materias primas

Inesperado recorte del precio del petróleo

El petróleo cae un 24% en menos de dos meses... El 8 de agosto de 2006 la cotización del barril de petróleo de calidad Brent a un mes se situaba en los 78,49 dólares, máximo histórico. El pasado 27 de septiembre el precio del barril era de 59,79 dólares. En poco menos de dos meses, el oro negro se ha desplomado un 24%. No se había producido una corrección de esta intensidad en ningún momento del largo episodio alcista del petróleo que se inició en 2001. ¿Qué explica este abrupto movimiento?
...debido a las menores tensiones geopolíticas y a un cierto cambio de expectativas en la economía mundial. Primero, la tregua geopolítica que han proporcionado el alto el fuego en el Líbano y cierta distensión en el conflicto entre Irán y las potencias occidentales. En segundo lugar, la demanda de petróleo esperada va a ser inferior de lo previsto habida cuenta del escenario de desaceleración global que se considera de consenso en los últimos tiempos, y que se caracteriza por la ralentización económica combinada de Estados Unidos, Europa y China, aunque este último caso de menor calado.
En este sentido, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y la Agencia Internacional de la Energía han revisado sensiblemente a la baja la demanda de petróleo prevista para 2006 y 2007. Finalmente, también han intervenido factores de carácter estacional, como el final de la temporada de alta movilidad estadounidense, la conocida como driving season, y una evolución de las existencias de destilados que ratifica un cierto mayor margen de refino, también en Estados Unidos.
La cotización de los metales crece un 50% en un año. ¿Agotan estas explicaciones la corrección? Seguramente no, ya que la intensidad de la misma parece sugerir más bien un proceso de rápido cambio de expectativas de los participantes en el mercado. Una medida de este proceso es el número de contratos de futuros que se están negociando con posición compradora, es decir, la de aquellos inversores que esperan subidas adicionales de la cotización. Tomando como referencia los de los agentes de carácter más especulativo del mercado de Nueva York, el número de contratos se ha reducido en un 18% desde los máximos de principios de agosto. Este parece ser, por tanto, el elemento catalizador que se suma a los factores de fondo enumerados anteriormente y que acaba provocando la caída en vertical de la cotización.




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