Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 300 - Marzo 2007
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Coyuntura internacional - Estados Unidos
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Estados Unidos, donde el consumo lo aguanta todo
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Estados Unidos crece un 3,4% en el último trimestre de 2006, más liderado por sus consumidores que por sus inversores.
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Cuando las expansiones se alargan más de lo esperado, hay que hacer prudentes llamadas al orden previniendo sobre finales abruptos. Ciertamente, 2006 no fue el año de la moderación esperada ni el de la corrección del déficit comercial. Después de un segundo y un tercer trimestre de actividad débil, los datos del producto interior bruto (PIB) del cuarto trimestre, que creció un 3,4% interanual, suponen una notable recuperación de la actividad, aunque no hasta los niveles del primer trimestre.
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La diferencia respecto a inicios de año es que el consumo privado se afianza como principal sostén del crecimiento, con un avance del 3,7%. En la otra cara de la moneda, siguieron los fuertes retrocesos de la inversión en vivienda, que esta vez fueron secundados por una importante desaceleración de los bienes de equipo, aunque sin sustraer excesiva fuerza al crecimiento. El sector exterior combinó una mayor fuerza exportadora con menores importaciones y compensó la debilidad inversora y vino a compensar momentáneamente la debilidad de la inversión. El problema está en ver si esta corrección del desequilibrio comercial tendrá continuidad ya que las exportaciones se vieron ayudadas por pedidos singulares del sector aeronáutico.
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Con todo ello, la ralentización, por suave, es casi imperceptible pero, viendo la fuerza del consumo, el retroceso inversor, el desequilibrio exterior y el ahorro negativo de los hogares en función de su renta disponible, el tema que flota estos días en el ambiente es la sostenibilidad de la situación presente.
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Los indicadores de demanda más recientes refrendan la fuerza del consumo, con unas ventas minoristas que parecen haber conjurado los titubeos de otoño. Más allá de cierta desaceleración respecto a los números de hace un año, el componente sin automóviles ni gasolina, que por tener menores vaivenes marca más la tendencia, descontando los incrementos de precios, ha crecido en términos anuales más de un 5% desde octubre, el mes más débil del sector inmobiliario hasta el momento.
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Las ventas minoristas se recuperan y crece la confianza en el momento presente.
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En coherencia con lo dicho, el índice de confianza del consumidor del Conference Board de enero aumentó ligeramente hasta los 110,3 puntos, un nivel que no se había alcanzado a lo largo de todo 2006. Pero la cuestión de la sotenibilidad sigue en el alero, ya que esta confianza se centra en la situación presente, mientras que el componente de las expectativas dibuja una imagen mucho más bajista, esperando un fin de fiesta que parece no llegar.
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La vivienda estabiliza sus pérdidas, pero la recuperación aún está por venir.
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El mercado inmobiliario puede haber tocado fondo. Los últimos meses presentan cierta mejora en ventas y precios, que ya no bajan, aunque las viviendas iniciadas de enero volvieron a descender, indicando que no hay que echar las campanas al vuelo. Pero, más allá del nivel de actividad, son los precios el elemento que va a decidir la sostenibilidad de los actuales niveles de consumo y, por ende, de la actividad en general. El ahorro de los hogares en Estados Unidos es negativo respecto a su renta disponible, y es que los americanos gastan más de lo que ingresan.
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En este sentido juega un papel relevante el efecto riqueza y la liquidación de activos. Las ganancias de capital al vender activos no forman parte de la renta disponible, pero en cambio generan facturas fiscales que sí que lo son. En épocas como la actual, cuando culmina una fuerte apreciación de activos, lógica es cierta realización de beneficios, que hace bajar el ahorro. Esta falta de ahorro podría afectar a la sostenibilidad de la actividad económica en el caso de pérdidas abruptas en el valor de los activos. En este sentido, la desaceleración de la actividad en el mercado de la vivienda podría verse como un elemento positivo pues, si ante una menor demanda la oferta se reduce con agilidad, los precios de la vivienda pueden encontrar cierto apoyo. La incertidumbre sigue estando en las velocidades relativas de los ajustes.
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La confianza empresarial se mantiene.
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Por el lado empresarial, las percepciones positivas siguen predominando. En el sector manufacturero, el índice del Institute for Supply Management de enero bajó al nivel de los 49,3 puntos, cerca del 50 donde se igualan quienes ven debilitamiento de actividad y expectativas con quienes ven una mejora. Pero la percepción es mejor de lo que aparenta el índice, ya que el componente más débil fue el del nivel de existencias, lo que junto a la fuerza del de nuevos pedidos apunta a la robustez de la demanda. En servicios, el índice ascendió hasta los 59,0 puntos redondeando una imagen más alcista que lo que se anticipaba.
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La inflación subyacente, que avanza al 2,7%, ebe tender a moderarse.
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Los precios avanzan con más moderación de lo que los grandes números indican. El índice de precios al consumo (IPC) de enero aumentó un 2,1% interanual, por debajo del 2,6% de diciembre. Sin embargo, los efectos de base motivados por los cambios en los precios de petróleo vienen desvirtuando las últimas lecturas. El componente subyacente, que por excluir los volátiles precios energéticos y alimentos da una imagen más nítida de las presiones en precios, ganó un 2,7%, una ligera aceleración. Esto queda por encima del valor que la Fed oficiosamente consideraría óptimo, pero el panorama inflacionista debe aclararse en los próximos meses. En primer lugar, el deflactor del consumo privado no energético del PIB del cuarto trimestre ganó un ya más aceptable 2,1% respecto al trimestre anterior en términos anuales. Segundo, los alquileres están tirando de los precios hacia arriba, encarecidos por la dificultad de acceder a pisos de propiedad, y con un fuerte peso en el índice por incluir los alquileres de quienes viven en su propia vivienda -que no son pagados de forma efectiva. Sin incluir alquileres, el IPC aumentó por debajo del 1,5% interanual, valor a tener en cuenta si las virulencias del mercado de la vivienda y del petróleo lo permiten.
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La estabilidad domina en el mercado de trabajo.
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Otro punto que debe ayudar a decidir la dirección de las tendencias inflacionistas es el mercado de trabajo. Hasta enero, la creación de empleo en los últimos 12 meses estaba estabilizada en torno a los 2,1 millones de nuevos puestos, aunque con una ligera tendencia a la baja. El sector manufacturero perdió 110.000 puestos durante el mismo periodo. Unos valores que distan de la exhuberancia, aunque las tendencias demográficas hacen que la tasa de desempleo esté en el 4,6% de la población activa, valor relativamente bajo. Los salarios llevan ya 5 meses ganando valor adquisitivo en términos interanuales, pero las tendencias inflacionistas que de aquí puedan derivarse son contenidas.
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El déficit comercial debe consolidar su incipiente corrección.
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Por su parte, el déficit comercial de diciembre fue de 61.183 millones de dólares, un aumento de 3.000 millones del que más de 2.000 son atribuibles al saldo petrolífero. Aun considerando que un petróleo más barato debería tener efectos beneficiosos sobre la balanza comercial, la efectiva corrección del déficit vendrá cuando la parte no energética reaccione, asentando las mejoras que ahora aparecen en la contabilidad nacional.
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Por último, cabe referirse al proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal, que se suma a esa percepción de que la situación presente es mejor que el futuro. Las ambiciosas metas de política exterior hacen que se incurra en el mayor gasto militar y de seguridad de la historia (más de 600.000 millones de dólares), en parte porque se incluye una contabilización más explicita de los costes de la guerra de Afganistán e Irak. De aprobarse este presupuesto, algo improbable dado el peso de los demócratas, los gastos sanitarios sufrirían recortes sustanciales, con los que la administración confía en reducir el déficit fiscal hasta el 1,8% del PIB en 2007 y el 1,6% en 2008. El problema es que los presentes datos parecen optimistas y las tendencias demográficas pueden empeorar grandemente la situación en los próximos años.
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