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  Mujeres, personas mayores y niños son los grupos de población más afectados  Ser pobre tiene claramente una connotación diferente en un país desarrollado que en otro en vías de desarrollo. España, como otros países de la Unión Europea, considera que una persona es pobre si sus recursos son tan limitados que no alcanzan el mínimo aceptable en comparación al estándar de vida del país. Se trata pues de un concepto relativo. Entre los países menos desarrollados, en cambio, la pobreza se entiende habitualmente como la incapacidad de satisfacer unas necesidades básicas (véase el recuadro «Exclusión social y pobreza», en la pág. 29). En cualquier caso, las políticas de reducción de la pobreza requieren un conocimiento de quién es más vulnerable a ser pobre. Aquí presentamos una radiografía de la situación en España.   Según la última encuesta de condiciones de vida, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2005, el 19,8% de la población española se encontraba por debajo del umbral de riesgo de pobreza. Este umbral variaba dependiendo de la composición del hogar: en el caso de un hogar de un adulto que vivía solo, el INE lo situaba en 6.347 euros, una cifra equivalente al 60% de la mediana de ingresos netos (después de impuestos y transferencias sociales) de los hogares por «unidad de consumo». Dos clarificaciones pueden ser necesarias llegados a este punto: primero, la mediana no es más que aquel punto de la distribución que divide al 50% de la población con ingresos más altos del 50% de la población con ingresos más bajos; segundo, el número de unidades de consumo de un hogar se calcula, de acuerdo a la metodología estándar utilizada en la Unión Europea, otorgando un peso de 1 para el primer adulto, 0,5 para el resto de adultos y 0,3 para los menores de 14 años. Así pues, por ejemplo, el número de «unidades de consumo» de un hogar con dos adultos y dos hijos menores de 14 años es de 2,1. El umbral de pobreza para este tipo de hogar en la encuesta de 2005 era de 13.328 euros.   Las estadísticas también revelan que el riesgo de pobreza no afecta a todos los colectivos por igual. Como muestra la tabla adjunta, la incidencia es mayor entre las mujeres, sobre todo las mayores de 65 años, y en la población infantil: una de cada tres mujeres mayor de 65 años y uno de cada cuatro niños vive en un hogar que se encuentra por debajo del umbral de riesgo de pobreza. Los índices de riesgo de pobreza también tienden a ser más altos para estos grupos en otros países de la Unión Europea, pero las diferencias no acostumbran a ser tan abultadas como en España. El mayor índice, casi del 50%, se da entre las personas mayores de 65 años que viven solas, aunque este segmento de la población sólo representa el 3% del total. Los datos denotan la importancia de tener un empleo (o de vivir en un hogar donde los adultos estén empleados) para evitar penurias económicas: ello disminuye la tasa de riesgo de pobreza a cerca del 10%. Como cabría esperar, la incidencia de la pobreza también se reduce con un mayor nivel de educación. En este sentido, es preocupante que en España una alta proporción de jóvenes (de las más altas de la Europa de los 25) abandone los estudios al finalizar la enseñanza obligatoria. Como una proporción también alta cursa estudios universitarios, este hecho se debe seguramente al fenómeno bien conocido de la falta de atractivo de la formación profesional.   La tasa de riesgo de pobreza en España es de las mayores en la UE-15, donde el promedio se situaba en el 16% según cifras de Eurostat. Esta cifra, sin embargo, encubre diferencias importantes entre países. El índice más bajo se observa en los países nórdicos, seguidos de cerca por Holanda, Francia y Alemania. Ninguno de ellos supera un índice de riesgo de pobreza del 13%. La situación en España, en cambio, era similar a la de Italia, Irlanda, Grecia o Portugal. Estos tres últimos países no sólo tienen los índices de riesgo de pobreza relativa más altos de la UE-15 sino que son también los países con los umbrales más bajos medidos en euros. O sea que se trata de los países con más pobreza de la UE-15 en términos relativos pero también en términos absolutos.   El fenómeno de la pobreza es especialmente preocupante si es difícil escapar de ella. Es el caso en el que buena parte de los que son pobres hoy, también lo serán mañana. La misma tasa de pobreza, en cambio, se puede caracterizar por mucha movilidad si caer en una situación de pobreza es un fenómeno temporal, por ejemplo asociado a la pérdida de empleo durante unos pocos meses. Para intentar capturar estas diferencias, Eurostat calcula lo que denomina el índice de riesgo permanente de pobreza. Se trata de la proporción de la población que está bajo el umbral de riesgo de pobreza en el año de la encuesta pero que también lo estuvo en al menos dos de los tres años anteriores. Según este índice, España está casi al mismo nivel que la UE-15 (10% y 9% respectivamente en 2001, último año con datos disponibles). Se trata sin duda de un dato que matiza significativamente, en sentido positivo, la posición de España en relación con nuestros vecinos. Irlanda, Grecia y Portugal, con índices de riesgo permanente de pobreza entre 13% y 15% continúan siendo los países con los índices más altos de la UE-15.   De la lectura de varios estudios, por ejemplo de Olga Cantó, Coral del Río o Carlos Gradín, se desprende que, después de una reducción sustancial en los años setenta, la tasa de pobreza relativa en España ha fluctuado alrededor de niveles cercanos al actual. Las tasas de pobreza aumentaron en las recesiones de principios de los ochenta y de los noventa, periodos en los que la tasa de desempleo en España llegó a superar 20%, pero volvieron a reducirse en los años siguientes. En cualquier caso, las comparaciones entre distintos años no son sencillas debido, entre otras cuestiones, a cambios metodológicos de las encuestas. Aunque quizás sorprenda a algunos que la tasa de pobreza no se haya reducido con el fuerte crecimiento económico de los últimos años, cabe recordar que hablamos de pobreza relativa y el umbral de riesgo de pobreza también ha crecido de manera sustancial. Desafortunadamente, los datos disponibles no permiten aún esclarecer cuál ha sido la contribución de la población inmigrante al índice de riesgo de pobreza.   En conclusión, la situación de la pobreza en España, sobre todo en lo que concierne a aquella pobreza más dañina, la permanente, es comparable a la de nuestros vecinos de Europa. De todas maneras, existe claramente un margen de mejora. Las estadísticas destacan la relevancia de tres áreas para reducir la pobreza: un mercado laboral que fomente la creación de empleo y mantenga la tasa de desempleo baja; la posibilidad de acceso a una educación de calidad; y una política de apoyo a las familias con hijos y a los más mayores, dos grupos especialmente vulnerables.
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