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Estudios y Análisis Económico > Información económica > Informe Mensual > Edición web 22-5-13
Informe Mensual, núm 304 - Julio 2007
Conjuntura espanyola - Información y exclusión: la brecha digital
Informe completo ( 1,09 MB )

 

El acceso a las tecnologías de la información y comunicación genera crecimiento

  No hace muchos años, los pescadores de Kerala, región al sudoeste de India, al acercarse a la costa tenían que decidir rápidamente a qué mercado acudir a vender la pesca del día. El pescado es un bien perecedero y una vez decidían ir a un mercado no podían cambiar de opción sin que su captura se echara a perder . Así, podía ocurrir que la mayor parte de pescadores acudiera al mismo mercado haciendo inviable el vender toda la captura, mientras que en otro mercado cercano no hubiera suficiente pescado para abastecer toda la demanda. Todo ello provocaba que el precio del pescado llegase a variar hasta un 50% entre dos puntos muy cercanos en la costa de esta región y que parte de la pesca del día se tirara por no encontrar comprador. Sin embargo, todo cambió con la llegada del teléfono móvil en 1997. A partir de ese momento, los pescadores que decidieron comprar un teléfono consiguieron información acerca de la demanda y la oferta de pescado en los distintos mercados de la costa cuando aún estaban en alta mar y acudían al mercado que les resultaba más provechoso. Muchos de ellos incluso vendían la pesca por teléfono antes de atracar en la costa. El acceso a esta nueva tecnología provocó grandes divergencias en los ingresos entre los pescadores con y sin móvil. Este caso presentado por Robert Jensen en un reciente estudio muestra la importancia del uso de las tecnologías de la información en la productividad además de ejemplificar lo que se conoce como brecha digital.(1)

  La brecha digital es un término que describe la disparidad existente en el acceso a las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Dentro de un mismo país se suele dar entre distintos grupos socioeconómicos, étnicos o geográficos. En los países en vías de desarrollo las diferencias digitales se dan con frecuencia entre las zonas urbanas, con mejores infraestructuras para la comunicación digital, y las zonas rurales más aisladas. Los e-choupals en India, centros con un ordenador y conexión a Internet situados en zonas rurales que proporcionan datos sobre precios e información agrícola en tiempo real, son un ejemplo de inversión para acortar la brecha respecto a las ciudades. Gracias a ellos, los pequeños agricultores conocen los precios de los productos que están produciendo y evitan ser engañados por los intermediarios agrícolas, algo que sucedía constantemente antes de la aparición de estos quioscos digitales.

  Las diferencias digitales entre regiones también están presentes en los países industrializados tal y como veremos para el caso español, aunque en dichos países este concepto apareció por primera vez ligado a grupos socioeconómicos. A principios de los noventa, el entonces presidente Bill Clinton fue uno de los primeros en denunciar el problema del ensanchamiento de la brecha digital entre distintos grupos socioeconómicos de EEUU. En concreto, habló del mayor acceso a Internet existente en las escuelas privadas de su país frente a las públicas y las consecuencias negativas que ello tenía en la población afroamericana. Así, la brecha económica ya existente entre los dos tipos de jóvenes que acudían a las distintas escuelas se polarizaba aún más por ser los «ricos» (a la vez que mayoritariamente blancos) los que tenían mayor acceso y conocimiento de las nuevas TIC.

  Por otro lado, el concepto de brecha digital también se usa en un contexto donde se comparan distintos países, en cuyo caso se habla de brecha digital global. En concreto, los países más ricos o industrializados tienen mayor y mejor acceso a las TIC y esta ventaja puede conllevar que las diferencias económicas existentes entre países avanzados y países en desarrollo sean más difíciles de acortar e incluso aumenten. De forma análoga, en el grupo de países avanzados también nos encontramos con distintos niveles de accesibilidad, haciendo más difícil para aquellos países que se encuentran por detrás en la nueva «carrera» de la información alcanzar los niveles económicos de los países a la cabeza. Justamente, esta es la situación en la que podríamos enmarcar a España.

  Sin embargo, antes de ver el caso español es interesante profundizar algo más en las TIC y la importancia que tienen como generadoras de crecimiento. A tal fin, retomamos el estudio de los pescadores que, además de ayudarnos a entender el concepto de brecha digital, ilustra la importancia de la información y la comunicación como instrumentos básicos para el buen funcionamiento de los mercados. En otras palabras, entendiendo el mercado como un lugar donde se reúnen dos grupos de individuos –los compradores que constituyen la demanda y los vendedores que forman la oferta – y donde los precios no son más que la señal que coordina los deseos de ambos grupos, si la información no fluye puede que se produzca un exceso de oferta o de demanda. Jensen muestra de forma empírica cómo los teléfonos móviles mejoraron los problemas de coordinación que hacían fallar el mercado de pescado en Kerala: disminuyendo la alta volatilidad de los precios y evitando el coste que supone el tirar parte de la captura. El uso de esta nueva tecnología aumentó la eficiencia de este mercado y las inversiones de las partes involucradas en él. En definitiva, los móviles fomentaron el crecimiento económico. En el caso de países desarrollados, como EEUU, la adopción de las TIC ha contribuido al fuerte aumento de la productividad en la última década.

  Así, una vez claras las consecuencias del acceso a las TIC, nos debería preocupar, en primer lugar, cuál es la posición de España en la «carrera» de las tecnologías de la información con respecto a los países de la Unión Económica y Monetaria (UEM). En segundo lugar, si existen grandes diferencias de accesibilidad en su población.

  Existe una variedad de índices que intentan medir el grado de desarrollo de las TIC por país. Uno de los más mencionados es el número de usuarios de Internet por cada 1.000 habitantes, medida en la que España está bastante por debajo de la media de la UEM (véase el gráfico adjunto). Concretamente, en el año 2004, 336 personas de cada 1.000 habitantes tenían conexión a Internet en España; 412 en la UEM; y 630 en EEUU. No obstante, extraer conclusiones sobre el uso y el desarrollo de las TIC usando tan solo estadísticas sobre los usuarios de Internet sería demasiado simplista. The Economist e IBM han creado el índice e-readiness, más sofisticado y exhaustivo, que permite establecer un ranking de 65 países con relación al uso de las TIC. Este índice se basa en 100 criterios cuantitativos y cualitativos clasificados en 6 categorías distintas: infraestructuras tecnológicas y de conectividad, entorno empresarial, adopción por parte del consumidor y de las empresas, políticas y entorno legal, entorno cultural y social y empresas de soporte. España se situó en la posición 23 de este ranking en 2005, justo por detrás de países como Francia y Japón y por delante de Italia, Portugal y Grecia. Con relación a 2004, hemos perdido un par de posiciones en la clasificación. Otros índices, como el computado en el «Global Information Technology Report», ratifican la posición algo rezagada de España en el terreno de las tecnologías de la información, al igual que el ensanchamiento de la brecha digital con respecto a los países punteros en uso de TIC.(2) Será difícil alcanzar a los países más ricos de Europa si no avanzamos en accesibilidad y adopción de las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

  En cuanto al distinto grado de accesibilidad de las TIC en España nos centraremos en la disparidad regional y en las diferencias según el grado de estudios alcanzados. Observamos que las comunidades autónomas (CCAA) con mayor renta per cápita son las que tienen un mayor porcentaje de internautas. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2006, Madrid, Baleares y Cataluña eran las CCAA en las que mayor porcentaje de personas accede a Internet. En comparación con 2004 y usando tan sólo este indicador de usuarios de Internet, la brecha entre CCAA no parece haber aumentado. En cuanto al acceso a Internet por nivel de estudios, no debería extrañarnos que el porcentaje de usuarios entre los individuos con educación superior es muchísimo mayor que el del resto de individuos. Con todo, no es nada despreciable el gran aumento en accesibilidad del grupo de personas con una educación de primera etapa de nivel secundario, que pasaron del 26,4% en 2004 al 37,1% en 2006. Por tanto, la brecha digital por nivel de estudios tampoco parece que se haya ensanchado.

  En conclusión, cada día es más importante –tanto para individuos como para países– no perder el tren de las nuevas tecnologías de la información. Hacerlo significaría renunciar a importantes ganancias de productividad y arriesgar la exclusión de un segmento de la sociedad.





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