Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 309 - Enero 2008
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Coyuntura internacional
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Previsiones OCDE
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La OCDE prevé menor crecimiento pero no crisis
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La OCDE rebaja su previsión de crecimiento para 2008 hasta el 2,3%. La crisis financiera reducirá el crecimiento a corto plazo pero el escenario es benigno.
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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para el conjunto de sus Estados miembros mantiene respecto al informe de primavera la previsión de crecimiento del producto interior bruto (PIB) del 2,7% en 2007. Se rebajan, empero, las expectativas de 2008 del 2,7% al 2,3% para en 2009 repuntar muy ligeramente hasta el 2,4%. Las principales economías han sufrido recientemente una serie de crisis en forma de turbulencias financieras, enfriamiento de los mercados de la vivienda y subida de los precios energéticos y de otras materias primas que harán que la actividad se resienta a corto plazo. Las mayores revisiones a la baja están centradas en Estados Unidos, Reino Unido y Japón. Sin embargo, según la OCDE, factores como el alto nivel de empleo, los robustos beneficios empresariales y el vigor que las economías emergentes han dado al comercio internacional hacen que el escenario central sea relativamente benigno más a medio plazo.
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Para 2008, Estados Unidos se desacelera y crece un 2,0% mientras que la zona del euro avanza un 1,9%.
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En Estados Unidos este escenario de base se caracteriza por una intensificación del ajuste del mercado inmobiliario, que sin embargo no conllevará fuertes incrementos del desempleo. En los próximos dos años la inflación revertirá del 2,8% hacia niveles más confortables, ligeramente inferiores al 2,0%, y la corrección del déficit comercial continuará. En 2007 se espera avanzar un 2,2% pero la expectativa de crecimiento para 2008 se rebaja hasta el 2,0% para volver al 2,2% en 2009.
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Para la zona del euro, en general, todas las previsiones son revisadas a la baja pero la tendencia a medio plazo será recuperar los ritmos de crecimiento habituales. El PIB del conjunto de la unión monetaria subirá en 2007 un 2,6%, desacelerándose en 2008 hasta el 1,9% y recuperándose levemente hasta el 2,0% en 2009. Por países, Alemania e Italia, que en mayo habían visto reforzadas sus perspectivas, vuelven a la situación previa, con crecimientos estimados para 2008 del 1,8% y 1,3%, respectivamente, claramente por debajo de los avances de 2007 y sin que se vislumbren importantes recuperaciones para 2009. También se rebajan las previsiones para Francia, aunque el crecimiento se mantendrá relativamente estable para en 2009 repuntar ligeramente hasta el 2,0%.
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Para España, la revisión bajista es menor, pero se prevé una apreciable desaceleración desde el robusto 3,8% de 2007 hasta el 2,5% de 2008 sin que en 2009, con un crecimiento previsto del 2,4%, se produzca ninguna recuperación. Por su parte, la economía japonesa continuará dependiendo del sector exterior. Las expectativas de crecimiento se revisan fuertemente a la baja, con un PIB que avanza un 1,9% en 2007 para desacelerarse hasta incrementos del 1,6% para 2008. El final de la deflación debe, sin embargo, alentar patrones de crecimiento más compensados que deberían traer en 2009 una suave recuperación hasta tasas de avance del 1,8%.
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Los riesgos para el escenario central son las tensiones inflacionistas, la generalización de la debilidad inmobiliaria y la persistencia de problemas en el sector financiero.
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El problema de este escenario central benigno es que los riesgos están todos sesgados en el lado negativo, con menor crecimiento y sin alivio de tensiones inflacionistas. En este sentido, las expectativas de inflación están ancladas, es decir, que los agentes confían en la capacidad de los bancos centrales para controlar las subidas de precios. Esto es una ventaja importante que da flexibilidad a la política monetaria para mitigar los efectos de una generalización de la debilidad del sector de la vivienda y, por otra parte, ayuda a amortiguar posibles aumentos del precio del petróleo y otras materias primas. Sin embargo, esto no debería darse por supuesto ya que los efectos deflacionistas de las importaciones provenientes de China están diluyéndose mientras que energía y alimentación verán sus precios al alza por un tiempo.
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En el capítulo de las finanzas públicas, la situación de Alemania y sus perspectivas mejoran notablemente. También en España mejora ligeramente la balanza fiscal esperada para 2007, mintiendo expectativas de superávit para 2008 y 2009. Pero aquí acaban las buenas noticias. La previsión empeora en general pese a venir de un momento en que era relativamente fácil cuadrar las cuentas públicas.
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Otro riesgo importante es la aparición de nuevas turbulencias financieras debido a la actual situación del sistema bancario. Sus deficiencias se han puesto de manifiesto con el advenimiento de la crisis subprime, y mientras no acabe el proceso de afloramiento de pérdidas en las cuentas de resultados, el riesgo y la incertidumbre continuarán.
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Queda pendiente la consolidación fiscal y la inestabilidad cambiaria puede provocar tentaciones proteccionistas.
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La cotización del dólar y su estabilidad suponen otro peligro que podría dar lugar a tentaciones proteccionistas que perjudicarían al comercio mundial, uno de los pilares de la actividad global en estos momentos. La otra cara de esta moneda es la necesaria apreciación del renminbi, que debería ayudar a sosegar la marcha de la economía China para parar el aumento de la inflación.
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La economía global ante la desaceleración de Estados Unidos: ¿habrá decoupling?
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El mundo se pregunta si la desaceleración de la economía americana se trasladará irremediablemente al resto de países
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Estados Unidos se enfrenta a un difícil final de 2007 e inicio de 2008. Una mayoría de analistas prevee un crecimiento promedio del PIB durante estos dos trimestres de alrededor de 1%, muy por debajo del 3% donde se sitúa su crecimiento potencial. La posibilidad de que la economía norteamericana sufra una recesión tampoco se descarta –Greenspan, entre otros, sitúa esta probabilidad en torno al 50%–. Ante este panorama, no es de extrañar que haya surgido un debate sobre las posibles repercusiones de una desaceleración o recesión de los Estados Unidos sobre el resto del mundo.
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En este debate hay dos campos: los que creen que el crecimiento de la economía global depende más, en estos momentos, de la solidez de los países emergentes y que, por ello, el crecimiento global no se resentiría en exceso –habría, por tanto, decoupling–; y los que defienden que «cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría». Estos últimos recuerdan que el PIB de la economía norteamericana todavía representa cerca de un tercio del PIB mundial.(1) Ambos argumentos están cargados de algo de razón.
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Un vistazo a la historia sugiere que, en efecto, la debilidad de la economía norteamericana tiende a coincidir con una desaceleración en el resto del mundo. La tabla siguiente muestra las variaciones en la tasa de crecimiento del PIB en Estados Unidos y otras regiones durante las cinco recesiones y los dos episodios de fuerte desaceleración que ha sufrido la economía norteamericana desde 1970.(2) En promedio, la tasa de crecimiento del PIB en Estados Unidos cayó casi cuatro puntos porcentuales durante las recesiones. Durante estos episodios, el crecimiento de otros países industrializados cedió dos puntos porcentuales mientras que América Latina y los países asiáticos también sufrieron caídas significativas aunque no tan importantes. En contraste con los episodios de recesión, los episodios de desaceleración económica no parecen coincidir tan marcadamente con un frenazo en el ritmo de actividad económica de otros países.
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En parte, la debilidad económica de otras regiones ha podido coincidir con la de Estados Unidos porque la causa principal ha sido de alcance global, como la crisis del petróleo en 1974-75 o el pinchazo de la burbuja tecnológica en 2001. Pero incluso cuando no existe tal factor común, una desaceleración o recesión en Estados Unidos se transmite al resto del mundo. Ello sucede a través de dos canales: el comercial y el financiero. No en vano, Estados Unidos es el destino del 20% de las exportaciones globales y sus bolsas representan el 40% de la capitalización mundial total.
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Las importaciones norteamericanas son fuertemente cíclicas y su crecimiento se ralentiza notablemente durante periodos de desaceleración y, especialmente, de recesión. Ello sucede porque cerca del 50% de las importaciones son de bienes de inversión o de bienes de consumo duraderos y éstas son precisamente dos de las categorías más sensibles al ciclo económico. Obviamente, los países que más exportan a Estados Unidos son los que más sufren las consecuencias de esa menor demanda de importaciones. Actualmente, los más afectados serían sus vecinos del norte y del sur: las exportaciones a Estados Unidos de Canadá y México representan cerca del 25% del PIB en cada uno de estos países. Un buen número de economías asiáticas también dependen de manera significativa de sus exportaciones a la economía norteamericana, incluyendo a China y Taiwán (en ambos casos por cerca del 10% de su PIB). Aunque los países europeos están mucho menos expuestos al comercio con Estados Unidos (las exportaciones representan menos del 2% del PIB de la región), las exportaciones europeas podrían sufrir indirectamente una pérdida de competitividad en el mercado mundial si la desaceleración americana va de la mano de un dólar débil.
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La creciente integración de los mercados financieros ha acentuado la importancia del canal financiero como posible correa de transmisión de una desaceleración o recesión económica. Una recesión en Estados Unidos iría acompañada, muy probablemente, de una corrección en la bolsa que, la experiencia sugiere, podría trasladarse a otros mercados. Al fin y al cabo, el inversor global tiende a responder a las pérdidas en uno de los principales mercados con una reducción de sus posiciones en otros mercados –resultado de un aumento en su aversión al riesgo–. Por otra parte, en el contexto actual, la crisis subprime nos ofrece una nueva vía de contagio a través de los problemas en los mercados interbancarios, las pérdidas de capital en importantes entidades financieras globales, y la posible restricción de crédito asociada (véase el recuadro «La crisis subprime: los riesgos del riesgo»).
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¿Resistirá, pues, el resto del mundo la desaceleración en Estados Unidos? La respuesta depende de la profundidad de tal desaceleración y de la existencia de factores globales tras esa debilidad. Ante una recesión, las conexiones comerciales y financieras pesarían sobre el resto del mundo. Una suave desaceleración, en cambio, podría ser capeada más fácilmente. En cuanto a los factores globales, el alcance de la crisis subprime será clave en los próximos meses, sin olvidar algún que otro riesgo geopolítico.
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Estados Unidos
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Estados Unidos: ¿vuelven los setenta?
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Un joven pastor llamado Pedro pedía a sus amigos que le socorrieran cuando gritaba que venía un supuesto lobo que nunca terminaba de aparecer. El día que llegó el lobo de verdad, los otros pastores no acudieron. En la coyuntura actual de Estados Unidos no hay un lobo remiso sino dos. El primero, que la extensión de la crisis financiera se alargue y acabe afectando a la economía real y provocando una recesión o periodo de bajo crecimiento. El otro lobo es un viejo conocido que había estado dormido durante cierto tiempo: la inflación. De aparecer ambos al mismo tiempo, y si las políticas no son las correctas, la situación recordará los años setenta, donde coexistieron bajo crecimiento e inflación.
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El PIB de Estados Unidos crece un 2,8% en el tercer trimestre gracias a demanda interna y exportaciones.
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Las cosas no tienen por qué pasar con la misma intensidad que entonces. Nuestra previsión de crecimiento para 2007 es del 2,2% y para 2008 del 2,0%, lo que, considerando que el producto interior bruto (PIB) estadounidense ha venido creciendo a un promedio cercano al 3% en las últimas décadas, supone ya dos años de avance por debajo de la norma. Así, en cierto modo, el primer peligro ha llegado, pero sólo a medias. El reto es que la cosa no vaya a mayores, porque existen riesgos importantes: la corrección del sector inmobiliario arrecia y el empleo, siempre avanzando, sigue una lenta desaceleración. Todo ello afectará a la evolución del consumo privado que, representando el 71% del PIB, en estos momentos sólo contribuye en un 40% al crecimiento y será la variable clave.
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Por ahora los datos revisados del PIB del tercer trimestre son halagüeños en este sentido, con un avance del 2,8% interanual, un 4,9% respecto al segundo trimestre en términos anuales. La demanda interna sigue fuerte y las exportaciones se mantienen en la banda alta. Las ventas al por menor siguen este camino sin socavones importantes. Sin autos ni gasolina, altamente volátiles, el consumo minorista de noviembre creció un 5,2% interanual, un buen dato que, sin embargo, no rompe la tendencia de lenta desaceleración. En esta línea, el Índice de Confianza del consumidor del Conference Board siguió a la baja pasando de 95,2 al nivel de los 87,3 puntos. Lo significativo es que se agranda la diferencia entre la percepción de la situación actual y las expectativas. Estas últimas pasaron de 80,0 a 68,7 puntos, un nivel inferior al mínimo de octubre de 2001, tras los atentados del 11 de septiembre en el World Trade Center, que no se alcanzaba desde 1993. Tememos al lobo de la desaceleración, pero algunos pueden decir que, de momento, éste llega atenuado.
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El consumo privado mantiene la fuerza pero baja expectativas, mientras que los empresarios siguen activos pero ven subidas de precios.
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Con la sólida situación de las cuentas de resultados de las empresas no financieras, con niveles de endeudamiento más que razonables, la ralentización de la marcha económica encuentra un elemento de apoyo que puede ratificarse en el índice de actividad empresarial del Institute for Supply Management de noviembre. En el sector de manufacturas, el índice quedó prácticamente inalterado en los 50,8 puntos, nivel que, por estar por encima de 50, indica que las respuestas optimistas aún ganan la partida, aunque sea por poco, a las respuestas pesimistas. En servicios, el índice bajó de 55,8 a los 54,1 puntos, en una línea de estabilidad. Sin embargo, la observación por componentes aporta una sombra de desconfianza, con el empleo del sector de manufacturas que baja del nivel de 50 y con los precios que intensifican sus alzas de forma significativa.
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La vivienda sigue sin ver la luz con unos precios que bajan un 5,5% y unas viviendas iniciadas que acumulan descensos del 48%.
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El mercado de la vivienda sigue aún en la senda bajista. Por el lado de la oferta, la tormenta, más que mejorar, arrecia, con un descenso mucho más abrupto que en otros ciclos bajistas del sector. Las viviendas iniciadas intensificaron sus descensos quedando en noviembre un 24,2% por debajo del mismo periodo del año anterior, con un retroceso acumulado del 48,2% respecto al no tan lejano máximo histórico de enero de 2006. La venta de inmuebles de segunda mano de octubre cayó un 20,7% interanual, mientras que la de nuevas viviendas cedió un 23,5%. También es abrupta la desaceleración de los precios, con un índice Case-Schiller de precios de la vivienda que en septiembre siguió intensificando sus descensos perdiendo un 5,5% interanual. Por lo general, las áreas con mayores descensos son las que más han subido, pero dentro de cada una son las viviendas de menor precio las que sufren mayores descensos en su valor. En el entorno de las hipotecas subprime, de baja calidad crediticia, 600.000 familias están ya en situación de embargo y 600.000 más podrían entrar en una fase crítica cuando los tipos de interés sean revisados al alza en los primeros meses. Por ello, el plan del gobierno de congelar las deudas es adecuado, aunque sea arbitrario y premie imprudencias.
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El empleo se ralentiza y la tasa de paro está en un bajo 4,7%.
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El mercado de trabajo sigue una evolución más pausada, pero también en el sendero bajista. Se siguen creando nuevos empleos, como lo demuestran los nuevos 94.000 puestos de noviembre, y ésta es la mejor noticia para el consumidor. Sin embargo, en los doce últimos meses se ha creado una media de 127.000 empleos por mes, mientras que el promedio de los doce meses previos fue de 187.000. Por su parte, la tasa de desempleo de noviembre permaneció inalterada en el 4,7% de la población activa, así que el primer lobo llega manso, por el momento.
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En el caso de la inflación, los lirios han empezado a echar espinas. El índice de precios al consumo (IPC) de noviembre se aceleró y pasó de crecer un 3,5% a un 4,3% interanual. Más allá de la presión al alza que el petróleo pueda ejercer, la subida de precios es generalizada como lo demuestra el componente subyacente, el general sin alimentos y energía, que aceleró su ritmo de crecimiento del 2,1% al 2,3% interanual. Los precios de producción, con una subida del 7,7% interanual, también ayudan a definir este panorama más sombrío que hace unos meses. El problema es que la velocidad de crucero a la que la economía puede avanzar sin crear tensiones inflacionistas se ha reducido. Es por ello crucial que las expectativas de inflación permanezcan en valores moderados ya que, de lo contrario, la capacidad de la política monetaria para apuntalar los déficit de crecimiento disminuirá grandemente.
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La inflación supera el 4% y da un aviso que puede complicar la vida a la Reserva Federal, pero el déficit comercial sigue corrigiendo.
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No ayuda aquí la presión al alza sobre los precios de las materias primas que hacen las economías emergentes, así como su acumulación de divisas y unas políticas monetarias ineficientes. Ello hace que disminuya su capacidad de exportar a bajos precios a las grandes economías. En el sector exterior, las cosas siguen evolucionando favorablemente. La balanza comercial de bienes y servicios arrojó en octubre un déficit de 57.823 millones de dólares, un descenso del 0,6% interanual. Las exportaciones avanzaron un robusto 13,7% pero las importaciones se aceleraron hasta el 9,2%. Sin el petróleo, el déficit ya está un 28% por debajo de su máximo histórico.
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Japón
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Japón: el crepúsculo domina sobre el amanecer
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El PIB de Japón crece un 2% gracias a inversión en equipo y sector exterior pero la construcción retrocede y el consumo privado sigue débil.
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Tokio viene a ser un bosquejo aproximado del Japón actual. Una ciudad refinada donde los mejores platos se sirven crudos y la discreción es la norma. De igual forma, las estadísticas económicas, con sus vaivenes y revisiones, esconden un duradero periodo expansivo de perfil bajo que evoluciona a menos. Prueba de ello es que el PIB del tercer trimestre se revisó a la baja dejando el crecimiento en el 2,0% interanual, con menos existencias, y menos inversión en equipo. Tras un último trimestre de 2007, que se espera débil, las previsiones para 2008 son de desaceleración, con un crecimiento para el total del año en torno al 1,5% a causa de cuatro factores que debilitan la marcha económica: un apático consumo interno, un menor apetito inversor, cambios de reglamentación que han debilitado el sector de la vivienda y fuerte dependencia de las exportaciones al exterior. Para 2009 debería haber una leve recuperación si el entorno internacional evoluciona de manera positiva.
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Los empresarios manufactureros lo ven más negro que antes.
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En lo referente a los dos primeros factores, la inversión de las grandes empresas, siempre con vistas a la exportación, ha sido uno de los pilares del crecimiento. Los beneficios de estas corporaciones han subido con solidez, pero como las compañías pequeñas, que aglutinan el 70% del empleo, no han participado de esta bonanza, la buena marcha no se ha transmitido a los salarios y, como consecuencia, el consumo privado sigue languideciendo. Los pedidos de maquinaria, que avanzan la tendencia de la inversión, repuntaron en octubre gracias al sector exportador, sin embargo, en el tercer trimestre, el índice Tankan de actividad y sentimiento para grandes empresas manufactureras, que publica el Banco de Japón, retrocedió de 23 al nivel de los 19 puntos, el más bajo desde 2005. El componente de expectativas también descendió hasta los 15 puntos. La producción industrial de octubre también mantuvo un perfil relativamente bajo con un incremento del 3,6% interanual. Con todo ello resulta que una de las fortalezas de la economía nipona ya no lo es tanto.
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La venta de viviendas cae en picado pero los precios suben.
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Respecto al tercer factor, la inversión en construcción del tercer trimestre cedió un 11,1% interanual, en gran parte a causa de cambios en la regulación que buscan edificios más seguros en caso de terremotos. Aunque esto no se deba al funcionamiento normal del mercado, sus efectos han sido superiores a los de la actual crisis inmobiliaria de Estados Unidos y podrían alargarse durante la mayor parte de 2008. De este modo, las viviendas iniciadas de octubre cedieron un 35,0% interanual. El mercado de la vivienda parece amplificar las turbulencias ya que las ventas de noviembre en el área de Tokio retrocedieron un 51,7% respecto al mismo periodo del año anterior. Los precios, al no haber participado en la escalada que ha tenido lugar en otros países, siguieron evolucionando al alza con incrementos del 11,7%. Estas subidas, a la vista de la situación general, parecen difíciles de mantener, pero llevan manteniéndose desde mediados de 2006.
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La tasa de desempleo en octubre continuó en el 4,0% de la población activa. Pese a ello, los salarios subieron muy poco, salvo en el sector de manufacturas, donde se dio un tímido repunte. En el frente de precios, la deflación se acabó, al menos por el momento, con un IPC que en octubre subió un 0,3% interanual. Sin embargo, esta victoria tiene trampa. El petróleo y los alimentos han tenido un papel importante en la subida de precios y prueba de ello es que el IPC subyacente, que excluye del general los alimentos frescos pero no la energía, quedó en tablas repitiendo el registro del mismo periodo del año anterior. El Banco de Japón es así el único de entre las economías ricas que no tiene problemas de inflación, pudiendo ocuparse de atender la falta de crecimiento.
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Las exportaciones mantienen el superávit comercial.
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La ciudad de Osaka, que fue en la antigüedad un importante centro comercial, es hoy bulliciosa, respira espíritu emprendedor y, al contrario de Tokio y del resto del país, los peatones circulan por la derecha, como en el resto del mundo. Tal vez en Japón debe haber más de una Osaka porque en lo que concierne a la dependencia del exterior, el sector exportador japonés cumple bien su parte, a la espera de que la demanda mundial no afloje. El superávit acumulado en los doce meses hasta octubre de la balanza comercial se encaramó hasta los 12,8 billones de yenes gracias a que las exportaciones continuaron creciendo mientras que las importaciones se estancaron.
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Brasil
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Brasil se mantiene en la banda alta
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Brasil crece un 5,6% apoyado en consumo privado e inversión, pero las exportaciones pinchan.
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El PIB brasileño del tercer trimestre avanzó un vigoroso 5,6% interanual, una muestra del nuevo papel que han adquirido los países emergentes como soporte del crecimiento global en este contexto de desaceleración de las economías desarrolladas. El consumo privado mantuvo una relativa aceleración subiendo un 6,1%, mientras que la inversión mantuvo su fuerza con un incremento del 14,4%. Sin embargo, fue el sector exterior el que más evidenció un cierto aire de crisis, con unas exportaciones que se desaceleraron con intensidad ya que el ritmo de crecimiento pasó del 13,3% a un modesto 1,8%. Por su parte, las importaciones se incrementaron en un 20,4% interanual fruto de la vigorosa demanda interna. El consumo público mantuvo su tímido repunte pero con una velocidad de avance inferior al del resto de la economía.
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La industria sigue a toda marcha, pero la inflación se mantiene cerca del 4%.
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Entre los últimos indicadores de actividad, la producción industrial de octubre aceleró hasta avanzar un 10,3% interanual. También la produción industrial de bienes de capital, más crucial para la continuidad de la expansión de Brasil, ganó fuerza creciendo un 26,8%. A consecuencia de esta efervescencia de la industria, la utilización de la capacidad productiva del mismo mes se colocó en máximos históricos. Por el lado de la demanda, las ventas minoristas crecieron un 8,5% interanual, mientras que en noviembre las compras de automóviles se incrementaron en un 23,8%. Con tal nivel de actividad, la buena noticia es que el repunte de la inflación es casi inexistente, con un IPC que en noviembre avanzó un moderado 4,2% interanual. El mayor punto de atención fueron los precios mayoristas, que subieron un 7,5%, tasa que continúa la tendencia de aceleración de los últimos meses, mientras que los salarios crecieron en octubre un 11,9% interanual, ritmo alto pero que supone una notable desaceleración respecto al que predominó en 2006 y principios de 2007.
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Las finanzas públicas siguen el camino de la austeridad, pero el desempleo supera el 14% y el superávit comercial se reduce.
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La tasa de paro del distrito de São Paulo en octubre bajó ligeramente al 14,4% de la población activa, un valor relativamente alto dada la fuerza del crecimiento en estos momentos. En octubre, el ahorro del sector público compensó el aumento de los intereses de la deuda externa, dejando el déficit de los últimos 12 meses en el 2,2% del PIB, en línea con los valores de los últimos meses. Por su parte, el real parece haber frenado momentáneamente su marcha alcista, mientras que, fruto en parte de la coyuntura global, el superávit comercial de noviembre descendió un 37% respecto al mismo periodo del año anterior, intensificando un retroceso cuyos inicios remontan al pasado verano.
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Argentina
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Argentina tiene un nuevo presidente pero el tren no para
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Argentina crece un 8,7% gracias a su demanda interna, pero el sector exterior se resiente.
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Cristina Fernández, la nueva presidenta electa, heredará de su marido, Néstor Kirchner, una economía mucho mejor de la que éste encontró, pero con retos pendientes como el control de la inflación y la mejora del sector público. La expansión mantiene un perfil alto y a la vez duradero, con un PIB que en el tercer trimestre del año creció un 8,7% interanual. El consumo privado, con avances similares, y en especial la inversión, que creció un 12,8%, siguieron siendo las principales fuentes de donde fluye la fuerza de la expansión. Por su parte, el consumo público siguió acelerando y ganando vigor mientras que el sector exterior continuó moderadamente a la baja, con unas exportaciones que se incrementaron un 8,6% frente al crecimiento de las importaciones del 19,0%, fruto de la pujanza de la demanda interna.
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El consumo minorista sigue vigoroso y se coloca cerca de los máximos históricos.
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Los indicadores de demanda más recientes siguieron apuntando a la continuidad del ciclo expansivo. Las ventas minoristas crecieron en octubre un 24,1% interanual en la región de Buenos Aires y un robusto 35,7% en el total de grandes almacenes. Quedan ya superados los niveles de 1999, previos a la crisis de 2002. La venta de automóviles de los últimos doce meses hasta noviembre subió un 33,3% interanual quedando ya a poco menos del 15% por debajo del máximo histórico. En el lado de la oferta la cosa va algo más calmada, con una producción industrial que en octubre mantuvo el perfil bajo de los últimos meses con avances del 2,9% interanual.
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La industria parece haber tocado fondo y debería abandonar su perfil bajo.
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Automóvil, minerales no metálicos y energía fueron los sectores más fuertes, mientras que el acero y las industrias químicas estabilizaron sus descensos y el sector de otros metales sigue sin tocar fondo. Por su parte, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción repuntó en octubre creciendo un 11,1% mientras que el indicador de la actividad industrial también avanzó un 9,6%, lo que señala que los problemas de la industria podrían estar quedando atrás.
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La inflación del 8,5% sigue siendo un riesgo, mientras que el paro baja hasta el 8,1%.
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La inflación continuó en sus trece, resistiéndose a bajar. El IPC de noviembre subió un 8,5% interanual presionado al alza por la energía y las materias primas. En el mercado laboral, ayudada por la fortaleza de la demanda, la tasa de paro del tercer trimestre descendió al 8,1% de la población activa, un nivel que ya parece algo más confortable en comparación con el repunte de inicios del año corriente. El superávit comercial continuó evolucionando a la baja, fruto de la pujanza importadora.
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