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Estudios y Análisis Económico > Información económica > Informe Mensual > Edición web 22-5-13
Informe Mensual, núm 310 - Febrero 2008
Coyuntura internacional
Informe completo ( 1,48 MB )
     

Estados Unidos

Estados Unidos: miedo a la recesión

Estados Unidos crece un 2,5% en el cuarto trimestre, lo que representa una desaceleración sensible de la actividad. Hace un mes, la economía andaba por un angosto desfiladero que se estrechaba entre los temores de un menor crecimiento y de una inflación que repuntaba. La fortaleza de la demanda interna del tercer trimestre introdujo dudas sobre lo primero. Pero cuando el presidente Bush afirma que la economía necesita una inyección de vitaminas en el brazo anunciando un paquete de medidas fiscales de 145.000 millones de dólares y cuando la Fed baja drásticamente su tipo de intervención, significa que las dudas se han disipado y el riesgo está en la intensidad de la desaceleración o incluso en la recesión.
Estados Unidos espera un débil inicio de año, con probabilidad de recesión incluida, y la clave está en el comportamiento del consumo privado. El bajo nivel de ahorro, la caída en el precio de los inmuebles, el endurecimiento de las condiciones de crédito y el encarecimiento de la energía pueden dejar sin nervio al que ha venido siendo el principal soporte de la actividad en Estados Unidos y en el mundo ya que, a través de sus importaciones, léase déficit comercial, ha absorbido el exceso de ahorro de las economías emergentes, de Japón y, en menor medida, de Europa. La política monetaria ya estaba por la labor, pero ante tales premuras era necesario un estímulo fiscal rápido y puntual para no hacerlo recaer todo sobre los bajos tipos de interés porque, entre otras cosas, ello podría añadir turbulencias en la cotización del dólar.
Las ventas minoristas se desaceleran y empeora la percepción de la situación actual. El producto interior bruto (PIB) del cuarto trimestre avanzó un 2,5% interanual. En las ventas al por menor los retrocesos se imponen. Sin autos ni gasolina, altamente volátiles, el consumo minorista de diciembre creció un 3,7% interanual, un 1,3% descontando los incrementos de precios. En esta línea estuvo también el índice de confianza del consumidor del Conference Board ya que su leve repunte, hasta el nivel de los 88,6 puntos, fue debido a una ligera corrección de la drástica caída de las expectativas del mes anterior. Lo significativo es que esta debilidad se va trasladando a la percepción de la situación presente, que pasó de 115,7 a los 108,3 puntos, un nivel similar al mínimo de octubre de 2005 tras el huracán Katrina.
Los empresarios manufactureros se muestran más pesimistas mientras que los de servicios se lo toman con más calma. También están apareciendo negros nubarrones en lo que a principios de año era una fortaleza: la solidez de las empresas no financieras. Los últimos resultados publicados apuntan una drástica desaceleración de los beneficios y el índice de actividad empresarial del Institute for Supply Management de diciembre refleja el lógico cambio de actitud. En el sector de manufacturas bajó de 50,8 hasta el nivel de los 47,7 puntos, por debajo de 50, lo que indica que las respuestas pesimistas ganan la partida con una claridad no vista desde los inicios de la guerra de Irak. En servicios las cosas pintan algo mejor, aunque el índice bajó de 54,1 a los 53,1 puntos. Por componentes, los precios siguen en general cercanos al nivel de los 70 puntos y mientras que en manufacturas destaca la debilidad del empleo y el intenso retroceso de nuevos pedidos, en servicios éstos aguantan, aunque por poco, en terreno optimista.
La construcción sufre una intensa desaceleración mientras que el precio de los pisos baja un 6,7%. El mercado de la vivienda sigue bien instalado en la senda bajista. Por el lado de la oferta la tormenta arrecia con un descenso mucho más abrupto que en otros ciclos. Las viviendas iniciadas intensificaron en diciembre sus retrocesos perdiendo un 14% respecto a noviembre y acumulando una bajada del 38,2% interanual, lo que reduce la actividad a menos de la mitad de lo que prevaleció durante 2005. La intensidad del descenso en la oferta tiene sus efectos en el crecimiento, pero con la inversión residencial representando un 4,5% de la totalidad del PIB en dólares corrientes, lo más preocupante es lo que implica acerca del escenario que tienen los constructores sobre el mercado inmobiliario y, por ende, del consumo privado, un decisivo 70,0% del PIB. La venta de inmuebles de segunda mano de noviembre cayó un 20,0% interanual y los nuevos cedieron un 34,4%. También se hace más abrupta la desaceleración del índice Case-Shiller de precios de la vivienda, que en octubre perdió un 6,7% interanual.
La transmisión de la debilidad del mercado de la vivienda y del endurecimiento de las condiciones de crédito al consumo privado se hace por tres canales, a los que se añade un cuarto invitado. En primer lugar está el efecto riqueza por el que, al sentirse los consumidores menos ricos con el descenso del precio de sus activos, restringen su gasto. También está la menor capacidad de encontrar financiación avalada por unos activos netos en descenso. En tercer lugar, el endurecimiento de las condiciones financieras no sólo afecta a quienes tienen una baja consideración crediticia sino al resto de los hogares, ya que obliga a ahorrar más para pagos de entrada a quienes pretenden acceder a la compra de un inmueble. Por último, el encarecimiento del petróleo, si bien no afecta tanto como antes a los componentes no energéticos del IPC, sí que, a través de un mayor dispendio en gasolina, reduce el presupuesto disponible de los hogares para otros bienes o servicios.
El empleo se ralentiza y la tasa de paro sube al 5%. El mercado de trabajo tuvo un mal mes de diciembre, con sólo 18.000 nuevos empleos añadidos a la economía y con una tasa de paro que pasó del 4,7% al 5,0% de la población activa. Lo más destacable sigue siendo, empero, la persistencia de una tendencia bajista más moderada que en anteriores ciclos de desaceleración económica. Esto da cierto fuelle al consumo, pero cada vez menos ya que en los últimos doce meses se ha creado una media de 111.000 empleos mensuales, la mitad de lo que era normal a principios de 2006.
La inflación se mantiene por encima del 4% y la corrección del déficit se toma un respiro. El índice de precios al consumo (IPC) de diciembre mantuvo su repunte creciendo un 4,1% interanual. El componente subyacente, el general sin alimentos ni energía, evolucionó ligeramente al alza, con un incremento que pasó del 2,3% al 2,4% interanual. Este aumento de la inflación hay que verlo más como un palo en la rueda de la implementación de políticas monetarias expansivas que como el inicio de una espiral alcista de los precios. La velocidad de crucero a la que la economía puede avanzar sin crear tensiones inflacionistas se ha reducido y la Reserva Federal debe conservar su reputación antiinflacionista para mantener su efectividad. Tanto los precios de producción como el índice subyacente sin los inflacionistas, pero volátiles, alquileres de pisos, pintan un escenario menos alejado de la estabilidad de precios.
En el frente exterior las cosas van con mayor lentitud de lo esperado. La balanza comercial de bienes y servicios arrojó en noviembre un déficit de 63.118 millones de dólares, un aumento del 8,0% interanual que no debería tener continuidad. Las exportaciones avanzaron un robusto 13,0%, pero fue el repunte de las importaciones, que aceleraron su marcha del 9,1% hasta el 11,4% lo que alimentó el crecimiento del déficit.

Japón

Japón: los consumidores siguen apáticos

Japón crece un 2% pero la demanda interna continúa siendo la asignatura pendiente. La economía creció un 2,0% interanual en el tercer trimestre y el cuarto se espera débil. Las previsiones para 2008 son de desaceleración, con un crecimiento para el total del año en torno al 1,5% a causa del apático consumo interno, un menor apetito inversor, la persistencia de debilidades en el sector de la vivienda y una fuerte dependencia de las exportaciones al exterior en un contexto de desaceleración global.
Los empresarios lo ven más negro y moderan sus inversiones. El consumo interno sigue sufriendo los cambios estructurales en el mercado de trabajo. En la mentalidad japonesa, más temporalidad y un menor paternalismo en las relaciones laborales siguen arrastrando a la baja la confianza del consumidor, que en el último trimestre de 2007 bajó desde 43,9 hasta el nivel de los 38,9 puntos, en línea con lo que imperaba en 2002, cuando la economía estaba estancada. Los pedidos de maquinaria de noviembre, que avanzan la tendencia de la inversión, retrocedieron a consecuencia de las peores perspectivas en el sector exportador, confirmando el retroceso hasta los 19 puntos del índice Tankan de actividad y sentimiento de las grandes empresas manufactureras en el cuarto trimestre. La producción industrial volvió a retroceder en noviembre, reduciendo su incremento interanual hasta un magro 1,6% con lo que la tradicionalmente fuerte industria nipona sigue en su línea de perfil bajo.
La vivienda se recupera con timidez, pero tras las fuertes pérdidas persisten las dudas. El sector de la vivienda intenta salir de la atonía. Los efectos del cambio regulatorio en aras de la seguridad van amainando poco a poco por el lado de la oferta pero el mercado sigue débil. En noviembre las viviendas iniciadas subieron por segundo mes consecutivo aunque todavía acumulan un descenso del 27,0% interanual. También creció en diciembre el número de viviendas vendidas en el área de Tokio, aunque es pronto para hablar de cambio de tendencia con un retroceso del 35,5% respecto al mismo periodo del año anterior, y más cuando los precios no acompañan, con un retroceso en diciembre de un 5,1%.
Los precios suben un 0,6% y el desempleo baja hasta el 3,8%. La tasa de desempleo de noviembre se redujo del 4,0% al 3,8% de la población activa, lo que coincidió con un leve repunte de los salarios, tanto en manufacturas como en servicios. En el frente de los precios, Japón va dejando los fantasmas deflacionistas cada vez más atrás. El IPC de noviembre subió un 0,6% interanual. Por su parte, el IPC subyacente, que excluye del índice general los alimentos frescos pero no la energía, también se sumó esta vez al terreno positivo y se incrementó en un 0,4%. Aunque podamos estar en variaciones positivas de precios, la ausencia de inflación es patente y esto clarifica las cosas para un Banco de Japón cuya tarea de apuntalar el crecimiento es la más acuciante.
En el sector exterior, el superávit acumulado en los doce meses hasta noviembre de la balanza comercial continuó en los 12,8 billones de yenes. Las exportaciones se desaceleraron pero mantuvieron el tono con un crecimiento del 8,6% interanual, mientras que las importaciones despertaron de su estancamiento avanzando un 10,5%.

China

China: ¿Crecimiento excesivo?

La economía china crece un 11,5% liderada por exportaciones e inversión y la industria no frena. La economía china creció en el cuarto trimestre un 11,2% interanual, un ritmo algo más lento que en el trimestre anterior pero que deja el total del año en un robusto 11,4%. Los indicadores de actividad siguieron el mismo patrón. La producción industrial de diciembre avanzó un 17,4% interanual que aleja cualquier perspectiva de enfriamientos. El consumo privado sigue siendo la parte que no crece lo que debería. En este sentido, las ventas minoristas de diciembre avanzaron un 20,2% interanual que, sin los incrementos de precios, quedan en el 12,9%, lo que supone una clara desaceleración respecto a 2005 y 2006 indicando que el consumo privado sigue siendo la asignatura pendiente del crecimiento chino. Y es que el crecimiento chino tiene un sesgo hacia la industria pesada, una gran diferencia entre campo y ciudad y otro sesgo hacia la inversión y las exportaciones en detrimento del consumo privado.
La influencia de una desaceleración estadounidense a través de las exportaciones sería limitada. El superávit exterior en 2007 llegó a los 261.500 millones de dólares, otro máximo histórico. Las exportaciones, que son el 33,5% de la economía, están muy dirigidas hacia Estados Unidos y Europa. Una drástica desaceleración de las compras americanas de productos chinos debería, sin embargo, tener efectos limitados sobre la economía. Las exportaciones a Estados Unidos son el 6,4% del PIB nominal chino, pero en 2007 ya se han desacelerado con intensidad, con lo su contribución al crecimiento es mucho menor. Aun considerando efectos indirectos, según el Banco Asiático de Desarrollo, una desaceleración de la economía americana difícilmente podría llegar a sustraer directamente más de un 1,0% del crecimiento. Sin embargo, la inversión, que es el 40% del PIB, también puede verse afectada en este sentido. Cerca de un 60% de las exportaciones chinas son realizadas por empresas extranjeras asentadas en China. Una disminución de las expectativas de estas compañías también podría suponer una disminución de la inversión directa extranjera, con un mayor impacto potencial sobre el crecimiento, aunque también hay que considerar al respecto el incipiente despertar de las empresas autóctonas.
La inflación llega al 6,5% y la nueva ley de contratos laborales puede ayudar a que siga aumentando. Otro problema acuciante de la economía china es la creciente inflación y la necesidad de mantener la estabilidad monetaria. El IPC general de diciembre se incrementó en un 6,5% interanual, con lo que mantuvo su tendencia de aceleración. Los precios de la alimentación subieron un más que preocupante 16,7%. Este componente representa un 14,1% del total de ventas al por menor, pero en las zonas rurales el porcentaje aumenta considerablemente. La nueva ley de contratos laborales, que dificulta el hasta ahora prácticamente libre despido, también contribuirá a incrementar los costes en 2008, añadiendo nuevas presiones sobre los precios.
Medidas para enfriar la economía. Las autoridades chinas comienzan a poner de manifiesto su preocupación por el calentamiento de la economía, que se manifiesta principalmente en la citada inflación. El control sobre el tipo de cambio de la moneda nacional sigue siendo férreo, pero se detecta una continua apreciación del mismo. Destaca, sin embargo, la decisión de aumentar el coeficiente de caja bancario hasta el 15%. Con todo, el crecimiento chino es fuerte, pero la cuantificación de los efectos que sobre él pueda tener una desaceleración de las economías ricas sigue siendo una incógnita y es que el desacople entre China y Estados Unidos no está garantizado.

China se come el mundo

La ingente demanda de China y otros países emergentes tira de los precios de las materias primas

Un documental emitido recientemente por la cadena de televisión norteamericana CNN equiparaba China a una aspiradora gigante de la riqueza natural del planeta. Aunque la intención del reportaje era denunciar el tráfico clandestino de especies animales protegidas, el crecimiento demográfico y el despegue económico, en China no sólo han alimentado su apetito por las tortugas exóticas sino por todo tipo de recursos naturales.
Desde el inicio de su proceso de reformas a principios de los ochenta, China ha crecido a un ritmo espectacular hasta convertirse en uno de los motores principales del crecimiento global. Con un promedio de crecimiento anual próximo al 10% y un modelo de desarrollo fundamentado en la industria, no sorprende que su demanda de petróleo y otros combustibles y de insumos industriales básicos, como los metales, no haya cesado de crecer.
El caso del petróleo es ilustrativo. China ha sido responsable de más del 35% del aumento del consumo mundial de crudo desde 2000. En estos momentos, es el segundo mayor consumidor del mundo después de Estados Unidos cuando hace quince años era el quinto e incluso era un exportador neto de crudo. No se anticipan cambios en este patrón a largo plazo: la Agencia Internacional de la Energía prevé que poco después de 2010 China se convierta en el mayor consumidor energético del mundo y que junto a India sean responsables del 45% del aumento de demanda energética hasta 2030. Parte de este aumento de demanda será consecuencia de una fuerte expansión del uso de vehículos, que todavía se encuentra a niveles muy bajos y la experiencia indica que crece marcadamente cuando el nivel de renta per cápita se aproxima a los 10.000 dólares, un nivel que ambos países deberían alcanzar a medio plazo.
El crecimiento económico también está cambiando los patrones de consumo de la sociedad china. Millones de chinos han salido de la pobreza y cada vez son más los que consiguen un poder adquisitivo propio de clase media, especialmente en las ciudades. Esa creciente clase media urbana está modificando paulatinamente sus hábitos. En cuanto a la dieta, por ejemplo, el consumo de arroz está perdiendo peso frente a alimentos más ricos en proteínas, como la carne, los huevos y los productos lácteos. El consumo promedio de carne ha aumentado desde los 20 quilos por habitante y año en 1985 hasta más de 50 quilos en los años 2000. Aún así, esta cifra está lejos del consumo promedio en países económicamente más avanzados, como España, donde se consumen más de 110 quilos por habitante y año. El aumento en el consumo de carne produce, a su vez, una mayor demanda de cereales, ejerciendo una presión al alza sobre sus precios. Por ejemplo, para producir un kilo de cerdo, la carne más consumida en China, se precisan unos 6 kilos de cereales.
La idea de que la insaciable demanda de China -y en menor medida de la India y otros países emergentes- es la principal responsable del enorme incremento de los precios de las materias primas a nivel mundial en los últimos años gana adeptos día a día (véanse los gráficos siguientes). Sin embargo, y a pesar de ser un factor determinante, no todo el aumento de precios -y menos los espectaculares repuntes de los últimos meses- puede atribuirse al despegue de los países emergentes.
Por el lado de la demanda, además del apetito creciente de dichos países, se ha producido en los últimos años un fuerte aumento del uso de los cereales por parte de la industria de los biocarburantes y ello también ha contribuido a la subida de precios (véase el recuadro «Biocarburantes, ¿a qué precio?»). En cuanto a la oferta, varios factores han podido tener un mayor o menor impacto sobre los precios de distintas materias primas, aunque seguramente no han sido tan importantes como los factores de demanda: principalmente, la inestabilidad en Oriente Medio sobre el precio del petróleo y las sequías en importantes países productores agrícolas, como Australia. Varias voces han señalado al cambio climático como responsable de episodios meteorológicos más extremos e inusuales que afectarían a la producción agrícola.
Hay quien opina que los cambios en la demanda y oferta experimentados en los últimos años (relacionados con los hábitos alimenticios de los países emergentes, el cambio climático y el auge de los biocarburantes) tienen un carácter más permanente que otros factores que pueden haber provocado aumentos de precios en ciclos anteriores. Por ello, aventuran que la tendencia al alza de los precios de las materias primas puede mantenerse. Sin embargo, otros analistas esperan que, como en el pasado, la oferta acabe reaccionando ante los elevados precios y pueda satisfacer el repunte de la demanda, lo que ejercería una presión a la baja sobre los precios. Por último, tampoco podemos obviar la posibilidad de que una burbuja especulativa esté tras la subida de precios de algunas materias primas.
El desenlace en términos de precios nos aguarda mañana pero, hoy por hoy, lo que está claro es que China se come el mundo, figurativa y literalmente.

México

México: continúa la recuperación con menos inflación

México crece al 3,7%, mientras que el consumo y la inversión continúan fuertes pero el sector exterior retrocede. La economía mexicana mantuvo su repunte, creciendo un 3,7% interanual en el tercer trimestre. El consumo privado asentó su recuperación hasta llegar a avances del 5,0% mientras que, por su parte, la inversión privada perdió algo de fuerza pero logró mantener el tono subiendo un 6,0% interanual. El sector público siguió recuperándose del frenazo de principios de año avanzando con parsimonia. Sin embargo, es en el sector exterior donde existen las dudas principales ya que, si bien las exportaciones intensificaron su tirón avanzando un 7,4%, éstas volvieron a quedar por detrás de las importaciones, que ganaron un 9,8%.
Entre los indicadores de actividad más recientes, las cosas también mejoran en los últimos meses. La producción industrial de noviembre se desaceleró creciendo un anémico 0,8% interanual y lleva camino de completar un año donde la atonía ha sido la nota predominante. Las manufacturas fueron algo mejor, con un avance del 2,2%, mientras que la construcción, reflejando el clima predominante en su vecino del norte, se incrementó en un modesto 0,3%.
La industria sigue en la atonía pero la inflación se sitúa por debajo de 4% y los costes laborales moderan su avance. La inflación sigue estable. En diciembre los precios subieron un 3,8% interanual, y el índice subyacente, el general sin energía ni alimentos, se incrementó en un 4,0%. El repunte de los costes laborales unitarios del segundo trimestre fue a menos en el tercero, con un avance que se desaceleró del 6,7% al 2,4% interanual y que alivia las pérdidas de competitividad. Por su parte, la tasa de paro oficial de diciembre continuó su suave descenso hasta situarse en un benigno 3,4% de la población activa.
El sector exterior continúa deteriorándose. El deterioro de la balanza comercial tomó un respiro pero las perspectivas siguen siendo bajistas. El déficit comercial acumulado de los últimos doce meses hasta noviembre se redujo ligeramente hasta los 11.200 millones de dólares. Una mejora debida a las exportaciones de petróleo ya que, sin ese cojín precario, el déficit comercial del mismo periodo llegó a los 52.604 millones de dólares, un incremento del 15,6% interanual.

Materias primas

El oro se dispara

Tendencia alcista de las materias primas, especialmente las agrícolas y los metales. Las materias primas han sufrido un importante repunte en las primeras semanas del año. El índice «The Economist», que sintetiza la evolución global de las materias primas, ha repuntado un 4,7% en enero (en dólares). Este fondo alcista enmascara, no obstante, una evolución dispar de las distintas materias primas. El grupo de alimentarias creció un 5,8% en ese primer mes y levemente por debajo quedaron los metales (avance del 3,5% interanual). El grupo de agrícolas no alimentarias avanzó en menor medida, un 3,0%.
En la explicación de este movimiento alcista se combinan diferentes fuerzas. Las de carácter más fundamental no han variado excesivamente: la fuerte demanda, tanto de los países industrializados como de las economías emergentes, se está enfrentando a una oferta con limitaciones para aumentar en grado suficiente. Pero en cambio, el principio de año se ha visto marcado por las fuertes turbulencias financieras, lo que ha movido un importante flujo de fondos hacia las materias primas. En este sentido, cabe distinguir entre los primeros días de enero, en los cuales se produjeron ascensos notables de las materias primas, y un cierto movimiento bajista en el tramo final de enero.
El oro mantiene su papel de refugio en época de turbulencias financieras. En este sentido, la evolución del oro tiene especial significación porque sintetiza muchas de las cuestiones anteriores. La cotización del oro era en enero un 41% más elevada que la existente un año atrás. En diferentes momentos del mes parecía que se acercaba a la cota psicológica de los 1.000 dólares por onza, aunque la flexión bajista de la segunda parte de enero lo está alejando de ese nivel.
Tras este fuerte aumento se encuentran factores de oferta y de demanda. Entre los primeros, el más relevante a los efectos de explicar el encarecimiento del oro es que la producción minera está creciendo en menor grado que el producto interior bruto (PIB) mundial, lo que junto a unas ventas de oro por parte de los bancos centrales menores a lo esperado y la disminución de reservas en Sudáfrica apunta a una cierta restricción de oferta.
Pero probablemente es la evolución de la demanda la que mejor explica la carrera alcista del oro. Al fuerte crecimiento económico en los países emergentes (y en especial en India, que representa un 20% de la demanda total) se le suma el papel del oro como valor de refugio en situaciones de turbulencias financieras o ante un dólar débil, dos circunstancias se han producido en las últimas semanas y que pueden explicar el reciente coletazo alcista del metal precioso por excelencia.
El petróleo anota su máximo histórico y después se desploma. Finalmente, cabe señalar que el petróleo ha escapado un tanto a las tendencias anteriores. Tras un repunte a inicios de enero que no difería excesivamente al registrado por el conjunto de materias primas -movimiento en el cual se llegó al máximo histórico de 98,25 dólares por barril de calidad Brent a un mes-, el oro negro ha enfilado una senda bajista que ha llevado a las cotizaciones a situarse en la zona de los 90 dólares en el final del mes. La cesión de más de 10 dólares en unas pocas sesiones se ha interpretado como la respuesta del mercado a unas previsiones de demanda claramente a la baja, fruto, a su vez, de la percepción que el crecimiento económico mundial puede ser menor de lo previsto pocas semanas atrás.




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