Noticias Estudios Noticias Estudios


Estudios y Análisis Económico > Información económica > Informe Mensual > Edición web 19-6-13
Informe Mensual, núm 322 - Marzo 2009
Coyuntura internacional
Informe completo ( 1,7 MB )
     

Estados Unidos

Estados Unidos: ¿cuánta ayuda hará falta?

El estímulo fiscal de 788.000 millones se distribuirá principalmente en los próximos tres años. El plan de estímulo fiscal del presidente Obama toma forma. El acuerdo entre el Congreso y el Senado dejó el montante total en 787.800 millones de dólares. De este total, 211.800 millones serán destinados a la reducción de impuestos. A estos se suman 267.000 millones de dólares en transferencias, entre las que se encuentran devoluciones de impuestos por valor de 73.800 millones. La mayor partida son los 309.000 millones de gastos directos que incluyen 51.000 millones en energías alternativas y agua y 71.000 en educación y salud. Los efectos del estímulo se empezarán a sentir en 2009 pero el mayor peso se concentrará en 2010 y, en menor medida, en 2011.
También habrá ayudas para reducir la morosidad de las hipotecas. Adicionalmente al estímulo fiscal, la Casa Blanca aprobó un plan de ayuda a las familias para el pago de las hipotecas. El plan incluye fondos adicionales a las aseguradoras hipotecarias Fannie Mae y Freddy Mac, 100.000 millones de dólares para cada una. También contempla incentivos económicos (hasta 1.000 dólares) para los bancos que suavicen las condiciones de sus hipotecas existentes. Adicionalmente, si el cambio redunda en un cumplimiento puntual de las cuotas, los bancos pueden recibir hasta 1.000 dólares anuales por tres años. También los hogares que cumplan con las cuotas hipotecarias pueden verse premiados con una reducción de hasta 1.000 dólares anuales de la deuda pendiente por un periodo de cinco años.
La mayor duda no está, sin embargo, en la idoneidad de estas medidas sino en su suficiencia. 2009 será inevitablemente un año de retrocesos y hay dudas respecto a la recuperación de 2010. A la economía en recesión, con el producto interior bruto (PIB) del cuarto trimestre que retrocedió un 3,8% intertrimestral anualizado, se añade una drástica reducción de los flujos del comercio mundial. El mayor problema estará en reactivar un consumo privado que empieza esta crisis con un alto nivel de endeudamiento. La necesaria recuperación del ahorro hará que muchas de las ayudas vayan a ahorro y no a reactivar las compras. Por otra parte, está la cuestión de financiar las ayudas en una economía que ya es deficitaria con el exterior y en un entorno global de recesión.
El ánimo de los consumidores es un fiel reflejo de estas dificultades. El índice de confianza del consumidor del Conference Board volvió a marcar en enero un nuevo mínimo histórico en los 40 años de vida del indicador bajando de 38,0 hasta los 37,3 puntos, mientras que continúa el empeoramiento de la percepción de la situación presente. Las ventas minoristas de enero tuvieron, sin embargo, un comportamiento mejor de lo esperado, con el primer mes de subidas intermensuales, aunque modestas, después de cinco meses consecutivos de descensos. La recuperación estuvo en alimentación y electrónica de consumo mientras que los materiales de construcción siguieron a la baja. Aun así, sin los fluctuantes automóviles y gasolina, el consumo al por menor cedió un 2,7% respecto al mismo periodo del año anterior. Mostrando una debilidad más intensa, la venta combinada de turismos y todoterrenos fue de 655.000 unidades, el mínimo de los últimos 30 años.
Los empresarios siguen siendo pesimistas, especialmente en el empleo. Según el índice de actividad del Institute for Supply Management, la visión empresarial mantuvo este escenario de recesión profunda aunque se recuperó de sus mínimos históricos. Así, el índice de manufacturas subió de 32,9 al nivel de los 35,6 puntos, aún muy por debajo del equilibrio de los 50,0 puntos, que se considera el umbral que señala riesgos de recesión. Por su parte, el índice de servicios tuvo su segundo mes consecutivo de ascensos, pasando de 38,9 al nivel de los 44,2 puntos. En ambos casos persiste la debilidad del empleo y, en el caso de manufacturas, de los nuevos pedidos.
La construcción sigue sin tocar fondo y los precios acumulan un descenso del 27%. La vivienda sigue sin tocar fondo. Por el lado de la demanda, el precio de los inmuebles sigue empeorando la situación patrimonial de los hogares. El índice Case-Shiller de diciembre aumentó la intensidad de sus descensos y acumuló un retroceso del 28,3% respecto al máximo de junio de 2006 que, considerando los incrementos del IPC, queda en un 31,6%. Por el lado de la demanda, la confianza de los constructores está en mínimos y la corrección de la oferta de viviendas parece no tener fondo alguno porque en diciembre se iniciaron 466.000 viviendas en términos anuales, un nuevo mínimo histórico que apenas es un quinto de lo que se construía en 2006. La única nota positiva fue que las ventas recuperaron, en diciembre, el fondo de estabilidad de los meses previos, aunque esto fue a costa de la disminución de los precios y el aumento de los embargos.
El mercado laboral acentúa su deterioro, con 3,6 millones de empleos perdidos desde enero de 2008. Si la vivienda determina la riqueza de los hogares, el mercado de trabajo determina los ingresos de una gran parte de ellos y aquí la situación también siguió empeorando. En enero se perdieron 598.000 empleos no agrícolas. Así, desde enero de 2008, cuando empezaron los descensos, se llevan destruidos 3.572.000 puestos de trabajo, un descenso récord en términos absolutos. La tasa de paro de enero reflejó también esta situación encaramándose al 7,6% de la población activa, el máximo de los últimos 15 años.
La inflación llega a cero a causa de las fluctuaciones del petróleo. En el frente de los precios, el índice general de precios al consumo (IPC) de enero permaneció invariado respecto al mismo periodo del año anterior. Así, los peligros de inflación de meses atrás se tornan en riesgos deflacionistas. Sin embargo, el tono en este sentido vendrá marcado por el índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, que en términos interanuales se desaceleró hasta el 1,7%. El IPC de 2009 tendrá meses con descensos interanuales pero la verdadera deflación deberá darse en el subyacente, descontando las fluctuaciones del petróleo. En este sentido, la deflación aparece algo más lejana considerando los datos en el corto plazo, mes a mes, ya que el IPC de enero subió respecto a diciembre, rompiendo una racha de cinco meses de descensos consecutivos.
El déficit comercial se corrige a costa de una disminución del comercio. El sector exterior sigue siendo una preocupación, no ya por la persistencia del déficit sino por la mencionada reducción de los flujos comerciales en parte a causa de la crisis en los mercados de crédito y caución, que dejan a los proveedores indefensos frente a los impagos de sus clientes. El déficit comercial de bienes y servicios siguió reduciéndose en diciembre hasta los 39.929 millones de dólares, muy por debajo de los 56.690 millones de octubre. El problema es que las exportaciones se situaron un 11,7% por debajo del nivel de hace dos meses, siendo compensadas por la mayor reducción de las importaciones, donde la menor factura del petróleo hizo la diferencia.

Deflación: un riesgo a tener en cuenta

El espectro de la deflación se asoma a las mayores economías del mundo

La tasa de inflación en las mayores economías del mundo -Estados Unidos, Japón y la eurozona- se deslizará a territorio negativo durante 2009. Aunque el motivo principal de este descenso será el desplome que ha experimentado el precio del petróleo y, por ello, se espera que la inflación recupere tasas positivas hacia final de año, existe el riesgo de que en un contexto de debilidad de la demanda, el nivel general de precios inicie un proceso más prolongado de descensos. La experiencia de los Estados Unidos en los años 30, cuando el IPC cayó un 24% entre 1930 y 1933, es seguramente irrepetible -los errores de entonces están bien aprendidos- pero incluso una deflación más suave, al estilo de Japón en los 90, haría que la recesión fuera más larga y profunda.
En general, la causa más habitual de un proceso deflacionista es una caída importante de la demanda agregada resultado, por ejemplo, del pinchazo de una burbuja de activos, una crisis financiera o un aumento de incertidumbre por motivos geopolíticos. La caída de la actividad que provoca esta contracción de demanda tiende a reducir la tasa de inflación, que puede volverse negativa, especialmente si parte de niveles no muy alejados de cero. Precisamente, las tasas de inflación objetivo de los bancos centrales no son demasiado bajas para reducir la probabilidad de caer en tasas de inflación negativas con facilidad.
Ante la debilidad de la demanda y un riesgo de deflación, la política monetaria responde recortando los tipos de interés, pero existe un límite: los tipos de interés nominales no pueden caer por debajo de cero. ¿Quién prestaría a un tipo de interés negativo si la alternativa, mantener el dinero en efectivo, tiene una rentabilidad nominal de cero? El problema es que aunque el tipo de interés nominal sea cero, el tipo de interés real es positivo si las expectativas son de deflación y ello puede impedir la recuperación de la demanda agregada. A menudo, para salir de una recesión, se necesitan unos tipos de interés reales negativos para estimular suficientemente el consumo y la inversión. Con tipos cero y deflación, se puede dar la denominada «trampa de liquidez», aquella situación en la que el mejor activo para invertir es el efectivo, sin riesgo y con alta rentabilidad real.
La deflación tiene un impacto nocivo sobre la actividad a través de varios canales. En primer lugar, aumenta el valor real de las deudas, lo que ocasiona un aumento de impagados y bancarrotas. Además, en un contexto deflacionista, el precio de los activos también tiende a disminuir, lo que reduce el valor de las garantías de los préstamos y, por tanto, aumenta las pérdidas por morosidad de las entidades financieras. Ante esta situación, los bancos aumentan la prima de riesgo que cobran por sus préstamos y reducen la oferta de crédito, lo que empeora la recesión. Un entorno deflacionista también empuja al alza los salarios reales si estos son rígidos a la baja en términos nominales, lo que ocasiona una mayor destrucción de empleo y alarga la recesión. Un empeoramiento de la recesión agrava la deflación y puede generar una espiral deflacionista difícil de atajar.
Escapar de una trampa de liquidez y acabar con una deflación no es fácil. Una vez que el tipo de interés nominal se ha reducido hasta cero, la única manera de disminuir el tipo de interés real es incrementar las expectativas de inflación. Si la autoridad monetaria convence a los agentes económicos de que la inflación volverá a ser positiva, incluso más alta que el objetivo del banco central en tiempos normales, la consiguiente caída del tipo de interés real contribuiría a reavivar la demanda, salir de la recesión y acabar con la deflación. Naturalmente, sin embargo, los agentes económicos tienden a desconfiar de un banco central que promete más inflación cuando su retórica acostumbra a ser la contraria. El reto para el banco central en palabras de Paul Krugman es «prometer de forma creíble que va a ser irresponsable».(1) La reciente publicación por parte de la Fed por primera vez en su historia de su objetivo de inflación a largo plazo (2%) debe interpretarse como una muestra de la importancia de la política de comunicación de un banco central en tiempos de riesgo de deflación.
El banco central puede reforzar sus promesas de retorno a la inflación con medidas concretas. Una posibilidad, incluso con los tipos de interés al cero, es generar una fuerte expansión de la oferta monetaria (véase recuadro «La Fed y el BCE, dos estrategias y un problema: la deflación») lo que antes o después hará aumentar el nivel de precios (al fin y al cabo, como dijo Friedman, «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario»). Uno de los riesgos con esta estrategia es que al banco central se le puede ir la mano y generar demasiada inflación. Otra posibilidad para el banco central es intervenir para reducir los tipos de interés a largo plazo, por ejemplo, a través de la compra de deuda pública. Una tercera, relacionada con las anteriores, consiste en contribuir a financiar una política fiscal expansiva. De hecho, la Fed ya está utilizando estas tres alternativas para luchar contra la recesión y evitar una deflación. Otra posible vía para crear inflación es depreciar o devaluar la moneda, aunque esta alternativa deja de ser viable si el riesgo de deflación afecta, como ocurre en la actualidad, a las tres mayores economías del mundo (obviamente, todas no pueden depreciar).
En definitiva, con la deflación parece ocurrir como con muchas otras cosas: prevenir es mejor, y más fácil, que curar. Es crucial, por tanto, no ignorar los riesgos de deflación y tomar las medidas necesarias, ortodoxas y no tanto, para evitar que suceda. Hoy por hoy no forma parte de nuestro escenario central de previsiones, pero el riesgo ahí está.
Este recuadro ha sido elaborado por Enric Fernández
Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de ”la Caixa”

Japón

Japón: el retroceso exportador hunde la actividad

Japón retrocede un 4,6% a causa del sector exterior. La actividad económica cayó con intensidad en el final de 2008. El PIB del cuarto trimestre retrocedió un 4,6% interanual, un 12,7% en términos intertrimestrales anualizados. El retroceso del 12,8% interanual de las exportaciones contribuyó en tres cuartas partes a esta intensa reducción de la actividad. Esto, en primer lugar, da idea de la dependencia de Japón de la demanda exterior y, en segundo lugar, ilustra la magnitud del descenso de los flujos comerciales. El otro componente que disminuyó con intensidad fue la inversión en equipo, cuyo retroceso del 11,1% interanual contribuyó en cerca de una cuarta parte al repliegue del PIB.
La producción industrial baja un 22% y refleja la crisis en bienes duraderos. Japón es una potencia exportadora cuya dependencia directa de la demanda del resto de Asia supera a la, también grande, dependencia de las compras de Estados Unidos. Así, el rápido deterioro de las perspectivas de la economía nipona viene a ser una muestra de la rápida desaparición de la hipótesis del decoupling asiático, la capacidad de la zona de crecer a pesar de la débil demanda de Estados Unidos.
La producción industrial de diciembre, que retrocedió un 22,5% interanual, es también un reflejo del descenso exportador. La mayor parte de esta disminución, sin parangón desde la Segunda Guerra Mundial, se ha dado en los dos últimos meses, coincidiendo con el descenso de los flujos de comercio. En un país donde el peso de la industria es considerable en comparación con otras economías ricas, las empresas toman buena nota de ello y ajustan su producción y sus expectativas, tal como indica el índice Tankan de actividad empresarial del Banco del Japón del cuarto trimestre.
La inversión empeora sus perspectivas y el mercado inmobiliario sigue débil. Por el lado de la demanda tampoco se ha tocado fondo. La confianza del consumidor del cuarto trimestre volvió a marcar un nuevo mínimo histórico, bajado de 31,2 al nivel de 26,7 puntos. En este mismo contexto, las ventas minoristas de diciembre revelan una mala temporada navideña y retrocedieron un 2,7% interanual mientras que las ventas de automóviles siguieron hundiéndose, con un retroceso en enero del 28,0% interanual. Una situación que también se repitió en el capítulo inversor, que empeora sus perspectivas para los próximos meses. Así, su indicador adelantado, los pedidos de maquinaria, mantuvieron en diciembre un marcado sesgo bajista, con un descenso interanual del 24,5%, con los retrocesos más acusados en el sector exportador.
La inflación roza el cero y las exportaciones retroceden un 36%. En lo referente a los precios, la economía japonesa vuelve a flirtear con un viejo conocido: el fantasma deflacionista. El IPC de diciembre subió un mero 0,4% interanual, cuando hace tres meses rozaba el 2,1%. Pero es el índice subyacente, el general sin energía ni alimentos, con un incremento nulo respecto al mismo periodo del año anterior, el que muestra claramente la cercanía del terreno deflacionista. Por su parte, en el mercado laboral la tasa de paro de diciembre repuntó hasta el 4,4% de la población activa, el mayor registro desde 2004.
La menor demanda y especialmente la crisis de crédito, con la mayor dificultad para asegurar los cobros, siguió haciendo mella en el sector exterior, que en diciembre tuvo déficit por quinto mes consecutivo. Las exportaciones intensificaron sus descensos hasta caer un 36,2% interanual mientras que las importaciones cedieron en diciembre un 26,7%. Las exportaciones a Estados Unidos se redujeron en un 36,9% interanual, las destinadas al resto de Asia un 36,5% y las dirigidas a China un 35,5%, lo que da idea de la fragilidad del crecimiento en la región.

Lecciones de la deflación japonesa

La historia inacabada de diez años de deflación

Japón es la única de las grandes economías que ha experimentado recientemente un periodo de deflación, entendiendo por ello una disminución prolongada y generalizada de los precios. Por ello, el análisis del proceso deflacionista nipón puede aportar luz para entender el momento actual. La deflación japonesa fue motivada por la pérdida del valor de los activos, financieros y no financieros, y por la aceptación, especialmente por parte de las empresas no financieras, de que esos descensos serían duraderos. En consecuencia, las empresas no financieras pasaron a priorizar el saneamiento de sus balances, vía reducción de deuda, y limitaron así nuevas inversiones. Según Richard C. Koo,(1) economista jefe del Nomura Research Institute, este comportamiento fue más importante para la deflación que incluso los problemas de solvencia del sector financiero. Veamos porqué.
Hasta finales de los años ochenta, la economía japonesa se sustentaba en dos pilares básicos. El primero, un fuerte ahorro de los hogares, daba soporte al segundo, la intensa inversión de las empresas no financieras exportadoras, que eran, y son, competitivas. Sus grandes oportunidades de inversión se financiaban, gracias al elevado ahorro, a un coste de la deuda muy bajo. Fruto de ello, estas compañías tenían un alto endeudamiento, con un patrimonio neto inferior al 20% del valor de sus activos.
Entonces llegó la corrección bursátil de 1989, seguida de un todavía más drástico descenso del precio de los inmuebles. La capitalización bursátil perdía entre finales de 1989 y agosto de 1998 un 49,5%. Por su parte, el precio del suelo para las seis principales ciudades del país cedió un 59,9% del máximo alcanzado en 1990. Entre 1989 y 1997 la pérdida de valor combinada de las distintas clases de activos se elevó hasta 2,7 veces el PIB nominal de la entonces segunda economía del mundo. Algo más de la mitad de este retroceso se concentró en el sector empresarial no financiero.
Las empresas apalancadas vieron como disminuía el valor de sus activos pero no el de sus deudas. Esto hizo que muchas compañías quedaran en una situación de fuerte desequilibrio patrimonial. Pero en términos comerciales, sin tener en cuenta la situación financiera, las empresas seguían siendo viables, ya que muchas se dedicaban a la exportación y la economía global seguía demandando productos japoneses. En consecuencia, la prioridad de las corporaciones pasó a ser reequilibrar el balance. Los ingresos ya no se reinvertían como antes sino que se empleaban en reducir deudas, mientras que las oportunidades de inversión, por muy ventajosas que fueran, se dejaban para más adelante.
Así, la variable que más contribuyó a reducir la demanda agregada en el proceso deflacionista fue la inversión empresarial y, como consecuencia, la menor demanda de endeudamiento. De sobras es conocido que los consumidores japoneses tienen una alta propensión al ahorro pero esto se mantuvo invariable. Por contra, la inversión no residencial de las empresas tuvo un papel mucho más activo pasando del 19,8% al 13,8% del PIB nominal, una pérdida de 6,0 puntos porcentuales. Esta menor demanda de inversión contribuyó a debilitar los mecanismos de transmisión monetaria. Los aumentos de la oferta monetaria se mantuvieron como efectivo en poder de los bancos y no en préstamos por lo que no ayudaron a reactivar la actividad. La política fiscal ayudó a que los retrocesos del PIB fueran relativamente moderados. Aun así, esto fue a costa de llevar el endeudamiento del sector público hasta el 187,7% del PIB en 2007. Con todo, entre abril de 1998 y marzo de 2006 los precios bajaron un 3,7%, mientras que el producto interior bruto permaneció estancado entre finales de 1996 y finales de 2001 en lo que ha venido a llamarse la década perdida. Lo que ha quedado después es, incluso descontando que la demografía está prácticamente estancada, una recuperación muy débil cuyo crecimiento depende de las exportaciones al resto del mundo.
Llegados a este punto, podemos hacernos la siguiente pregunta ¿es la deflación japonesa un ejemplo de lo que le espera a la economía global en los próximos años? Una primera aproximación es comparar y ver las diferencias entre el Japón deflacionista y la mayor economía del mundo, la de Estados Unidos. La primera diferencia empeora las cosas. Japón pasó su proceso deflacionista con una demanda mundial boyante que importaba sus productos. Pero en 2009, con una contracción generalizada, el crecimiento vía exportaciones es difícil. Siguiendo por este derrotero, la simultaneidad de los estímulos fiscales hará mucho más difícil su financiación por el exterior. Hay que recordar que hasta ahora esta financiación viene en gran parte de Asia Oriental, con China y Japón representando más del 40% de la tenencia de deuda del tesoro americano. Pero estos países están sufriendo la crisis con mayor intensidad de lo que se esperaba y su apetencia de bonos americanos podría ser menor que en el pasado.
La segunda diferencia es que en Estados Unidos el sector apalancado no son las empresas no financieras sino los consumidores y los bancos. El cambio principal no será pues menor inversión sino menor consumo: los ingresos que lleguen se dedicarán a reducir deuda y no a consumir. El relevo del consumo americano, un 70% de su economía y un 17% de la economía global, como fuente de crecimiento no es fácil.
¿Hay razones para cierto optimismo? Sí. La más destacada es la menor magnitud de la pérdida de riqueza. Como se ha comentado anteriormente, ésta fue en Japón de 2,7 veces el PIB. Los estragos en Estados Unidos, aunque grandes, son claramente menores a fecha de hoy. Durante todo 2007 y los tres primeros trimestres de 2008 la riqueza financiera total perdió un 51% del PIB mientras que la riqueza total de los hogares, financiera y tangible, cedió lo equivalente a un 71% del PIB. Aproximadamente la mitad de esta pérdida se concentró en los inmuebles. Los flujos de información también juegan a favor. En Japón se tardó años en hacer públicas las pérdidas, mientras que en Estados Unidos tardaron meses en aflorar, aunque queda aquí camino por recorrer. La Fed, por su parte, ha actuado más decididamente que las autoridades japonesas con su política de expansión cuantitativa (véase recuadro en el Informe Mensual de enero «Recesión pero no depresión: una mirada al 29 y al Japón de los años noventa»). También es más favorable la demografía, que permite un mayor potencial de crecimiento de la demanda interna que en Japón. Aun así, la cautela es obligada. El capítulo de la deflación japonesa no está cerrado del todo incluso 10 años después, y la actual crisis de la economía real internacional todavía está en sus inicios.
Este recuadro ha sido elaborado por Jordi Singla
Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de ”la Caixa”

América Latina

América Latina: las mejoras económicas alejan parcialmente los miedos del pasado

América Latina enfrenta un 2009 recesivo. El entorno económico y financiero de América Latina ha empeorado notablemente como consecuencia de la recesión global. En 2009, América Latina registrará una fase recesiva que hará que el PIB se contraiga un 1,2%. De hecho, algunos países de la región ya han tenido fuertes crecimientos negativos en el cuarto trimestre de 2008.
Las previsiones para 2009 indican que el PIB en Argentina caerá un 1,5% debido a la disminución en el precio de las materias primas, la falta de inversión y la enorme salida de capitales. Chile registrará un crecimiento nulo por la caída del precio del cobre, principal exportación. Perú, que ha diseñado un plan de estímulo fiscal, moderará su crecimiento hasta el 4,0% (frente al 9,1% de 2008).
Brasil y México ya están en recesión técnica. Brasil se encuentra en recesión técnica desde finales de 2008. A falta de confirmación, se espera que en el cuarto trimestre de 2008 el PIB se haya contraído en torno al 5% en tasa intertrimestral. La producción en el sector del automóvil, que se colapsó a finales del año pasado, ha mostrado un fuerte rebote en enero de 2009 ayudada por la reducción de un 6% en el impuesto directo a la fabricación de coches y los créditos especiales concedidos por los bancos estatales para la compra de coches. Sin embargo, el tono de debilidad sigue afectando a otros sectores. Para 2009, se prevé un crecimiento negativo del 2,1% por la ralentización del consumo interno, la fuerte moderación de la formación bruta de capital fijo, y la restricción de crédito.
México sufrirá en 2009 la recesión de su vecino del norte y la caída del precio del petróleo. El sector de servicios y de manufacturas se ve directamente afectado por la desaceleración de Estados Unidos por sus amplias conexiones comercia-les. Por su parte, la demanda de los hogares se verá muy afectada por la caída de las remesas (equivalentes al 2,2% PIB). En enero, el indicador INEGI PMI de manufacturas cayó un 3,2% hasta los 40,6 puntos, lo que indica que la corrección iniciada en el tercer trimestre de 2008 se ha intensificado; el indicador de confianza de los consumidores bajó hasta los 83,3 puntos, 4,8 puntos menos respecto a diciembre; la intención de las familias de comprar bienes duraderos se desplomó 9,1 puntos hasta los 71,3. La restricción crediticia también está contribuyendo a la contracción del consumo privado.
La crisis llega tras un período de sustancial reducción de la vulnerabilidad externa. En términos generales, la región se enfrenta a la crisis actual desde una posición financiera y fiscal más sólida que en el pasado. Por ejemplo, las reservas internacionales rebasaron en 2008 los 450 mil millones de dólares, triplicando el nivel de 1999, lo que otorga un margen considerable para atenuar presiones sobre los tipos de cambio. Durante los últimos cinco años, la región ha presentado un déficit fiscal en torno al 0,6% del PIB, una mejora sustancial respecto al 3% promedio del decenio 1994-2003. Aún así, países como Argentina, Ecuador y Venezuela, que financian una proporción importante de su gasto público con ingresos ligados a las exportaciones de materias primas, se enfrentarán en 2009 a dificultades de calado.
La caída de la inflación da margen de acción a los gobiernos para relajar la política monetaria, pero con cautela. Varios países han respondido a la crisis con medidas de apoyo a la actividad. En México, según estimaciones del FMI, el estímulo fiscal implícito en los presupuestos para 2009 tendrá un impacto de un 1% del PIB. El plan de estímulo está acompañado por una mayor expansión del crédito concedido por los bancos estatales, una medida que dará soporte adicional a la actividad. En el caso de Brasil, el gobierno no ha anunciado un plan fiscal de magnitud significativa, principalmente porque el margen de maniobra es limitado. Las medidas tomadas son puntuales, como las medidas de apoyo al sector del automóvil mencionadas anteriormente, el aumento de los recursos destinados a infraestructura, o un plan de vivienda social que el gobierno detallará en breve.
La mejora que se observa en el panorama de inflación también otorga a las autoridades monetarias un mayor margen de acción. En 2008, la tasa de inflación en América Latina fue del 7,3%, y del 4,8% excluyendo Argentina y Venezuela. En este contexto, los bancos centrales de Perú, México, Brasil y Chile han recortado los tipos de interés en 25, 50, 100 y 250 puntos básicos respectivamente en 2009. Las autoridades económicas reconocen la importancia de continuar relajando la política monetaria para dar un soporte adicional al crecimiento, pero también son conscientes de la necesidad de evitar provocar fuertes salidas de capitales y acelerar la depreciación de las divisas.
2009 será un año con riesgos en materia de crecimiento, financiación de cuenta corriente y estabilidad monetaria y fiscal. ¿Qué riesgos hay por delante? En 2009, el principal riesgo para América Latina es el de una mayor contracción global, lo que afectaría aún más al precio de las materias primas e induciría, por lo tanto, mayores pérdidas en los términos de intercambio. Sin duda, uno de los retos de la región a medio plazo continúa siendo reducir la excesiva dependencia de las exportaciones de materias primas. En un escenario de contracción mayor de lo esperado, el margen de la política fiscal para estimular la demanda interna sería muy limitado. La ampliación de los déficit exteriores también representaría un foco de riesgos para los países de la región, que verían encarecido su acceso a la financiación internacional.

Asia emergente

Asia emergente: revisiones a la baja

Revisión a la baja en el crecimiento de Asia emergente. Las teorías que pronosticaban un proceso de desacoplamiento entre las economías desarrolladas y las emergentes ya hace tiempo que han quedado en el olvido. Aún así, la magnitud del reciente deterioro de la actividad económica en muchos países de Asia emergente ha pillado por sorpresa a más de uno. Ello ha forzado al FMI, entre otras instituciones, a la revisión a la baja en el crecimiento de Asia para 2009, del 4,9% al 2,7%. La predicción de contracción del 4% para Corea es un caso extremo en este nuevo contexto. Para el caso de China, el FMI sitúa el crecimiento en un 6,7% y 8% para 2009 y 2010, respectivamente. Las cifras son algo más optimistas que nuestras previsiones del 6% y 7,5%, aunque todas ellas están por debajo del crecimiento de dos dígitos a los que nos tenía acostumbrados el gigante asiático.
A pesar de la gran caída en las exportaciones, el superávit comercial chino vuelve a agrandarse por el desplome de las importaciones. La desaceleración se ha hecho evidente en las cifras de comercio internacional. Así, el valor de las exportaciones chinas se contrajo en enero un 17,5% en términos interanuales, la mayor caída en 13 años, y el tercer mes consecutivo con tasas negativas. En concreto, las exportaciones a Estados Unidos y la Unión Europea bajaron un 10% y un 17% respectivamente (estos mercados suponen alrededor del 40% del total de las exportaciones chinas). Con todo, el gran desplome de las importaciones, que alcanzó un 43,1%, explica el aumento del superávit comercial en enero hasta los 39.110 millones de dólares.
Los indicadores de demanda no muestran aún un claro despegue del consumo interno. El último dato del índice de gestores de compras (PMI) confirma el tono de debilidad. A pesar de un ligero repunte desde 41,2 en diciembre hasta 45,3 en enero, el valor del índice, por debajo de 50, es consistente con una continuación de la tendencia a la baja en la producción industrial que se inició el otoño pasado.
Por el contrario, los datos aparecidos sobre ventas al por menor el cuarto trimestre de 2008 son más alentadores, pues con un crecimiento interanual del 20,6% dejan el crecimiento para 2008 en el 21,6% anual, casi 5 puntos por encima del año anterior. Sin embargo, la gran bajada en el valor de las importaciones el mes de enero podría estar revelando una cierta debilidad del consumo. En una línea similar, los 20 millones de inmigrantes procedentes de las zonas rurales que han perdido su empleo suponen otro motivo de ralentización en la demanda interna. Tendremos que esperar un poco para ver si las medidas de estímulo fiscal adoptadas por el gobierno chino contribuyen al despegue del consumo doméstico.
La bolsa de Shangai da muestras de optimismo. A pesar del relativo empeoramiento de los indicadores económicos, la bolsa de Shangai se ha revalorizado alrededor de un 28% en lo que va de año, lo que algunos interpretan como un juicio optimista de los inversores acerca de los programas de estímulo a la economía.

Materias primas

Baja el petróleo y sube el oro

El precio del petróleo vuelve a evolucionar a la baja. El precio del petróleo reduce su volatilidad pero vuelve a descender. Entre el 20 de enero y el 23 de febrero el crudo partió de los 45,3 dólares por barril (calidad Brent, para entregas a un mes) bajando hasta los 42,1 dólares. La subida acumulada en el año corriente se reduce así hasta el 7,8%, después de haber rozado una ganancia del 20% a finales de enero.
La Agencia Internacional de la Energía volvió a revisar ligeramente a la baja la demanda mundial de petróleo para 2009, dejándola en 84,7 millones de barriles diarios, unos 570.000 barriles diarios menos. Así, la demanda global caería un 1,1% y encadenaría su segundo año consecutivo de descensos. Este dato de demanda pesó más sobre el precio del crudo que la reducción de la oferta en enero de 520.000 barriles diarios.
Los metales bajan pero alimentación y metales preciosos siguen al alza. Durante los primeros veinte días de febrero el resto de las materias primas presentó dos historias bien distintas. Mientras que los metales perdieron lo ganado el mes anterior, los metales preciosos, capitaneados por el oro, y los alimentos, evolucionaron al alza. Así, el indice The Economist de materias primas descendió un 2,3% entre el 20 de enero y el 23 de febrero. Los mayores descensos estuvieron en el níquel y el aluminio, mientras el cobre mantuvo su reciente repunte. Los metales preciosos volvieron a beneficiarse de la aversión al riesgo. Fruto de este entorno, la onza de oro se acercó a la cota de los 1.000 dólares. Los alimentos, por su parte, repuntaron a pesar del reciente descenso en el precio del trigo.




Puedes suscribirte ahora para que te avisen por correo electrónico cada vez que se actualice el Informe Mensual en internet.

Todos los documentos están en formato Adobe Acrobat (formato PDF).
Para poder visualizar un documento con formato PDF necesitas el programa Acrobat Reader. Si no lo tienes instalado, descárgalo ahora.


 

mb

mb

Descárgate un accceso a Estudios y Análisis Económico desde tu móvil

Escribe aquí tu teléfono:

Te enviaremos gratis un SMS con el acceso directo

sub