Noticias Estudios Noticias Estudios


Estudios y Análisis Económico > Información económica > Informe Mensual > Edición web 21-5-13
Informe Mensual, núm 324 - Mayo 2009
Coyuntura internacional
Informe completo ( 1,4 MB )
     

Previsiones FMI

Previsiones del FMI: un recesión global de salida complicada

El FMI espera una contracción global del 1,3% en 2009 y un avance del 1,9% en 2010. En su informe de perspectivas de la economía mundial de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI), vuelve a rebajar sus previsiones de crecimiento respecto a su documento de marzo para la reunión del G-20. El Fondo constata que la economía global se encuentra inmersa en una severa recesión. Su causa fundamental está en una crisis financiera que ha provocado unas pérdidas de activos que en el periodo 2007-2010 pueden llegar hasta 4,0 billones de dólares, de los que 2,7 corresponden a activos originados en Estados Unidos. La primera consecuencia ha sido una aguda pérdida de confianza generalizada que atenaza la actividad económica. Así, según el FMI, la economía global se contraerá un 1,3% en 2009, mientras que las medidas de política macroeconómica y los intentos por restablecer la normalidad en el sector financiero pueden facilitar en 2010 una recuperación que será más lenta que en otras ocasiones. Garantizar el acceso a la liquidez de las entidades financieras, determinar las pérdidas derivadas de los activos de dudosa calidad y recapitalizar las entidades más débiles pero aún viables serán condiciones necesarias para el éxito de los estímulos fiscales y monetarios.
Se espera que en 2009 Estados Unidos y Japón se contraigan un 2,8% y un 6,2% mientras que China crecerá un 6,5%. Por países, empeoran las perspectivas para Estados Unidos, con una contracción prevista del 2,8% para 2009 a la que seguiría un 2010 con crecimiento nulo. En los últimos meses, las economías exportadoras son las que sufren un mayor deterioro debido a la importante contracción del volumen de los flujos comerciales. Así, entre las economías avanzadas, Japón es la que tiene un peor panorama para 2009, con un descenso esperado del 6,2%. Por su parte, China, si bien sufre una clara desaceleración respecto a años anteriores, escapa a los retrocesos generalizados de los exportadores asiáticos. Un importante estímulo fiscal, con fuertes inversiones en infraestructuras, contribuirá a un crecimiento esperado del 6,5% para 2009 y del 7,5% para 2010.
En 2009, la zona del euro retrocede un 4,2%, Alemania un 5,6% y España un 3,0%. En Europa también se revisan a la baja las previsiones de casi todos los países. Para la zona del euro se esperan retrocesos del 4,2% en 2009 y del 0,4% en 2010. Pero es Alemania, el principal exportador de la región, el país que sale peor parado, con contracciones de su economía del 5,6% y del 1,0% para 2009 y 2010, respectivamente. Italia y Reino Unido siguen una evolución similar al conjunto de la zona del euro, mientras que Francia espera retrocesos algo más moderados. Para la economía española, el FMI espera un relativamente contenido retroceso del 3,0% en 2009, pero para 2010 prevé un decrecimiento del 0,7% que apunta a que la recuperación se hará esperar.
La incertidumbre es alta con los riesgos sesgados a la baja. Entre las economías emergentes, contrasta el buen comportamiento de Asia emergente, que espera crecer un 4,8% en 2009, con el rápido deterioro de las economías de Europa del Este y Central, que sufren una contracción del 3,7%. América Latina quedará en un lugar intermedio con un descenso previsto del 1,5%.

Estados Unidos

Estados Unidos: la recuperación será lenta

Estados Unidos: la debilidad económica se alargará. El producto interior bruto (PIB) estadounidense acumuló un retroceso del 1,8% en la segunda mitad de 2008, iniciando una recesión caracterizada por la extrema debilidad del consumo privado. Pese a que los indicadores de los primeros meses de 2009 apuntan a una moderación del ritmo de deterioro que podría tener también su reflejo en el producto interior bruto (PIB) del primer trimestre, la tendencia bajista continuará. La recesión actual es fruto de una crisis financiera y tiene un alcance global, afectando de forma sincronizada a la mayoría de las economías. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), esto podría prolongar el periodo de descensos hasta dos años, reducir el PIB en un 4,8%, y hacer que la posterior recuperación sea modesta.
La crisis financiera y la sincronización internacional de la recesión dificultarán la recuperación. La fuerte expansión del crédito en los últimos años había llevado al consumo privado a crecer por encima de su tendencia secular, con un marcado deterioro del ahorro de los hogares, con una deuda bruta que, a finales de 2007, llegó al 98,1% del PIB nominal y con un fuerte aumento del precio de los activos. La reversión de estas tendencias llevará a los consumidores a un proceso de reducción del endeudamiento que, hoy por hoy, todavía es incipiente. Así, una gran parte de los ingresos futuros de los hogares, bien provenientes de actividades privadas o de ayudas públicas, irán a reponer el ahorro, dejando para más adelante la recuperación del consumo privado. Mientras, al ser una crisis sincronizada internacionalmente, el crecimiento vía exportaciones quedará limitado por la débil demanda global.
¿Qué hacer en estas condiciones? La efectividad de la política monetaria convencional queda muy mermada. Pero la recuperación de los mercados de crédito es una condición necesaria para la recuperación. De ahí la importancia del éxito del plan Geithner de compra de los activos dudosos del sistema bancario. Para apoyar la demanda agregada también debe tener un papel fundamental la política fiscal. El FMI espera que el déficit fiscal de la economía estadounidense para 2009 alcance el 7,7% del PIB, 4,8 puntos porcentuales por encima del de 2007. Pero aquí el límite viene dado por el grado de endeudamiento de las finanzas públicas, que durante 2008 pasaron de un relativamente bajo 52,1% al 60,6% del PIB, nivel a partir del cual la efectividad de las políticas de expansión fiscal empieza a verse reducida.
La confianza de los consumidores sigue cerca de mínimos históricos pero las ventas estabilizan sus descensos. Por el lado de la demanda, los últimos indicadores apuntan a este posible final de las caídas drásticas de la segunda mitad de 2008, aunque hay una clara persistencia de la tendencia bajista. Así, el índice de confianza del consumidor del Conference Board de marzo quedó instalado en los 26,0 puntos, muy cerca del mínimo histórico de febrero. Las ventas minoristas interrumpieron en marzo su incipiente recuperación y, sin automóviles ni gasolina, cedieron un 3,9% respecto al mismo periodo del año anterior, en términos reales, aunque los datos de febrero fueron revisados ligeramente al alza.
Los empresarios son un poco menos pesimistas, pero la actividad industrial sigue en mínimos. Entre los indicadores de la oferta, el índice de actividad y sentimiento empresarial del Institute for Supply Management, aunque sigue en niveles propios de recesión profunda, se mantuvo en marzo por encima de los mínimos históricos apuntando también a menores retrocesos. El índice de manufacturas tuvo su tercer mes consecutivo de avances, aunque moderados, y alcanzó el nivel de los 36,3 puntos, aún muy por debajo del equilibrio de los 50,0 puntos, que se considera el umbral que señala riesgos de recesión. Por su parte, el índice de servicios se recuperó hasta los 44,1 puntos. El contrapunto negativo estuvo, sin embargo, en la producción industrial, que en marzo tuvo un retroceso del 12,8% interanual mientras que la utilización de la capacidad productiva del mismo periodo bajó hasta el 69,3%, alcanzando un nuevo mínimo histórico desde el inicio del indicador en 1967.
Con el precio de los inmuebles a la baja y los impagados al alza, se inician muy pocas viviendas. La vivienda sigue sin dar señales de recuperación. El precio de los inmuebles sigue empeorando la situación patrimonial de los hogares con un índice Case-Shiller que en enero acumulaba un retroceso del 28,3% respecto al máximo de junio de 2006. Con la crisis de crédito, a finales de 2008, las ejecuciones por impago de hipotecas pendientes de subasta llegaron a 1,5 millones, incluyendo una proporción cada vez mayor de los contratos que no son considerados subprime, de mala calidad crediticia. Esta cifra debería evolucionar al alza en los próximos meses, ya que el número de préstamos que llevan 90 días de impago creció hasta 1,4 millones, el doble que a finales de 2007. El comportamiento de la oferta es coherente con estas cifras y las viviendas iniciadas en marzo volvieron a descender hasta las 510.000, en términos anuales, perdiendo así la totalidad de la recuperación del mes pasado y quedando lejos de los 2.200.000, nivel típico de 2006.
El mercado laboral lleva 5,1 millones de empleos perdidos desde enero de 2008. Si la vivienda determina la riqueza de los hogares, el mercado de trabajo determina los ingresos y, aquí, el deterioro siguió ganando intensidad. En marzo se perdieron 663.000 empleos no agrícolas. Así, desde enero de 2008, el mes cuando empezaron los descensos, se llevan destruidos 5.133.000 puestos de trabajo, un descenso que representa un 3,9% del total de empleos no agrícolas. La tasa de paro también reflejó esta situación alcanzando el 8,5% de la población activa, su nivel máximo desde 1983.
Los precios descienden un 0,4% a causa del petróleo. En el apartado de los precios, sigue con las espadas en alto la pugna entre riesgos inflacionistas y deflacionistas, aunque estos últimos se reducen. El índice general de precios al consumo (IPC) de marzo retrocedió un 0,4% interanual, lo que constituye el primer descenso en 55 años, mientras que el precio del petróleo y la debilidad de la actividad harán que en 2009 continúen los retrocesos. Sin embargo, pese a la efemérides histórica y reconociendo que la deflación puede suponer un mal mayor que la inflación, los riesgos de un escenario deflacionista, entendido como caídas continuadas y generalizadas de precios, son menores que a finales de 2008. Pese a la debilidad del consumo y a la baja utilización de la capacidad productiva, el índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, sumó en marzo su tercer mes consecutivo de subidas intermensuales que lo llevó a mantener un incremento del 1,8% interanual, lo que aleja momentáneamente los vientos deflacionistas.
El déficit comercial se corrige por el petróleo, la debilidad del consumo y el menor volumen de comercio. El sector exterior sigue siendo una preocupación, no por la persistencia del déficit sino por la reducción de los flujos comerciales. El déficit comercial de bienes y servicios siguió reduciéndose, llegando en febrero hasta los 25.965 millones de dólares. Así, desde agosto de 2008, el déficit exterior acumuló una reducción de unos 34.000 millones de dólares, de los que 22.000 millones fueron por la bajada del precio del petróleo mientras que los restantes 12.000 se debieron principalmente a una disminución de los flujos comerciales. Esto pone en tela de juicio la continuidad de la corrección del desequilibrio exterior una vez que se recuperen la demanda interna estadounidense y los flujos del comercio global.

¿Provoca la globalización los desequilibrios de las balanzas de pagos?

La globalización de las últimas décadas presenta rasgos peculiares respecto a episodios anteriores

Desde los años noventa los desequilibrios mundiales de las balanzas de pagos fueron aumentando hasta alcanzar los niveles más altos de las últimas décadas, no sólo en términos absolutos sino también con relación al producto interior bruto (PIB). Así, el conjunto global de los déficits por cuenta corriente pasó de representar el 1,3% del producto mundial en 1980 hasta más del doble, el 2,8% en 2006. Este desequilibrio preocupaba, además de por su magnitud, porque mostraba signos de persistencia y representaba riesgos para la economía mundial.
El mayor déficit por cuenta corriente en valores absolutos correspondía a Estados Unidos, suponiendo el 60% del total mundial en 2006. Desde otro punto de vista, esto significa que absorbía esta proporción de la capacidad de financiación global, lo que pone de manifiesto el bajo nivel de ahorro de este país. Asimismo, el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos representaba el 6% de su PIB. Pero también era elevado en términos relativos y persistente en otros países como Islandia, Letonia, Bulgaria, Estonia, Lituania, Rumania, Grecia, Portugal, España, Nueva Zelanda, Hungría, Eslovaquia, Croacia, Turquía y Australia. En contrapartida, los mayores superávits se concentraban en países como China, Japón y Alemania.
El aumento de los desequilibrios de las balanzas por cuenta corriente en el último periodo coincidió con una nueva ola de globalización, caracterizada entre otros fenómenos por una aceleración de los flujos de comercio mundiales, tal como se puede observar en el gráfico adjunto. Esta nueva ola globalizadora comenzó hacia 1980 y, al igual que las anteriores, fue impulsada por el descenso de los costes de los transportes y por la reducción de los aranceles y de otras barreras al comercio internacional. Como características destacadas cabe mencionar el fuerte incremento del comercio intraindustrial, que tiene lugar en gran medida entre países avanzados, y el importante papel de las organizaciones multilaterales en el logro de una mayor integración económica.
El auge del comercio internacional llevó aparejado en general la globalización financiera, que lo facilitó. La caída de los costes de las telecomunicaciones y el desarrollo tecnológico de éstas, junto con la progresiva liberalización de los movimientos de capitales, impulsaron enormemente los flujos internacionales de los mismos. Por su parte, los inversores pudieron diversificar más sus carteras. Con ello, los déficits por cuenta corriente se pudieron financiar más fácilmente y alcanzar niveles relativamente elevados.
También en la época de la primera gran globalización, en el periodo 1870-1913, años igualmente de gran expansión económica, se produjo un gran incremento de los flujos de capitales en un contexto de libertad de movimientos de éstos. Asimismo, entonces los desequilibrios de las cuentas corrientes registraron niveles relativamente altos. Así, Inglaterra llegó a alcanzar un superávit del 9% del PIB y otros países, déficits de más del 5% del PIB.
No obstante, a diferencia de la primera globalización, en el último periodo los flujos de capitales tuvieron un marcado carácter bidireccional, con importes brutos significativos. Por otro lado, la distribución de los desequilibrios fue muy distinta, pues en el periodo 1870-1913 los principales países avanzados presentaban importantes superávits por cuenta corriente, mientras que los nuevos países como Argentina, Australia o Canadá, que corresponderían a los mercados emergentes actuales, mostraban déficits.
Además, el mecanismo de ajuste, si bien se basaba en el fondo, como hoy en día, en el tipo de cambio real era diferente. En los tiempos del patrón oro clásico, los tipos de cambio nominales eran fijos y los precios y salarios flexibles, en un marco social y político diferente del actual. Ahora los tipos de cambio son generalmente flexibles. Sin embargo, algunos países intervienen en los mercados de cambios para impedir la flotación de sus monedas, dificultando los ajustes. Además, los precios y salarios internos muchas veces se ajustan lentamente.
El caso de China, a pesar de la reforma hacia una mayor flexibilidad cambiaria en julio de 2005, es paradigmático. El coloso asiático, con su modelo de crecimiento económico impulsado por las exportaciones, consiguió un superávit por cuenta corriente del 11% del PIB en 2007. En buena parte, esto fue la consecuencia del mantenimiento del tipo de cambio del yuan infravalorado, lo cual, a su vez, sólo es posible con el control de los movimientos de capitales. De esta forma, China ha acumulado una ingente cantidad de reservas de divisas, que invierte en gran parte financiando el endeudamiento de Estados Unidos. Por otro lado, se ve obligada a esterilizar el efecto del aumento de las reservas de divisas extranjeras en la masa monetaria interna para evitar una elevación indeseada de la inflación. Hasta el momento esto no ha representado demasiados problemas para la autoridad monetaria china.
En los últimos meses se ha acelerado la corrección de los desequilibrios por cuenta corriente, siendo destacado el caso de Estados Unidos, que en 2008 redujo su déficit por cuenta corriente hasta el 4,7% del PIB. Pero ello ha sido a costa de una fuerte recesión económica global desencadenada por la crisis financiera internacional. En definitiva, se trata de temas complejos en los que intervienen muchos factores. Sin embargo, se puede afirmar que la globalización financiera contribuyó al aumento de los desequilibrios de las balanzas de pagos al actuar de vehículo necesario para la misma. El interrogante es en qué medida la crisis financiera mundial comportará un retroceso de la globalización. A corto plazo, se ha reducido drásticamente el nivel del comercio internacional, y resta por ver si las tendencias previas se recuperarán una vez superada la crisis.
Este recuadro ha sido elaborado por Pere Miret
Departamento de Economía Europea, Servicio de Estudios de ”la Caixa”

Japón

Japón: al borde de un abismo

Japón retrocede un 4,3% a causa del sector exterior y la inversión. 2009 será un año muy difícil para la economía japonesa, con un retroceso que puede superar el 5%. El PIB del cuarto trimestre de 2008 ya retrocedió un 4,3% interanual, un 12,1% en términos intertrimestrales anualizados, a causa del descenso de las exportaciones y del de la inversión en equipo, que en una gran parte es realizado por las empresas exportadoras. El comercio global se ha visto afectado por la sincronización de la recesión, que ha reducido la demanda agregada mundial y que, al subir los costes del seguro de crédito y caución, ha roto una parte importante de las cadenas de proveedores. Japón queda afectado doblemente por la reducción de los flujos comerciales ya que, con unas exportaciones que se caracterizan por un alto valor añadido y que incluyen a los sectores más productivos de la economía, Japón pierde en donde lo venía haciendo mejor. No es extraño que al déficit fiscal previsto para 2009 del 8,1% del PIB nominal, el gobierno haya decidido añadir un estímulo adicional del 3% del PIB que incluye la ayuda para la compra de bienes duraderos y de acciones.
La producción industrial baja un 37% y el Tankan baja a menos 58 puntos. Japón es una economía donde predominan los productores sobre los consumidores y, en consecuencia, son los indicadores de oferta los que más evidencian esta situación. La producción industrial de febrero continuó su espiral bajista, con un retroceso del 36,9% interanual que se concentra en los últimos cuatro meses. Esta corrección, la más intensa desde 1945, es comparable a la bajada de la producción industrial estadounidense en la recesión de los años treinta, con la diferencia de que en el caso japonés el proceso ha sido mucho más rápido. También es intenso el retroceso de los pedidos de maquinaria, indicador adelantado de la inversión, que en febrero fue del 50,4% interanual. Los descensos más acusados volvieron a darse en el sector exportador, la práctica mitad del total, que cedió un 74,5% interanual. A esta debilidad se añadió la publicación del índice Tankan de actividad empresarial elaborado por el Banco de Japón correspondiente al primer trimestre, cuyo índice para grandes empresas manufactureras descendió de menos 24 hasta el nivel de menos 58 puntos, defraudando a unas expectativas previas ya de por sí pesimistas.
La demanda interna cae y el IPC subyacente sigue en terreno negativo. La demanda, aun sin haber incurrido en excesos antes de la crisis de crédito, se añade también a la tendencia bajista, con unas ventas minoristas que en febrero retrocedieron un 5,7% interanual, el peor registro desde 2002 y con una confianza del consumidor que, aunque se recuperó levemente de su mínimo histórico, sigue estando en niveles excepcionalmente bajos. Esta debilidad se acabó trasladando a los precios, donde el peligro de la deflación es real. El IPC de febrero registró un avance nulo respecto al mismo periodo del año anterior, cuando hace cuatro meses rozaba el 2,1%, mientras que el índice subyacente, el general sin energía ni alimentos, retrocedió un 0,1% interanual. La continuidad de la debilidad de la demanda en los próximos meses y el descenso de marzo en el IPC de Tokio apuntan unas perspectivas bajistas que deben dejar el IPC de 2009 en el terreno negativo. El mercado laboral también tuvo en febrero un mal comportamiento, con una tasa de paro que se encaramó hasta el 4,4% de la población activa y la pérdida de 380.000 empleos.
Las exportaciones ceden un 46% y las importaciones, un 40%. El sector exterior ha pasado a ser el punto más débil de la economía nipona y siguió a la baja en febrero. El saldo comercial fue prácticamente nulo, aunque sumó su séptimo déficit consecutivo. Pero el mayor problema sigue estando en el descenso de las exportaciones, que cedieron un 45,8% interanual. Las importaciones, por su parte, bajaron un 39,9%. La balanza por cuenta corriente de febrero volvió al terreno positivo después del déficit de enero, pero esta recuperación podría volver a revertirse a causa de los menores ingresos de las inversiones en el exterior y de la tendencia bajista de las exportaciones.

China

La desaceleración china toca fondo

China se desacelera y crece un 6,1%, con menos exportaciones pero más inversión. El PIB de China creció un 6,1% interanual en el primer trimestre, una clara desaceleración respecto al 9,1% de 2008 y al 13,0% de 2007 que debería llevar al crecimiento de 2009 hacia ritmos inferiores al 7%, claramente por debajo del objetivo gubernamental del 8%. Es por eso que, con unos estabilizadores automáticos relativamente pequeños, el estímulo fiscal chino es especialmente intenso, con unos gastos adicionales en infraestructuras del 4,5% del PIB nominal tanto para 2009 como para 2010.
La producción industrial se recupera y crece al 8%. Sin descartar los importantes riesgos de la economía china, existen signos de estabilización más convincentes que a principios de año. Para empezar, la desaceleración del crecimiento respecto al cuarto trimestre de 2008 es menos intensa que en periodos previos. Además, en el capítulo inversor, la formación de capital fijo en términos corrientes se aceleró hasta crecer un 28,8% interanual, gracias en parte a un fuerte impulso gubernamental en los ámbitos rurales.
El IPC modera sus retrocesos, bajando un 1,2%. Los indicadores más recientes también apuntan a que podría haberse tocado fondo. La producción industrial creció en marzo un 8,3% interanual y, tras el hiato del Año Nuevo Lunar, confirma cierta tendencia de recuperación. También la producción nacional de energía eléctrica tuvo cierto repunte en marzo, si bien el crecimiento del conjunto de los últimos doce meses queda muy por debajo de lo que era habitual en 2007. En precios, persisten los riesgos de deflación pero no va a más. El IPC general de marzo bajó un 1,2% interanual, mientras que el precio de los alimentos cedió un mínimo 0,7%.
Las exportaciones bajan un 17% y las importaciones, un 25%. La debilidad del sector exterior podría estar perjudicando a la economía china menos de lo esperado. Aunque las exportaciones constituyen más de un 30% del total del PIB, a diferencia de Japón, la contribución china al valor añadido de los productos importados que se transforman para luego ser exportados es mucho menor. Así, los efectos de una reducción exportadora son más limitados y pueden compensarse con menores importaciones, como lo demuestra el superávit comercial que, en los últimos doce meses hasta marzo, se encaramó hasta los 316.891 millones de dólares, un nuevo récord histórico. Los flujos comerciales también estabilizaron sus retrocesos, con las exportaciones de marzo disminuyendo un 17,1% interanual y las importaciones un 25,1%. China modera sus riesgos, pero la estabilización de la economía no implica una recuperación sostenida porque su asignatura pendiente sigue siendo la consolidación del consumo interno, que apenas alcanza el 40% del PIB. Respecto a la economía global, hay que recordar que el motor chino no puede, hoy por hoy, compensar la debilidad de la demanda estadounidense.

Ajustes globales: el papel de la flexibilidad cambiaria

Para que el ajuste continúe, China y las economías asiáticas deben colaborar

En la última década se han acumulado importantes desequilibrios a nivel global que representan un riesgo para la estabilidad financiera y económica mundial. Economías como Alemania, Japón, China y otros países asiáticos (véase gráfico siguiente) han registrado persistentes superávit debido a su mayor propensión al ahorro. Este ahorro se ha canalizado hacia economías con déficit, principalmente Estados Unidos, pero también a Australia, España, Nueva Zelanda o el Reino Unido.
En décadas anteriores, el déficit por cuenta corriente era una seña característica de las economías emergentes. A menudo, este déficit se financiaba con deuda a corto plazo en moneda extranjera. Cuando el acceso a la refinanciación se cortaba, los tipos de cambio sufrían fuertes depreciaciones y el país difícilmente podía hacer frente a la devolución de la deuda. Era el momento en el que el FMI entraba en escena. Esta situación cambió radicalmente a raíz de la crisis asiática de 1997.
La traumática experiencia de la crisis de 1997 hizo que varias economías asiáticas decidieran mantener unos tipos de cambio muy competitivos para estimular el crecimiento y acumular reservas para evitar una nueva crisis. Esto permitió generar importantes superávit en la balanza exterior, lo que se tradujo en una vertiginosa acumulación de reservas internacionales, principalmente en dólares de Estados Unidos (véase recuadro «¿Provoca la globalización los desequilibrios de las balanzas de pagos?»). Más recientemente, desde 2004, los países exportadores de petróleo contribuyeron notablemente a la ampliación de los desequilibrios globales. Estos países han ahorrado buena parte del aumento de ingresos derivados de la espectacular alza del precio del petróleo.
El alto nivel de ahorro de las economías emergentes y los exportadores de petróleo han tenido importantes repercusiones sobre los países avanzados. Ha contribuido, por ejemplo, a que los tipos de interés y las primas de riesgo de los mercados corporativos se mantuvieran en niveles excesivamente bajos, especialmente entre 2004 y 2006, lo que a su vez permitió que se formaran burbujas en el precio de algunos activos como la vivienda. Otra consecuencia negativa de los desequilibrios globales es el riesgo que representan para la estabilidad de la economía mundial si se produce un parón súbito de los flujos de financiación hacia las economías con mayores déficit, en concreto Estados Unidos. La materialización de este riesgo provocaría una fuerte depreciación del dólar y un aumento de los tipos de interés a largo plazo.
¿Cómo se deben reducir estos desequilibrios? La respuesta no es sencilla e inevitablemente suscita controversia. La solución a un problema tan complicado pasa seguramente por alcanzar un consenso global en materia de política económica. Los gobiernos de las economías emergentes son conscientes de que deben formular políticas que estimulen el crecimiento de la inversión y el consumo interno. En definitiva, que impulsen el crecimiento de la demanda interna y reduzcan la dependencia del crecimiento de la demanda externa. Además, las autoridades saben que es importante flexibilizar los regímenes de tipo de cambio, aunque prefieren que los cambios sean graduales. China, por ejemplo, ha permitido una apreciación del yuan frente al dólar del 16% desde que flexibilizó su régimen cambiario en julio de 2005. Por otro lado, es importante que las economías desarrolladas que presentan importantes déficit fomenten el ahorro a largo plazo, aunque es lógico que en la coyuntura actual la preocupación central sea evitar un ajuste excesivo del ahorro privado en muy poco tiempo. En este sentido, el ajuste presupuestario de Estados Unidos a medio-largo plazo, crucial para aumentar el ahorro del conjunto de la economía, se adivina como una de las claves para reducir el déficit estadounidense y, por lo tanto, los desequilibrios globales.
No se puede negar, de todas maneras, que el proceso de reducción del déficit comercial de Estados Unidos ya se ha puesto en marcha en los últimos años. Así, desde su punto máximo en el tercer trimestre de 2006 hasta el cuarto trimestre de 2008, el déficit ha caído en un punto porcentual, hasta alcanzar el 3,5% del PIB, a pesar de la escalada del precio del petróleo. Excluyendo las importaciones de petróleo, el déficit se ha reducido desde el 3,7% hasta el 2,1% del PIB. A ello ha contribuido la depreciación del dólar, que perdió un 18% en términos efectivos reales entre 2003 y 2006-2008. Dado el impacto retardado de los tipos de cambio sobre el déficit comercial, el déficit de 2008 está relacionado básicamente con el tipo de cambio del dólar de los dos años precedentes.
¿Debe el dólar seguir depreciándose para culminar el ajuste del déficit exterior de Estados Unidos? No necesariamente. Según las estimaciones de algunos economistas,(1) la depreciación experimentada por el dólar desde 2004 ya sería suficiente para que el déficit comercial en Estados Unidos siga reduciéndose gradualmente hasta un nivel sostenible del 1,5%-3% del PIB. En términos bilaterales, podemos esperar que a medio-largo plazo el dólar continúe debilitándose frente a las monedas asiáticas (especialmente el renminbi) y que se aprecie ligeramente frente al euro. Ello mantendría la cotización del dólar a un nivel similar al actual en términos efectivos (en promedio) y conduciría a un ajuste gradual del déficit de Estados Unidos y, por ende, de los desequilibrios globales.
¿Qué observaremos en el corto plazo? En los próximos trimestres, el ritmo del ajuste de los desequilibrios globales podría intensificarse temporalmente. Esta aceleración tendría un fuerte componente cíclico, relacionado con la recesión económica actual, la acusada debilidad de la demanda interna en Estados Unidos y la contracción del comercio internacional. Sin embargo, una vez que se atenúen los factores cíclicos, y para que el proceso de ajuste gradual continúe, es fundamental que China y las principales economías asiáticas sigan facilitando la apreciación de sus divisas. Se trata de un ingrediente fundamental para acabar con los desequilibrios globales y sentar las bases de un crecimiento mundial más sostenible que el de los últimos años.
Este recuadro ha sido elaborado por Eduardo Pedreira
Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de ”la Caixa”

Brasil

Brasil: las señales no generan esperanza

La debilidad del consumo, la inversión y el mercado laboral indican que Brasil ha empezado 2009 contrayéndose. Los indicadores económicos dejan entrever que Brasil habría vuelto a contraerse en el primer trimestre de 2009, aunque la caída será inferior al 3,6% intertrimestral del cuarto trimestre de 2008. La debilidad del consumo interno debido a la mala evolución del mercado laboral y a las perspectivas de un mayor deterioro de los ingresos de los hogares será clave para fijar el fondo de la contracción. La inversión continúa en su tendencia de ajuste, mientras que la demanda externa está ofreciendo un ligero soporte para el crecimiento gracias a la depreciación del real brasileño.
El consumo interno continúa desacelerándose. En febrero, la tasa de crecimiento interanual de las ventas minoristas cayó hasta el 3,8%, muy por debajo de las tasas en torno al 9% que eran comunes en 2008. En cambio, las ventas de coches repuntaron en marzo, elevando su tasa de crecimiento hasta el 8,7%, gracias a los incentivos fiscales que el gobierno introdujo a principios de año.
El mercado laboral continúa empeorando, y el desempleo de febrero ya se sitúa en el 12,3%, más de un punto porcentual por encima de la tasa registrada en enero. Dado que la tasa de desempleo crece de forma retardada (primero se ajusta la actividad, después el paro) en los próximos meses el número de desempleados continuará creciendo. Esta situación afectará negativamente el ingreso de los hogares y, por tanto, el consumo tenderá a contraerse aún más.
La inversión también presenta un horizonte sombrío. A pesar del repunte de actividad en la industria automotriz, la producción industrial cayó un 13,5% en febrero respecto al mismo periodo del año anterior. La caída de la utilización de la capacidad instalada asociada a este hecho apunta a un retraimiento de la demanda de inversión en los próximos trimestres. En febrero, la producción industrial de bienes de equipo ya evidenciaba una contracción del 24,4%.
Superávit comercial gracias a la mayor caída de las importaciones. La demanda externa aporta un tono levemente optimista y el saldo mensual de la balanza comercial volvió a ser positivo en marzo, alcanzando los 1.771 millones de dólares. A pesar de que las exportaciones cayeron un 6,4% interanual, el descenso de las importaciones, del 13,7%, fue mucho mayor. El cambio en los precios relativos que se produjo por la depreciación del real brasileño (superior al 45% frente al dólar entre agosto de 2008 y febrero de 2009) ha sido uno de los factores que han hecho disminuir el ritmo de caída de las exportaciones.
La debilidad de la demanda ha contrarrestado las presiones inflacionistas que se podrían haber derivado de la depreciación del real. En marzo, la inflación disminuyó tres décimas hasta el 5,9%. La inflación subyacente se mantuvo por tercer mes consecutivo en el 4,9%.
En este contexto, es muy probable que el primer trimestre de 2009 sea el punto mínimo del ciclo, momento en el cual la economía brasileña comenzará a revertir su tendencia negativa. La recuperación, sin embargo, no se consolidará hasta finales de 2009, a medida que la demanda mundial recupere su pulso. Como en otros países, la recuperación se atisba lenta y prolongada.

México

México: crecimiento débil con finanzas blindadas

La fuerte contracción en las exportaciones hacia Estados Unidos y la caída en las remesas continúan afectando a la economía mexicana. La demanda interna se está viendo debilitada por las restricciones crediticias, la baja confianza de los consumidores y el empeoramiento del mercado laboral. Desde la perspectiva financiera, la concesión de una línea de crédito por parte del FMI se debe valorar muy positivamente.
El consumo y el comercio lastran el crecimiento del PIB mexicano en el primer trimestre de 2009. El consumo interno no da señales de mejoría, lo que se refleja en la caída del 8,6% interanual de las ventas minoristas en marzo, la mayor contracción desde 1996. Tres factores están haciendo mella en las finanzas de las familias mexicanas: el aumento en la tasa de desempleo hasta el 5,3% en febrero (3,9% en febrero de 2008); la caída de las remesas, que fueron en febrero un 5% inferiores a las recibidas un año atrás; y, por último, las dificultades para acceder al crédito. Para completar el mal panorama del consumo interno, la confianza de los consumidores ha vuelto a caer hasta los 78,9 puntos, mínimo desde abril de 2001.
En materia de inflación, el IPC general ha moderado su tasa interanual durante los tres primeros meses de 2009 (del 6,5% en diciembre de 2008 al 6,0% de marzo 2009). Por su parte, el IPC subyacente presenta cierta resistencia a bajar y fluctúa en torno al 5,7% interanual.
Por el lado del sector exterior, el déficit comercial de México empeoró hasta alcanzar 16.400 millones de dólares en febrero, muy por encima de los 11.000 millones del promedio de 2008. Esta cifra responde a una contracción de las importaciones del 30,7% interanual, mayor que la caída de las exportaciones. Específicamente, las exportaciones de productos no petroleros de México, componente con gran peso en el crecimiento del PIB, cayeron en febrero un 24,1% interanual, debido a la debilidad de la demanda de Estados Unidos.
El acuerdo con el FMI otorga tranquilidad y estabilidad financiera. Con la aprobación de una línea de crédito por parte del FMI el 17 de abril de 2009, el gobierno mexicano dio un paso fundamental para estabilizar y fortalecer su capacidad de financiación. La cuantía del crédito de carácter preventivo asciende a 47.000 millones de dólares. Esto, junto con los 30.000 millones disponibles a través de la línea swap con la Reserva Federal de Estados Unidos, otorga a México un colchón de financiación externa equivalente al 9,6% del PIB. Además, México cuenta con 85.000 millones de dólares en reservas internacionales.
En conclusión, a pesar de que el crecimiento de México a lo largo de 2009 será negativo, el gobierno a través de los instrumentos arriba expuestos ha logrado disponer de una cobertura más que holgada para las necesidades de financiamiento de la economía. Esta solidez financiera contribuirá a moderar las presiones sobre el peso mexicano.

Materias primas

El petróleo baja y China hace subir los metales

El precio del petróleo mantiene en abril la mayor parte de lo ganado en marzo. El precio del petróleo mantuvo la mayor parte de las ganancias del mes anterior. Así, entre el 20 de marzo y el 22 de abril el crudo cedió un mínimo 2,2% hasta los 49,79 dólares por barril (calidad Brent, para entregas a un mes), haciendo que la subida acumulada en el año corriente llegase hasta el 27,4%.
La disminución de las existencias de petróleo fue mayor de lo esperado, pero fue compensada por una caída más importante de la demanda. Así, si bien la senda bajista predominó durante el último mes, también hay que constatar la relativa estabilidad del precio del crudo que podría evolucionar al alza con los primeros signos de recuperación en Estados Unidos.
La demanda china sigue apoyando los metales básicos, mientras que el oro recoge beneficios. Durante los primeros veinte días de abril, los metales básicos fueron al alza al apostar los mercados de materias primas por la recuperación de la economía china. Una apuesta que siguió encontrando sustento en la acumulación de reservas de cobre y níquel por el gobierno de Beijing. Así, el índice The Economist de materias primas subió un 7,8% entre el 20 de marzo y el 22 de abril, con el cobre que, al ganar un 12,6% en el mismo periodo, acumula ya una subida del 51,7% en el año corriente. La continuidad de la subida del precio de los metales dependerá de la evolución de la economía china aunque, al haberse descontado tan pronto la recuperación del gigante asiático, los incrementos de los próximos meses deberían ser limitados. El oro, por su parte, recogió beneficios y perdió un 7,5% pero sin mostrar una dirección clara ante las incertidumbres que existen respecto a la recuperación global.




Puedes suscribirte ahora para que te avisen por correo electrónico cada vez que se actualice el Informe Mensual en internet.

Todos los documentos están en formato Adobe Acrobat (formato PDF).
Para poder visualizar un documento con formato PDF necesitas el programa Acrobat Reader. Si no lo tienes instalado, descárgalo ahora.


 

mb

mb

Descárgate un accceso a Estudios y Análisis Económico desde tu móvil

Escribe aquí tu teléfono:

Te enviaremos gratis un SMS con el acceso directo

sub