Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 335 - Mayo 2010
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Unión Europea
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Zona del euro
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Eurozona: la tragedia griega cobra protagonismo
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Eurostat vuelve a revisar el déficit público de Grecia al alza y se dispara la prima de riesgo.
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Este recuadro ha sido elaborado por Joan Elias
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Departamento de Economía Europea, Servicio de Estudios de "la Caixa"
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Los próximos meses serán críticos para determinar el alcance real de la crisis.
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De momento, los distintos países de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se han comprometido a ayudar a Grecia si al final acaba siendo necesario. Pero ello no ha sido suficiente para devolver la confianza a los mercados. La prima de riesgo de Grecia no ha dejado de aumentar y sigue marcando nuevos récords históricos. Los próximos meses, sino semanas, serán decisivos para ver si el plan de rescate orquestado es suficiente y, sobre todo, para determinar el riesgo de contagio al resto de países. Hasta la fecha, Portugal, Irlanda y España han sido los más afectados con un repunte significativo en las primas de riesgo soberano.
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El crecimiento de la eurozona del último trimestre de 2009 se revisa a la baja...
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Este panorama ha dejado la recuperación del conjunto de la eurozona en segundo plano y, además, ha teñido la lectura de los nuevos indicadores de un tono algo más pesimista. A ello también contribuyó la revisión a la baja de la tasa de crecimiento del cuarto trimestre de 2009. Si el dato inicial ya no era muy bueno, inicialmente Eurostat publicó un crecimiento intertrimestral del 0,1%, pero en abril lo bajó una décima, con lo que se quedó en un triste 0,0%. Además, el primer trimestre muy probablemente tampoco nos deparará grandes alegrías. El principal culpable: el consumo. En el último trimestre de 2009 su evolución fue totalmente plana y en el primer trimestre de 2010 podría anotar un leve retroceso. Así lo indican tanto las ventas al por menor como el índice de confianza del consumidor. Ambos indicadores han frenado su recuperación y, de hecho, las ventas minoristas volvieron a retroceder en el mes de febrero.
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...y el primer trimestre de 2010 tampoco ofrecerá grandes alegrías.
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La evolución de los precios al consumo (IPC), aunque de una forma algo más indirecta, también apunta en la misma dirección. La variación interanual del IPC avanzó sustancialmente en el mes de marzo y pasó del 0,9% de febrero al 1,4%. Ello, sin embargo, fue debido al aumento del precio de los carburantes. El componente referido a la evolución del precio de los productos energéticos aumentó un 7,2%. En cambio, el componente subyacente del índice, que refleja mejor el estado de ánimo de la demanda, se mantuvo en niveles muy bajos, subiendo sólo una décima respecto al mes de febrero y situándose en el 0,9%.
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La debilidad del consumo continúa siendo el principal responsable.
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Pero no todo son malas noticias. Como en meses anteriores, la actividad y el sector exterior están actuando de contrapeso. El máximo exponente de la recuperación de la actividad lo ofrece el índice de producción industrial, que lejos de debilitarse sigue avanzando con fuerza. En el mes de febrero aumentó la tasa de variación interanual en 3,2 puntos porcentuales y se situó en el 4,2%. Merece la pena recordar que este índice llegó a retroceder un 21,6% en el mes de abril del año pasado y, de hecho, en diciembre de 2009 aún registraba un descenso del 3,9%. Este indicador no es el único que presenta un buen ritmo de recuperación de la actividad. El índice PMI de los gestores de compras y los pedidos industriales, para los que ya se dispone de los datos de abril y marzo respectivamente, también ofrecen una senda claramente positiva.
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La actividad y el sector exterior actúan de contrapeso y apuntalan la recuperación.
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Dada la pobre evolución del consumo, todo hace pensar que la recuperación de la actividad responde a una mejora de las existencias, que se vaciaron a lo largo del año pasado, y a la mejora del sector exterior. En este sentido, las exportaciones continuaron con su buena marcha en el mes de febrero y avanzaron un 9,6% en términos interanuales. En tan sólo dos meses han aumentado 9,2 puntos porcentuales. Además, es de esperar que en los próximos meses esta tendencia se mantenga. Así lo indica la encuesta de expectativas de exportaciones manufactureras que elabora la Comisión Europea. Seguramente, parte de ello refleja los beneficios que conllevará la depreciación del euro para el sector. De momento, el tipo de cambio respecto al dólar se mantiene estable en torno al 1,35 y todo apunta a que su tendencia bajista podría proseguir. La rapidez con la que lo acabe haciendo dependerá, en buena medida, de los próximos episodios de la crisis griega.
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Por lo que se refiere a las importaciones, es cierto que éstas también se están recuperando con cierta celeridad, pues en el mes de febrero aumentaron un 5,7%, 4,8 puntos porcentuales más que en enero. De todas formas, gran parte de este aumento responde al efecto base y al proceso general de recuperación del comercio a nivel mundial. Dada la debilidad de la demanda, es poco probable que aumenten mucho más en el mes de marzo, con lo que la contribución del sector exterior al crecimiento volverá a ser claramente positiva en el primer trimestre de 2010. Esta tendencia seguramente continuará a lo largo del año, aunque irá perdiendo fuerza a medida que la demanda empiece a remontar.
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La debilidad del euro ayudará al crecimiento de las exportaciones.
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A pesar del pesimismo generado por el culebrón griego y los pobres datos de crecimiento del cuarto trimestre, hay motivos para pensar que la recuperación de la eurozona proseguirá a lo largo de 2010. Para el conjunto del año el crecimiento será algo débil, pues muy probablemente se situará en torno al 1%. De hecho, si lo comparamos con el dato de crecimiento de los Estados Unidos, para el que se espera un avance del 3%, el dato europeo parecerá algo corto. Pero no debemos olvidar que la tasa de crecimiento potencial de la eurozona es significativamente menor, entre el 1,5% y el 2%.
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No rescatarás a tu país vecino (¿o sí?)
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La crisis griega pone en cuestión el diseño de la unión monetaria europea
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Durante la segunda mitad de la década de los ochenta, la construcción europea vivió el que probablemente ha sido el periodo más fecundo y dinámico de su historia. Una coyuntura económica favorable, la exitosa adopción del Acta Única -la primera gran profundización en la integración desde los tratados de los años cincuenta-, la ampliación al sur y la aparente estabilidad del Sistema Monetario Europeo se combinaron con la presencia en el puente de mando de la Comisión de Jacques Delors, un entusiasta del proyecto europeo. Delors, ex ministro de Economía y Finanzas francés, intuyó la oportunidad de dar un paso decisivo en la integración europea, complementando el ya casi consumado mercado interior con una moneda única. Se trataba de un proyecto ya intentado en los años setenta que la inestabilidad monetaria del momento desbarató. Esta vez parecía posible y en Madrid, en 1989, la idea fue formalmente aceptada por el Consejo. Así empezó la redacción del que se conocería como Tratado de Maastricht, que instituía la moneda única y que entró en vigor en 1993, no sin antes atravesar un complicado itinerario.
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Los redactores del proyecto de la moneda única eran conscientes de su complejidad. Las experiencias históricas equiparables no eran muy esperanzadoras (la Unión Latina de 1865, la Unión Monetaria Escandinava de 1873, etc.) y venían a indicar que sin una auténtica unión política que la respalde, la esperanza de vida de una unión monetaria no es muy alta. Además, la academia tampoco ayudaba: la teoría de las áreas monetarias óptimas de Mundell revelaba que sin movilidad laboral, con escasa flexibilidad en precios y salarios y sin una hacienda común, el proyecto corría el riesgo de fracasar. Pero la decisión era política y había que dar con la fórmula adecuada. Se concibió una moneda nueva dotada de los máximos mecanismos de protección que garantizaran su solidez, una especie de siete mandamientos de la unión monetaria. A saber: un banco central de corte federal pero totalmente independiente de los gobiernos y de las instituciones comunitarias; unas restrictivas condiciones de acceso a la unión monetaria; una política monetaria cuyo objetivo sería la estabilidad de los precios; un estricto control de las finanzas públicas de los miembros; la prohibición de que los bancos centrales financien a los gobiernos; la prohibición de que un estado miembro asuma la deuda de otro estado miembro, y una estrecha coordinación de las políticas económicas nacionales.
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Pertrechado con este blindaje, el euro ha recorrido satisfactoriamente sus primeros once años. Incluso, en plena tormenta financiera, muchos países se arrepintieron de no estar dentro de una moneda que actuaba como refugio frente a las turbulencias exteriores y ahora trabajan para obtener luz verde a su acceso. En algunos aspectos, la zona del euro ha emergido de la crisis financiera global en mejor estado que el resto de grandes economías. Comparada con Estados Unidos o Reino Unido, su déficit público es mucho menor (6%-7% del PIB, frente a cifras de dos dígitos), la moneda se mantiene relativamente fuerte frente a dólar y a libra, si adoptamos una perspectiva histórica, y las cuentas exteriores se encuentran más equilibradas.
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Sin embargo, la crisis griega ha trastocado súbitamente este entramado, dibujando un interrogante sobre la solidez del diseño del euro. Grecia se ha visto golpeada por la crisis como el resto de estados miembros. Pero previamente había falseado sus cuentas públicas, de manera que finalmente se ha visto obligada a reconocer un inesperado y enorme déficit público (alrededor del 13% del PIB) que deja una deuda pública que supera el 120% del PIB. Una carga muy penosa que se ha visto agravada por la desconfianza de los mercados financieros, que obligan al gobierno griego a pagar una elevada prima para financiar su derroche. Tras muchas vacilaciones, el gobierno griego puso en marcha una serie de medidas de ajuste dirigidas a sanear sus cuentas Pero la desconfianza no se ha recuperado y la situación financiera es crítica. La suspensión de pagos de su deuda soberana se ha convertido en una posibilidad real.
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El impago de la deuda de un estado que participa en la moneda única no estaba en las cartas de navegación del euro. La primera reacción de los responsables políticos fue de solidaridad: acudir al rescate del país vecino para ayudarle a salir del mal trance. Pero pronto se cayó en la cuenta de que ello chocaba con uno de los mandamientos del euro citados anteriormente. La prosa de Maastricht, reconvertida ahora en Tratado de Lisboa, lo deja claro: «Los estados miembros no asumirán ni responderán de los compromisos de los gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de derecho público o empresas públicas de otro estado miembro» (artículo 125). Claro que, como reza el dicho, «hecha la ley, hecha la trampa». Alguien sugirió invocar el artículo 122, que permite que el Consejo apruebe ayudas financieras a un estado miembro «en caso de serio riesgo de dificultades graves (...) ocasionadas por catástrofes naturales o acontecimientos excepcionales que dicho estado no pudiere controlar». Pero el uso de esta disposición contradecía claramente el espíritu del Tratado. Se planteó, además, la objeción alemana. La constitución germana prohíbe también que el estado cargue con las deudas de terceros. Además, la opinión pública alemana no ve con buenos ojos tener que pagar el despilfarro de sus vecinos del sur. El euro se veía contaminado por la crisis griega y retrocedía frente al dólar, mientras que otros países periféricos, entre ellos España, recibían un castigo inesperado. ¿Qué hacer?
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Una opción era que Grecia llamara a la puerta del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los sectores más cerradamente europeístas reaccionaron indignados ante esta posibilidad. El Banco Central Europeo y el Bundesbank la rechazaron de plano. Algunos economistas lanzaron la idea de un Fondo Monetario Europeo capaz de afrontar problemas como el planteado. Una propuesta plausible, pero no había tiempo de poner en funcionamiento una nueva institución que resolviera la crisis griega. Otros sugirieron la posibilidad o conveniencia de que Grecia abandonara el euro. Finalmente, los líderes comunitarios, en vísperas del Consejo Europeo de marzo, decidieron tirar por el camino de en medio y aprobaron poner a disposición de Grecia una financiación en parte del FMI y en parte -mayoritaria- de los estados miembros, en forma de «préstamos coordinados bilaterales», cuyo desembolso debería aprobarse por unanimidad a petición de Grecia. A mediados de abril, y a la vista de que las turbulencias alrededor de la deuda griega no cesaban, se acordó concretar la ayuda de los estados miembros en 30.000 millones de euros a un tipo de interés que se situaría alrededor del 5%, un nivel elevado pero inferior al 7% que en esos momentos los mercados exigían a la deuda helena. Grecia ya ha solicitado activar este mecanismo.
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En definitiva, los líderes europeos han decidido eludir la cláusula de no bail-out, o prohibición de rescate, con la excusa de que se trata de préstamos bilaterales a un tipo de interés no bonificado. Ciertamente, dejar caer a Grecia es una solución excesivamente arriesgada. Y, con la decisión actual, los ataques al euro y a otras deudas soberanas en apuros se espera queden desactivados. Pero la crisis ha dejado en evidencia uno de los defectos de nacimiento de la moneda única; a saber, la dificultad de gestionar una unión monetaria sin una unión fiscal y política que la respalde. Ha fallado estrepitosamente la supervisión multilateral de las políticas económicas y se echa en falta un mayor rigor a la hora de establecer y respetar la disciplina presupuestaria. Avanzar en una mayor integración de las políticas presupuestarias nacionales sigue siendo tabú, pero probablemente es la única solución para evitar que algún estado caiga en la tentación de aprovechar la cobertura que le proporciona el euro para actuar de forma negligente o irresponsable.
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Este recuadro ha sido elaborado por Joan Elias
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Departamento de Economía Europea, Servicio de Estudios de "la Caixa"
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Alemania
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El buen tiempo anima Alemania
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El PIB alemán sigue estancado en el primer trimestre de 2010.
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Las recientes previsiones publicadas por las principales instituciones sitúan el crecimiento de la economía alemana entre el 1,2% y el 1,5% en 2010, dejando atrás la mayor recesión en años. Esta recuperación no evitará que el crecimiento de la economía alemana sea cercano a cero, o incluso negativo, en el primer trimestre de 2010, iniciando el año de la misma forma como finalizó 2009. El frío invierno y la reducción paulatina de las medidas gubernamentales para estimular el crecimiento han sido las razones de este estancamiento. Sin embargo, se espera que los primeros rayos de primavera reactiven la actividad, anticipando un mayor dinamismo a partir del segundo trimestre.
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Los indicadores de demanda apuntan hacia esta dirección. Así, las ventas al por menor de febrero superaron en un 1,1% a las del mes anterior. En este periodo, la tasa de paro alemana volvió a reducirse en una décima en marzo, situándose en el 8,0%. Asimismo, la confianza del consumidor mejoró ostensiblemente en este mismo mes, lo que permite prever que el consumo privado mantenga la tendencia a corto plazo. Ante este aumento, y el importante incremento de los precios del petróleo, la tasa de inflación alemana aumentó en medio punto porcentual en marzo, situándose, después de un año por debajo del 1%, en el 1,1%.
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El consumo privado se mantendrá en niveles reducidos.
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A pesar de estos indicios de recuperación de la demanda, el consumo privado se mantendrá a niveles reducidos durante los próximos trimestres. Ello será fruto del deterioro de la tasa de desempleo que, a pesar de la prolongación de los esquemas de reducción de la jornada laboral hasta marzo de 2012, se espera que alcance su máximo en 2011, por encima del 9%. En esta misma dirección se posiciona el agotamiento de las medidas del Gobierno para estimular el consumo. Ésto último ya se observa en la matriculación de automóviles que, después de crecer un 23,2% a lo largo de 2009 gracias a las ayudas estatales, se contrajeron un 22,7% interanual en el primer trimestre de este año.
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Ante la imposibilidad del consumo, público y privado, de tomar las riendas de la economía germana, el sector exterior vuelve a posicionarse como principal motor del crecimiento. Los datos de febrero respaldan esta afirmación, con un aumento intermensual de las exportaciones del 5,1%, muy superior al de las importaciones, del 0,2%, incrementando de nuevo el saldo comercial. La depreciación esperada del euro y la importante penetración en los mercados asiáticos, con un mayor potencial de desarrollo, consolidarán este repunte a lo largo del año.
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El sector exterior se vuelve a convertir en el motor de la economía.
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Como consecuencia de esta recuperación de la demanda exterior, se espera una reactivación de la actividad productiva alemana en el corto plazo. Un contagio que no se produjo durante los dos primeros meses de 2010 debido a las duras condiciones climatológicas en este periodo, que afectaron sobremanera a los sectores del transporte y de la construcción. Así, la producción industrial no creció en febrero, después de aumentar un exiguo 0,1% intermensual en el mes anterior. De forma similar, los pedidos industriales sólo aumentaron un 0,4% intermensual en el segundo mes del año. Confirmando, todo ello, la estimación de un débil crecimiento económico en el primer trimestre.
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Sin embargo, la llegada de la primavera ha coincidido con un fuerte repunte de los indicadores de confianza de los principales agentes económicos. Tanto el índice IFO de sentimiento empresarial como la confianza del consumidor registraron importantes incrementos en marzo, recuperando la mitad del terreno perdido desde el máximo alcanzado en mayo de 2007. Ello permite pronosticar una importante reactivación de la actividad económica a partir del segundo trimestre del año.
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Por lo tanto, todo indica que el crecimiento a medio plazo de la economía germana se apoyará de nuevo sobre el sector exterior. Un pilar que, como ya se observó durante la última crisis, puede convertirse en un arma de doble filo si la demanda interna del país no es suficientemente sólida para contrarrestar eventuales contracciones del flujo de comercio global. Es por ello que, ante un contexto de desapalancamiento y reducción de los desequilibrios corrientes por parte de los principales socios comerciales, han surgido numerosas voces que exigen políticas dirigidas a fortalecer la demanda interna con el objetivo de evitar esta dependencia del comercio exterior.
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El Gobierno alemán debe contener el gasto a partir de 2011.
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No obstante, este requerimiento está alejado de las prioridades del ejecutivo alemán. Ante las expectativas de que el desequilibrio de las cuentas públicas supere el 5% del PIB en 2010, los esfuerzos del Gobierno se centran en la reducción del déficit público durante los próximos ejercicios. Ello requerirá una importante contención del gasto para situar el déficit por debajo del 3,0% en 2013, para cumplir con los compromisos europeos, y a niveles cercanos a cero en 2016, tal y como recoge la enmienda constitucional introducida en septiembre de 2009.
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Francia
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Se frena algo el ritmo de recuperación en Francia
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La producción industrial de febrero se mantiene plana en Francia.
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Los datos de la actividad real y los indicadores adelantados auguran un ligero estancamiento en el proceso de recuperación de la economía gala en el primer trimestre de 2010. Desde el punto de vista de la oferta, la producción industrial se mantuvo plana en febrero, tras seis meses de altibajos, debido principalmente al estancamiento de la construcción y, en menor medida, de los materiales de transporte y energéticos. Por contra, el componente manufacturero de la producción creció en el mes un 0,4%. Con todo, la tasa de crecimiento interanual de la producción industrial se situó en el 3,3% en febrero, por encima del 2,6% del mes anterior, y muy superior a la caída del 15,7% registrada en febrero de 2009.
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El resto de indicadores disponibles proporcionan una visión heterogénea de la evolución de la actividad económica francesa, siendo por lo general más favorables en marzo que en febrero. Tanto los indicadores del sentimiento económico como el índice de pedidos industriales del mes de marzo continuaron la senda ascendente iniciada hace unos meses, después del pequeño retroceso anotado en febrero, vinculado en gran parte a unas condiciones meteorológicas adversas. Asimismo, la creación de empresas fue positiva en marzo, con un incremento del 3,8% intermensual.
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El Banco de Francia estima un crecimiento del PIB del 0,4% para el primer trimestre de 2010.
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Según el informe de coyuntura del Banco de Francia publicado el pasado día 9 de abril, el índice del clima de negocio industrial aumentó ligeramente en marzo, situándose en los 103 puntos. El índice equivalente para el sector servicios también se incrementó un punto. Basándose en la evolución de su indicador de la actividad, el mismo informe prevé un progreso moderado de la actividad en los próximos meses y estima un crecimiento del PIB francés del 0,4% en el primer trimestre de 2010 respecto al periodo anterior.
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Por el lado de la demanda, se estima que el gasto de las familias contribuirá en menor grado al avance del PIB galo este trimestre. Tanto en enero como en febrero el consumo de las familias retrocedió un 2,5% y un 1,4% intermensual. No obstante, en marzo, este indicador repuntó un 1,2%.
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Por su parte, el deterioro del mercado de trabajo, con una tasa de paro del 10,1% en febrero frente al 8,9% del mismo mes del año anterior, volvió a provocar una caída de la confianza de los consumidores. Así, este índice retrocedió dos puntos y medio y se situó en los 19 puntos negativos.
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Por otro lado, es poco probable que la demanda interna reciba un fuerte impulso de sus otros dos componentes, el consumo público y la inversión. Se espera que el Gobierno reduzca en los próximos meses el gasto público a fin de cumplir su plan de estabilidad, que estipula que el déficit no debe exceder el 3% del PIB en 2013. Para ello, es necesario que el Gobierno retire las ayudas de impulso a la actividad económica. Efectivamente, según datos del INSEE, el déficit público francés se duplicó en 2009, situándose en el 7,5% del PIB, tras el 3,3% de 2008. De este modo, la deuda pública subió más de 10 puntos, hasta el 77,6% del PIB.
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El déficit público se duplica en 2009 y se sitúa en el 7,5% del PIB.
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La escalada del déficit público se debió tanto a la intensa caída de los ingresos, en un 4,3%, como al incremento del gasto público, del 3,8%. Respecto al gasto, el plan de estímulo contribuyó significativamente al aumento del 5,1% de los consumos intermedios. Asimismo, la crisis también supuso una aceleración del pago de prestaciones sociales, del 5,7%, en gran parte por los subsidios al desempleo.
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En cuanto a la inversión, el índice de utilización de la capacidad productiva publicado por el Banco de Francia aumentó seis décimas en marzo situándose en los 75,3 puntos. Si bien el valor no alcanzó los 80 puntos, nivel a partir del cual la inversión empieza a contribuir de forma positiva a la economía, se le va aproximando paulatinamente. De hecho, este indicador alcanzó su mínimo histórico el pasado mes de abril, con 69,6 puntos, y desde entonces ha llevado una senda creciente.
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Por último, la demanda interna más floja puede ser parcialmente compensada por el sector exterior, favorecido por la depreciación del euro. Así, las exportaciones francesas registraron en febrero un incremento del 0,6% intermensual, acumulando cuatro meses de subidas, y la tasa interanual se situó en el 6,5%. Sin embargo, las importaciones marcaron un crecimiento superior, un 0,8%, y ello amplió el déficit de la balanza comercial.
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En definitiva, los indicadores de oferta y demanda de febrero pronostican un aumento del PIB francés muy moderado para el primer trimestre de 2010. No obstante, los datos de marzo dibujan un panorama más optimista y ello induce a pensar que las condiciones meteorológicas adversas de febrero hayan podido jugar un papel nada despreciable. Por ello, es posible que la recuperación de la actividad económica gala tome algo más de fuerza durante el segundo trimestre de 2010.
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Italia
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Italia: más allá de la recuperación
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El PIB italiano vuelve a crecer en el primer trimestre.
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Tras la contracción del producto interior bruto (PIB) italiano a finales de 2009, del 0,3% intertrimestral, las principales instituciones económicas esperan que la economía transalpina retome la senda de crecimiento a principios de año. Sin embargo, los datos disponibles del primer trimestre no muestran una mejoría significativa, especialmente en lo que respecta al consumo privado, que sigue mostrando signos de debilidad.
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La producción industrial repunta en febrero.
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Los principales indicadores de la demanda apuntan hacia esta dirección. El deterioro previsto del mercado laboral en el primer trimestre seguirá diezmando la renta disponible de las familias, que en 2009 se redujo un 2,8% interanual, debilitando el consumo privado. No es de extrañar que, en este contexto, la confianza del consumidor disminuyera en el primer trimestre de 2010, neutralizando las ligeras mejoras registradas en la segunda mitad del año pasado. Los datos de comercio exterior tampoco no traen buenas noticias. Así, las exportaciones crecieron un 4,5% interanual durante los dos primeros meses del año, por debajo del aumento de las importaciones, del 6,6%. Ello evitó que el sector exterior contribuyera positivamente al crecimiento en el primer trimestre.
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Las reformas estructurales son indispensables en Italia.
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Por el lado de la oferta, la producción industrial repuntó en el mes de febrero, con un aumento del 2,8% interanual, el primer valor positivo desde principios de 2008. La mejora de la confianza industrial en marzo permite prever que esta tendencia se mantenga durante los próximos meses. Este repunte de la actividad coincide con la mejora de las condiciones para la concesión de créditos a las empresas durante el primer trimestre del año. Como consecuencia, se espera que la reactivación de la inversión se lleve a cabo a medio plazo, una vez la utilización de la capacidad productiva se sitúe a niveles más cercanos a los históricos.
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No obstante, la salida de la recesión italiana supondrá la aparición de los viejos problemas estructurales, entre los que destacan su baja competitividad y su elevado endeudamiento público. Es por lo tanto un buen momento para que el Gobierno de Berlusconi se plantee importantes reformas, aprovechando la lejanía de las próximas elecciones.
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Reino Unido
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Reino Unido: lenta, costosa, pero paulatina recuperación
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El PIB británico crece un 0,2% intertrimestral.
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Tras seis trimestres en profunda recesión en la que el PIB retrocedió un 6,2%, la economía británica inició la senda de recuperación en el último trimestre de 2009. La subida del PIB del 0,2% en el primer trimestre de 2010 con respecto al periodo anterior confirma el cambio de tendencia.
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El consumo mantiene el tono, a pesar del incremento del IVA y gracias al buen comportamiento del mercado de trabajo.
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El consumo de los hogares al final del año contribuyó en gran parte al retorno de tasas de crecimiento intertrimestral del PIB positivas. Sin embargo, la retirada de medidas importantes de estímulo fiscal en 2010 crea recelo sobre la fortaleza del proceso de estabilización británico. En particular, se teme que la subida del impuesto sobre el valor añadido (IVA) al 17,5% en enero, tras 13 meses al 15%, influya en el gasto de los consumidores, aunque por el momento los indicadores sugieren un impacto pequeño. En efecto, las ventas minoristas en enero cayeron un 1,3% interanual, pero repuntaron en febrero y marzo, situándose en el 3,2% y 2,2% interanual, respectivamente. Asimismo, otro elemento reductor del riesgo de caída del consumo privado son las señales de fortaleza que muestra el mercado laboral, ya que la tasa de paro se redujo una décima en marzo por segundo mes consecutivo.
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Este mayor consumo posiblemente haya ejercido presión sobre los precios. De este modo, la tasa de inflación avanzó cuatro décimas hasta el 3,4% interanual en marzo, debido al petróleo, pero también a otras partidas como muestra la subida de una décima de la inflación subyacente. Se encadenan, así, tres meses de repuntes por encima del 3%. Ello sitúa la inflación en niveles algo incómodos para la gestión de política monetaria del Banco de Inglaterra, que debe calibrar entre ayudar a la recuperación de la economía y preservar la credibilidad de su objetivo de estabilidad de precios. Por el momento, el banco considera este rebrote inflacionista transitorio, pero si persiste podría verse obligado a subir los tipos de interés antes de lo previsto.
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Los presupuestos generales prevén un déficit del 11,8% del PIB en 2009-2010.
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Por otro lado, no es muy probable que el consumo público y la inversión den un fuerte impulso a la demanda interna. Tras años de niveles de gasto muy elevado, el gobierno que salga de las próximas elecciones tendrá que tomar medidas serias para contener el déficit público. Según el proyecto de presupuestos generales de 2010-2011, se prevé que el déficit alcance un máximo del 11,8% del PIB este ejercicio y después baje hasta alcanzar el 4,0% en 2014-2015. Las cuentas se han elaborado bajo el supuesto de que la actividad económica del Reino Unido crecerá un 1%-1,5%, 3%-3,5% y 3,25%-3,75% en 2010, 2011 y 2012, respectivamente. Sin embargo, cabe señalar que, si bien la tasa para 2010 es razonable, el crecimiento esperado para 2011 parece bastante optimista. Hasta ahora, la financiación de estos déficits no ha presentado problemas, si bien hay que tener en cuenta la acusada depreciación de la libra en los últimos meses.
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Desde la óptica de la oferta, los indicadores apuntan a una cierta mejoría de la actividad, a pesar de su comportamiento bastante errático. Así, la producción industrial creció un 0,9% en febrero, reduciendo la caída hasta el 0,1% interanual. Semejante perfil muestran los índices de confianza industrial y de servicios, ya que ambos aumentaron en marzo.
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Así pues, la economía británica continúa en su senda de recuperación, iniciada más tarde que otros países, algo débil y sobre todo muy costosa en términos de endeudamiento público. No obstante, el Reino Unido se caracteriza por un mercado de trabajo flexible con capacidad de ajuste salarial, un nivel general de impuestos relativamente bajo con posibilidad de aumentarlos en caso necesario y una política monetaria independiente. Estos factores contribuirán positivamente a la salida del bache. Si, además, el nuevo gobierno elegido en las urnas el próximo 6 de mayo gestiona con seriedad las finanzas públicas, se restablecerá la confianza, sentando así las bases para una salida definitiva de la crisis.
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Europa emergente
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Europa emergente: un balance de riesgos más favorable
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En Europa emergente, la preocupación por la situación presupuestaria, la debilidad báltica y la situación bancaria han remitido.
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En los mapas renacentistas, las zonas del globo desconocidas se anunciaban con el tenebroso mensaje: hic sunt dracones, es decir: ¡aquí hay dragones! El dragón simbolizaba todo riesgo desconocido y por ello se aconsejaba claramente evitar dichas aguas procelosas. Cinco siglos después, la cartografía económica es más precisa. Con todo, los riesgos que pueden esconderse más allá del horizonte cercano siguen requiriendo de una continuada atención. Europa emergente, felizmente, ha visto como en los últimos meses algunos dragones han perdido parte de su capacidad intimidatoria aunque ciertamente otros siguen agazapados y preocupantes. Entre los dragones, es decir, los riesgos, que parecen haber perdido mordiente durante este inicio de 2010 cabe citar la situación de las finanzas públicas, la coyuntura económica de los países bálticos y el estado de forma de la banca.
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La preocupación presupuestaria revestía dos variantes distintas pero un fondo común: ¿podría la necesidad de sanear las finanzas públicas afectar una recuperación todavía débil? La primera de dichas variantes afectaba a los países que estaban siendo objeto de la ayuda financiera del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones. Aquí la atención se centraba en ver si el ajuste público pactado con el Fondo podría cumplirse en un contexto de fuerte recesión. Afortunadamente, el freno al deterioro económico ha permitido que ingresos y gastos públicos se moviesen en las coordenadas previstas, cumpliendo Hungría, Rumania y Letonia con los compromisos adquiridos.
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Una segunda situación, distinta, era la referida a Polonia, un país cuyo mejor comportamiento económico ha facilitado, paradójicamente, que el ajuste fiscal haya sido hasta la fecha postergado. Aquí la preocupación se centraba en cuándo se llevaría a cabo la consolidación fiscal y qué efectos tendría sobre la actividad. Los planes fiscales anunciados en su Programa de Estabilidad y Crecimiento de febrero pasado han servido para tranquilizar los ánimos, ya que combinan de forma razonablemente equilibrada el aprovechamiento del crecimiento y una necesaria contención del gasto.
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Estonia podría adoptar el euro en 2011.
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Mantenido bajo control el dragón del ajuste presupuestario, otro foco de preocupación que ha remitido ha sido el flanco báltico de la Unión Europea. Durante meses, el temor a una devaluación no deseada en Letonia ha sido objeto de extrema tensión debido a los efectos que podría haber tenido sobre otras divisas de la zona y, en términos más generales, sobre la aversión al riesgo regional. La clara mejoría del pulso de la actividad en Estonia, Letonia y Lituania, en línea con la experimentada por los países más avanzados de la región en la recuperación (véase el gráfico anterior), ha aminorado estos temores. La cercana revisión alcista del rating de la deuda pública del trío báltico por parte de Moodys y la probable decisión comunitaria en junio de que Estonia será el próximo miembro de la moneda única a partir de enero de 2011 certifican dicha mejoría.
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La cargada agenda electoral en 2010...
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Finalmente, la situación bancaria, aspecto crítico de la actual crisis económica, parece haberse alejado de los escenarios más pesimistas que se manejaban en ciertos momentos. Los datos de morosidad y los beneficios que el sector está registrando singularizan favorablemente a la crisis de 2009 frente a episodios precedentes registrados en la misma región. Aunque la evolución esperada no está exenta de incertidumbre, de mantenerse el recorrido alcista de la actividad previsto, a lo largo de 2010 el riesgo bancario quedaría notablemente reconducido.
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...no debería hacer variar excesivamente la política económica en la región.
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Como se desprende de la explicación anterior, los tres riesgos mencionados (presupuestos públicos, desequilibrios bálticos y coyuntura bancaria) se perciben como menos amenazantes en gran medida porque la debilidad cíclica queda atrás y las economías están remontando posiciones (de nuevo, véase el gráfico anterior). Por ello, cualquier evento que amenace directamente la recuperación será candidato a ser el «gran dragón» en el mapa económico de la región.
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Los dos candidatos obvios proceden de los dominios económicos y políticos. Empezando por este último, cabe recordar que 2010 es un año de fuerte carga electoral. El calendario electoral se inició en abril, con las legislativas húngaras, y seguirá en mayo con elecciones parlamentarias en la República Checa, en junio con las sobrevenidas elecciones presidenciales de Polonia y en octubre con las elecciones legislativas de Letonia. Se trata de elecciones en un contexto económico complicado, pues la ciudadanía todavía no percibe con claridad la inflexión alcista del ciclo. Con todo, la mayoría de analistas considera que la política económica no se modificará de forma apreciable aunque se produzcan cambios en los Gobiernos de la región. En ese sentido, la radical victoria de la oposición magiar ha servido para confirmar que se mantiene el tono general de la política económica del país, siendo un probable ejemplo de movimientos que se pueden repetir en otros países en los meses venideros.
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El gran riesgo para Europa emergente sigue siendo que el entorno internacional empeore.
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Si el futuro circula por los derroteros políticos esperados, el riesgo principal es el económico y, más concretamente, el que deriva de la propia naturaleza de la recuperación. Dicha reactivación económica se ha debido en gran medida a la mejoría del comercio internacional y, en particular, a la de los mercados de exportación claves (el principal, la eurozona). Ello comporta que el dinamismo interno ha tenido poco que ver con la recuperación (la salvedad, como es conocido, es Polonia, que sí se ha beneficiado del tirón de su consumo) y, por extensión, que si el impulso externo flaquea no se otea en el horizonte qué podría compensar el papel de la demanda externa. ¿Es éste un riesgo altamente probable? Ciertamente, no, pero por su importancia, todas las cartas de navegación deberían mencionarlo claramente.
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