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Estudios y Análisis Económico > Información económica > Informe Mensual > Edición web 22-5-13
Informe Mensual, núm 337 - Julio-Agosto 2010
Coyuntura internacional
Informe entero ( 1,81 MB )
     

Estados Unidos

Estados Unidos: una expansión más moderada

Estados Unidos crece un 2,7% y encara una recuperación modesta. Con un producto interior bruto (PIB) que en el primer trimestre de 2010 creció un 2,7%, en términos intertrimestrales anualizados, la recuperación se sigue asentando pero se refuerza la convicción de que la expansión tendrá tasas de crecimiento modestas. Las decisiones económicas son a menudo una cuestión de aceptar males menores para evitar males mayores. En su retorno a Ítaca, Ulises pasó por un estrecho donde tuvo que escoger entre arrimarse al lado de Scila, un monstruo inflacionista de varias cabezas, o al lado de Caribdis, un agujero deflacionista que engullía todo lo que a él se acercaba. El Scila de la economía estadounidense actual es un déficit público que en el primer trimestre de 2010 llegó al 10,9% del PIB. El Caribdis es el riesgo de un crecimiento demasiado reducido, con una tasa de paro del 9,7% y un mercado inmobiliario que sigue en el pozo.
Los indicadores de las últimas semanas apuntan a un escenario de menor crecimiento del que hacían suponer los datos del primer trimestre. Así, los riesgos inflacionistas de Scila se reducen un poco mientras aumentan los de Caribdis, de debilidad de la demanda agregada. Durante el último trimestre de 2009 y el primero de 2010, el consumo privado tuvo una reacción alcista como compensación a las privaciones impuestas por la mayor aversión al riesgo de las familias de finales de 2008 y principios de 2009. Pero los últimos indicadores apuntan a una vuelta a la normalidad, con un ahorro privado que está compensando la mayor parte del incremento del déficit público y con unos precios que siguen mostrando su cara más moderada.
El consumo se desacelera después de un repunte de nueve meses. Las cuentas nacionales de abril muestran esta desaceleración del consumo. En el primer trimestre del año, el aumento del consumo absorbió un 80% de los 89.000 millones de dólares de incremento de la renta disponible de los hogares durante el periodo. Sin embargo, en abril, el decorado cambió por completo, ya que la totalidad de los 64.000 millones de crecimiento de la renta disponible se destinó al ahorro. Refrendando este enfriamiento de las ansias de consumo, las ventas minoristas, sin coches ni gasolina, retrocedieron en mayo respecto al mes de abril, poniendo fin a nueve meses consecutivos de avances. El incremento interanual siguió siendo positivo, un 4,7%, pero mostró una tendencia de desaceleración. También las ventas de automóviles sufrieron retrocesos después de dos meses alcistas.
Los empresarios ven aumentar sus beneficios y mantienen su percepción optimista. Por el lado de la oferta, las empresas no financieras siguen constituyendo el punto más fuerte de la expansión. Los beneficios empresariales del primer trimestre aumentaron un 31,0% interanual y superaron el nivel de diciembre de 2007, previo a la crisis. Dentro de una tónica de sostenibilidad, el índice de sentimiento empresarial del Institute for Supply Management tuvo cambios muy pequeños en mayo. Las manufacturas retrocedieron ligeramente hasta el nivel de los 59,7 puntos, mientras que los servicios avanzaron hasta los 61,1 puntos. Si bien los últimos meses no presentan avances notables, en consonancia con la línea de moderación que sigue el conjunto de la economía, los niveles actuales son propios de etapas de expansión robusta. Posiblemente sea la industria el más claro exponente de una recuperación que va asentándose a la vez que confirma su naturaleza modesta. La producción industrial aumentó un 7,2% interanual en mayo, mientras que la utilización de la capacidad productiva alcanzó el 74,7%. En ambos casos, los niveles están a medio camino entre los mínimos históri-cos recientes y la situación anterior a la crisis.
La construcción y los precios de la vivienda siguen en el fondo. El mercado inmobiliario sigue débil y su contribución al crecimiento de la economía puede tardar más de lo esperado. En el lado de la oferta, las 593.000 viviendas iniciadas de mayo suponen un descenso respecto a abril y siguen siendo una pequeña fracción del 1.600.000 viviendas iniciadas representativas de los años anteriores a la burbuja. Queda interrumpida así la tímida recuperación de los dos meses previos y se constata que, en el sector de la vivienda, la vida es dura sin los estímulos públicos, que terminaron en abril. La sobreoferta y las ejecuciones de hipotecas siguen siendo un lastre que también afecta negativamente a la evolución de los precios. El índice Case-Shiller de precios de la vivienda de segunda mano ganó en marzo un 0,2% respecto al mes previo, en términos desestacionalizados, con lo que la apreciación acumulada desde agosto de 2009 es de un magro 1,0%, un 0,5% descontando la inflación. Así, mientras que San Francisco y San Diego continúan con su recuperación, áreas tan significativas como Chicago, Nueva York y Detroit continúan sin tocar fondo.
La tasa de paro es del 9,7% y su reducción queda para 2011. El mercado de trabajo sigue en una situación de debilidad que se alargará a lo largo de 2010, a pesar de los 431.000 empleos netos que se crearon en mayo, en su mayoría pertenecientes al sector público. Así, mientras que en el conjunto de 2008 y 2009 se perdieron más de 8,4 millones de empleos privados, la mitad de los 982.000 empleos netos creados en 2010 es atribuible al sector público. La tasa de desempleo disminuyó ligeramente del 9,9% al 9,7%, pero la alta proporción de parados de larga duración, de más difícil recolocación, y el gran número de trabajadores desanimados y de trabajadores a tiempo parcial de forma involuntaria dificultarán que la tasa de desempleo descienda significativamente mientras el crecimiento económico no supere los ritmos actuales.
El IPC sube un 2,0% y el subyacente mantiene el 1,0%. La moderación de la inflación sigue siendo coherente con la baja utilización de la capacidad productiva. Los precios dejan, así, espacio para políticas de apoyo a la demanda al mismo tiempo que corroboran que, en este momento, los riesgos están más en la debilidad de la demanda que en las tensiones inflacionistas. En mayo, el índice general de precios al consumo (IPC) disminuyó respecto al mes previo por segunda vez consecutiva, en términos desestacionalizados. Así, la variación interanual fue del 2,0%, inferior al 2,2% de abril. Sin los efectos del petróleo, los precios no habrían llegado a descender, pero la situación sigue siendo de laxitud, como muestra la evolución del índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, que avanzó un 1,0% interanual.
La fortaleza del dólar debilita las exportaciones. El sector exterior difícilmente tendrá contribuciones positivas al crecimiento de la economía en los próximos meses, dada la recuperación de la demanda interna y la relativa fortaleza del dólar. El déficit comercial de bienes y servicios de abril fue de 40.285 millones de dólares, un nivel similar al de marzo. Pero este mantenimiento fue gracias al abaratamiento de las importaciones de crudo. Así, el déficit comercial que excluye el petróleo y sus derivados sufrió un deterioro cercano a los 800 millones de dólares, a causa de unas exportaciones que acusaron el fortalecimiento del dólar, aunque no rompieron la tendencia de corrección a medio plazo que, desde el primer trimestre de 2006, ha llevado el déficit no petrolífero del 3,9% hasta el 1,3% del PIB.

Japón

Japón: exportaciones y deuda pública

Japón crece un 5,0% gracias a las exportaciones. El PIB de Japón avanzó un 5,0% intertrimestral anualizado y aleja los riesgos de una recaída de la actividad para el conjunto de 2010. Sin embargo, la demanda interna sigue siendo una asignatura pendiente, ya que cuatro de esos cinco puntos porcentuales de crecimiento fueron debidos al tirón exportador. En las perspectivas para 2011 se impone la cautela en una economía que sigue en deflación, con una deuda pública que supera el 200% del PIB y con envejecimiento demográfico.
La reducción de la deuda pública tendrá que esperar al final de la deflación. La deuda pública, principalmente en manos de japoneses, ha sido relativamente respetada por los mercados, con un tipo de referencia a 10 años que se mueve en torno a un contenido 1,3%. Una tasa que, empero, si se compara con la evolución bajista de los precios, ya no parece tan favorable. Naoto Kan, el nuevo primer ministro, quiere atajar el problema de la deuda gubernamental subiendo impuestos y reduciendo gastos, pero el camino no será fácil. La proyectada subida del 5% al 10% del impuesto sobre las ventas tendrá que esperar como mínimo un par de años a la espera del final de la deflación y de una mayor fortaleza de la demanda interna ya que, en 1997, dicho impuesto se subió del 3% al 5% y la economía acabó en recesión.
La industria sigue acercándose lentamente hacia los niveles precrisis. Los últimos indicadores de la oferta muestran la fuerza del sector industrial, más relacionado con las exportaciones. Así, la producción industrial de abril mantuvo la vitalidad de marzo y culminó la recuperación de dos tercios de lo perdido entre mayo de 2008 y febrero de 2009. Las perspectivas de la inversión empeoraron en abril, con unos pedidos de maquinaria que cedieron parte del repunte de marzo, tanto en las compras destinadas al mercado interior como en la demanda de inversión de las empresas exportadoras.
La vivienda continúa débil y el paro llega al 5,1%. En el mercado de la vivienda siguen sin haber signos de recuperación. Las viviendas iniciadas de abril no cambiaron respecto a marzo y continúan un 35,8% por debajo del promedio de 2006, año anterior a la crisis de la construcción. Una situación parecida a la de las ventas del área de Tokio. Tampoco mejora el panorama en el mercado laboral, con una tasa de desempleo que, en abril, continuó repuntando hasta el 5,1% y con la pérdida de 300.000 empleos netos.
El IPC baja un 1,2%, y el subyacente cede un 1,6%. En el apartado de precios, la debilidad de la demanda exacerbó las tendencias deflacionistas que, según el Banco de Japón, deberían prolongarse hasta los inicios de 2012. Así, si el IPC de abril descendió un 1,2% interanual, el índice subyacente, el general sin energía ni alimentos, cedió un 1,6% interanual, el mayor descenso desde el inicio del indicador, que deja los precios en los niveles del primer trimestre de 1992.
Las ventas al resto de Asia, en especial a China, son el motor de las exportaciones japonesas. Es en el sector exterior donde la recuperación brilla con más fuerza. El superávit comercial de abril tuvo un ligero retroceso respecto a marzo motivado por el repunte de las importaciones. Pero las exportaciones se recobraron de la debilidad de marzo y se acercaron a la robustez de enero. Las exportaciones de abril se situaron un 57,8% por encima del promedio del primer trimestre de 2009, su periodo de mayor debilidad. El incremento de las ventas a Asia explica dos tercios de la mejora y el de las ventas a China una cuarta parte de la mejora. En contraste, la contribución combinada de las ventas a Europa y a Estados Unidos apenas supone una quinta parte.

China

China: la expansión se consolida

La expansión se asienta en Asia emergente. Desde el crecimiento del 11,9% interanual de China el primer trimestre del 2010 hasta el 8,6% de India, el otro gigante de la región, pasando por los avances de Singapur (15,5%), Taiwán (13,3%), Hong Kong (8,2%) y Corea (8,1%), entre otros, la recuperación se asienta en Asia emergente. Aunque en parte consecuencia de los mínimos de hace un año, los países asiáticos continúan sorprendiendo al alza.
Los datos más recientes de China correspondientes al mes de mayo corroboran esta recuperación. Prueba de ello la encontramos en el retomado vigor de las exportaciones y en la firmeza de la inversión. En especial, el superávit comercial mejoró hasta los 19.522 millones de dólares en mayo, después del déficit de 7.200 millones de marzo y del modesto superávit de abril (1.682 millones). La clara mejoría se debe a la espectacular subida de las exportaciones que, con un crecimiento cercano al 50% interanual, están a punto de alcanzar el máximo de julio de 2008. Por su parte, las importaciones siguieron su camino ascendente con un avance interanual del mismo orden que el de las exportaciones.
Ante este resurgir comercial y, tal vez, cediendo a las presiones norteamericanas, el pasado 19 de junio el Banco Central de China se pronunció acerca de la esperada flexibilización del tipo de cambio, anunciando una relajación de los controles que mantienen prácticamente fijo el tipo de cambio del renminbi frente al dólar. Sin embargo, deberemos esperar un tiempo para valorar las consecuencias de esta medida, que a primera vista no prevé cambios repentinos. Lo más probable es que dé lugar a una apreciación muy gradual de la moneda china frente a la divisa americana.
Los indicadores de actividad continúan avanzando con fuerza, aunque cierta moderación empieza a vislumbrarse. En este entorno de actividad se movieron el resto de indicadores económicos. La demanda interna prosiguió con su vitalidad. Así, las ventas minoristas aumentaron un contundente 15,1% interanual en mayo en términos reales. La inversión en activos fijos subió un 25,8%, prácticamente como en abril, todavía sin exhibir claros signos de desaceleración a pesar de las distintas medidas de enfriamiento del sector inmobiliario y de limitación al crédito. Mientras, el crédito sí que empezó a mostrar indicios de moderación -en mayo la concesión de nuevos créditos ascendió a 637.470 millones de yuanes, por debajo de los 771.000 millones de abril-, por lo que prevemos una ralentización de la inversión en los próximos meses.
Asimismo, los indicadores adelantados de oferta también parecen evidenciar cierta ralentización, dentro de su fortaleza. La producción industrial creció un significativo 16,5% interanual en mayo, aunque por debajo del promedio de los primeros cuatro meses del año (19,3%). El índice de gestores de compras (PMI) todavía se ubicó por encima de los 50 puntos -límite entre recesión y expansión-, pero se deslizó desde los 55,7 puntos en abril a los 53,9 en mayo.
La inflación alcanza el 3,1% en China. ¿Posible sobrecalentamiento? En el apartado de precios, los riesgos de sobrecalentamiento siguen planeando sobre el gigante asiático. En particular, la inflación escaló hasta el 3,1% en mayo y se situó por encima del objetivo promedio anual del Gobierno del 3%, si bien, a día de hoy, ello todavía es consecuencia de los efectos de base y de los alimentos. Del mismo modo, el precio de la vivienda prolongó su tendencia alcista y subió un 12,4% interanual, exponiendo, de nuevo, una posible burbuja en este sector. No obstante, no podemos olvidar la tenacidad de las autoridades chinas, que se han comprometido a enfriar el mercado inmobiliario y cuyas nuevas disposiciones ya han empezado a afectar las ventas.
En conclusión, aunque China continúa exhibiendo la vigorosidad que tanto nos ha asombrado durante la crisis global, comienzan a percibirse ciertos tintes de moderación. Se trata, sin embargo, de una buena noticia dados los peligros de recalentamiento. En el frente exterior, el anuncio sobre la flexibilización del régimen cambiario también constituye un paso más para la corrección del alto superávit chino.

Brasil

Brasil: a toda máquina

La economía de Brasil crece un 9% en el primer trimestre de 2010. Con un crecimiento del 8,9% interanual en el primer trimestre de 2010, un 2,7% respecto al trimestre anterior, Brasil ratifica su candidatura a uno de los puestos locomotores de la recuperación. El dato no sólo supera las expectativas del consenso, sino también su tasa de crecimiento potencial, es decir, la que se considera compatible con un entorno no inflacionario y que se estima entre el 4,5% y el 5%. Ello alienta el temor a un posible sobrecalentamiento de la primera potencia latinoamericana, por lo que no sorprende la rápida reacción del Banco Central de Brasil, quien subió la tasa SELIC otros 75 puntos básicos en junio, hasta el 10,25%. Asimismo, las minutas de la última reunión del COPOM anticipan nuevas subidas este mismo verano... y no sólo de la temperatura.
La demanda interna, al mando. Lo que a buen seguro sigue subiendo es la demanda interna, sin duda alguna el principal motor del arranque brasileño. Con un avance del 9,3%, el consumo prosigue su imparable ascenso y ratifica su resistencia ante la progresiva retirada de los soportes públicos. Aun así, la inversión le robó el protagonismo en el primer trimestre del año, impulsada por una formación bruta de capital fijo que creció un extraordinario 26% interanual, su mejor registro en quince años. El gasto público también vuelve a sumar, pero menos, un 1,8% interanual (un 5,5% en el trimestre anterior). De este modo, la única partida que sigue restando al crecimiento es la demanda externa, a pesar de que tanto exportaciones como importaciones recuperan su signo interanual positivo: las primeras subieron un 21% y las segundas un 32% respecto al primer trimestre de 2009 (véase gráfico siguiente).
Los últimos datos de indicadores adelantados siguen en niveles propios de expansión fuerte, aunque apuntan hacia una leve moderación. En abril, la utilización de la capacidad productiva instalada se mantuvo estable en torno al 82%; la producción industrial creció un 16,7%, y las ventas al por menor avanzaron un 9% respecto al mismo periodo del año anterior, aun cediendo un 3% respecto a marzo. La inflación también se dio un respiro en mayo (5,2% frente al 5,3% de abril) y se mantiene dentro de la meta establecida para este año y para 2011 (4,5% ±2pp).
Aumentan los temores a un eventual sobrecalentamiento de la economía brasileña. Ante dicho panorama, y siguiendo la tónica general, hemos revisado al alza las previsiones de crecimiento para Brasil en 2010 y 2011, hasta el 7% y el 5%, respectivamente. Con todo, la actuación de las autoridades económicas brasileñas será determinante tanto a la hora de encauzar la sostenibilidad del crecimiento a medio y a largo plazo, como a la hora de salvaguardar el ciclo actual de excesivas presiones inflacionistas. Unas presiones que, de materializar sus riesgos, podrían atajar lo que va camino de convertirse en el definitivo despegue económico de Brasil. A veces, quitar el pie del acelerador a tiempo puede salir muy rentable... en especial, si corres el riesgo de fundir el motor.

México

México: un lento despertar

En México, la demanda interna se resiste a salir de su sopor. En el primer trimestre de 2010, la economía mexicana se reconcilió definitivamente con el crecimiento, anotando su primer avance interanual desde septiembre de 2008. Los últimos datos de contabilidad nacional desagregados por componentes de la demanda confirman lo que ya adelantábamos en el número anterior: una recuperación mexicana que se nutre del arranque de la demanda externa y un mercado interno que sigue resistiéndose a despertar por completo del aturdimiento en el que la crisis le sumió.
La inversión es la única partida que se mantiene en terreno negativo, con un retroceso del 1,2% respecto al primer trimestre de 2009, aunque también va moderando su repliegue paulatinamente. Asimismo, modera su tendencia, pero en ese caso de avance, el consumo público, que creció un 0,4% interanual ese mismo periodo. El consumo privado, en cambio, dio muestras más certeras de estar recuperando el tono, con un avance interanual del 2,8%. Un tono que en el caso de exportaciones e importaciones ya no es de recuperación sino de pleno despegue, con crecimientos en doble dígito del 23,7% y 18,8% respectivamente.
La recuperación se anticipa muy gradual. De cara al futuro, los indicadores adelantados de actividad siguen apuntando hacia una recuperación prolongada y gradual. Por lo que a la demanda se refiere, las ventas al por menor retrocedieron de nuevo en abril (un 1,1% respecto a marzo y un 0,1% respecto al mismo mes un año atrás) y siguen sin encauzar una tendencia sostenida de avance. En cuanto a la oferta, la utilización de la capacidad productiva instalada ya alcanza el 80,3%, reflejo del tirón de la industria manufacturera, principal beneficiaria del brío de la exportación. Con todo, tanto la producción industrial como la de manufacturas, aun avanzando en abril un 5,4% y un 9,1% interanual respectivamente, sufrieron leves retrocesos respecto al mes anterior, acusando la relativa moderación del crecimiento en Estados Unidos.
En ese contexto, y dado que la inflación retrocedió en mayo hasta el 3,9%, Banxico optó por no mover ficha en junio y dejó el tipo de interés de referencia en el 4,5%. Ello reafirma nuestra previsión de estabilidad de tipos, al menos, hasta finales de año; sin duda, un aliciente adicional para que la demanda interna abandone su letargo.

Materias primas

Amainan los efectos de la inestabilidad financiera

El crudo gana un 11,6% y se acerca a los 80 dólares por barril. El precio del petróleo vuelve a su tendencia anterior a la crisis de los mercados de deuda. Después de haber oscilado entre los 90 y 70 dólares por barril, el crudo encauzó su senda alcista hasta los 79,50 dólares por barril (calidad Brent, para entregas a un mes). Así, entre el 20 de mayo de 2010 y el 21 de junio, el petróleo se apreció un 11,6%, ligeramente por encima del nivel de principios de año y un 18,2% más caro que a finales de junio de 2009.
La recuperación liderada por las economías emergentes aúpa al petróleo. Tras las tormentas en la zona del euro y la apreciación del dólar, regresamos al escenario central, caracterizado por una recuperación liderada por las economías emergentes, más intensivas en el uso de materias primas. Esto debería llevar al petróleo por una senda de crecimiento moderado que lo dejaría a finales de año dentro de la franja de los 80-85 dólares por barril.
Los metales nobles y el café lideran la recuperación de las materias primas. Las otras materias primas también se recuperaron de las pérdidas de mayo, pero sólo a partir de la segunda semana de junio, lo que deja el balance de los últimos 30 días en tablas. Así, el índice The Economist ganó un inapreciable 0,6% entre el 20 de mayo y el 21 de junio. En los metales, la recuperación está siendo desigual. El oro continuó ganando terreno, acumulando una ganancia del 24% en el año corriente, mientras que los metales nobles siguieron su estela tras las pérdidas del mes pasado, especialmente el paladio, que se apreció un 16,0%. Pero los metales básicos llevan cierto retraso, con el níquel y el aluminio lejos de los niveles anteriores a la corrección. Entre los alimentos destaca la subida del café, cuya calidad arábica marcó el máximo de los últimos dos años. El té fue el caso opuesto del café, con una depreciación del 19,8%.

El dinero no da la felicidad... ¿O sí?

Según Woody Allen «el dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan parecida que sólo un auténtico especialista podría verificar la diferencia». Hasta la fecha, ni los especialistas más audaces han resuelto la disyuntiva, por lo que el genial cineasta demuestra tener una gran intuición. Eso... o sigue muy de cerca el debate sobre la relación entre riqueza y felicidad. Un debate que, en 1974, Richard Easterlin rescató de los anales de la economía y emplazó en torno a una pregunta: ¿si todos fuéramos más ricos, seríamos más felices?
De entrada, la gran mayoría anticiparíamos una respuesta resueltamente positiva y así lo reflejan las encuestas. Al ser preguntados por las circunstancias que ejercen una mayor influencia sobre nuestra satisfacción personal (o felicidad subjetiva), la respuesta incluye, casi siempre, las finanzas. Sir Richard Layard, uno de los grandes referentes del debate en cuestión, acuñó el término «los siete grandes» para referirse a los principales determinantes de la felicidad: las relaciones familiares; un trabajo estable y gratificante; la comunidad y los amigos; la salud; la libertad individual; los valores personales, y, cómo no, la situación financiera.
Sin embargo, los mismos sondeos sugieren que el dinero no es, ni mucho menos, la dimensión vital que más nos afecta. En una escala de 10 a 100, una separación matrimonial disminuye nuestro bienestar en 8 puntos y quedarnos sin trabajo o el deterioro físico lo reducen en 6, mientras que la pérdida de una tercera parte de los ingresos familiares sólo resta 2 puntos. Así pues, el impacto directo de cambios en la renta sobre la felicidad se anticipa modesto, sobre todo en relación con el que procuran las circunstancias familiares, el desempleo o la salud.
Un amplio sector de la literatura académica se adhiere a dicha tesis. Entre sus más acérrimos valedores destacan Sir Layard o el propio Easterlin, quien, en su influyente artículo de hace más de un cuarto de siglo, reveló una serie de resultados aparentemente contradictorios, que siguen hoy incitando al debate, y que le llevaron a descartar una influencia permanente de la riqueza sobre la felicidad.(1)
Por un lado, cuando se comparan individuos de un mismo país en un determinado momento del tiempo, los datos indican que mayor riqueza reporta mayor satisfacción; en Estados Unidos, por ejemplo, entre aquellos que más dinero ganan (el 25% superior de la distribución), el 45% se considera «muy feliz»; en cambio, sólo el 33% del cuartil más pobre se considera del mismo modo. Sin embargo, la magnitud del efecto se estima resueltamente modesto: un avance del 10% en la renta per cápita reportaría un aumento de felicidad en torno a 0,1 en una escala de 1 a 10.
La comparativa entre países también revela una relación positiva entre renta per cápita y nivel reconocido de felicidad. Aunque, en un principio, Easterlin rechazó la hipótesis, la afluencia de nuevos datos corrobora que los habitantes de países ricos viven, en general, más satisfechos que los de países pobres (véase gráfico siguiente). Al mismo tiempo, el contraste internacional descarta la existencia de un umbral de renta a partir del cual mayores ingresos dejen de reportar satisfacción, aunque sí constata que un aumento de los ingresos conlleva menor satisfacción cuanto mayor sea la renta per cápita.(2)
La contradicción surge cuando dichos resultados se contrastan con la evolución del vínculo riqueza-felicidad a lo largo del tiempo. La mayoría de estudios concluyen que el nivel de felicidad en un país determinado prácticamente no varía a largo plazo, por mucho que sus ciudadanos se enriquezcan. El caso paradigmático es Estados Unidos, donde la satisfacción media se ha mantenido estable desde mediados del siglo xx, mientras la renta per cápita seguía una tendencia marcadamente ascendente (véase gráfico siguiente). ¿Cómo se reconcilia este dato con el hecho de que, año tras año, los estadounidenses más pudientes se proclamaran más felices que sus conciudadanos menos afortunados? He aquí la célebre paradoja de Easterlin: cuando la gente progresa respecto a su vecino es más feliz, pero cuando toda una sociedad se enriquece, no logra serlo.
Según Easterlin, la paradoja se resuelve si leemos los resultados con las lentes apropiadas: la privación y la pobreza resultan muy nocivas para la felicidad, pero una vez las necesidades básicas están cubiertas, lo que nos reporta satisfacción no es la renta absoluta sino la relativa y, a lo sumo, el efecto de la renta en términos absolutos es meramente transitorio. La lógica de fondo tiene un origen psicológico. La mente humana carece de una métrica interna que asigne valía a todo bien o condición, por lo que recurre a la comparación como método de valoración habitual. En el caso de los ingresos, les atribuimos más valor cuanto mayor sea su cuantía respecto a dos baremos: lo que perciben nuestros allegados (comparación social) y los propios ingresos de ayer. En la comparación retrospectiva, cabe tener en cuenta que el individuo se adapta eventualmente a casi cualquier situación y, en el caso de un aumento de la renta, esa adaptación conlleva una revisión al alza de las exigencias y aspiraciones: cuanto más ganamos, más aspiramos a ganar (expectativas adaptativas). Esa teoría (estabilidad hedónica o hedonic treadmill) explica por qué un aumento de la riqueza sólo ejerce un impacto temporal y efímero sobre la felicidad.
Desde esta perspectiva, la comparación social justifica por qué si ganamos más dinero que nuestros conciudadanos o que el país vecino, nos sentimos más satisfechos. Por otra parte, cuando la economía prospera, tanto el «listón» social como el retrospectivo se elevan de modo que un aumento de los ingresos, en un contexto de crecimiento económico, no procura una influencia permanente sobre la felicidad. Como mucho, reporta una mejoría transitoria hasta que las aspiraciones se ajusten completamente a las nuevas circunstancias. Ello explica la tendencia humana a permanecer en un nivel relativamente estable de felicidad.
Con todo, se barajan otras hipótesis como la de que la riqueza sí habría contribuido a la felicidad desde la Segunda Guerra Mundial pero su efecto habría sido contrarrestado por un deterioro del resto de determinantes, en especial, la harmonía de las relaciones personales. Asimismo, un artículo reciente ha reanimado el debate defendiendo con nuevos hallazgos que la felicidad no sólo depende de la renta relativa sino, sobre todo, de la absoluta.(3) Su tesis sostiene que una mayor remuneración permite satisfacer aspiraciones adicionales (intelectuales, etc.) más allá de las necesidades básicas, por lo que, cuando la economía crece, la felicidad también lo hace. El propio Easterlin no ha tardado en refutar estas conclusiones, argumentando que el marco temporal que consideran es demasiado corto y que la relación que identifican captura un impacto transitorio de los ingresos sobre la felicidad.
En definitiva, los expertos siguen divididos entre quienes descartan una influencia permanente de los ingresos sobre la felicidad y quienes disienten. Con todo, nadie niega que a mayor riqueza, mayores y mejores oportunidades. Se trata de elegir aquellas que nos reporten un deleite mayor y más duradero y, al mismo tiempo, gestionar inteligentemente las emociones, evitando, en lo posible, la trampa de la relatividad y las carreras sin sentido. Además, aunque no repercuta directamente sobre la felicidad, la mejoría económica conlleva avances en otros de sus determinantes, como la salud o la libertad personal. Lo dijo también Woody Allen: «el dinero no puede comprar la felicidad, pero sí un mejor tipo de miseria». Sin duda, otra gran intuición.
(1) Easterlin, R. (1974), «Does Economic Growth Improve theHuman Lot? Some Empirical Evidence.», en P. A. David&M.W. Reder (eds.), Nations and Households in Economic Growth: Essays in Honour ofMoses Abramowitz. Academic Press, NY.
(2) Nótese que el gráfico anterior está en escala logarítmica y que, por lo tanto, refleja la naturaleza de esta relación.
(3) Wolfers and Stevenson (2008), «Economic Growth and Subjective Well-Being: Reassessing the Easterlin Paradox», Brooking Papers of Economic Activity.
Este recuadro ha sido elaborado por Marta Noguer
Departamento de Economía Internacional, Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"




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