Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 347 - Junio 2011
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Mercados financieros
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Mercados monetarios y de capital
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Lenta superación de la crisis
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Las secuelas y efectos secundarios de la crisis todavía se dejan notar en los mercados.
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Ya cercano el ecuador del ejercicio, los mercados financieros evolucionan en un marco general caracterizado por unas perspectivas de crecimiento global moderadamente satisfactorio, la expansión del ciclo corporativo de beneficios, la retirada paulatina de los estímulos de política económica y la laboriosa cicatrización de las heridas infringidas por la crisis de 2008-2009. No obstante, la aparición de algunos shocks adversos -los conflictos en Oriente Medio o el seísmo en Japón-, así como las secuelas y efectos secundarios de aquella crisis -en especial, las tensiones sobre la deuda soberana europea y las distorsiones creadas por la abundancia de liquidez- está siendo un duro test para la estabilidad de la escena financiera.
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El BCE pausa las subidas de tipos, mientras que la Fed mantiene su discurso
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El crecimiento se va consolidando de forma heterogénea y a un ritmo suave, pero con buenos cimientos.
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Haciendo repaso del contexto económico actual en sus distintos elementos, se puede concluir que el ciclo de crecimiento a nivel global se encuentra en fase de consolidación: se modera la velocidad pero se asientan las bases. La gradación de la misma difiere según el área geográfica y el país, situándose en primer lugar los países emergentes, seguidos de Estados Unidos y Europa. Conjuntamente a la dinamización de la actividad económica, han aumentado las presiones inflacionistas que, como consecuencia de los acontecimientos ocurridos en Oriente Medio y en Japón, han incidido a través del encarecimiento de las materias primas. Ante esta circunstancia, la mayoría de las autoridades monetarias han comenzado a actuar normalizando sus políticas monetarias, salvo la notable excepción de la Reserva Federal.
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En Estados Unidos, la máxima autoridad monetaria sigue manteniendo un tono relativamente optimista. Después de la última reunión periódica de política monetaria, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, comentó que según los datos económicos conocidos se podía afirmar que la economía norteamericana seguía avanzando «a paso firme». En referencia a los riesgos inflacionistas, concretó que aunque desde la Fed se identifica cierto aumento de las expectativas de inflación a largo plazo, la mayoría de los miembros opinan que este hecho es de carácter transitorio y no amenaza la estabilidad de los precios.
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La Fed continúa priorizando la recuperación del mercado laboral, pero sin descuidar la inflación.
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Sin embargo, la razón que justifica el mantenimiento de los tipos de interés oficiales en los niveles actuales (0%-0,25%), y que augura un largo período de política monetaria laxa, es la debilidad que domina en el mercado laboral y en la creación de empleo. De igual manera, recalcó el propósito de la entidad de finalizar la compra de bonos a finales de junio. A través de la continua repetición de este mensaje, la Fed pretende que a la llegada de la citada fecha el efecto sobre los mercados de deuda sea moderado. Igualmente, y como ya adelantaran en declaraciones públicas algunos de los miembros de la Fed, en las actas de la última reunión se manifiesta la preferencia por una «estrategia de salida» en la que las subidas de los tipos de interés oficiales tengan lugar cronológicamente antes que las ventas de activos ahora en el balance de la Fed.
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El BCE vigila «muy de cerca» la evolución de la inflación.
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Por su parte, en la eurozona el Banco Central Europeo (BCE) mantuvo el tipo de interés rector en el 1,25%, después de la subida llevada a cabo en abril. El mensaje transmitido por la institución, que está completamente volcada en salvaguardar la estabilidad de precios a través de la contención de las expectativas de inflación y de los salarios, denotó en las palabras de J. C. Trichet un matiz de cierta ralentización del proceso de normalización. Aunque no cabe duda de que la vigilancia de la evolución de la inflación sigue siendo exhaustiva, el léxico utilizado para describirla se alteró respecto a meses previos: «muy de cerca» en lugar de «fuerte seguimiento». Esto fue razón suficiente para que economistas e inversores descontaran que el proceso de endurecimiento de la política monetaria va a ser más lento de lo inicialmente previsto.
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El consenso de los analistas estima que las próximas subidas de tipos oficiales, seguramente realizadas en tramos de 25 puntos básicos, podrían llevarse a cabo en julio y en el último trimestre del año. No obstante, el presidente del banco central insistió en la persistencia de riesgos inflacionistas en el escenario económico actual, lo cual requiere la total disposición de la política monetaria para combatirlos. Con respecto a las medidas no convencionales de política monetaria, el BCE seguirá manteniendo inalterados los términos de las facilidades de liquidez durante el segundo trimestre, aunque los analistas prevén que a partir de esa fecha, y coincidiendo con la normalización de los tipos rectores, las condiciones para la concesión de préstamos a tres meses podrían modificarse, volviendo al sistema de subastas competitivas y tipos de interés variables.
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Los analistas consideran que el BCE podría volver a subir el tipo oficial en julio.
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En el caso de los países emergentes su escenario monetario está determinado por la avanzada fase del ciclo económico en la que se encuentran. Estas economías, que capearon satisfactoriamente la recesión económica mundial de hace dos años, han sido las primeras en sufrir los efectos de las crecientes presiones inflacionistas. Es por ello que sus bancos centrales están centrando los esfuerzos en desarrollar estrategias de política monetaria tendentes a controlar la expansión del crédito y evitar los peligrosos síntomas de sobrecalentamiento económico, como ocurre, por ejemplo, en China.
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Para llevar a cabo este control, las autoridades se apoyan en las consabidas subidas de tipos oficiales, y también en un amplio abanico de medidas cuyo fin es limitar el volumen de las masas monetarias y crediticias. El caso más representativo es el de China, cuyo banco central ha elevado nuevamente el coeficiente de reservas obligatorias de los bancos -hasta el 21%- y aplicado disposiciones administrativas de contención del crédito. De cara a los próximos meses, el éxito de la normalización de las políticas monetarias en estos países vendrá en gran parte determinado por el grado de estabilidad que alcancen los precios de las materias primas.
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China, al igual que otras economías emergentes, continúa restringiendo su política monetaria para contener el crédito interno.
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Bajo este escenario de procesos de normalización monetaria a velocidades desiguales según los países, los mercados interbancarios han evolucionado al compás de las expectativas de los inversores sobre las actuaciones de los bancos centrales: estabilidad en Estados Unidos y suave descenso en la eurozona. Es un hecho destacable que a lo largo de los últimos meses estos mercados hayan mostrado un comportamiento muy satisfactorio en términos de las primas por los riesgos de crédito y de liquidez. En efecto, las primas que por tales conceptos se incorporan a los tipos líbor y euríbor apenas han sufrido incrementos a resultas de acontecimientos tan graves como el recrudecimiento de la crisis de deuda soberana en Portugal y Grecia. De cara a los próximos meses cabe esperar que la trayectoria de los tipos de interés líbor en dólares seguirá bajo el mismo patrón de comportamiento estable, gracias a la continuidad de la política laxa de la Fed. En la eurozona, la pausa en las subidas de tipos oficiales del BCE ha servido para aliviar de manera temporal las presiones en los tipos euríbor a doce meses, que probablemente vuelvan a retomar la tendencia alcista en la segunda mitad del año.
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Nuevos episodios de volatilidad en la deuda pública
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En mayo se ha prolongado el movimiento a la baja en las tasas internas de rentabilidad (yields) de la deuda pública de la máxima calidad crediticia, en concreto de Estados Unidos y Alemania.
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La resolución de la crisis en Grecia podría revertir parte de la «huida hacia la calidad».
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En el caso de Estados Unidos, las yields de la deuda pública a dos y diez años descendieron a finales de mes hasta niveles del 0,58% y el 3,22%, respectivamente (a principios de abril estaban en 0,85% y 3,60%). Entre los factores que han determinado este descenso (que supone un alza en el precio de los bonos) destacan dos. De una parte, las sorpresas negativas deparadas por algunos datos de actividad, que han generado un aumento de la incertidumbre en relación a la sostenibilidad del ritmo de crecimiento a largo plazo. De otra parte, la brusca corrección experimentada por los precios de las materias primas, ante la desaceleración de las expectativas de demanda global y la retirada de posiciones especulativas en metales preciosos. Adicionalmente, en el contexto financiero norteamericano actual hay algunos temas atípicos de especial relevancia, cuya evolución en los próximos meses, además de provocar un incremento de la volatilidad del mercado, influirá en la dinámica de la curva de tipos de interés. El primero es la finalización del QE2 de la Fed (programa de compra de bonos), que ha proporcionado a los mercados un importante soporte desde que se iniciase el pasado noviembre. El segundo, y al hilo del anterior, es «la estrategia de salida» que la Fed comunicará una vez completado el QE2. Y en tercer lugar, pero no por ello menos importante, el inaplazable ajuste presupuestario. El pasado 16 de mayo el Tesoro americano alcanzó su techo de endeudamiento (14,3 billones de dólares), obstaculizando de esta manera al Gobierno la posibilidad de financiación hasta que el Congreso no acuerde un nuevo plan fiscal, que contemple o bien un aumento de la carga impositiva o bien un incremento del límite de endeudamiento.
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En la eurozona, la deuda pública de los países centrales mostró un comportamiento similar al de Estados Unidos. En el caso de la deuda alemana, a finales de mayo la tasa de rentabilidad de los bonos a 10 años alcanzaba el 3,0%, frente al 3,50% de principios de abril. Un factor importante en este comportamiento se encuentra en la «huida hacia la calidad» suscitada por el empeoramiento de la crisis en Grecia y el miedo a su posible contagio a otras economías de la región. Atendiendo a que esperamos que este factor tenga una naturaleza transitoria, y teniendo en cuenta los fundamentos alcistas sobre el crecimiento económico y la inflación, todo apunta a que las yields a dos y diez años de la deuda alemana podrían retomar la senda ascendente de cara a los próximos meses.
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Se ha aprobado el rescate a Portugal, pero el BCE no apoya un reprofiling de la deuda griega.
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Por su parte, las últimas novedades respecto a la crisis de deuda soberana de la periferia europea han suscitado considerables incrementos del diferencial entre la deuda de los países implicados y la alemana. Tras el acuerdo de financiación a Portugal (con un paquete de 78.000 millones de euros), el agravamiento de la crisis griega se postula como el principal obstáculo ante la falta de un pacto para su resolución. Mientras que el Eurogrupo apuesta por la alternativa del reprofiling (extensión de los vencimientos de la deuda pública), el BCE rechaza la propuesta y sugiere la concesión de nuevos préstamos condicionados a que Grecia redoble los esfuerzos de ajuste. En el caso de España esta circunstancia, así como la revisión negativa que las agencias de rating han hecho de las perspectivas económicas de Italia y Bélgica, ha provocado un aumento de la prima de riesgo de nuevo hasta los niveles de marzo (cercana a los 270 puntos básicos). No obstante, y a pesar de estos repuntes puntuales de las tensiones, la evolución del spread de la deuda española con la alemana se ha comportado de manera relativamente estable a lo largo de los últimos meses, estableciendo un rasgo diferenciado entre nuestra economía y la del resto de países ya rescatados.
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El dólar recupera posiciones frente al euro
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El dólar se ha visto favorecido por la fragilidad financiera de Grecia y la corrección en las materias primas.
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Los acontecimientos en la escena económica global ocurridos en mayo han generado un súbito cambio de sentido en la evolución del tipo de cambio del dólar frente al euro. A principios de mes el dólar marcaba mínimos (llegando a cotizar a 1,48 dólares por euro) ante el arranque de la normalización de la política monetaria del BCE (recordemos el aumento del tipo oficial de abril), y el consiguiente estímulo de flujos inversores hacia activos denominados en euros. Pero, posteriormente, diversos factores confluyeron para precipitar una rápida recuperación del billete verde. En primer lugar, el aumento de las dificultades de refinanciación de la deuda helena. En el punto álgido de las especulaciones sobre la posible solución a la crisis griega, cuando incluso se llegó a hablar del abandono de esta economía del área monetaria única, el tipo de cambio del euro descendió cerca de un 4% contra el dólar. Adicionalmente a este factor, que dotaba a la moneda norteamericana de un papel de divisa refugio, el movimiento de apreciación del dólar también estuvo sustentado por la caída de los precios de las materias primas. De cara a los próximos meses, probablemente se seguirán produciendo repuntes de la volatilidad en este mercado, vinculados a la evolución de la crisis de deuda soberana europea y al ajuste fiscal en Estados Unidos; pero en cualquier caso, y a medida que se estreche el diferencial de tipos entre la Fed y el BCE (seguramente este movimiento se iniciará al fin del QE2), la tendencia más probable pasará por la paulatina apreciación del dólar.
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La renta fija corporativa resiste ante las turbulencias financieras
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El mercado de renta fija corporativa no ha sido alcanzado por las turbulencias financieras.
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Como ya ocurriera tras los dramáticos acontecimientos de febrero y marzo (Oriente Medio y Japón), el mercado de renta fija corporativa ha vuelto a destacar por su fortaleza y estabilidad ante las turbulencias observadas en el escenario financiero de las últimas semanas. El buen comportamiento de este mercado contrasta especialmente con la volatilidad y vulnerabilidad mostrada por las bolsas mundiales, lo cual explica en parte la huída -al menos temporal- de muchos inversores hacia activos con perfil menos arriesgado.
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El contexto actual de recuperación de la economía mundial confiere a la renta fija corporativa dos pilares sobre los que se apoya la tendencia alcista que desde el año pasado están protagonizando los índices. El primero está constituido por los buenos ratios de solvencia y rentabilidad que en su conjunto presentan las grandes compañías occidentales. El segundo está referido a la mejora de las calificaciones crediticias realizadas por las agencias de rating, en un escenario donde el riesgo de quiebras es cada vez menor. Asimismo, no hay que olvidar los beneficios que aporta la política monetaria laxa en Estados Unidos: el exceso de liquidez ensalza el atractivo de los bonos corporativos frente a la escasa rentabilidad ofrecida por la deuda del Tesoro americano. El resultado es que los índices de retorno total de la renta fija privada siguen alcanzando mes tras mes nuevos máximos, tanto en los tramos de bonos de elevada calidad crediticia (investment grade) como en los bonos de alto riesgo (high yield), cuya mejora en volúmenes consolida el atractivo de sus rentabilidades.
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La recuperación económica y la laxitud monetaria dan soporte al buen desempeño de la deuda corporativa.
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En la eurozona, donde el desarrollo del mercado de renta fija corporativa es inferior al norteamericano, el repunte de la crisis griega no ha impedido que las primas de riesgo experimentaran una ligera caída, incluso las relativas al sector financiero (que ha seguido realizando abundantes emisiones de bonos).
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De cara a los próximos meses, sin embargo, hay varios aspectos que pueden introducir algo de volatilidad en estos mercados. Por ejemplo, la finalización de los estímulos monetarios de la Fed o la publicación de los resultados del test de resistencia de la banca europea.
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Las adversidades también se cotizan en bolsa
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Los buenos resultados empresariales no son suficientes para impulsar las bolsas.
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El comportamiento reciente de las principales bolsas ha estado determinado por la conjunción de fuerzas de sentido contrario, que han generado movimientos erráticos en la mayoría de los parqués. Frente al buen tono del ciclo corporativo -como se ha puesto de manifiesto en la última campaña de resultados empresariales en Estados Unidos y Europa- han surgido aspectos preocupantes relacionados con el encarecimiento de las materias primas, el endurecimiento monetario en las economías emergentes, la ausencia de un acuerdo en materia fiscal en Estados Unidos y el agravamiento de la crisis soberana griega.
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El fin del QE2 puede incrementar la volatilidad y reducir el apetito por la renta variable.
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Bajo la confianza de que en el medio y largo plazo, la consolidación global del crecimiento económico y empresarial, así como la reducción de los riesgos de crédito, darán soporte a la revalorización de la renta variable, en el corto plazo el escenario parece apuntar, sin embargo, hacia la continuidad de un tono débil e irregular en las bolsas, que podría provocar correcciones en los principales índices.
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El sector financiero es la clave para las bolsas europeas.
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El caso más evidente se presenta en las bolsas norteamericanas, donde a los elevados niveles de sobrecompra observados en los indicadores técnicos, hay que añadir la sintomatología adversa de los indicadores de sentimiento, flujos y estacionalidad. Además, temas de actualidad como la inminente finalización del QE2 y la ausencia de un plan para el ajuste presupuestario pueden suscitar nuevos repuntes de la volatilidad y descensos en el apetito por el riesgo. En la eurozona, si bien las expectativas futuras sobre la crisis de deuda soberana son favorables, el reciente agravamiento de la crisis en Grecia ha generado en los mercados un sentimiento de fatiga ante las medidas de reforma y un aumento del miedo al contagio, afectando negativamente al ánimo de los inversores. Esta circunstancia está incidiendo especialmente sobre el sector financiero, lastrando aquellos índices bursátiles en los cuales su presencia es mayoritaria, como es el caso del Ibex 35. Por último, observando la trayectoria bursátil de las economías emergentes se puede afirmar que el riesgo de corrección ha comenzado a materializarse progresivamente con el endurecimiento de las medidas monetarias y fiscales en los distintos países. Esta circunstancia, unida a la posible desaceleración controlada de sus tasas de crecimiento económico, augura un escaso potencial de revalorización para este año en estos índices.
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Fondos soberanos de riqueza: ¿pueden ser una herramienta que genere estabilidad?
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El debate de los desequilibrios globales ha dado lugar a la proliferación de una gran cantidad de artículos -académicos y de prensa especializada- dedicados a analizar el origen de los mismos y las consecuencias que han generado a nivel económico y financiero. Un elemento característico en los países «excedentarios» es el incremento persistente de los activos extranjeros netos, tanto en poder del sector privado como del sector público. En función de los factores que durante los últimos años han llevado a algunos países a acumular un nivel anormalmente elevado de reservas internacionales, podemos identificar dos grandes grupos. En el primero se engloban estados ricos en recursos naturales, que se han visto beneficiados por los elevados precios del petróleo y otras materias primas. En el segundo se encuentran algunos países emergentes -principalmente asiáticos- que han mantenido divisas infravaloradas generando elevados superávits por cuenta corriente y acumulación de activos netos frente al exterior.
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Tradicionalmente, las reservas internacionales se han acumulado por un motivo de seguridad, es decir, para poder defender o reducir la volatilidad de la divisa nacional frente a eventuales turbulencias de origen externo o interno. En consecuencia, la práctica habitual ha sido la de mantener las reservas en forma de activos de la máxima seguridad y liquidez (típicamente, deuda pública de corto plazo de países con elevada solvencia). En la experiencia reciente, y a medida que las autoridades económicas de los dos grupos de países antes citados comenzaron a sentirse confortables con el umbral alcanzado por sus reservas, se han cuestionado la idoneidad de dicha estrategia. En concreto, se han planteado si es adecuado seguir gestionando un stock de reservas tan elevado de forma muy conservadora -obteniendo una baja rentabilidad- o, si por el contrario, sería mejor gestionar parte del mismo con un enfoque diferente, que permitiera asumir un riesgo mayor a cambio de una rentabilidad también superior. En un contexto caracterizado por la bonanza económica de esos países, muchos han optado por el cambio en los parámetros de gestión, asumiendo una visión de mercado dirigida a incrementar la rentabilidad tradicional. Esta decisión explica el importante auge que se ha observado en la creación y expansión de fondos soberanos de riqueza (SWFs, siglas en inglés de Sovereign Wealth Funds).
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Al contrario de lo que puede parecer, la figura de los SWFs no es nueva y su historia se remonta a 1953, año en el que fue creado el «Kuwait Investment Board» con el objetivo de invertir el excedente generado por la venta de petróleo, y reducir de esta forma la dependencia del crudo. Formalmente, los SWFs son sociedades vehiculares -propiedad de los gobiernos- que hacen posible mantener, gestionar y administrar activos, con el fin de alcanzar objetivos financieros mediante la implementación de diferentes estrategias de inversión.
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A lo largo de los últimos años, la aparición de un buen número de este tipo de entidades ha venido acompañada de un formidable crecimiento en el volumen de los activos que mantienen bajo gestión, razón por la cual su operativa en los mercados globales no ha pasado desapercibida. Actualmente, los SWFs rivalizan con los hedge funds y las firmas de private equity en términos tanto de la influencia que ejercen en los mercados financieros como de su impacto mediático. Las cifras son reveladoras. En el año 2000, los SWFs tenían activos por un valor superior a los 1,1 billones de dólares. Al cierre de 2010, el total de activos financieros de los SWFs más importantes alcanzó los 4,2 billones de dólares (2,3 veces el volumen gestionado por los hedge funds y 1,6 veces el gestionado por la industria de private equity).
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La finalidad con la que se crean los SWFs puede ser de índole diferente según las circunstancias de cada país, al igual que la operativa y la financiación. Así, los fondos de estabilización (Stabilization Funds) son creados por países ricos en recursos naturales con el objetivo de «inmunizar» la economía nacional de la elevada volatilidad que caracteriza al precio de las materias primas. Dicho de otra forma, estos fondos constituyen una herramienta fiscal contracíclica, que busca crear un flujo de caja futuro más estable que permita hacer frente a una eventual y prolongada caída en el precio de, por ejemplo, el cobre (Chile) o el petróleo (Argelia, Kuwait, Catar, etc.). En general, estos fondos se establecen durante periodos en que el precio del recurso es elevado.
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En cambio, los gobiernos ponen en marcha los fondos de ahorro (Saving Funds) con el fin de crear riqueza para el largo plazo y distribuirla entre las generaciones. En un inicio, se transfiere ahorro proveniente de recursos no renovables hacia estos vehículos, para que formen una cartera diversificada que permita alcanzar los objetivos para los que fueron diseñados.
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Otra tipología muy importante es la de los fondos soberanos de reserva para las pensiones públicas. Estas sociedades se forman con el objetivo de gestionar una cartera de activos con el fin de que la misma pueda compensar eventuales déficits del gobierno que le impidieran cumplir con el pago de las pensiones a los trabajadores retirados.
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Finalmente, también existen fondos de inversión (se usan para gestionar las reservas, y por lo tanto se cuentan como reservas) y los fondos para el desarrollo (dedicados a financiar proyectos socioeconómicos de carácter prioritario).
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A pesar de que los SWFs pueden diferir en su naturaleza, todos tienen una característica común: un nivel de apalancamiento que es marginal. Esto se debe a que la financiación de estas entidades proviene de diversas fuentes oficiales. Por ejemplo, superávits de cuenta corriente (derivados de exportaciones de materias primas o bienes manufacturados), superávit fiscal o ingresos por la privatización de empresas. Así, aquellas instituciones cuya principal fuente de financiación proviene de ingresos derivados de la exportación de petróleo, gas u otros minerales se les conoce como «Commodities SWFs» (CSWFs), mientras que las que se financian por medio de transferencias directas de reservas internacionales oficiales y, en algunos casos, mediante partidas provenientes del presupuesto gubernamental superavitario o privatizaciones se les denominan «Non-commodities SWFs» (NCSWFs).
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Sin embargo, las estrategias de inversión y gestión del riesgo que persiguen los SWFs suelen ser diferentes entre sí -independientemente de cuál sea el origen de la financiación- y estarán diseñadas para alcanzar el cumplimiento del mandato para el cual fueron creados. El punto de referencia lo constituyen los bancos centrales, que invierten sus reservas internacionales de forma conservadora en activos de bajo riesgo y gran liquidez, por ejemplo, bonos de gobiernos con elevada calificación crediticia (AAA) o metales preciosos como el oro. Por el contrario, los SWFs buscan diversificar sus carteras a nivel de clases de activos y regiones, para lograr obtener un retorno superior. Entre los instrumentos en los que invierten, se encuentra la deuda soberana de largo plazo, los bonos municipales, activos con garantía inmobiliaria (MBS), renta fija corporativa y renta variable. Además, frecuentemente hacen uso de profesionales del sector financiero privado para tomar posiciones de relevancia -planteadas en un horizonte de largo plazo- en compañías que operan en diversos sectores.
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Si bien la información que publican la mayoría de SWFs no es muy exhaustiva en los detalles, sí se indican las grandes líneas de las estrategias implementadas. Esto permite conocer que los CSWFs adoptan un enfoque de largo plazo y con una clara preferencia por la renta variable o inversiones alternativas. Por el contrario, los NCSWFs realizan inversiones con una duración menor, dado que los activos seleccionados deben ser suficientemente líquidos para poder hacer frente a un eventual problema de liquidez del gobierno. Por esta razón, los NCSWFs prefieren invertir en Treasuries de Estados Unidos o activos similares.
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Las inversiones que han realizado los SWFs a lo largo de los últimos años, especialmente en 2008-09 cuando la crisis financiera atravesaba su peor momento, han creado ciertas reticencias. En primer lugar, han surgido preocupaciones en torno al tamaño de estos fondos y, por tanto, su capacidad de influir en el precio de determinados activos financieros. En segundo lugar, se encuentran las críticas que apuntan hacia el posible uso de su poder financiero para favorecer intereses de carácter nacionalista (campeones nacionales). Finalmente, existen argumentos denunciando que estos fondos pueden tomar el control de compañías estratégicamente importantes para, en lugar de buscar beneficios financieros o comerciales, perseguir intereses políticos nacionales.
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En general, los estudios realizados por diferentes autores y entidades llegan a conclusiones más alentadoras y, en algunos casos, minimizan los argumentos de los analistas más críticos. La primera conclusión general que se puede extraer es que las autoridades de los países receptores deben prestar atención a las diferentes actuaciones, y exigir que las adquisiciones se realicen en un marco de máxima transparencia. En segundo lugar, cuando se analiza el comportamiento de los SWFs, no se encuentra evidencia que avale la existencia de un impacto significativo que derive de un proceder motivado por razones ajenas al ámbito económico.(1) En tercer lugar, estos estudios señalan que la motivación principal que rige las inversiones de los SWFs es fundamentalmente financiera.(2) Por último, las características propias de estos agentes (inversores poco apalancados y enfocados al largo plazo) indican que la entrada en el capital de estos agentes, más que un elemento desestabilizador, es un factor que puede asegurar la estabilidad. En general, cuando invierten en compañías suelen participar en los consejos de administración, mantienen una fluida comunicación con los directivos de las empresas y, si es necesario, emprenden la reorganización de estas.
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En consecuencia, quizás más que preocuparse en exceso, los gobiernos deberían actuar con diplomacia para no ahuyentar un posible buen inversor.
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(1) Beck, R. y M. Fidora (2008). «The impact of sovereign wealth funds on global financial markets», Occasional Paper Series, n 91, Banco Central Europeo.
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(2) OECD Development Centre (2009). «Are sovereign wealth funds' investments politically biased? A comparison with mutual funds».
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Este recuadro ha sido elaborado por Eduardo Pedreira
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Departamento de Mercados Financieros, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"
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