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Informe Mensual, núm 351 - Noviembre 2011
Unión europea - El Mediterráneo, ¿un puente o una frontera para el desarrollo económico?
Informe entero ( 2,74 MB )

 

  Históricamente, la palabra comercio iba asociada a la palabra Mediterráneo. Este era el puente a través del que, durante siglos, las principales potencias económicas mundiales se intercambiaron todo tipo de bienes. Hoy en día, la palabra comercio se asocia a China, Japón, Alemania, Brasil, Asia o Europa del Este. Raramente va asociada al mar Mediterráneo. De hecho, entre los países de la Unión Europea y los de la orilla sur del mare nostrum solo tiene lugar el 2% del comercio mundial. El Mediterráneo, a veces, parece una frontera que divide los países ricos de la Unión Europea de los países en vías de desarrollo situados en la ribera sur. ¿Es eso cierto?

  La situación socioeconómica de los países de la Unión Europea es bien conocida, pero la de sus vecinos del sur quizás no es tan familiar.(1) Un rápido repaso a los principales datos macroeconómicos nos ayuda a situar estos países respecto a las principales áreas económicas en vías de desarrollo. Como se puede apreciar en la tabla siguiente, los países mediterráneos en vías de desarrollo tienen una población de 201 millones de personas. Un tamaño nada despreciable, similar al del conjunto de países de Europa del Este. Su PIB per cápita, de 7.532 dólares por habitante, es ligeramente superior al de los países emergentes asiáticos, aunque notablemente inferior al de América Latina o Europa del Este. Uno de los aspectos sorprendentes es que su crecimiento no ha sido muy inferior al de las otras grandes áreas emergentes. De hecho, es ligeramente superior al de América Latina y Europa del Este. Sin embargo, el FMI cree que su potencial de crecimiento a medio/largo plazo es algo inferior.

  Con estos datos, uno puede pensar que la capacidad de crecimiento del comercio entre los diferentes países que rodean el Mediterráneo debería ser sustancial. En este sentido, las relaciones entre los países desarrollados de la ribera norte del Mediterráneo con sus vecinos de la ribera sur han estado guiadas por numerosos proyectos y programas. La Conferencia de Barcelona de 1995, en la que se reunieron los ministros de Asuntos Exteriores de los países de la Unión Europea y del resto de países del litoral mediterráneo, supuso un punto de inflexión. Todos expresaron la voluntad de crear un área de prosperidad común en el Mediterráneo y reconocieron que ello requería un mayor nivel de integración y cooperación. Una de las políticas clave que se acordó en la Declaración de Barcelona fue la creación progresiva de un área de libre comercio entre todos los países firmantes.

  (1) Se considera que los países en vías de desarrollo que rodean el mar Mediterráneo son: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Jordania y Siria.

  El proceso ha sido lento, pero a día de hoy ya todos los países en vías de desarrollo situados a orillas del Mediterráneo han firmado acuerdos bilaterales de comercio con la Unión Europea. Pero ante la constatación de que las reformas económicas o en la gobernanza no habían sido suficientes como para atraer la inversión privada necesaria para mejorar los estándares de vida de la región, en 2008 se creó el Secretariado de la Unión por el Mediterráneo. Esta iniciativa tiene como objetivo, además de profundizar en los acuerdos de libre comercio, identificar, coordinar e impulsar proyectos regionales y transnacionales en áreas como la energía, el medio ambiente o la educación.

  A pesar del esfuerzo institucional, la capacidad de crecimiento del comercio mediterráneo sigue sin despertar. De hecho, un informe del Center for Social and Economic Research que analiza distintos estudios sobre la capacidad de crecimiento del comercio en esta zona concluye que actualmente esta es bastante limitada.(2) El artículo de Juan M. Ruiz y Josep M. Vilarrubia va más allá y ofrece un resultado sorprendente.(3) Según los autores, mientras el nivel exportador de los países mediterráneos en vías de desarrollo hacia los países de la Unión Europea se encuentra cerca de su potencial o, en algunos casos, ligeramente sobreexplotado, el margen para que estos aumenten las exportaciones hacia Estados Unidos es amplio.

  Para poder entender mejor cuáles son los factores que siguen erosionando el potencial de comercio entre los países del Mediterráneo se desarrolló una amplia encuesta a las empresas que comercian entre estos países. En esta se pudo constatar que, a pesar de los esfuerzos en avanzar en los acuerdos de libre comercio, la mayoría de las empresas de la Unión Europea no los conocían y, además, consideraban que no se benefician de ellos. En cambio, los empresarios de los países en vías de desarrollo sí que son conocedores de estos acuerdos. En cualquier caso, una mayoría considera que la Unión Europea puede ayudar más en promover la integración económica de la región mediterránea. Para ello, apuntan, es necesario que se complete el proceso de liberalización comercial, que se eliminen otras barreras no tarifarias al comercio y que mejore la seguridad jurídica y la facilidad para hacer negocios en la zona.

  En las conclusiones de la Semana Mediterránea de Líderes Económicos del pasado año, uno de los principales eventos para la reflexión e integración entre los distintos países mediterráneos, también se señala cuáles son los principales ejes en los que la política económica de la zona debe avanzar. Destacan el fomento de la cooperación público-privada en los proyectos impulsados por el Secretariado de la Unión por el Mediterráneo, la creación de un banco de desarrollo del Mediterráneo y la de una agencia del transporte mediterráneo. En este sentido, en la cumbre de este año, que se celebrará este mes de noviembre en Barcelona, seguro que se valorará positivamente la apuesta de Bruselas por el corredor ferroviario del Mediterráneo.

  La lista de aspectos en los que es imprescindible mejorar es larga y difícilmente se podrá llevar a cabo en un plazo de tiempo corto. Sin embargo, ahora más que nunca, la implicación de los países de la Unión Europea debe ser máxima. Los cambios de régimen que se han producido en los últimos meses en muchos de los países de la orilla del Mediterráneo abren la puerta a cambios económicos y sociales que hasta hace poco eran impensables. La Unión Europea no puede dejar escapar este tren.

  (2) Economic Integration in the Euro-Mediterranean Region, Center for Social and Economic Research.

  (3) The wise use of gravity models: export potentials in the euromed region. Juan M. Ruiz y Josep M. Vilarrubia. Documento de trabajo 720 del Banco de España.

  Este recuadro ha sido elaborado por Oriol Aspachs Bracons

  Departamento de Economía Europea, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"





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