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Informe Mensual, núm 351 - Noviembre 2011
Coyuntura española
Informe entero ( 2,74 MB )
     

Actividad económica

La incertidumbre afecta a la confianza

Tanto el consumo como la inversión avanzan de forma lenta pero segura. Desde que la economía española inició su recuperación, el avance del PIB en términos intertrimestrales se ha mantenido de forma bastante regular alrededor del 0,2%. Una tasa claramente inferior al 0,9% de promedio que anotó entre 1995 y 2007, pero razonable dados los importantes desequilibrios que todavía deben corregirse.
En parte, la recuperación económica se ve frenada por el consumo privado, cuya mejoría avanza a paso seguro pero lento. Su tasa de crecimiento promedio en el último año y medio ha sido del 0,9% anual, aunque sigue lastrado por la elevada tasa de paro y el proceso de desapalancamiento que necesariamente debe incurrir la economía española. Además, si bien es cierto que la estabilización del precio de los carburantes y la desaparición del efecto del aumento del IVA deberían ayudar al consumo, la tasa de ahorro ya se encuentra cerca de sus niveles previos a la crisis, por lo que el empuje que le puede dar con nuevas bajadas es ahora más limitado.
Los indicadores de demanda y oferta revierten su tendencia positiva. La inversión también es difícil que ofrezca grandes alegrías. Aunque la formación bruta de capital fijo en bienes de equipo sigue avanzando, ha crecido el 0,7% en promedio durante el último año y medio, la inversión en construcción está sumergida en un proceso de ajuste más intenso y duradero que probablemente no terminará hasta el año próximo.
El gradual proceso de recuperación de estos componentes, además, tiene que compensar el ajuste fiscal que durante los próximos trimestres tiene que llevar a cabo el sector público. Ante esta tesitura cabría esperar que el crecimiento del PIB de la economía española se mantuviera en tasas relativamente débiles en los próximos trimestres pero con una tendencia ascendente. Sin embargo, la gran mayoría de indicadores de demanda y oferta han cambiado su tendencia positiva durante los últimos meses.
Por el lado de la demanda destaca el severo correctivo que está experimentando la confianza del consumidor. Después del descenso que sufrió en el mes de agosto, en el mes de septiembre esta se ha mantenido estable en niveles relativamente bajos. Los malos datos sobre la evolución del mercado laboral tampoco ayudaron a que se recuperase la confianza. Concretamente, tras un inicio del año algo prometedor en el que se apreciaba una cierta estabilización en la destrucción de puestos de trabajo y en el aumento del paro, en el mes de septiembre el número de parados aumentó en 95.817 personas, el mayor aumento en este periodo desde que el Ministerio de Trabajo recopila la serie histórica. Tampoco ayuda la evolución de la inflación, que si bien es cierto que mantiene una tendencia bajista, hace ya un año que se mantiene por encima del 2%.
La crisis de la deuda amenaza con socavar la economía real. Por el lado de la oferta los datos tampoco son nada halagüeños. El consumo de energía eléctrica, por ejemplo, descendió hasta el -1,3% en términos interanuales en el mes de septiembre y mantiene así una tendencia claramente bajista. El índice de confianza de la industria, que se había mantenido relativamente estable durante el primer semestre del año, ha descendido hasta niveles de febrero de 2010 en tan solo un trimestre. El índice de sentimiento económico ha exhibido una tendencia bajista en los últimos meses y el índice de los gestores de compras PMI también continúa descendiendo y se sitúa claramente por debajo de los 50 puntos, umbral a partir del que es probable una contracción económica.
En este contexto, no es de extrañar que el índice sintético de actividad que elabora el Ministerio de Economía haya experimentado un significativo retroceso en el último trimestre alertando de un aumento de los riesgos de recesión a corto plazo.
¿Qué se encuentra detrás de este vuelco de los indicadores adelantados? Como se ha comentado, no hay nuevos elementos de fondo que hagan pensar que el consumo o la inversión deberían frenar su recuperación. Más bien lo contrario. Su tendencia, aunque de forma pausada, debería ser positiva.
Las nuevas medidas determinarán la confianza de los agentes y el rumbo de la economía. Una de las posibles razones la podríamos encontrar en el deterioro de las exportaciones, uno de los factores que hasta la fecha ha sido clave para recuperar el crecimiento económico. De momento, es difícil determinar la influencia de este factor, ya que solo se tienen datos hasta agosto, y de momento no se aprecia ningún cambio de tendencia. De hecho, en este mes el crecimiento de las exportaciones subió hasta el 17,4%, con una importante contribución de las exportaciones a los países de la Unión Europea.
Otra posible explicación, esta más plausible, es la demora en la resolución de la crisis de deuda soberana en la eurozona. De hecho, el deterioro de los índices PMI de los últimos meses es un hecho puramente europeo. Es cierto que estos índices también experimentaron un importante descenso en Estados Unidos o China durante la primera mitad del año, pero allí ya han empezado a remontar, mientras que en los países de la Unión Europea han acelerado su descenso. El repunte de la incertidumbre, que durante el verano se tradujo en un aumento de la volatilidad en los mercados bursátiles, podría estar a punto de afectar a la economía real. El riesgo de que tanto consumidores como empresarios reduzcan el consumo y la inversión respectivamente por motivos de precaución está aumentando y ello podría frenar el proceso de recuperación económica.
Por lo tanto, es muy importante que se definan medidas creíbles y efectivas para hacer frente a la crisis de deuda soberana. Los principales líderes europeos parece que son conscientes de ello, y en la cumbre celebrada durante la última semana de octubre abordarán finalmente los puntos clave para reconducirla. La definición del nuevo plan de rescate a Grecia y la concreción de la quita de la deuda pública helena a los inversores privados, el aumento de la capacidad crediticia del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y la recapitalización del sector bancario están en el orden del día. Si finalmente consiguen un amplio consenso sobre estos temas, el impulso sobre la confianza de los agentes puede ser muy importante durante los próximos meses. Es difícil que las medidas a tomar se definan hasta el último detalle, porque estas son sumamente complejas, pero es muy importante tanto para la economía española como para el conjunto de la eurozona que se empiece a andar por el camino correcto.

Mercado de trabajo

La falta de crecimiento comienza a tener consecuencias

Un aumento de casi 96 mil personas en septiembre lleva el paro registrado hasta los 4,2 millones. La sequía de empleo continúa al inicio del otoño. Los últimos datos facilitados por el Servicio Público de Empleo (antiguo INEM) muestran hasta qué punto la desaceleración económica ya está afectando a un mercado laboral que nunca acabó de recuperarse del todo. En el segundo trimestre la economía apenas creció un 0,2% respecto a los tres primeros meses del año, mientras que las previsiones de la variación interanual del producto interior bruto para 2011 y 2012 se sitúan en el 0,8% y el 1,1% respectivamente. Estos últimos crecimientos parecen optimistas a la luz de la cantidad de personas desempleadas y el número de afiliados publicados en el mes de septiembre.
El paro aumentó en 95.817 personas respecto a agosto, su mayor incremento en este periodo desde que el Ministerio de Trabajo recopila esta serie. Además, los datos no mejoran mucho al tener en cuenta el componente estacional, ya que, desde esta óptica, el incremento se sitúa en 77.010 personas. En total, 4.226.744 personas se encuentran desempleadas en España.
¿Por qué se ha producido este súbito incremento? El sector servicios experimentó una destrucción de empleo muy severa que contabilizó 74.590 personas empleadas menos. Tras una temporada de verano excepcionalmente buena en el sector turístico, el final del estío ha provocado que, de todos los puestos de trabajo destruidos, el 78% se haya producido en este sector. Este dato revela la marcada estacionalidad de nuestro mercado de trabajo.
Solo el 7,5% de los nuevos contratos es de carácter indefinido. El otro gran responsable del incremento del paro es el aumento del número de personas sin empleo anterior. Este colectivo se incrementó un 5,23% respecto al mes anterior y junto al sector servicios supone el 98% del alza del desempleo.
Por otro lado, la pérdida de puestos de trabajo se tradujo también en un descenso de 64.956 personas en el número de afiliados a la Seguridad Social en septiembre. Esta cifra se reduce a casi la mitad si se computa de forma desestacionalizada. De esta manera, el acumulado del último año contabiliza ya la pérdida de 235.918 cotizantes. Análogamente a los datos de desempleo, el sector servicios, con hostelería y comercio a la cabeza, lidera la caída en afiliaciones. De hecho, los autónomos son los más castigados por el ajuste de septiembre, ya que se adjudican casi la mitad de la totalidad de la caída.
La esperanza viene de la mano del número de contratos registrados en el mes de septiembre, que se incrementaron en 3.445 respecto al mismo mes de 2010. Sin embargo, solo el 7,51% de los nuevos contratos fue de carácter indefinido, lo que pone de manifiesto una vez más la dualidad y el importante peso de la temporalidad en nuestro mercado de trabajo.
Si miramos a Europa, España duda si palidecer u ocultar un rostro enrojecido por la vergüenza. España aporta el 31% de los 15,7 millones de desempleados de la eurozona, es decir, uno de de cada tres desempleados europeos es español y eso que España representa solamente el 14% de la población de la Europa de los 17. Somos de lejos el farolillo rojo de Europa con una tasa de paro del 21,2%, seguidos de lejos por Grecia (16,7%) e Irlanda (14,6%). La eurozona, por su parte, puntúa un 10% de desempleo y mantiene así una tendencia casi plana desde el tercer trimestre de 2009. Si nos evaluamos respecto a las 20 economías más potentes del mundo, la comparación es incluso más perniciosa, ya que junto a Sudáfrica somos la única economía del G-20 cuya tasa de desempleo supera los dos dígitos.
España registra cifras récord de desempleo a nivel internacional. España ha demostrado durante esta crisis una capacidad espectacular para destruir empleo, gracias a nuestro mercado dual y el fin de la expansión inmobiliaria, ya que fue capaz de pasar del 8% de paro al 18% en tan solo dos años. A día de hoy, los jóvenes registran una tasa de desempleo del 45%, más del doble que nuestros pares europeos. Los jóvenes son los más afectados por la crisis, ya que tanto en España como en la eurozona sus tasas de paro duplican las del conjunto de la economía.
Dadas las perspectivas actuales de nuestra economía y la ralentización económica de la eurozona, estas cifras no van a mejorar en el corto plazo. La encuesta de población activa (EPA), que se publica a finales de octubre, arrojará datos muy esclarecedores acerca de nuestro mercado laboral que permitirán confirmar esta perspectiva negativa, si bien no se espera que, de momento, superemos los 5 millones de parados.
La EPA aclarará hasta qué punto se ha deteriorado el mercado laboral. Los datos positivos pueden venir de la mano de la publicación de los costes laborales del tercer trimestre. El ritmo de crecimiento del coste laboral total ha sido moderado hasta la fecha y, lo que es más importante, por debajo del de la eurozona. De seguir así y gracias a la contención de los salarios, la economía española está en vías de recuperar su competitividad.
El empleo necesita crecimiento económico, como las plantas el agua, para poder florecer. La realidad parece confirmar la teoría que prevé que es muy difícil la creación de empleo de forma sostenida con las tasas de crecimiento actuales. Cuanto más se aleje la economía de la lluvia del crecimiento, más fácil será que asistamos a la publicación de cifras de empleo desoladoras. Si no llueve, el árbol no da sus frutos y la sociedad padece por la escasez de vituallas. El maná europeo parece que está en retroceso, así que mientras tanto la economía española trata de generar su propia llovizna a través de ganancias de competitividad.

Precios

La inflación repunta de forma temporal

El IPC sube una décima y se sitúa en el 3,1% en septiembre. La tasa de variación interanual del índice de precios al consumo (IPC) general aumentó una décima en el mes de septiembre y se situó en el 3,1%. Tras cuatro meses consecutivos de caída, iniciada en el mes de abril desde una cota del 3,8%, este dato supone una ruptura temporal de la tendencia bajista de la inflación.
El origen de este repunte se encuentra en el comportamiento un tanto anómalo de ciertos componentes. El grupo de bebidas alcohólicas y tabaco aumentó un 9,2%, casi cuatro décimas más que en el mes anterior. Este incremento se explica por la variación de los precios del tabaco, que experimentó un alza del 12%. Esta subida parece certificar el fin de la guerra del tabaco iniciada al final de la primavera. La naturaleza oligopolística de la industria tabacalera ayuda a explicar la alta volatilidad de sus componentes y los repuntes inesperados de sus precios.
El tabaco y los carburantes son los responsables del repunte de la inflación. El otro componente responsable del incremento de la inflación es el grupo de los carburantes y lubricantes, que registró un incremento del 16,4% interanual. A diferencia del resto de componentes en el contexto de ralentización de la economía, la energía se niega a tomar un camino descendente y ha mantenido en los últimos cinco meses una tasa prácticamente plana de inflación que oscila levemente alrededor del 15,6% de variación interanual.
Los indicadores económicos siguen señalando una desaceleración. Aunque los alimentos no elaborados y los productos energéticos no computen en el cálculo de la inflación subyacente, el papel desempeñado por el tabaco sí explica por qué su tasa anual se elevó al 1,7%. Sin embargo, y al igual que en el caso de la inflación general, este repunte es interpretado como coyuntural, ya que el resto de indicadores siguen señalando la debilidad del crecimiento económico.
El rostro más amargo que muestra esta desaceleración lo protagoniza un mercado laboral que nunca acabó de recuperarse. El paro registrado en septiembre aumentó en 95.817 personas respecto al mes anterior, y el resto de indicadores no invitan precisamente al optimismo. Tanto la confianza del consumidor como el indicador del sentimiento económico empeoraron respecto al mes anterior, mientras que las ventas minoristas y la producción industrial disminuyeron un 4,8% y un 1,5% respecto agosto del año precedente.
Este es el motivo por el que consideramos el repunte de la inflación como un hecho de carácter temporal. La debilidad del crecimiento económico permanece como el principal factor determinante de la inflación que conduce a esta última hacia tasas cercanas al 2,4% para finales de año, y tasas por debajo del 2% para 2012, de acuerdo a nuestras previsiones.
Es preciso tener en cuenta que el comportamiento de los productos energéticos podría depararnos alguna sorpresa en forma de pequeñas desviaciones al alza. A pesar de la congelación de la electricidad por parte de Industria, en algún momento en los próximos meses asistiremos a un ajuste del precio más acorde a los costes de producción. Por otra parte, los precios de algunas materias primas, como por ejemplo el gas, pueden experimentar algún pequeño repunte.
Precisamente la energía, con un incremento interanual del 12,4%, ha sido en parte culpable de que la inflación de la eurozona se disparase hasta el 3,0% en el mes de septiembre. El otro gran factor responsable es el cambio metodológico, introducido por Eurostat, para la estimación de los precios estacionales.
La inflación de la eurozona aumentó 5 décimas respecto al mes anterior. Aunque la inflación en la eurozona haya sufrido en septiembre un alza de 5 décimas respecto al mes anterior, las previsiones de inflación se mantienen por debajo del 2% para 2012. Dado que el objetivo a medio plazo del Banco Central Europeo (BCE) es precisamente mantener la inflación por debajo de ese 2% en el medio plazo, las presiones para una bajada de tipos de interés continúan.
Sin embargo, este escenario puede tardar en llegar debido a que el nuevo presidente del BCE, Mario Draghi, querrá asegurarse de que el repunte de la inflación es efectivamente temporal y certificar la desaceleración de la eurozona. Otro tipo de medidas de liquidez sí que podrían tener lugar a más corto plazo.
España cierra en septiembre el diferencial de inflación con la eurozona. La comparativa entre el índice de precios al consumo armonizado (IPCA) de la eurozona y España nos permite calibrar la competitividad de la economía española, dado que la primera es nuestro principal socio comercial. La variación interanual tanto de España como de la eurozona se situó en el 3,0%. Desde el pasado agosto de 2010 ambas tasas no coincidían, y este último dato parece confirmar la senda de recuperación de competitividad en la que se ha embarcado España. Aun así, debemos ser muy prudentes hasta comprobar el peso jugado por el cambio metodológico de Eurostat en el cierre del diferencial de inflación con la eurozona.
En resumen, el repunte experimentado por la inflación en el mes de septiembre no es más que un alto en el camino en la senda descendente que han enfilado los precios tanto en España como en la eurozona. La renuencia de los productos energéticos a encarar este descenso puede suponer una ralentización de una marcha que se antoja inevitable dado el contexto de fuerte desaceleración de la economía europea, incluida España.

Sector exterior

El déficit comercial, a expensas del petróleo y de la economía europea

El déficit comercial aumenta un 10,4% interanual en agosto. El déficit comercial de agosto aumentó un 10,4% interanual, poniendo fin a cuatro meses consecutivos de corrección. Este mayor desequilibrio fue fruto del repunte de las importaciones, en un 17,5% interanual, tras su moderada caída de julio. A pesar de dicho deterioro eventual, todo apunta a que el sector exterior se mantendrá como el principal motor de la economía durante el segundo semestre del año. La debilidad de la demanda interna, que reducirá el ritmo de crecimiento de las importaciones, jugará a su favor. Sin embargo, existen dos factores que determinarán la evolución futura del saldo comercial: el ritmo de crecimiento de la economía europea y la evolución de los precios del petróleo.
En efecto, cerca de dos tercios de los bienes españoles exportados durante 2011 tuvieron como destino algún país de la Unión Europea. El buen comportamiento de las exportaciones hacia estos países, con un crecimiento del 19,3% interanual en agosto, permitió que el saldo comercial con el conjunto de la Unión Europea fuera favorable para España. Esta situación no se producía desde el año 1986. Destacan los casos de Francia y Portugal, donde los superávits, acumulados durante los últimos doce meses, alcanzaron los 9.336 y los 7.837 millones de euros respectivamente.
La desaceleración de la economía europea significa un riesgo para las exportaciones. Ante estos datos, no cabe duda de que el menor pulso económico esperado en Europa para los próximos trimestres supondrá un freno en la demanda externa de bienes españoles. Sin embargo, el impulso de las exportaciones hacia países con una menor tradición comercial con España podría absorber parte de dicha reducción. Un claro ejemplo es el de China. Como se observa en el gráfico anterior, el volumen de exportaciones destinadas hacia el gigante asiático ha ido ganando importancia durante los últimos años.
Las importaciones energéticas crecen un 27,7% interanual en agosto, impulsadas por el elevado precio del crudo. Por otro lado, la evolución del precio del petróleo también jugará un papel importante en el desequilibrio comercial futuro. De hecho, el déficit comercial energético acumulado entre septiembre de 2010 y agosto de 2011 alcanzó los 39.921 millones de euros. Ello representó más del 80% del déficit comercial total en este periodo. La intensa escalada del precio del crudo desde septiembre de 2010, superando holgadamente los 100 dolares por barril, explica este desequibrio. El desglose de las importaciones energéticas en este periodo lo corrobora. Así, a pesar de que estas crecieron un 27,7% interanual en agosto, su incremento en términos reales fue tan solo del 2,7% en el mismo periodo.
El estancamiento futuro del precio del crudo, sin descartar ligeras caídas, podría reducir la presión sobre el déficit comercial durante los próximos trimestres.

El déficit corriente cae a pesar del mayor coste de los intereses

El déficit corriente acelera su ritmo de contracción en julio. En este contexto, el déficit corriente acumulado durante los últimos doce meses aceleró su ritmo de contracción en julio, con una caída del 16,3% interanual. Esta corrección fue, en gran medida, fruto del buen comportamiento de la balanza de bienes, avivado por la reducción de las importaciones. Sin embargo, los datos de comercio exterior pronostican un menor ajuste en agosto. Además de este componente de la balanza corriente destacan, por su evolución antagónica, las partidas de servicios y de rentas.
Aumenta el déficit de rentas debido a los mayores costes de financiación de la deuda española. En el caso de la primera, el superávit de la balanza de servicios acumulado durante los últimos doce meses alcanzó los 31.456 millones de euros, un 20,9% más que el registrado en el mismo periodo del año anterior. El despegue del turismo fue el principal motivo. Ello se observa con la evolución de los ingresos turísticos, que se situaron, en julio, cerca del máximo histórico de 2008. El buen tono de la economía europea y los conflictos armados en el Norte de África incrementaron la entrada de visitantes extranjeros.
Sin embargo, existen riesgos de una desaceleración en el ritmo de crecimiento del turismo a partir de 2012. Al mismo tiempo, esperamos que el déficit de la balanza de rentas siga aumentando. Este alcanzó, entre agosto de 2010 y julio de 2011, los 26.787 millones de euros, con un aumento del 14,8% interanual. El incremento de los pagos, debido al mayor coste de financiación de la deuda pública y privada española, es uno de los principales motivos. Se espera que las tensiones en los mercados de financiación mantengan esta tendencia durante los próximos trimestres, moderando la corrección del déficit corriente a medio plazo.

Sector público

El objetivo de déficit parece difícil de alcanzar

El aumento de la quita en la deuda pública griega, hasta el 50%, repercute sobre los mercados de deuda soberana europeos. Los mercados europeos de deuda pública siguen centrando la atención internacional y la principal incógnita sigue siendo la situación de la economía helena y la capacidad para estabilizar su deuda pública. En este sentido, las discusiones sobre la necesidad de aumentar la quita en la deuda griega por encima del 21% previsto inicialmente mantienen en vilo al sector financiero europeo. Sin embargo, parece que los principales líderes europeos finalmente han decidido tomar medidas de calado. Se espera que en la cumbre de finales de octubre definan las condiciones del proceso de recapitalización de la banca europea y el mecanismo que permita al FEEF aumentar su capacidad crediticia para evitar el contagio.
Estas medidas pretenden restituir la confianza de los inversores en los mercados de deuda pública. Un hecho que, por ejemplo, ya ha ocurrido en Irlanda. La intensa corrección de los desequilibrios fiscales y el buen pulso de la economía irlandesa han permitido disminuir las presiones sobre su deuda pública durante los últimos tres meses. En clave española, por el contrario, las agencias de rating volvieron a rebajar la calificación crediticia de la deuda pública en octubre debido al incremento de las dudas respecto a la solidez de la recuperación económica. Ello aumentó la presión sobre la prima de riesgo de la deuda española, que se situó por encima de los 350 puntos básicos durante la segunda mitad de octubre.
La necesidad de financiación del sector público se mantiene en el 9,2% del PIB en junio. Además, existen riesgos de que el déficit público se desvíe de los objetivos marcados por el Gobierno para 2011. Los datos de las cuentas trimestrales no financieras de la Administración pública muestran el estancamiento de la necesidad de financiación en el segundo trimestre de 2011. Como se observa en el gráfico anterior, la necesidad de financiación pública, acumulada durante el último año, representó el 9,2% del producto interior bruto (PIB) en junio. Ello significa una corrección de apenas una décima respecto al nivel de finales de 2010. De hecho, si comparamos los datos del primer semestre de este año respecto al anterior, observamos que la necesidad de financiación aumentó ligeramente, hasta los 41.348 millones de euros.
La menor inversión pública y el recorte salarial reducen los gastos públicos en 5.313 millones de euros durante el primer semestre. Dicho estancamiento responde, en parte, a la inercia que presentan algunas partidas de gasto público. Un claro ejemplo son las prestaciones sociales, que incluyen prestaciones por desempleo y pensiones de jubilación, y las transferencias sociales en especie, principalmente educación y sanidad. En ambas partidas se observa que, pese a romper con la senda de crecimiento de periodos anteriores, el gasto apenas se redujo durante el primer semestre del año. Ello contrasta con la reducción de los gastos en materia de formación bruta de capital (inversión) y de remuneración de asalariados, fruto de las medidas de ajuste fiscal. Esta mejora, de 5.313 millones de euros respecto al primer semestre de 2010, fue, sin embargo, neutralizada por el mayor pago de los intereses de la deuda pública y la menor recaudación de impuestos sobre la producción.
Parece complicado que el déficit público alcance el objetivo del 6,0% del PIB marcado en el programa de estabilidad para 2011. Los datos disponibles hasta el momento sitúan los desequilibrios fiscales de las comunidades autónomas como uno de los principales motivos de esta desviación. Además, la evolución de las cuentas del Estado durante el tercer trimestre tampoco invita al optimismo. Así, el déficit de caja acumulado entre enero y agosto se redujo un 9,1% interanual, hasta los 33.682 millones de euros. De mantenerse este ritmo de contracción hasta finales de año, el desequilibrio superaría el objetivo fijado por el Gobierno en tres décimas del PIB. El débil crecimiento de los impuestos y el aumento de los gastos financieros serían los principales motivos.
Revisamos al alza nuestra previsión de déficit para 2011 hasta el 7,5% el PIB. Como consecuencia, nuestras previsiones del déficit público se han revisado al alza, hasta el 7,5% del PIB para 2011, 1,5 puntos porcentuales por encima del objetivo de consolidación fiscal. Fruto de ello, y del aplazamiento de los procesos de privatización de las loterías del Estado y de los aeropuertos de Barcelona y Madrid, esperamos que la deuda pública española alcance el 69,7% del PIB en el mismo periodo. Por lo tanto, a pesar de la posible desviación del déficit público español para este año, el nivel de deuda se mantendrá a niveles relativamente reducidos en comparación con los principales países europeos.

Ahorro y financiación

El sector privado sigue reduciendo su endeudamiento

Se eleva hasta el 9% la nueva ratio de capital exigida a los principales bancos europeos. La banca europea deberá recapitalizarse. Finalmente, las tensiones en los mercados de deuda soberana, en especial de los países periféricos, han obligado a tomar medidas para reforzar la solvencia de los principales tenedores de deuda pública, los bancos. Con ello se pretende restablecer la confianza en los mercados de financiación mayoristas respecto a la salud de las entidades financieras y, por lo tanto, facilitar la canalización del crédito hacia los distintos sectores de la economía. Sin embargo, la necesidad de un mayor capital inmovilizado por parte de las entidades podría, a corto plazo, dificultar la concesión de crédito. En el caso español, esta situación tendría lugar en un contexto de ralentización del crecimiento económico y desapalancamiento del sector privado. Todos estos factores apuntan hacia nuevas caídas del crédito en lo que queda de 2011 y 2012.
Sin duda, no deja de sorprender que la decisión de recapitalizar las principales entidades bancarias europeas surja solo tres meses después de superar las pruebas de resistencia. El motivo es que en los escenarios simulados por la Autoridad Bancaria Europea no se contemplaba la posibilidad de una quita en los bonos de deuda pública en posesión de los bancos. Con los acontecimientos de los últimos meses, este escenario parece más probable. Es por ello por lo que los nuevos requerimientos de capital se elevan cuatro puntos porcentuales, hasta el 9,0% de los activos ponderados por riesgo. Además, se aplican descuentos en el valor de los títulos de deuda soberana de los países periféricos. Las reducciones oscilan entre el 50% aplicado a los bonos griegos y el 2% a los españoles. Estas medidas afectarán solamente a aquellas entidades con un tamaño suficientemente grande como para que su quiebra pudiera poner en jaque el conjunto del sistema financiero europeo, también denominadas entidades sistémicas.
Las principales entidades españolas requerirán capital adicional por importe de más de 26.000 millones de euros. Por lo que se refiere al caso español, son cinco las entidades que deberán ceñirse a estas nuevas ratios de capital. No obstante, el sector financiero presenta una escasa exposición a la deuda pública griega. Ello y el leve descuento realizado a los bonos españoles sitúan las necesidades de capital adicional del sector en 26.161 millones de euros.
Todo ello tendrá lugar en un contexto en el que el sector privado continuará manteniendo su ritmo de desendeudamiento. Como muestra el gráfico anterior, el sector privado no financiero español fue prestamista neto entre julio de 2010 y junio de 2011, con una capacidad de financiación equivalente al 4,9% del producto interior bruto (PIB) español. Esta cifra se sitúa cuatro décimas por encima de la registrada a finales de 2010 debido a la mejora de las cuentas de las sociedades no financieras. Como consecuencia, la deuda privada se redujo ligeramente en el segundo trimestre, manteniendo la tendencia iniciada un año atrás. Esto, sin embargo, no fue suficiente para sufragar el total del capital requerido por las administraciones públicas. Durante la primera mitad del año, estas no redujeron prácticamente su necesidad de financiación, manteniéndose en el 9,2% del PIB, por lo que su endeudamiento continuó creciendo.
El crédito a otros sectores residentes se reduce un 3% entre diciembre y agosto. Los datos disponibles del tercer trimestre muestran el mantenimiento de esta tendencia, con una clara disminución de la financiación al sector privado, especialmente en lo que se refiere a los préstamos bancarios. Así, la deuda en manos del sector privado se redujo en 54.528 millones de euros durante los ocho primeros meses del año, lo que significa una caída del 2,5% interanual. Esta contracción afectó de forma igual a hogares y empresas no financieras. Si nos centramos solamente en el crédito bancario a los otros sectores residentes, observamos cómo en este mismo periodo la caída del saldo vivo crediticio fue del 3,0% en el mismo periodo.
Todo apunta hacia nuevas reducciones del crédito durante los próximos trimestres. Por un lado, el cierre de los mercados mayoristas no permitirá reducir los tipos de interés de las nuevas operaciones crediticias. De hecho, durante los ocho primeros meses del año, el coste de la financiación aumentó en un punto porcentual para los hogares. Las empresas también registraron un importante aumento, de siete décimas en el mismo periodo. Por otro lado, la ralentización de la recuperación económica prevista durante los próximos trimestres seguirá debilitando la demanda de crédito.
Ambos factores, la caída del saldo crediticio y el menor pulso de la economía española, presionarán la tasa de morosidad al alza. En agosto esta repuntó hasta el 7,15%, 22 puntos básicos por encima del nivel registrado el mes anterior. El deterioro de la cartera inmobiliaria se vislumbra como uno de los principales motivos. El reducido dinamismo de la actividad inmobiliaria y el ajuste del precio de la vivienda centran en este sector gran parte de los riesgos que deberá afrontar el sistema financiero español de cara al futuro.
Unos riesgos que, en caso de acabar convirtiéndose en pérdidas, podrían, en parte, ser asumidas por el Fondo de Garantía de Depósitos de las entidades financieras, tras la aprobación del decreto ley del 14 de octubre. Con esta normativa, que ha unificado los fondos de garantía de bancos, cajas y cooperativas, se pretende que el propio sector bancario cubra los costes netos que puedan acontecer en su proceso de reestructuración.

El ahorro de las familias sigue reduciéndose

El Fondo de Garantía de Depósitos asumirá las pérdidas resultantes de la reestructuración. La tasa de ahorro de los hogares mantuvo, en el primer trimestre de 2011, el perfil descendiente que inició un año atrás, hasta situarse en el 12,8% de la renta disponible en términos acumulados de cuatro trimestres. Esta cifra se aleja del máximo alcanzado en 2009, cuando el ahorro de precaución de las familias lo situó por encima del 18%. Esperamos que la tasa de ahorro siga reduciéndose hasta situarse en el 11,4% a finales de 2011.
Nueva reducción de la tasa de ahorro de los hogares hasta el 12,8%. Los datos referentes a los pasivos de las entidades se alinean con esta previsión. Así, los pasivos bancarios en manos de familias y empresas registraron una contracción interanual del 0,3%. Como se observa en la tabla anterior, esta caída responde a la evolución de los depósitos a corto plazo, particularmente de las cuentas de ahorro. Los depósitos a plazo, por su lado, se mantuvieron prácticamente estancados durante el mismo periodo. Parte de la contracción de los depósitos se debe a la caída de los tipos de interés de las nuevas operaciones de depósitos que, en el caso de los hogares, se redujeron en 8 puntos básicos. Esta menor remuneración mantiene la tendencia iniciada un mes atrás, tras la entrada en vigor del decreto que limita los tipos de interés ofertados por los depósitos bancarios.
El cierre de los mercados mayoristas de financiación desde finales de agosto habría reactivado la competencia entre las entidades financieras para captar depósitos de minoristas. Como consecuencia, es posible que los datos de septiembre muestren cierto repunte tanto en los tipos de interés como en el volumen de depósitos. Sin embargo, existen dos factores que pueden frenar rápidamente este aumento. En primer lugar, la inyección de liquidez por parte del Banco Central Europeo al sector bancario en octubre, retomando las subastas a doce meses. Ello reducirá las necesidades de financiación a corto plazo de las entidades financieras. En segundo lugar, la utilización de nuevos instrumentos distintos a los depósitos para captar fondos minoristas. Estos, como es el caso de los pagarés, evitan tener que cumplir las condiciones del decreto mencionado anteriormente.




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