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Informe Mensual, núm 354 - Febrero 2012
Mercados financieros
Informe entero ( 3,45 MB )
     

Mercados monetarios y de capital

Año nuevo, mismos problemas

El escenario financiero mundial afronta el nuevo ejercicio pendiente de riesgos ya conocidos. El año comienza con la atención de los inversores puesta en los mismos temas que marcaron el compás de los mercados financieros durante el pasado ejercicio. La lista está encabezada por los ya conocidos desequilibrios fiscales de las principales economías occidentales, con especial mención a la eurozona, donde esos problemas se enmarcan en una crisis institucional de gran calado. En segundo lugar, destaca la amenaza de desaceleración del crecimiento económico de los países emergentes. En tercer lugar, el todavía débil pulso de la economía de Estados Unidos y los interrogantes que levanta su política económica en un año electoral. Afortunadamente, desde las últimas semanas de diciembre se han comenzado a percibir atisbos de un posible cambio en el escenario europeo, que podrían dar paso a una etapa de mayor estabilidad en los mercados financieros globales. De confirmarse el éxito de las medidas adoptadas por el BCE y los acuerdos sobre el pacto fiscal para la eurozona, la confianza de los inversores se recuperaría, dando nuevas opciones de revalorización a medio plazo a los activos con un perfil de mayor riesgo. Pero entre tanto, y a la espera de conocer los resultados de las distintas actuaciones de los bancos centrales mundiales y los líderes gubernamentales, el sentimiento imperante en los mercados financieros sigue registrando un elevado grado de incertidumbre y confusión.

Los bancos centrales se esfuerzan por impulsar el crecimiento económico

Las autoridades monetarias tratan de salvaguardar el crecimiento de sus economías. La ralentización del ritmo de crecimiento de la economía mundial es un hecho que se ha venido constatando desde la segunda mitad del año pasado. La delicada coyuntura financiera por la que atraviesan las principales economías desarrolladas se combina con la progresiva ralentización de la actividad productiva de los países emergentes, así como con la menor afluencia de flujos inversores extranjeros a estas economías. Todo ello ha supuesto un freno a las expectativas de crecimiento internacional. El examen de los últimos datos muestra un escenario económico en el que, mientras la eurozona parece estar adentrándose en una etapa de recesión, en Estados Unidos el crecimiento se estabiliza en ritmos moderados, a la vez que se aprecia una suave desaceleración del crecimiento de las grandes economías emergentes. En este contexto, las autoridades monetarias están jugando un papel decisivo. La mayoría de los bancos centrales han adoptado estrategias que anteponen el crecimiento económico a la estabilidad de precios, buscando restaurar la confianza de los mercados financieros con sus actuaciones.
Las medidas monetarias de la Fed están teniendo el resultado perseguido sobre los tipos de interés a largo plazo. En el caso de Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) nuevamente ha decidido extender el perfil expansivo de su estrategia monetaria, a fin de apuntalar una recuperación que sigue siendo lenta. Tal como se puede observar desde el tercer trimestre del año pasado, los principales indicadores económicos están recogiendo una paulatina mejoría. En concreto, el consumo de las familias y la inversión empresarial están experimentando una progresión favorable, que proporciona cierta esperanza de sostenibilidad al proceso de recuperación económica. No obstante, como el propio presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, recalca una y otra vez, la situación económica todavía presenta signos de elevada vulnerabilidad, como los que se desprenden de la falta de actividad en algunos sectores productivos clave, particularmente el residencial. Asimismo, Bernanke destacó la persistencia de un elevado número de riesgos que amenazan el restablecimiento de la economía, teniendo gran parte de los mismos su origen en la crisis de deuda soberana de la eurozona. De la misma forma, el responsable monetario señaló la evolución favorable de la creación neta de empleo, que si bien muestra una tendencia alcista todavía se sitúa en niveles históricos correspondientes a situaciones económicas dominadas por la fragilidad. En base a estos datos, la Fed ha reiterado su propósito de impulsar la creación del empleo, aunque sin amenazar la estabilidad de los precios, y para ello defiende el mantenimiento de los tipos de interés en los niveles mínimos actuales (0%-0,25%) y la continuidad de las medidas monetarias de carácter excepcional. Entre estas medidas destacan la reinversión de los intereses devengados y el principal de las obligaciones y cédulas hipotecarias que han vencido, así como el programa de extensión del vencimiento de los bonos públicos en el balance de la Reserva Federal. Precisamente, esta actuación conocida como operación twist está teniendo el efecto perseguido sobre los tipos de interés a largo plazo. En concreto, la compra de bonos de largo vencimiento por parte de la entidad, mientras vende aquellos de corto plazo, está presionando a la baja los tipos de interés logrando así aminorar el coste de financiación del sector privado (en especial las hipotecas). Aunque las autoridades de la Fed no se han manifestado firmemente sobre la posibilidad de implantar un nuevo paquete de medidas cuantitativas (que sería la tercera ronda de quantitative easing), la entidad se esfuerza en hacer hincapié en su total flexibilidad para adoptar decisiones que faciliten el crecimiento sostenido de la economía.
El BCE afirma que se observan algunos signos de estabilización económica en la eurozona. Por su parte, en la eurozona el Banco Central Europeo (BCE) mantuvo el tipo de interés rector en el 1% en su reunión de enero. Según el presidente de la entidad, Mario Draghi, esta decisión fue tomada en base a los datos obtenidos de algunos sondeos que han comenzado a mostrar ciertos signos de estabilización de la actividad en la región. No obstante, esta evidencia es tenue y se enmarca en un contexto de elevada incertidumbre, donde los riesgos a la baja para la economía siguen siendo muy elevados. Estos riesgos responden a una doble naturaleza. De una parte están los riesgos financieros derivados del agravamiento de las tensiones en los mercados de crédito de la eurozona. Y de otra los económicos, estrechamente vinculados a la desaceleración del crecimiento de la economía global y a los desequilibrios estructurales (necesidad de ajuste fiscal). Sin embargo, aunque es cierto que los riesgos sobre el crecimiento y la inflación del conjunto del área presentan un marcado sesgo bajista, la posibilidad de nuevos recortes de los tipos de interés oficiales por parte del banco central podría toparse con el relativo buen tono de la economía alemana.
Adicionalmente, el BCE se apoya en una serie de medidas no convencionales cuyo fin es reducir las dificultades de financiación de la banca europea, y en consecuencia de la economía real. Entre estas medidas destacan las líneas de liquidez ilimitadas y a tipo fijo que la entidad está realizando desde el año pasado. Las que más sobresalen son las dos subastas de liquidez, aprobadas en la pasada reunión de diciembre, con vencimiento a tres años. En opinión del BCE, el resultado de la primera subasta, efectuada en los últimos días de 2011, fue un éxito de demanda del sector bancario europeo y sus efectos están contribuyendo favorablemente a las condiciones de financiación de la banca y a restaurar la confianza de los inversores. Estos resultados probablemente se verán reforzados con la siguiente inyección de liquidez a tres años, que está prevista que se lleve a cabo en febrero.
La subasta de liquidez a tres años relaja las condiciones de financiación de la banca europea. En términos de la involucración directa del BCE en la estabilización y resolución de la crisis soberana de la eurozona, la entidad mantiene firme su compromiso de asegurar un funcionamiento ordenado de los mercados de deuda, restableciendo con ello la confianza de los inversores. Para llevar a cabo esta labor, el BCE ha seguido recurriendo a la compra de bonos de los países de la eurozona en dificultades. Hasta la fecha, el importe total de las compras efectuadas asciende a 217.000 millones de euros, habiéndose acelerado el ritmo de las mismas en los últimos meses ante el aumento de las tensiones crediticias en torno a Italia y España.
En lo relativo al escenario monetario de los países emergentes, destaca el giro que la mayoría de las autoridades competentes han comenzado a dar a sus políticas monetarias. La paulatina ralentización de los indicadores de actividad globales, iniciada en verano, ha provocado serios desajustes entre la evolución de la economía real y el tono restrictivo que tenían sus políticas monetarias. Ante esta circunstancia y bajo el objetivo de intentar evitar la desaceleración abrupta de las tasas de crecimiento real, los bancos centrales de estas economías han decidido cambiar el sentido de sus políticas hacia un perfil menos restrictivo. Así por ejemplo, en enero, y siguiendo con la secuencia de bajadas de tipos iniciada en agosto de 2011, el Banco Central de Brasil aprobó un nuevo recorte de los tipos de interés de referencia hasta el 10,50. También han aplicado medidas de relajamiento China y la India, entre otros.
El euríbor desciende ante el aumento de liquidez en el sistema financiero europeo. En este entorno, los tipos de interés de los mercados interbancarios han seguido recogiendo, en forma de fluctuaciones, las variaciones en el escenario financiero y monetario a ambos lados del Atlántico. En enero, los movimientos de los tipos han sido a la baja. Así, en Estados Unidos el tipo de interés líbor en dólares interrumpió la tendencia alcista iniciada en verano, gracias a la tentativa relajación de la incertidumbre en el entorno financiero europeo. Mientras que, por su parte, el tipo de interés euríbor acumuló nuevos descensos en todos los vencimientos. Al efecto de la rebaja del tipo de interés rector del BCE en diciembre, se sumó el impacto de la cuantiosa subasta de liquidez realizada por la autoridad europea con vencimiento a tres años, lo que redujo significativamente las tensiones en este mercado.

La estabilidad domina los mercados de deuda pública

Los inversores encumbran a la deuda germana como el activo europeo más seguro. Siguiendo con la tónica de los últimos meses, la tasa interna de rentabilidad (TIR o yield) de la deuda pública de las principales economías ?Estados Unidos y Alemania? ha evolucionado de manera estable, permaneciendo por tanto en torno a los niveles mínimos históricos. Este comportamiento del mercado de deuda es resultado de la actitud mostrada por los inversores ante el escenario de elevada incertidumbre que todavía se percibe en la eurozona, que alimenta la demanda de activos de bajo riesgo en detrimento de otras opciones más arriesgadas. En el caso de Estados Unidos, esta circunstancia se puede apreciar en la evolución de la rentabilidad del bono a 10 años. Por tercer mes consecutivo su yield se ha situado por debajo del 2%, a lo que contribuyen varios aspectos. Adicionalmente a la mencionada situación financiera inestable de la eurozona, se añade la presencia abrumadora de la Fed en los mercados secundarios de deuda (comprando bonos a través de la operación twist), así como la percepción de que este año electoral las instancias políticas están obligadas a abordar el ajuste presupuestario de medio y largo plazo.
En el caso de la eurozona, el comportamiento de la deuda alemana ha sido similar al experimentado por la de Estados Unidos, aunque con algunos matices. Las rentabilidades de los vencimientos a 2 y 10 años (0,21% y 1,86% respectivamente) han seguido a la baja en el contexto de la abundante liquidez inyectada por el BCE, y ante la rebaja de rating sufrida por varios países de la región; en concreto, el recorte de la calificación crediticia que la agencia Standard & Poor's realizó a varias economías, destacando entre ellas Francia, Italia y España. Aunque esta actuación estaba en parte descontada por los inversores, el cambio de valoración ha reforzado el liderazgo de la deuda alemana como el activo europeo de mejor calidad. Como muestra de esta circunstancia, el bono alemán a 1 año por primera vez en su historia ofreció tipos de interés negativos durante varias sesiones.
Los avances en el seno de la eurozona están facilitando las nuevas emisiones de bonos de los países del sur de Europa. En el ámbito de los países negativamente afectados por la crisis de deuda soberana, el sentimiento de los inversores se encuentra dividido. De una parte, los avances sobre la creación de un pacto fiscal para la eurozona, la promesa de actuación rigurosa por los nuevos gobiernos de Italia y España, y el satisfactorio resultado de la gran subasta de liquidez (LTRO) del BCE son factores que han contribuido de manera favorable sobre el ánimo de muchos inversores. La relativa mejora del entorno de incertidumbre ha permitido que las primas de riesgo de Italia y España se hayan relajado, suscitando adicionalmente la continuidad del éxito de las recientes subastas de deuda a largo plazo realizadas por ambos países. Pero en el lado opuesto, las incesantes dudas sobre la capacidad de Grecia de hacer frente a los compromisos con sus acreedores y la declarada incapacidad de Portugal de poder alcanzar sus objetivos en materia de déficit fiscal han alimentado nuevamente el escepticismo de otro amplio grupo de inversores. Como resultado, las primas de riesgo de estos dos países se han ampliado.

El tipo de cambio del euro sigue cediendo posiciones

Diversos factores están debilitando el tipo de cambio del euro contra el resto de divisas. Una de las consecuencias del escenario económico y financiero de los útimos meses es el elevado grado de volatilidad que se aprecia en los mercados de divisas. Si bien el rango de las fluctuaciones en el corto plazo tiende a aminorarse, existen varios factores que apuntan a que esta tendencia podría mantenerse durante la primera parte de 2012. Entre estos aspectos destacarían las secuelas de la crisis de la eurozona, la agresividad de las medidas monetarias de algunos bancos centrales y la irregularidad de los datos macroeconómicos entre los distintos países y regiones. Precisamente la conjunción simultánea de estos elementos ha contribuido a que la evolución del cruce entre el dólar y el euro se haya decantado nuevamente a favor de la moneda norteamericana durante las últimas semanas. La apreciación acumulada del dólar desde el mínimo marcado en mayo de 2011 (1,482 dólares por euro) asciende a casi un 13%.
La pérdida de valor del euro también se ha producido contra otras divisas. Este es el caso del tipo de cambio del euro con el yen japonés, cuyo intercambió alcanzó los 99,65 yenes por euro, siendo este el valor máximo de la divisa nipona en doce años.

La rueda del crédito se reactiva

La relativa mejora de perspectivas en la crisis de la eurozona reactiva los mercados de crédito corporativo. Con el comienzo del año, la dinámica de los mercados de crédito ha recuperado parte del ritmo que había perdido en la recta final de 2011 de resultas del aumento de las tensiones en torno a la crisis soberana europea. La ingente subasta de liquidez del BCE a tipo de interés fijo a tres años y los acuerdos fiscales pactados en la Cumbre europea del 9 de diciembre supusieron un punto de inflexión en la evolución de las primas de riesgo de los países grandes de la periferia de la eurozona (Italia y España). Esta situación ha permitido que los tipos de interés de los principales emisores soberanos se hayan mantenido a la baja durante el mes de enero, circunstancia que se ha trasladado también al resto de los sectores de la renta fija privada. La reducción de los spreads ha sido relativamente significativa, tanto en el tramo de deuda de alta calidad (investment grade) como en la de elevado riesgo (high yield). Factores técnicos relacionados con la recomposición de carteras han incidido favorablemente en la cotización de los bonos corporativos de elevada calidad. La rebaja de rating que han experimentado diversos emisores soberanos no ha hecho sino reducir la oferta de papel de máxima calidad. Igualmente, la expansión del balance de los bancos centrales ha supuesto una reducción del papel disponible para los inversores institucionales. Así mismo, esta circunstancia ha generado que muchos de esos inversores hayan optado por desplazar sus fondos hacia otras emisiones de mayor rentabilidad y mayor riesgo, como es el caso del high yield.
Los mercados emergentes de renta privada siguen ofreciendo rentabilidades atractivas. Desde el punto de vista sectorial, la gran beneficiada ante la incipiente situación es la deuda privada del sector bancario europeo. Después de que el sector haya sido penalizado durante los dos últimos años con un intenso incremento de sus primas de riesgo, las facilidades de liquidez proporcionadas por el BCE, la relativa mejora de las perspectivas sobre la crisis y los esfuerzos de las entidades financieras por reforzar su solvencia han propiciado el incremento de las emisiones de deuda senior y de covered bonds (cédulas hipotecarias) por parte de las entidades de los países del núcleo central de la eurozona.
Las bolsas mundiales han comenzado el año con ganancias. Por su parte, los mercados emergentes de renta corporativa privada han mantenido un elevado nivel de actividad, a pesar de la incertidumbre en torno a Europa. La gestión eficiente por parte de las autoridades monetarias para evitar una abrupta desaceleración económica, así como la mejora de la calificación crediticia de la deuda pública y privada de algunas de esas economías, están beneficiando la afluencia de flujos de capital extranjero, y con ello el aumento de las emisiones de bonos corporativos.

Nuevos estímulos para la renta variable

El ejercicio bursátil se ha inaugurado con ganancias en la mayoría de los parqués internacionales. La relativa mejora de los riesgos de contagio sistémico de la crisis europea, los datos económicos favorables sobre el crecimiento en Estados Unidos y la acompasada expansión de la política monetaria en los países en vías de desarrollo han sido los principales aspectos que han primado sobre los ánimos de los inversores durante el mes de enero. Si bien es cierto que los indicadores de sentimiento del inversor en estos mercados, así como los flujos de capitales hacia los activos de renta variable, todavía se encuentran en niveles propios de situaciones de elevada inestabilidad económica y financiera, sí se puede afirmar que desde las últimas semanas de diciembre se aprecia una relativa reducción de la aversión al riesgo.
Pero adicionalmente a estos factores de gran relevancia para la evolución de los mercados de acciones, desde el punto de vista sectorial y empresarial, están convergiendo otra serie de aspectos igualmente relevantes. Nos referimos, en primer lugar, a la campaña de resultados empresariales del cuarto trimestre de 2011 en Estados Unidos. Hasta el momento, han publicado sus cifras de beneficios el 14 % de las compañías del S&P 500. Aunque el consenso de los analistas estima que se pueda producir alguna deriva a la baja en el número de sorpresas positivas (empresas que reporten beneficios superiores a los estimados) como consecuencia del bache económico norteamericano en 2011, indicadores clave como el beneficio por acción están batiendo el registro del mismo trimestre del año anterior. El sector de la tecnología es un puntal clave al respecto. Esta circunstancia, unida a la mejora de los datos económicos en Estados Unidos, ha aportado mayor estabilidad a las bolsas norteamericanas. En segundo lugar, desde el punto de vista sectorial cabe destacar el flujo de noticias en torno al sector bancario europeo. En los dos últimos años la banca europea ha sido el sector más penalizado por los inversores, debido a la elevada exposición de sus balances a la deuda soberana de la región. Pero los acontecimientos recientes se han tornado algo más favorables. La intensificación de la liquidez prestada por el BCE y la aceptación de un abanico más amplio de activos como colateral de los préstamos, la petición desde Alemania y Francia de flexibilización de la normativa contable del sector y los avances que se están produciendo en el seno de la eurozona en materia fiscal están teniendo, en conjunto, un efecto positivo sobre la cotización de los bancos europeos, llegando incluso a contrarrestar el impacto de la rebaja del rating a varios países miembros del euro.
Las cotizaciones del sector bancario europeo se toman un respiro. De cara al medio plazo, la consolidación de estos factores y la continuidad de la tendencia que están describiendo actualmente deberían contribuir a dar paso a una nueva etapa marcada por la mayor rentabilidad y retorno de las inversiones. Aunque de cara al corto plazo, aspectos como las amenazas sobre la participación del sector privado en la reestructuración de la deuda griega y posibles nuevos episodios de contagio siguen dotando de un elevado grado de incertidumbre a las perspectivas bursátiles.

El impacto de los rescates bancarios en las cuentas públicas

Desde el inicio de la crisis financiera en 2007, han sido numerosas y variadas las intervenciones de los estados para rescatar o reestructurar sus sistemas financieros. Aunque también han sido significativas algunas de las quiebras, como la de Lehman Brothers en Estados Unidos en septiembre de 2008 o de las danesas Amagerbanken y Fjordbank Mors en 2011. De todas formas, por el riesgo de contagio y el papel que desempeñan las entidades bancarias en los medios de pago y en el flujo de crédito a la economía, los estados han destinado importantes cantidades de dinero público a rescatar y reestructurar a las entidades en dificultades.
En Europa, para preservar la competencia, todos los programas de apoyo que los estados brindan a un sector o entidad tienen que ser aprobados por la Dirección General de la Competencia de la Comisión Europea. Desde 2007, las solicitudes de aprobación de programas de soporte a los sistemas financieros se han disparado. Entre 2007 y 2010, los países europeos han destinado 0,5 billones de euros en apoyos de capital y liquidez (4% del PIB europeo). Entre ellos, se incluyen medidas de diversa índole: inyecciones directas de capital, con o sin derechos políticos; recompras de activos tóxicos para eliminar la incertidumbre de los balances o concesión de créditos para favorecer la liquidez. Adicionalmente, las entidades han podido emitir hasta 1,1 billones de euros (9% del PIB) de deuda con aval público. A estas ayudas, se ha sumado la política macroeconómica del Banco Central Europeo, con sus inyecciones de liquidez y la compra de cédulas hipotecarias.
En función de las características y alcance, las medidas adoptadas en distintos países han tenido diferente impacto, tanto en lo que se refiere al saneamiento de sus sistemas financieros como en las cuentas públicas de los respectivos países. En este sentido, no es lo mismo dar una garantía que ofrecer un crédito o una inyección de capital. Tampoco es lo mismo hacerlo directamente que a través de una sociedad creada para tal fin, como es el caso de la National Asset Management Agency (NAMA) en Irlanda.
Entonces, ¿cómo han impactado las ayudas públicas que se han sucedido en los últimos años en las cuentas públicas? En primer lugar, en el endeudamiento de los países. Las inyecciones de capital, las compras de activos o las concesiones de crédito requieren importantes desembolsos por parte de los estados que han tenido que financiar con más deuda. Según datos del Eurostat, los pasivos de los estados han crecido en 643.625 millones de euros (5,2 puntos porcentuales del PIB) como consecuencia de las intervenciones públicas en el sector financiero. De estos pasivos, el 70% son emisiones de deuda. Pero pocas ayudas han sido a fondo perdido. Por ello, los activos públicos han crecido también, en 562.720 millones de euros (4,6 puntos porcentuales del PIB). De estos activos financieros, el 40% son participaciones en entidades financieras.
Por lo tanto, un primer impacto está en el endeudamiento para adquirir activos o participaciones en entidades que, en neto, ha aumentado en 0,6 puntos porcentuales del PIB. En función de la evolución futura de los activos adquiridos y de su potencial deterioro, el impacto público de dicho rescate podrá ser mayor en el futuro.
Pero en los balances públicos no están recogidas todas las ayudas públicas. Cuando estas se articulan a través de garantías o avales, el impacto en las cuentas públicas es distinto. En estos años, los avales a la emisión de nueva deuda han emergido como una medida de apoyo clave, pero que no ha exigido, hasta la fecha, el desembolso de dinero a los estados. Por lo tanto, a diferencia de las medidas de capital o las inyecciones de liquidez, no aumentan el endeudamiento público. Sin embargo, sí que generan riesgos contingentes. Es decir, que son riesgos potenciales a futuro.
El caso de Irlanda es ilustrativo en este sentido. Con los primeros síntomas de deterioro de sus entidades financieras, se optó por las nacionalizaciones e inyecciones de capital a las entidades. El estado irlandés inyectó 4.000 millones y 2.700 millones de euros (4% del PIB), respectivamente, en el Anglo Irish Bank (Anglo) y el Irish Nationwide (INBS). El endeudamiento neto del país se disparó. Tras la intervención del país por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, se optó por la creación de la NAMA para continuar con el saneamiento del sistema. ¿Cómo funciona la NAMA? Las entidades financieras venden sus créditos de mayor riesgo a la agencia a cambio de bonos con garantía pública. Es la NAMA que emite bonos que adjudica a las entidades a cambio de los activos y, por lo tanto, no hace falta una emisión de deuda pública que incremente el endeudamiento. Pero sí que aumentan los riesgos contingentes del país por la garantía pública a los bonos.
Finalmente, hay que considerar que los estados pueden tener ingresos o pérdidas derivados de todas estas ayudas, que influyen en el déficit público. Entre los ingresos se consideran la remuneración por los avales, comisiones por préstamos, etc. Y entre los gastos está el coste de financiación de los préstamos, los deterioros de los activos adquiridos y, en su caso, la necesidad de ejecutar avales. En este caso, en el acumulado de 2007 a 2010, los estados europeos han perdido 69.165 millones de euros, lo que ha incrementado el déficit público en 0,4 p.p. Pero la situación es muy distinta por país. Irlanda (-35.722 millones de euros), Alemania (-16.559 millones de euros) y el Reino Unido (-15.026 millones de euros) acumulan la mayoría de las pérdidas. En cambio, entre 2007 y 2010, Francia obtuvo beneficios de 2.399 millones de euros y España de 1.455 millones de euros, que en ambos casos mejoraron ligeramente sus cifras del déficit.
En resumidas cuentas, la difícil situación económica y financiera que ya se alarga desde 2007 ha llevado a que muchos países estén rescatando a sus entidades bancarias con dinero de los contribuyentes. Pero no todas las medidas tienen el mismo impacto en las cuentas públicas ni ofrecen un mismo potencial de ingresos o riesgos futuros, consideraciones que últimamente también se están teniendo en cuenta en el diseño de programas de rescate o apoyo.
Este recuadro ha sido elaborado por Anna Mialet Rigau
Departamento de Análisis Económico, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"




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