Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 356 - Abril 2012
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Coyuntura internacional
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Estados Unidos
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Estados Unidos: cada vez, un poco mejor
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Estados Unidos puede crecer un 2,0% en 2012, apoyado en demanda interna y medidas de estímulo.
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Nuestra previsión de crecimiento de la economía estadounidense para el conjunto de 2012 sigue invariada en el 2,0%, pero los riesgos a la baja se han visto sensiblemente reducidos. Si bien la crisis de la deuda europea y el precio del petróleo siguen siendo unos peligros considerables, los riesgos internos han disminuido. Las políticas de estímulo fiscales y monetarias han contribuido a propiciar una reducción de la deuda privada y una recuperación del mercado laboral que dan continuidad a los niveles actuales de crecimiento. Hay que tener en cuenta, empero, que queda mucho por recorrer y que la actividad privada no ha llegado todavía a la situación de ser plenamente sostenible por ella misma, por lo que los estímulos seguirán siendo necesarios.
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Si se entiende que la crisis económica actual ha sido una crisis de exceso de deuda y que la salida de la crisis implica un arduo proceso de desapalancamiento, entonces puede afirmarse que Estados Unidos está al frente de las economías desarrolladas. Desde el máximo de marzo de 2009 hasta finales de 2011, la deuda privada (particulares, empresas financieras y empresas no financieras) se redujo del 303,1% al 250,9% del PIB, una disminución de un 52,3% en términos de PIB que casi dobla el incremento de endeudamiento que ha tenido el sector público desde su mínimo de junio de 2007, un 32,5%.
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La economía estadounidense está a la cabeza de las economías desarrolladas en la reducción de deuda.
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De entre los tres sectores privados, en Estados Unidos, el que debe marcar el ritmo de la reducción de la deuda son los hogares, que empezaron la crisis relativamente más endeudados que en otras economías. Los progresos son evidentes (véase el recuadro «Desapalancamiento de los hogares: tres países, tres historias»). La deuda bruta de las familias ha pasado del 130,0% de la renta disponible en septiembre de 2007 al 112,8% en diciembre de 2011. Una reducción que queda a mitad de camino si se considera como normal la deuda del 90,2% de la renta disponible de inicios de 2000. Esta mejora sostenida, junto con la constante mejora del merado laboral, parece estar dando alas a los consumidores.
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El consumo privado muestra un fondo de resistencia en torno a crecimientos del 2,0%.
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Si bien el consumo privado se desaceleró a finales de 2011, después de haber experimentado un fuerte repunte, los dos primeros meses de 2012 muestran que existe un fondo de resistencia que debería posibilitar al consumo privado crecer en torno al 2,0% a lo largo de este año, en términos reales. Apuntando en esta dirección, las ventas minoristas tendenciales, sin coches ni gasolina, crecieron en febrero un 3,1% interanual en términos reales, algo por encima del ritmo con el que se acabó 2011, con un dato de enero que fue revisado sensiblemente al alza. Siguiendo este patrón, el gasto de consumo de las cuentas nacionales de enero avanzó por encima de los ingresos, lo que permite esperar que, en el primer trimestre, el consumo privado avanzará a ritmos cercanos al 2,0%, en términos anuales, bien por encima de lo que se venía esperando hace tan solo dos meses. Asimismo, el índice de confianza del consumidor del Conference Board retomó la senda alcista encaramándose hasta el nivel de los 70,8 puntos, un nivel todavía inferior a la media histórica (en torno a los 100 puntos) pero al que no se llegaba desde febrero de 2008.
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Pese a esta situación mejorada, se atoja harto difícil un crecimiento sostenido del consumo privado mucho más allá del 2,0%. En primer lugar, la reducción del endeudamiento todavía no ha pasado por su ecuador y, pese a la mejora del crédito al consumo, no es factible que se pueda volver a la situación anterior a la crisis, cuando el consumo privado crecía al 3,0%, gracias, en parte, a una erosión constante de la tasa de ahorro. En segundo lugar, la situación actual del mercado laboral, pese a la mejora, sigue poniendo un límite al crecimiento de los ingresos de los hogares.
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El mercado laboral mejora, con una tasa de paro en el 8,3%, pero el aumento de las rentas salariales se retrasará.
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En este sentido, si bien la evolución del mercado de trabajo es uno de los factores que más ha contribuido a mejorar las expectativas del conjunto de la economía, las prestaciones que pueden esperarse para 2012 seguirán siendo modestas. Después de haber tocado fondo, la recuperación del mercado de trabajo debería escalonarse en tres etapas sucesivas. Primeramente habría una mayor utilización de la mano de obra empleada, seguida de un aumento de la contratación y, en tercer lugar, vendría la recuperación de los salarios.
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Los datos de febrero evidencian que la recuperación de las horas trabajadas y las nuevas contrataciones siguen mejorando las expectativas. Así, en febrero se crearon 227.000 nuevos puestos de trabajo, lo que eleva hasta los 3,5 millones el total de empleos recuperados desde marzo de 2010. El camino que queda por delante, empero, sigue siendo largo, ya que quedan por crear otros 5,4 millones de empleos para igualar lo que se perdió durante la crisis. Asimismo, la tasa de desempleo se mantuvo en febrero en el 8,3%, muy por debajo del 10,0% de octubre de 2010.
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La recuperación del empleo es real pero más modesta de lo que parece, con tres elementos que lastrarán la recuperación de los salarios. En primer lugar, el subempleo, trabajadores que trabajan a tiempo parcial involuntariamente a causa de poca demanda, sigue siendo elevado. Aunque la mejora de los últimos meses es evidente -entre septiembre de 2011 y febrero de 2012 se pasó de 9,1 millones a los 8,0 millones de subempleados-, el nivel sigue estando muy por encima de los 4,5 millones que podrían considerarse normales. En segundo lugar, la proporción de parados de larga duración, de difícil recolocación, sigue siendo de un 42,6%, casi el doble del anterior máximo de 1983. En tercer lugar, la reducción de la tasa de paro se debe tanto a la creación de empleos como a la reducción de la población activa, lo que da idea de una situación que todavía está lejos de ser boyante.
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Las mejoras en la vivienda son mínimas. Los precios siguen bajando y la construcción está estancada.
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En el apartado inversor, la construcción seguirá siendo el farolillo rojo de la economía, con una sobreoferta de inmuebles que se prolongará hasta bien entrado 2013. Un indicador de la lentitud de la recuperación del sector lo da la iniciación de 698.000 nuevas viviendas en febrero, en términos anuales, que si bien queda por encima del nivel del mismo periodo del año anterior, alarga hasta los cuatro meses la persistencia de un nivel que es un 54,2% inferior al promedio del periodo 1995-2000, previo a la burbuja. Las mejores expectativas siguen estando en el sector de las viviendas multifamiliares, pero los precios siguen a la baja, con un índice Case-Shiller de precios de la vivienda de segunda mano que siguió descendiendo en diciembre, con un retroceso del 4,0% para el conjunto de 2011.
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La inversión en equipo mantendrá el tono en 2012.
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Con un mejor tono, la inversión en equipo debería mantenerse en crecimientos superiores al 5,0% a lo largo de 2012, después de los robustos avances de 2011. Si bien la recuperación del sector manufacturero está quedando algo desdibujada en los últimos meses, las expectativas empresariales en el sector de servicios, que representa un 86,2% del empleo, siguen mejorando. Así, el índice de actividad manufacturera del Institute for Supply Management (ISM) retrocedió hasta los 52,4 puntos, mientras que el de servicios siguió avanzando hasta el nivel de los 57,3 puntos, que es coherente con un ritmo de crecimiento del PIB por encima del actual.
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El IPC sube un 2,9% y la subyacente se modera un 2,2%.
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En el ámbito de los precios, la persistencia del petróleo caro podría llevar la subida del índice de precios al consumo (IPC) cerca del 2,5%. Es este encarecimiento de los precios energéticos, que repuntaron en febrero, lo que está impidiendo el esperado repliegue de una ya de por sí moderada inflación. Así, mientras que el IPC de febrero se mantuvo en el 2,9% interanual, el repliegue se empieza a sentir en el IPC subyacente, que excluye los precios energéticos y los de alimentación, que subió un 2,2% interanual. Una moderación mínima que se hace más evidente cuando se toma en consideración la variación de precios entre enero y febrero. Los sectores que más tiraron hacia abajo el incremento del IPC subyacente fueron el vestido, los alquileres imputados a los propietarios de viviendas y el ocio.
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El petróleo caro impide la corrección del déficit comercial y sustrae crecimiento al conjunto de la economía.
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El encarecimiento del petróleo se deja sentir también en el sector exterior dando una justa medida de la pérdida neta de crecimiento que supone para la economía estadounidense. La balanza comercial de bienes y servicios de enero arrojó un déficit de 52.565 millones de dólares. De este monto, 29.707 millones fueron atribuibles a las importaciones netas de petróleo y sus productos derivados, lo que, en términos anuales, supone un 2,3% del PIB. La persistencia del precio del crudo en los 125 dólares por barril actuales supone por tanto una pérdida de cerca de un 0,5% en términos de PIB con respecto a un hipotético escenario en el que el precio del petróleo cayera hasta los 100 dólares por barril. Esto explica el interés de la Administración Obama para abaratar el petróleo con medidas como la liberación de las reservas propias. En lo referente a la balanza que excluye el petróleo, destaca el buen comportamiento de las exportaciones que reaccionaron al alza tras unos meses de estancamiento. Hecho significativo considerando el entorno de ralentización de la demanda global y, especialmente, la debilidad de los socios comerciales europeos.
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Japón
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Japón: todo se fía a la recuperación industrial
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Japón espera una recuperación de su economía en el primer trimestre de 2012.
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El PIB acabó 2011 con un descenso en el cuatro trimestre y con un esfuerzo de reconstrucción que está teniendo más dificultades de las previstas. Las empresas exportadoras se ven aquejadas de una desventaja en costes energéticos que se ve agravada por los efectos de las inundaciones tailandesas, donde las empresas niponas habían hecho un esfuerzo inversor para asegurarse suministros. Esto ha erosionado el superávit por cuenta corriente que, de persistir, supondría una necesidad de financiación externa que haría más difíciles de sostener las políticas fiscales expansivas previstas para 2012.
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China modifica su objetivo de crecimiento del 8,0% al 7,5%, con una contribución del consumo que debe ir a más.
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Sin embargo, las perspectivas para el primer trimestre mejoran precisamente gracias al buen comportamiento de las empresas manufactureras exportadoras, que son la fortaleza tradicional de la economía japonesa. La producción industrial de febrero acumuló un incremento del 5,8% desde inicios de año, mientras que los pedidos de maquinaria de las empresas exportadoras, que son un indicador adelantado de la inversión en equipo, también repuntaron. El único lunar de este mejor panorama lo constituye el importante sector de la electrónica y las telecomunicaciones, que siguió descendiendo, con un nivel que sigue un 18,0% por debajo del de febrero de 2011, mes previo a la tragedia de marzo de 2011, mientras al índice general de producción industrial solo le queda por recuperar un 2,8%.
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Abundando en las perspectivas alcistas del primer trimestre, el saldo comercial de febrero fue mejor de lo esperado, gracias al buen comportamiento de las exportaciones, que avanzaron un 2,9% respecto a enero, y alejan la perspectiva de un déficit por cuenta corriente a lo largo de 2012.
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China
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China: el abandono del ocho
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El escenario central para 2012 sigue siendo el de un aterrizaje suave.
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En este mes de marzo, la segunda economía del mundo redujo su objetivo de crecimiento anual por primera vez en ocho años. El primer ministro Wen Jiabao anunció que a partir de ahora el objetivo del Gobierno de Pekín pasa del 8,0% al 7,5%. El cambio conlleva el propósito explícito de refocalizar el crecimiento de la inversión y las exportaciones hacia el consumo privado, que en China representa tan solo un tercio del PIB y cuyas tasas de avance acostumbran a ser menores que las de la inversión.
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Nuestro escenario central sigue siendo el de un aterrizaje suave de la economía, con un crecimiento que debería situarse cerca del 8,0% para el conjunto de 2012. Sin embargo, los riesgos de un crecimiento insuficiente parecen mayores que los de un incremento de las tensiones inflacionistas. Si bien la tendencia de los precios a medio y largo plazo apunta al alza ya que la demografía china debe seguir presionando hacia arriba los costes laborales, las tensiones inflacionistas no deberían ser un problema en 2012, tanto más cuando los últimos datos confirman que el repunte de la inflación de enero había sido debido a un encarecimiento de los alimentos por la celebración del Año Nuevo chino.
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En este sentido, el IPC de febrero fue del 3,2% interanual, mientras que el IPC de alimentación, que en China tiene un peso de un tercio del total, pasó de subir un 10,5% en enero a un 6,2% en febrero. El mayor riesgo inflacionista a corto plazo está en los precios energéticos, que en China están regulados. Así, en marzo las autoridades subieron un 6% el precio de los carburantes ante las pérdidas que la estrechez de márgenes provocaba en las empresas refinadoras chinas. Sin embargo, el IPC subyacente siguió dentro de la moderación con un incremento del 1,6% interanual en enero.
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La inflación se modera hasta el 3,2%.
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Si la lucha contra la inflación empezada a mediados de 2011 parece haber dado sus frutos, un crecimiento inferior al previsto es el mayor riesgo en el corto plazo. A falta de la publicación de los datos de producción industrial correspondientes a los dos primeros meses de 2012, que darán la medida de la robustez de la actividad industrial, la producción de energía eléctrica repuntó en febrero después del hiato de las fiestas de Año Nuevo. Asimismo, el precio de la vivienda continuó cayendo en la mayoría de las ciudades del país en febrero, indicando que continúa el frenazo de un sector que presenta el 13% del PIB. Sin embargo, el aterrizaje suave es factible ya que el espacio para políticas de estímulo sigue siendo grande, más si la inflación se confirma bajo control. El coeficiente de caja, a pesar de la bajada del mes anterior, sigue en un alto 20,5% que posibilita nuevos descensos mientras que el endeudamiento gubernamental, aun sumándole el de las entidades locales, presenta niveles moderados.
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La desaceleración del sector inmobiliario y las exportaciones es rápida.
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Por su parte, la balanza comercial volvió a la senda bajista. Los efectos de calendario provocaron que en febrero se registrase un déficit comercial de 31.483 millones de dólares, el mayor de la historia reciente de China. Si bien la situación debería corregirse en marzo, el superávit acumulado de los últimos doce meses fue de 154.514 millones de dólares, muy lejos de la situación anterior a la crisis financiera. En este particular, mientras que en el promedio del periodo 2006-2008 el superávit comercial representaba un 5,7% del PIB, la estimación para los doces meses hasta febrero de 2012 se quedó en el 2,0%, lo que viene a indicar que el consumo privado no debe demorarse en exceso para tomar el relevo de las exportaciones y de la inversión si se quiere apuntalar el crecimiento.
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Desapalancamiento de los hogares: tres países, tres historias
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A punto de cumplirse 5 años desde que la burbuja subprime detonara la peor debacle financiera en décadas, prosiguen los esfuerzos de los hogares a ambos lados del Atlántico para reducir su excesivo endeudamiento. Ese proceso de ajuste se anticipa arduo y prolongado; más, si cabe, en aquellos países que todavía no han conseguido consolidar su recuperación. Con todo, el rezago en el ciclo económico no es la única razón por la cual el ritmo de desapalancamiento de las familias varía sustancialmente de un país a otro. El objetivo de este recuadro es, precisamente, discernir qué factores explican dicha discordancia, y cómo ello condiciona las perspectivas de crecimiento de cada país, a partir de una comparativa entre Estados Unidos, Reino Unido y España -tres economías que comparten la desdichada necesidad de sobreponerse a los estragos de una burbuja de crédito fallida-.
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Durante el largo periodo de bonanza entre la crisis dot-com y la crisis subprime, las familias estadounidenses, británicas y españolas aprovecharon la abundancia de liquidez a bajo coste para gastar mucho más de lo que ingresaban mediante un aumento considerable del recurso al crédito. Entre 2001 y 2007, el nivel de deuda de los hogares aumentó un 80% en Estados Unidos; un 87% en el Reino Unido y, en España, un 168%; casi doblándose en los dos países anglosajones y triplicándose en España. Aunque las estadísticas en términos absolutos resultan de por sí reveladoras, a la hora de ponderar su sostenibilidad es más apropiado medir el endeudamiento de las familias en relación con su capacidad de generar ingresos. Así pues, durante el mencionado periodo intercrisis, la ratio de apalancamiento de los hogares en Estados Unidos, medida como deuda sobre renta bruta disponible (RBD), aumentó en 30 puntos porcentuales (p.p.). En el Reino Unido dicha ratio de apalancamiento subió en 52 p.p. y, en España, en 58 p.p.
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El estallido de la crisis financiera en 2007 y su recrudecimiento en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers marcó el inicio de un proceso de desapalancamiento que progresa lentamente en todas y cada una de las economías analizadas. Sin embargo, también aquí, las estadísticas revelan ritmos de corrección perceptiblemente distintos entre países. En Estados Unidos, la ratio de deuda sobre RBD se ha reducido en 17 puntos porcentuales respecto a su máximo a finales de 2007. En el Reino Unido, la corrección acumulada es de 14 puntos porcentuales, también desde el pico. En España, en cambio, solo se ha ajustado 7 p.p., a pesar de haber aumentado mucho más que en Estados Unidos o el Reino Unido durante los ocho años que precedieron al estallido de la burbuja (véase el gráfico anterior). Según un estudio reciente de McKinsey,(1) que parte de la experiencia nórdica en los noventa, los hogares estadounidenses habrían recorrido ya casi la mitad del camino en su proceso de desapalancamiento mientras que tanto el Reino Unido como, sobre todo, España estarían más rezagados.
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Entonces, la cuestión es ¿por qué? ¿Qué explica que el proceso de desapalancamiento en el Reino Unido avance más lentamente que en Estados Unidos o que en España se haya ajustado mucho menos que en ambos? Antes de profundizar en las causas, veamos qué fuerzas han impulsado la corrección y, a tal fin, podemos descomponer la variación de la ratio de deuda sobre renta bruta disponible en dos partes: la variación debida al cambio en el saldo vivo de deuda, el numerador de la ratio, y la ocasionada por el aumento de la renta disponible, el denominador (véase la tabla siguiente). En el caso de Estados Unidos y el Reino Unido, la mayor parte de la disminución de la ratio de deuda durante la fase de desapalancamiento se atribuye a la mejoría de la RBD. En ambos casos, la renta disponible de los hogares ha crecido más de un 10%, acumulado, desde el pico de endeudamiento en 2007-2008. En claro contraste, la RBD en España solo ha aumentado un 2% desde 2008, lo que no permite explicar más de tres puntos porcentuales del retroceso de la ratio de deuda.
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La evolución del empleo ha sido clave para explicar las diferencias en términos de renta disponible: mientras en el Reino Unido el empleo ha caído alrededor de un 2% desde 2007 y en Estados Unidos lo ha hecho en un 4%, España ha destruido el 13% de la ocupación. En cambio, la evolución de los salarios en las tres economías no ha sido tan discordante (+7% en el Reino Unido, +9% en España y +10% en Estados Unidos). En lo que concierne a la contribución del numerador, es decir, el saldo vivo de deuda, en Estados Unidos y en España se ha reducido un 4% y un 3%, respectivamente, desde sus picos de apalancamiento, mientras que en el Reino Unido todavía ha aumentado un 2%. Por lo tanto, el peso del desapalancamiento de los hogares españoles ha recaído, sobre todo, en la corrección del numerador y, en particular, en el crédito al consumo -con vencimientos más cortos-, puesto que el crédito hipotecario está aún por encima de los niveles de mediados de 2008.
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(1) Véase «Debt and deleveraging: Uneven progress on the path to growth», McKinsey Global Institute (2012).
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Dicho esto, es obvio que Estados Unidos se halla más avanzado en el proceso de desapalancamiento de los hogares, tanto respecto a España como al Reino Unido. ¿Significa ello que los hogares norteamericanos han sido más disciplinados y responsables? No necesariamente. En parte, el mejor posicionamiento de los hogares estadounidenses puede atribuirse a un mayor nivel de impagos y de ejecuciones hipotecarias. Dichos impagos representan casi dos tercios de la reducción del saldo vivo de deuda o 3 de los 5 puntos porcentuales con los que dicha reducción habría contribuido a la corrección de la ratio de apalancamiento.(2) En el Reino Unido y España, en cambio, una caída más lenta de los precios de la vivienda, la reducción del coste de las hipotecas, en su mayoría sujetas a tipos de interés variable, y un mayor recurso a las refinanciaciones o a los cambios de condiciones de los préstamos bancarios han frenado el número de impagos, pero prolongará el proceso de desapalancamiento.
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Por otra parte, en Estados Unidos, el proceso de desendeudamiento se ha emparejado con un aumento del endeudamiento público que ha permitido sostener más cómodamente el crecimiento de la renta, facilitando con ello el propio desendeudamiento privado. En contraste, tanto España como el Reino Unido están compaginando el proceso de desapalancamiento privado con la consolidación de sus cuentas públicas. La simultaneidad del ajuste público y privado es otro factor que postergará la culminación del proceso de desapalancamiento en ambos países, si bien, en el Reino Unido, la disponibilidad de un banco central emisor de liquidez facilitará el proceso.
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Nos quedan aún por delante unos cuantos años de esfuerzo. En un contexto recesivo, reducir la deuda es muy costoso. De ahí que, cuanto más rápidamente se retome la senda de crecimiento, más leve será el dolor y más corto el proceso. En aquellas economías, como la española, que, además, se ven obligadas a adelantar la consolidación de sus cuentas públicas por una cuestión de confianza externa, dicho crecimiento solo puede venir por el impulso del sector exterior. Asimismo, es fundamental -imprescindible incluso- que aceleren, a la par del ajuste de deuda, el programa de reformas estructurales. Sin ese balón de oxígeno, el túnel del desapalancamiento puede acabar resultando excesivamente lóbrego e interminable.
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(2) Véase op. cit. McKinsey Global Institute (2011).
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Este recuadro ha sido elaborado por Marta Noguer
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Departamento de Economía Internacional, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"
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Brasil
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Brasil: atajando la desaceleración
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La economía creció un 2,7% en 2011, desacelerándose más de lo previsto.
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La economía brasileña creció un 2,7% en 2011, algo menos de lo que esperaban la mayoría de analistas y mucho menos de lo que avanzó en 2010 (+7,5%). Aunque se anticipaba un mayor impacto de los estímulos puestos en marcha desde el verano, se confirma que, durante los últimos compases de 2011, la actividad mantuvo un tono de relativa debilidad que cabe atribuir al languidecimiento de las exportaciones netas y a la reducción de existencias. En contraste, el gasto interno volvió a dejar constancia de su resistencia y recuperó vigor con relación al trimestre anterior.
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Esperamos que ese repunte de la demanda interna se consolide a lo largo de 2012, apoyándose en un mercado laboral en mínimos históricos de desempleo; en un salario real al alza; en la persistencia de los influjos de capital; en la solidez de los precios de las materias primas; en la mejoría del sentimiento económico, no solo en Brasil sino también a nivel global; y, cómo no, al impulso de los estímulos -fiscales, de crédito, macroprudenciales y monetarios-.
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El Comité de Política Monetaria reduce la tasa Selic otros 75 puntos básicos, dejándola en el 9,75%.
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En ese sentido, el decepcionante registro de crecimiento del cuarto trimestre sumado al retroceso inesperado de la producción industrial en enero y a las reno-vadas presiones apreciadoras sobre el real, dieron argumentos suficientes al Comité de Política Monetaria para dar un paso más en la reducción de tipos. Aun así, sorprendió la magnitud de su último recorte, de 75 puntos básicos, que deja la tasa Selic en el 9,75%. Además, las minutas de la última reunión del Comité insinúan más recortes en la primera mitad del año, que podrían llevar la tasa de descuento hasta el 9%.
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Se intensifican las medidas para frenar la apreciación del real.
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La laxitud monetaria, más agresiva de lo que preveíamos, nos obliga a revisar al alza nuestro escenario de inflación en 2012, situándola a finales del ejercicio en torno al 5,4% en lugar del 4,9% anterior. De todos modos, los precios reencauzaron una tendencia de corrección gradual en febrero, una vez atemperado el impacto de la revisión de tarifas de transporte y otros efectos estacionales en enero. Ello no quita que, si se confirma la re-aceleración del crecimiento a medida que avance 2012, las presiones inflacionistas recobrarán protagonismo obligando al COPOM a dar un nuevo giro a la política de tipos, probablemente a principios de 2013.
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Por el momento, la senda de reducción de tipos contribuirá a los esfuerzos por frenar la apreciación del real, de nuevo entre las prioridades máximas de las autoridades brasileñas, en su afán de reactivar un sector industrial en horas bajas. Su último movimiento de ficha ha extendido el IOF (impuesto sobre operaciones financieras) del 6% a préstamos financiados con capital extranjero cuyo vencimiento sea inferior a cinco años -también en marzo ya lo habían extendido a aquellos que vencían antes de tres años-.
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México
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México: sin desviarse del guion
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La economía mexicana se apoya cada vez más en el gasto interno.
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Una prudente gestión de las políticas macroeconómicas ha permitido a la economía mexicana mantener su robustez a pesar de las tensiones que azotaron la eco- nomía global durante la segunda mitad de 2011. La relativa mejoría de las perspectivas económicas en Estados Unidos nos llevan a prever un crecimiento del PIB en torno al 3,5%, pero también esperamos que el tono de moderación del cuarto trimestre se prolongue en 2012. Incluso mejorando, la recuperación de la actividad en Estados Unidos sigue anticipándose muy gradual, por lo que se espera que el volumen de exportaciones mexicanas se mantenga endeble. En contrapartida, el gasto interno sigue ofreciendo un soporte cada vez más sólido. Las ventas minoristas en enero sorprendieron con un avance del 4,4% interanual, mientras que la inversión también registró un crecimiento notable en noviembre y diciembre.
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En cuanto al escenario de inflación, sigue siendo relativamente benigno y se mantiene dentro del rango objetivo. Además, la reciente apreciación del peso contribuye a relajar un tanto más las presiones sobre los precios. Ello facilita la tarea de Banxico que, por ahora, sigue sin la necesidad de mover el tipo de interés de referencia, que ya lleva más de dos años en el 4,5%.
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La renovada fortaleza del peso alivia las presiones sobre precios.
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Lo que sí se moverá un poco más esta primera mitad de 2012 es el déficit fiscal. No en vano estamos en año electoral. Por el momento, la balanza se decanta por un cambio de gobierno pues los sondeos apuntan a Enrique Peña, candidato del PRI, como favorito, por delante de Josefina Vázquez, del partido gobernante. En cualquier caso, el reto del nuevo presidente será impulsar el potencial de crecimiento de una economía que sigue necesitando un ambicioso programa de reformas estructurales que ataque escollos históricos como la excesiva dependencia petrolera de los ingresos fiscales o ineficiencias importantes en el sistema educativo.
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Materias primas
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El petróleo se para, de momento
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El petróleo se mantiene en los 122,8 dólares, dando un respiro a su carrera alcista.
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El petróleo puso un alto a su evolución alcista y mantuvo su precio prácticamente invariado entre el 22 de febrero y el 22 de marzo, cediendo un mínimo 0,2% para quedar en los 122,80 dólares por barril (calidad Brent, para entregas a un mes), un 14,7% por encima del nivel de inicios de año que iguala el incremento del conjunto de 2011 y un 5,8% por encima del nivel de hace un año, cuando la crisis libia ya había llegado a su punto álgido.
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La decisión de Arabia Saudí de aumentar la producción de crudo para compensar la disminución de las exportaciones iraníes, que secunda la liberación de las reservas estadounidenses y británicas, es el principal elemento detrás de la momentánea estabilización de los precios y pone de manifiesto la existencia de un interés general en que el encarecimiento del petróleo no acabe agravando la desaceleración de la demanda agregada global.
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Las alzas se interrumpen, pero es pronto para hablar de cambios de tendencia.
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El resto de las materias primas tuvo un comportamiento desigual que interrumpe las alzas de inicios de año. La poca magnitud de los descensos hace difícil, empero, poder hablar de cambios de tendencia. El índice CRB avanzó un imperceptible 0,2% entre el 22 de febrero y el 22 de marzo, pero las bajas predominaron entre metales y alimentos a excepción del hierro, el acero y el arroz. Entre los metales, destacan los descensos del oro y del níquel, del 6,7% y del 8,2%, respectivamente, mientras entre los alimentos sobresale la caída del 10,4% del precio del café.
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