Noticias Estudios
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Informe Mensual, núm 357 - Mayo 2012
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Coyuntura internacional
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Previsiones del FMI
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Previsiones del FMI: ralentización con una luz al final del túnel
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El FMI espera un crecimiento global del 3,5% para 2012 y del 4,1% para 2013. Siguen los riesgos a la baja.
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En su informe de perspectivas de la economía mundial de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ve una ralentización en 2012 que debería ir seguida de una débil recuperación en 2013. El buen comportamiento de la economía estadounidense y la implementación de políticas de urgencia en la eurozona han reducido el riesgo de una recaída abrupta y hacen que la ralentización sea menor de lo que se esperaba en enero. Pero la fragilidad de la recuperación continúa. Mientras se espera que la actividad continúe siendo sólida en las economías emergentes, la insuficiencia de demanda en las economías avanzadas obliga a calibrar las políticas teniendo en cuenta la necesidad de apoyar el crecimiento.
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La fragilidad del crecimiento obliga a mantener políticas de apoyo a la demanda.
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El crecimiento global para 2012 se ralentiza hasta el 3,5%, algo por encima de las previsiones de enero, mientras que para 2013 se espera una mejora del crecimiento hasta el 4,1%. La recuperación es desigual. Las economías avanzadas crecerán, según el Fondo, un 1,4% en 2012 para recuperar algo de vigor en 2013 con un avance del 2,0%. Por su parte, las economías emergentes crecerán en 2012 y 2013 un 5,7% y un 6,0%, respectivamente.
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Según el FMI, la crisis de la eurozona tendrá efectos notables en el resto de Europa pero, si no se produce una intensificación, los efectos sobre la actividad del resto de las economías no serán mayores. Para el Fondo, políticas fiscales y monetarias de apoyo a la demanda como las operaciones de refinanciación a tres años impulsadas por el Banco Central Europeo o la extensión de las exenciones fiscales a las nóminas y del seguro de desempleo en Estados Unidos han contribuido a reducir los riesgos de recaída. Asimismo, muchas economías avanzadas han hecho progresos en el diseño y la implementación de programas de consolidación fiscal a medio plazo.
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Los riesgos siguen estando sesgados a la baja. El principal riesgo es el de una escalada de la crisis de la eurozona. En segundo lugar, las tensiones geopolíticas podrían propiciar un encarecimiento del petróleo. En tercer lugar, el tamaño de la deuda pública de países como Estados Unidos y Japón podría añadir tensiones a los mercados de bonos. Respecto a las políticas a seguir, el Fondo estima que, dada la debilidad del crecimiento en las economías avanzadas, los países con capacidad de maniobra deberían reconsiderar el ritmo de la consolidación fiscal, dejando sitio para políticas de apoyo a la demanda. Asimismo, hay que constatar que los planes de consolidación fiscal en Estados Unidos y Japón necesitan una mayor definición.
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Estados Unidos
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Estados Unidos: una recuperación a la busca del vigor
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Estados Unidos crece un 0,6% en el primer trimestre.
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La economía estadounidense está viviendo un inicio de 2012 notablemente mejor de lo que se esperaba hace dos meses. Al cierre de este Informe, el Departamento de Comercio anunció que el crecimiento del producto interior bruto (PIB) del primer trimestre de 2012 fue del 0,5% intertrimestral, un 2,1% interanual que mantiene el vigor con el que se acabó 2011. Sin embargo, si bien la recuperación es sólida, es más modesta de lo que esos números sugieren. El sector privado no acaba de tomar el relevo de las políticas expansivas y el crecimiento para el conjunto de 2012 no debería ir mucho más allá del 2,0%. La crisis de la eurozona y el precio del petróleo siguen siendo factores de incertidumbre.
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El estancamiento de los ingresos hace prever una moderación de la expansión.
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Las razones de la moderada intensidad del crecimiento hay que buscarlas en los componentes que más han contribuido a los últimos avances: el incremento de las existencias y el consumo privado. Mientras que las existencias obedecen a una naturaleza fluctuante, la pujanza del consumo privado, un componente que representa el 71,0% del total de la economía, debería ir perdiendo fuerzas para volver paulatinamente a una senda de crecimientos en el rango 1,5-2,0%.
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Esto es así porque el poder adquisitivo de la renta disponible de los hogares está estancado desde enero de 2011, con un retroceso del 0,2% interanual en febrero. Asimismo, es difícil que en 2012 la recuperación del mercado laboral se traduzca en un aumento de las nóminas que venga a paliar esta situación y, sin crecimiento de ingresos, el crecimiento del consumo privado no es sostenible. Así, el consumo mantiene el tono a costa de una menor tasa de ahorro que, en febrero, se situó en el 3,7% de la renta disponible, un mínimo desde agosto de 2009 del que debería recuperarse en los próximos meses obedeciendo a la necesidad de reducción de la deuda de las familias. Así, el consumo debería replegarse hacia avances más moderados que, sin embargo, encontrarían soporte en las mejoras patrimoniales, ya sea por unas cotizaciones bursátiles más elevadas o por la relativamente favorable evolución del proceso de desapalancamiento, con una deuda de los hogares que acabó 2011 en el 112,7% de la renta disponible, una reducción de 17,3 puntos porcentuales respecto al máximo nivel de 2009.
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El repunte del consumo obedece en parte a factores temporales.
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Los últimos indicadores de gasto de consumo también apuntan hacia este patrón de crecimiento vigoroso con tendencia a la moderación. Las ventas al por menor, sin coches ni gasolina, se incrementaron un 5,7% interanual, con un primer trimestre que presentó un avance del 1,2% intertrimestral en términos reales, consistente con el robusto comportamiento de las cuentas nacionales. Sin embargo, una parte importante de la mejora fue debida a un invierno especialmente benigno, lo que hace que en los próximos meses pueda darse un cierto efecto de compensación. También abunda en la misma línea el índice de confianza del consumidor del Conference Board, que en marzo descendió ligeramente hasta el nivel de los 70,2 puntos, poniendo un hiato en su marcha ascendente cuando todavía se encuentra netamente por debajo de la media histórica.
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En un contexto más alcista, el sentimiento empresarial es coherente con crecimientos superiores, del orden del 3%, y es de prever que la inversión en capital productivo mantenga en 2012 gran parte del vigor del año pasado, aunque la evolución de marzo fue desigual. Así, el índice de actividad del Institute for Supply Management (ISM) de manufacturas dio la de cal subiendo un punto hasta el nivel de los 53,4 puntos. Sin embargo, el índice de servicios, que representan el 86,2% de los empleos y dos tercios del consumo privado, vino a dar la de arena descendiendo desde los 57,3 a los 56,0 puntos.
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Los empresarios siguen siendo más optimistas que los consumidores.
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El mercado laboral da una imagen fiel del momento de la recuperación. Las mejoras están, pero son lentas e insuficientes. Así, la creación de empleo continúa avanzando, con la adición de 120.000 empleos netos en marzo, una cifra relativamente modesta que puede obedecer a cierta compensación por los registros excesivamente alcistas de enero y febrero. La tasa de paro volvió a descender en marzo, quedando en el 8,2%, una décima por debajo de la lectura de febrero. Una gran parte del descenso se debe a una reducción de la población activa, a causa del incremento de trabajadores desanimados. La mejora del mercado de trabajo, empero, es real, ya que el número de subempleados, que trabajan involuntariamente a tiempo parcial, ha bajado de 9,1 a 7,6 millones entre septiembre de 2011 y marzo de 2012 y las horas trabajadas semanales están cerca del promedio histórico.
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El paro disminuye hasta el 8,2%, pero las mejoras del mercado laboral van excesivamente lentas.
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El problema es que la mejoría va lenta. Estados Unidos ha recuperado en dos años un 40,7% de los empleos que se perdieron durante la crisis, con lo que, de seguir el ritmo actual, se tardarían tres años en poner el contador a cero. Esta lentitud tiene dos consecuencias indeseables. En primer lugar, se retrasa la recuperación de los salarios, que acostumbra a llegar después de que aumenten las contrataciones y las horas trabajadas. Sin una recuperación de salarios, los ingresos no pueden ir arriba y culminar el relevo de los estímulos públicos por el sector privado. En segundo lugar, un problema coyuntural de falta de demanda corre el riesgo de convertirse en estructural, dada la alta proporción de desempleados de larga duración, que son los más difíciles de recolocar.
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El IPC sube un 2,7%, y el subyacente un 2,3%, pero la tendencia de 2012 sigue siendo de moderación.
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Ante esta tesitura, la Reserva Federal se mantiene cauta. El escenario central es el de mantener la actual política monetaria, con los tipos de interés en mínimos. No debe descartarse, empero, la posibilidad de nuevas expansiones cuantitativas en caso de que el mercado de trabajo mostrase síntomas de flaqueza. En el haber, la inflación sigue moderada y, en los actuales niveles, deja margen de actuación a la Fed. El índice de precios al consumo (IPC) de marzo subió un 2,7% interanual -2,9% en febrero- y, de seguir el petróleo en los niveles actuales, debería seguir moderándose hasta quedar cerca del 2,2% a finales de año. Por su parte, el IPC subyacente, que excluye los precios energéticos y los de alimentación, subió un 2,3% interanual -2,2% en febrero- que retrasa momentáneamente la esperada moderación de los precios.
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El déficit comercial se reduce temporalmente por el descenso de las importaciones chinas.
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También se retrasa la recuperación del mercado de la vivienda, afectado por la persistente sobreoferta, que podría alargarse hasta bien entrado 2013. Los precios siguen descendiendo, aunque cada vez menos. El índice Case-Shiller de viviendas de segunda mano acumuló en enero un descenso del 7,5% respecto a junio de 2010, que fue cuando se retomó la senda bajista. En lo que se refiere a la actividad, los precios razonables en comparación con el ingreso medio de los hogares y las ejecuciones de hipotecas por impago traen repuntes de las ventas que no alcanzan a tener continuidad. Más indicativa de la tendencia general, la construcción retrocedió ligeramente en marzo, con 654.000 viviendas iniciadas, en términos anuales, perpetuando un nivel que queda muy lejos de los 1,5 millones de promedio del periodo 1995-2000, anterior a la burbuja. Y es que los 12 millones de hogares cuya deuda hipotecaria supera el valor de su vivienda son una losa pesada. A la vista de la insuficiencia del programa gubernamental de modificación de hipotecas, que intentaba alargar plazos y reducir o atrasar los pagos de intereses, el Federal Housing Finance Board prevé extenderlo con reducciones efectivas de la deuda hipotecaria pendiente de estos hogares. Un cambio al que da soporte el FMI, en su informe de perspectivas económicas de abril.
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Japón espera un primer trimestre expansivo.
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En el sector exterior no se esperan importantes contribuciones al crecimiento, dada la situación de la demanda global. Sin embargo, la balanza comercial de bienes y servicios de febrero tuvo una ostensible mejora, descendiendo hasta los 46.025 millones de dólares, una reducción de 6.500 millones que se explica en su práctica totalidad por la disminución de las importaciones de China, que podría obedecer al parón del Año Nuevo chino. Por su parte, las exportaciones permanecieron invariadas respecto a enero, evidenciando el escaso recorrido al alza en la coyuntura actual. El precio del petróleo sigue, empero, siendo una incertidumbre, no ya para el sector exterior, sino para el conjunto de la economía, por los efectos que pudiera tener en la renta disponible de los hogares. Lo que ha cambiado en marzo es que el riesgo es ahora simétrico, ya que no puede descartarse que el incremento de producción de Arabia Saudí traiga un mayor abaratamiento del petróleo que tiraría al alza del crecimiento estadounidense.
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Japón
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Japón: reconstrucción contra deflación
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La producción industrial se recupera y queda cerca de los niveles anteriores al tsunami.
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La economía nipona espera un relativamente robusto primer trimestre de 2012, después de haber acabado 2011 en un bajo tono. El crecimiento esperado para el conjunto de 2012 es del 1,7%. La reciente iniciativa del Banco de Japón de establecer un objetivo explícito de inflación del 1%, acompañada de una expansión cuantitativa de 10 billones de yenes (un 2,1% del PIB), podría estar contribuyendo a la depreciación del yen -que desde septiembre lleva perdido un 6,8% respecto al dólar- y al fortalecimiento de la recuperación económica.
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Coincidente con esta expectativa alcista, la producción industrial ha venido recuperándose en los últimos meses, a pesar del leve retroceso de febrero. El índice general se sitúa un 4,2% por debajo del nivel de febrero de 2011, previo al terremoto y al tsunami -después de haber llegado a perder un 16,2%. Mejor lectura presenta aún la producción industrial de bienes de consumo, que ya ha alcanzado el nivel de febrero de 2011. La percepción empresarial sigue siendo de cautela, empero, con un índice Tankan para grandes empresas manufactureras que en el primer trimestre repitió el nivel de menos 4,0 puntos, que se corresponde con crecimientos bajos.
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Pero la verdadera asignatura pendiente de la economía nipona es acabar con la deflación, que ha convertido en costumbre que los consumidores esperen precios cada vez más bajos. Sin embargo, el aumento global de los precios energéticos, exacerbado por los intentos de desnuclearización del país, está imponiendo una presión alcista en los costes industriales que se está trasladando a los precios de consumo. Así, el IPC de febrero se incrementó en un 0,3% interanual, el mayor desde diciembre de 2008. Asimismo, el IPC subyacente, el general sin energía ni alimentos, registró su segunda subida intermensual reduciendo al 0,5% su retroceso interanual.
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Los precios suben por primera vez desde 2008, mientras que el déficit comercial marca otro máximo.
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Los esfuerzos de reconstrucción, el encarecimiento de la factura energética y la ralentización de la demanda global hacen que continúe el déficit comercial que, en los últimos 12 meses hasta marzo, llegó al máximo histórico de 4,7 billones de yenes. El crecimiento del 1,2% interanual de las exportaciones de marzo contrasta con el avance importador del 6,3%.
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China
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China: ralentización no preocupante
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China modera su avance con un crecimiento del 8,1% interanual el primer trimestre de 2012.
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El PIB de la segunda economía mundial creció un 8,1% interanual el primer trimestre del año, por debajo del 8,9% del trimestre anterior y de las previsiones del consenso. La moderación de la demanda externa por la debilidad de las economías avanzadas, especialmente la europea, es el principal factor de esta ralentización en China. En particular, las exportaciones crecieron un muy moderado 7,7% interanual en términos corrientes el primer trimestre de 2012, frente al 14,3% del último trimestre de 2011.
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Aun así, nuestro escenario central sigue contemplando un aterrizaje suave de China. El recorrido de la demanda interna le permitirá mantener una elevada tasa de crecimiento, con un avance cercano al 8% en 2012, aunque los riesgos son a la baja. Una desaceleración mayor de la prevista en Europa (destino del 21% de las exportaciones de mercancías) tendría un impacto significativo sobre el ritmo de avance del país.
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Producción industrial y ventas al por menor avanzan favorablemente en marzo.
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El avance de la producción industrial y de las ventas al por menor correspondientes al mes de marzo refuerzan nuestro escenario de aterrizaje suave. Así, la producción industrial creció un 11,9% en marzo, por encima del 11,4% del primer bimestre. Las ventas al por menor subieron un 15,2% interanual en términos corrientes, también por encima del 14,8% bimestral. Por el contrario, la inversión en capital fijo avanzó un 20,9% los primeros tres meses del año, 0,6 puntos por debajo del acumulado hasta febrero.
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Aunque todavía es pronto para emitir un juicio definitivo, la evolución de estos indicadores de actividad junto al deterioro del sector exterior son un leve indicio, aunque bienvenido, de que la economía china podría estar reequilibrando su patrón de crecimiento hacia una mayor preponderancia del consumo privado frente al sector exterior y la inversión en infraestructuras.
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El Banco Central amplía la banda de fluctuación diaria del renminbi frente al dólar.
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En este entorno de moderación de la actividad, la inflación en marzo subió hasta el 3,6%, ligeramente por encima del 3,2% de febrero por la volatilidad en el precio de los alimentos, que suponen algo más de un tercio del índice general de precios. Con todo, la cifra se encuentra por debajo del objetivo del 4% marcado por el ejecutivo y se espera que siga suavizándose a lo largo del año. Ello ha permitido relajar la política monetaria. A principios de año se redujeron los coeficientes de reservas y prevemos una disminución de tipos de interés en 50 puntos básicos a lo largo de 2012 que apoyarán el crecimiento del crédito y la demanda interna. En esta misma línea de apoyo al crecimiento, la política fiscal seguirá siendo activa. El moderado endeudamiento de la economía, aun teniendo en cuenta la deuda de los gobiernos locales, debería permitir reforzar la red de prestaciones sociales y seguir con un aceptable nivel de inversión en infraestructuras.
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Por último, a mediados de abril, el banco central amplió la banda diaria de fluctuación permitida del renminbi frente al dólar del ±0,5% al ±1%. De todas formas, ante la ralentización de la demanda externa, no esperamos que el ritmo de apreciación de la moneda china con respecto al dólar supere el 3% en 2012.
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En definitiva, y a pesar de un posible mayor deterioro de las economías avanzadas, la leve moderación de China no parece alarmante y además algunos indicadores parecen insinuar un cambio hacia un mayor protagonismo del consumo privado. Veremos cómo evolucionan estos indicadores en los próximos meses.
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Brasil
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Brasil: estímulos... y más estímulos
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Las autoridades brasileñas tiran de estímulos para frenar la desaceleración.
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Tras el decepcionante registro de crecimiento de la segunda mitad de 2011 y ante la acumulación de indicios de que el primer trimestre de 2012 no será mucho mejor, las autoridades económicas brasileñas han optado por abrir aún más el grifo de los estímulos. A principios de abril, el Gobierno anunció un nuevo paquete de medidas dirigidas a alentar el gasto interno y que incluyen rebajas fiscales, facilidades de crédito y una serie de instrumentos para dar impulso a un sector industrial que sigue sin consolidar una senda de crecimiento robusto. Asimismo, la política comercial ha adoptado un cariz claramente más proteccionista, incluso considerándose la posibilidad de introducir nuevos aranceles para proteger a los sectores más expuestos a la competencia china, en especial el textil.
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El Banco Central de Brasil vuelve a reducir el tipo de interés de referencia otros 75 puntos básicos, dejándolo en el 9%.
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Por su parte, el Banco Central de Brasil volvió a reducir la tasa SELIC otros 75 puntos básicos y, por sorpresa, dejó la puerta abierta a más rebajas si la coyuntura económica lo exige. Su decisión, que deja la tasa de descuento en el 9%, casi en su mínimo nivel en quince años (8,75%), se basó en una progresiva moderación del avance de los precios -la tasa de inflación sigue retrocediendo, hasta el 5,85% en febrero-, la mencionada ralentización del ritmo de actividad y los riesgos a la baja que todavía amenazan el crecimiento económico global. De todos modos, y aunque no se anticipan excesivas presiones inflacionistas a corto plazo, la elevada indexación de salarios, las rigideces en los servicios y el giro más agresivamente expansivo de las políticas económicas mantendrán la tasa de inflación por encima del punto medio del rango objetivo en 2012 (4,5%). Ello, y el esperado repunte de la actividad en la segunda mitad del año, hacen prever que el fin de la senda de bajadas del tipo de interés de referencia no está muy lejos.
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Aunque el nuevo arsenal de estímulos, añadidos a los que vienen introduciéndose desde mediados de 2011, puede aportar un balón de oxígeno a la industria, su impacto se anticipa marginal y transitorio puesto que no abordan la raíz del problema. Además de un real excesivamente sobrevalorado, la industria brasileña acusa una serie de ineficiencias estructurales que se traducen en elevados costes de producción y una baja competitividad. Y, desafortunadamente, por ahora, ni Dilma Rousseff ni su equipo de gobierno parecen estar por la labor de emprender las reformas necesarias para atajar dichas ineficiencias.
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México
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México: calma preelectoral
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La economía mexicana encara un escenario de perspectivas económicas relativamente cómodas.
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Los últimos indicadores coyunturales esbozan un escenario de perspectivas relativamente cómodo para la economía mexicana. El sentimiento de consumidores y productores es cada vez más optimista; la producción industrial registró un fuerte avance en febrero (5,9% interanual, frente al 4,3% de enero) y los índices de gestores de compras apuntan hacia el fortalecimiento del ciclo manufacturero. Ello refleja el mejor tono, por un lado, de la demanda interna, que sigue recuperando fuelle a volandas del impulso del crédito, las remesas y el empleo; por otro, de una demanda externa que se beneficia de la progresiva mejoría de su vecino del norte.
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El banco central sigue sin mover ficha pero su gobernador insta a abordar reformas estructurales de calado.
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En el ámbito de precios, todo apunta a que el brote inflacionista de finales de 2011, a raíz de un shock de oferta alimentaria y del impacto de la debilidad del peso sobre el componente subyacente, está amainando. Sin duda, la posición cíclica de la economía, con un crecimiento moderado por debajo de su potencial, ha contribuido a moderar el avance de los precios.
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Este escenario macroeconómico facilita enormemente la labor de la autoridad monetaria que, ante un crecimiento sólido pero todavía comedido y en ausencia de presiones significativas sobre precios, puede permitirse mantener sin cambios la tasa de descuento, en el 4,5% vigente desde julio de 2009. De todos modos, sus últimos comunicados siguen desprendiendo un claro sesgo hacia una política monetaria más laxa derivado, sin duda, del contexto de extrema laxitud monetaria a nivel global.
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El buen tono de la coyuntura económica también allana el terreno para que la campaña electoral desempolve propuestas de reformas estructurales de envergadura. En ese sentido, el gobernador del banco central, Agustín Carstens, emplazó recientemente y de forma explícita a los candidatos presidenciables a pensar seriamente en dichas reformas. Unas reformas que, según aventuró, si se llevan a cabo con éxito, pueden llevar a la economía mexicana a tasas de crecimiento cercanas al 5%, el doble de su crecimiento promedio de la última década.
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Materias primas
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¿Cambio de rumbo en el petróleo?
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El petróleo cede un 4,7% en un mes y se sitúa por debajo del nivel del año pasado.
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El petróleo retrocedió de forma nítida entre el 20 de marzo y el 20 de abril, con un retroceso del 4,7%, para quedar en los 118,60 dólares por barril (calidad Brent, para entregas a un mes). El crudo se sitúa así un 10,7% por encima del nivel de inicios de 2012, pero un 4,8% por debajo del nivel de hace un año, cuando la crisis libia ya había llegado a su punto álgido, lo que debería tener sus efectos tirando a la baja el IPC de la mayoría de las economías.
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El precio del petróleo parece haber flexionado a la baja. El principal factor podría ser Arabia Saudí, que aumentó su producción hasta los 10 millones de barriles diarios, el máximo nivel en 30 años. Adicionalmente, la International Energy Agency prevé unas condiciones de demanda y oferta que favorecerían un abaratamiento mayor, pero que se ve obstaculizado por las tensiones que genera el programa nuclear iraní. Además, la debilidad de la eurozona tira hacia abajo la demanda de crudo.
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El cambio de dirección en las materias primas se confirma.
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El resto de las materias primas se sumó a la tendencia bajista del crudo. El índice CRB retrocedió un 3,0% entre el 20 de marzo y el 20 de abril, el mayor descenso desde mayo de 2010. Entre los metales, aluminio y níquel perdieron cerca de un 8,0%, mientras que el cobre cedió un 4,3%, afectado por la ralentización de China y por la revelación de un nivel de existencias del gigante asiático superior a lo que se pensaba. La excepción a los descensos fue el oro, que cedió un mínimo 0,4%. Entre los alimentos también predominaron las bajadas, con descensos en el precio del trigo, del azúcar y del café, siendo el arroz la excepción, con una apreciación del 1,9%.
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Empresa y productividad: una cuestión de tamaño
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El tejido empresarial en España se caracteriza por una gran fragmentación, con una evidente prevalencia de pequeñas y microempresas y, en contrapartida, con un reducido número de compañías de gran tamaño. En parte, dicha distribución puede estar reflejando impedimentos para crecer o desventajas de ser grande, una cuestión para nada irrelevante cuando se ha demostrado que las empresas de mayor dimensión no solo tienden a ser más productivas sino también más propensas a exportar. En el contexto actual, de fuerte debilidad de la demanda interna, es esencial que nuestras empresas ganen cuota en el mercado interno y externo, y ello exige mejorar en productividad y ahorrar en costes. En definitiva, potenciar competitividad e internacionalización, dos elementos que se asocian positivamente al tamaño de la empresa. Por ello, este recuadro aboga por un entorno regulatorio que no solo fomente la creación de empresas, en sus inicios la mayoría de muy pequeño tamaño, sino también su crecimiento.
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Desde una perspectiva internacional, la dimensión media de la empresa española representativa es inferior a la de otros países con un grado de desarrollo similar. Según datos recopilados por la OCDE, en el año 2007 operaban en España 3.305 empresas con más de 250 trabajadores -lo que se considera gran empresa-, sobre un total de 2.712.397 empresas. Dicha cifra es sensiblemente inferior a su equivalente en Alemania, por ejemplo, donde, en el mismo periodo, operaban 8.995 empresas de gran tamaño sobre un total de 1.818.909. En contrapartida, España destaca por ser uno de los países avanzados con un mayor peso de las microempresas o empresas con menos de 10 asalariados, las cuales representan un 93% del total de empresas versus el 83% en Alemania, que coincide con la media de la OCDE.(1)
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En términos de ocupación, las pequeñas y medianas empresas (menos de 250 empleados) copan el 78% del total de empleo en España, mientras que en Alemania solo emplean el 60,4% y en Estados Unidos, el 47,3%. Además, la distribución de empleo también muestra un claro sesgo hacia la microempresa -con el 38,3% del total, versus el 19% en Alemania o el 11% en Estados Unidos. Aunque las empresas industriales tienden a ser más grandes que las empresas de servicios, el sesgo español hacia la empresa de pequeña dimensión no puede atribuirse a un mayor peso del sector terciario. Si nos limitamos a la rama manufacturera, las pymes también se llevan la parte del león, con el 73% del empleo, y las empresas de menos de 20 trabajadores capturan el doble de trabajadores que en Alemania (29% versus 15%). La gran empresa manufacturera, en cambio, sólo emplea el 27% del total de empleo sectorial en España, versus el 53% en el país germano (véase gráfico anterior).
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(1) Véase OCDE, Entrepreneurship at a Glance, 2011.
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(2) Véase, por ejemplo, Bernard, Jensen, Redding y Schott, «Firms in International Trade», Journal of Economic Perspectives, 2007.
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A estas alturas es un dato conocido y bien documentado que las empresas de mayor tamaño son más propensas a exportar.(2) La razón principal no es otra que la presencia de costes fijos de entrada en la actividad exportadora, más fácilmente asumibles para una empresa de mayor tamaño. En España, durante el periodo 2001-2007, solo el 12% del total de empresas exportaron algún tipo de mercancía; sin embargo, entre las grandes empresas, un 57% lo hicieron versus solo un 2,9% de las microempresas.(3) Asimismo, un estudio reciente concluye que, ante el colapso del comercio mundial en 2009, las empresas españolas que más dejaron de exportar eran, en general, más pequeñas. Los resultados también revelan que, en el caso de las grandes empresas, el ajuste del volumen exportado se produjo en mayor medida vía reducción del margen intensivo (es decir, del valor medio exportado) y no tanto vía margen extensivo (abandono del mercado), recurso por el que se decantaron, en cambio, las empresas de pequeña dimensión.(4)
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Además de una mayor inclinación exportadora, las empresas de mayor tamaño también tienden a ser más productivas. La asociación positiva entre productividad y dimensión empresarial se explica, fundamentalmente, por la presencia de rendimientos crecientes a escala que permiten reducir progresivamente los costes unitarios a medida que aumenta el tamaño de la empresa. Según datos recopilados por la OCDE sobre la productividad en el sector manufacturero, las grandes empresas españolas son casi 3 veces más productivas que las microempresas y 1,6 veces más productivas que las de tamaño medio. Dichas diferencias en productividad por tamaño son comparables a las que se observan en otros países, como Alemania (véase gráfico anterior).
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Esos mismos datos también descubren una regularidad que, de entrada, puede sorprender: cuando se comparan compañías de tamaño similar, la productividad de las empresas españolas no es muy distinta de la de sus homólogas alemanas. De hecho, las grandes empresas españolas son incluso más productivas que las alemanas. En contrapartida, la micro y pequeña empresa son algo menos productivas en España. Ello sugiere que el diferencial entre la productividad media de las empresas manufactureras alemanas frente a las españolas (un 20% superior en Alemania) podría atribuirse al menor peso de la gran empresa en España.
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(3) Fuente: Boletín Económico del Banco de España, noviembre de 2010.
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(4) Véase Boletín Económico del Banco de España, enero de 2012.
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En ese sentido, un ejercicio revelador consiste en calcular cómo cambiaría la productividad media del sector manufacturero en España si la distribución del empleo entre empresas de distintos tamaños fuera la misma que en Alemania. Los resultados exponen que, en ese caso, la productividad media española sería equivalente a la alemana. Si, en cambio, mantenemos la composición por tamaño actual de la empresa española pero suponemos que son igual de productivas que las empresas alemanas de dimensiones equivalentes, hallamos que la productividad media en España sería aún un 16% inferior a la del país germano. Por lo tanto, efectivamente, la menor productividad media en España en relación con Alemania puede explicarse, desde un punto de vista estrictamente contable, por un efecto de composición derivado de la excesiva fragmentación del tejido empresarial español y de su sesgo, en términos de empleo, hacia la pequeña empresa, que es menos productiva no solo en España sino en todas partes.
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¿Qué explica, entonces, la escasez de grandes empresas en España? Todo apunta a que la menor dimensión de la empresa media se deriva tanto de rigideces y obstáculos en el entorno institucional y de mercado en el que operan las empresas -lo que dificulta su crecimiento-, como de factores sociales y culturales más amplios que limitan, de entrada, el horizonte de muchos proyectos empresariales. Véase «La dimensió empresarial a Catalunya: Situació, característiques, determinants i propostes», Consell Assessor per a la Reactivació Econòmica i el Creixement, Generalitat de Catalunya, diciembre de 2011. Dichos factores limitadores se exploran más a fondo en los recuadros «Crecer o no crecer, he ahí el problema», «¿Favorece la regulación laboral el crecimiento empresarial?» y «La financiación de las pymes en España: emergencia a corto, desafío a largo» de este mismo número. Los dos primeros examinan la influencia del entorno institucional sobre el crecimiento empresarial, mientras que en el tercero se aborda la relación entre acceso a financiación y tamaño de la empresa.
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En definitiva, la gran empresa española es competitiva y, en los últimos años, ha demostrado un dinamismo exportador notable. El problema está en que dichas empresas todavía tienen un peso muy reducido en la economía. Ante la perspectiva de un gasto interno lastrado por los ajustes durante un periodo prolongado de tiempo, la mejor baza con la que cuenta la economía española para reencauzar el crecimiento es ganar cuota de mercado en el exterior. Ello exige, sí o sí, que un mayor número de nuestras empresas se suban al tren de la productividad y la internacionalización; y está claro que adquirir tamaño abarata el billete.
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Este recuadro ha sido elaborado por Marta Noguer
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Departamento de Economía Internacional, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"
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