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Informe Mensual, núm 359 - Julio-Agosto 2012
Unión europea
Informe completo ( 2,2 MB )
     

Zona del euro

Zona del euro: ¿dónde está la hoja de ruta?

Parece que el diseño institucional de la Unión Europea es insuficiente para tratar la crisis. Transcurrido el primer semestre del año es útil realizar una reflexión sobre la situación actual de la economía y sus perspectivas para la segunda parte del año. Dos son los ejes principales que trazan la vía por la que discurre la actividad económica en la eurozona. En primer lugar, el consenso de que el diseño institucional es insuficiente para hacerse cargo de los desafíos presentados por la crisis actual. La ausencia de los instrumentos necesarios para atajar los problemas genera periódicamente la propuesta de nuevas herramientas. Durante los últimos meses, la necesidad de profundizar en una unión fiscal, así como la posibilidad de una unión bancaria, con un supervisor único para el conjunto de los sistemas financieros de los países miembros de la zona del euro, son dos de las propuestas que han recibido más atención.
En cualquier caso, estas propuestas están todavía en un estadio muy embrionario y, de momento, lo único que consiguen es generar nuevas preguntas: ¿Existe un consenso suficiente para llevarlas a cabo? ¿Cuánto tiempo llevaría implementarlas? ¿Sería ello suficiente?
Se mantiene la intranquilidad de los inversores. En este contexto, se ha producido una ampliación de las primas de riesgo en algunos países, especialmente en España e Italia. Ni el resultado de las elecciones griegas, que ha permitido formar un gobierno tripartito entre los conservadores de Nueva Democracia, los socialistas del Pasok y el partido de la Izquierda Democrática, todos partidos pro euro, combinado con el anuncio de que la Unión Europea podría revisar el calendario de ajustes para conceder más tiempo con el objetivo de asistir a Grecia en su compromiso fiscal, han logrado sofocar las llamas de la desconfianza.
Por otra parte, tampoco el anuncio de la ayuda por un importe de hasta 100.000 millones de euros para recapitalizar la banca española proporcionó solaz a los espíritus desasosegados de los inversores, que no están por la labor de adquirir deuda pública de los países periféricos.
El crecimiento en la zona del euro se estanca. El segundo gran eje es el empeoramiento de la coyuntura económica. Los datos avanzados ponen de relieve que, si durante el primer trimestre la economía presentó un crecimiento del producto interior bruto (PIB) nulo, en el segundo trimestre la contracción del mismo podría ser significativa. Además, los indicadores económicos avanzados sugieren que el segundo semestre difícilmente ofrecerá sorpresas positivas.
Es difícil estabilizar la desaceleración económica en un contexto de aumento de incertidumbre que retrae la demanda agregada. La actividad económica se ha estancado en el primer trimestre del año con un crecimiento negativo del 0,1% interanual, tal y como pone de manifiesto el dato desglosado del producto interior bruto del primer trimestre. Prosigue el ajuste del consumo privado con una contracción interanual del 0,6%. Adicionalmente, la formación bruta de capital fijo ha sufrido una fuerte caída y se contrae a una tasa del 2,2%, mientras que a finales del año pasado crecía al 1,0%. Por otra parte, prosigue el ajuste fiscal en la eurozona con una ligera contracción del consumo público del 0,3% interanual. Además, los recortes en el gasto público deberían intensificarse durante los próximos trimestres.
La desaceleración del crecimiento mundial impacta negativamente en las exportaciones europeas. Por otra parte, la moderada desaceleración del resto del mundo se deja entrever en la reducción en el crecimiento de las exportaciones (2,9%), mientras que las importaciones (-0,3%) reflejan la debilidad de la demanda agregada interna en la eurozona. Aunque es necesario puntualizar que el dato del PIB enmascara una fuerte heterogeneidad geográfica. Así por ejemplo, mientras que Alemania presenta un crecimiento interanual del 1,2%, en cambio, Italia muestra una contracción interanual del 1,3%.
Desafortunadamente, los indicadores económicos avanzados sugieren que el crecimiento del PIB de la zona del euro en el segundo y tercer trimestre debería ser negativo. Desde el punto de vista de la demanda, el dato de ventas minoristas sigue ofreciendo una tendencia claramente descendente. En el mes de abril disminuyeron un 1,0% respecto al mes anterior, por lo que la tasa de variación interanual se adentra en terreno negativo y alcanza el -2,5%. El descenso es generalizado en todos los componentes del índice, con retrocesos en términos interanuales superiores al 2,0%, pero es especialmente intenso en la venta de carburantes, que presenta una reducción del 9,8%.
Los indicadores de coyuntura económica sugieren desaceleración de la actividad. La evolución de las ventas minoristas es un buen indicador para medir el pulso de la situación económica del momento. A diferencia del dato del PIB, aquí sí encontramos que las divergencias entre los datos de ventas minoristas de los distintos países que conforman la Unión Europea se hacen menores. El desglose por países muestra un frenazo en el caso de Alemania, cuyas ventas minoristas en abril pasan de crecer un 1,6% en el mes anterior a tan solo un 0,6% intermensual. Tampoco las familias francesas presentan un escenario más risueño, con una intensa contracción intermensual del 1,5%. Aunque superados, en ambos casos, por la contracción en España de un 2,4%.
Las ventas minoristas intensifican su caída. Es previsible que se mantenga la desaceleración o en el mejor de los casos una cierta atonía en las decisiones de consumo de las familias debido a la debilidad del mercado laboral y las incógnitas sobre la resolución de la crisis europea. Efectivamente, la tasa de paro del mes de abril en la eurozona fue del 11,0%, habiéndose revisado el dato del mes anterior desde el 10,9% hasta el 11,0%. Es un máximo histórico desde 1990. El mes de abril aumentó el número de parados en 110.000 personas y el total alcanzó los 17,4 millones de desempleados. Se ha ampliado la divergencia por países desde el mínimo presentado por Austria, con una tasa de paro del 3,9%, hasta España, que muestra un 24,3%.
La tasa de paro se mantiene en un máximo histórico desde 1990. Es cierto que el índice de confianza de los consumidores de la eurozona del mes de mayo subió desde los -19,9 puntos del mes de abril hasta -19,3, pero es una variación mínima y que mantiene el índice por debajo de la media histórica. Este nivel sugiere que las familias mantendrán su prudencia a la hora de tomar decisiones de gasto.
Cae la producción industrial del mes de abril. Desde la óptica de la oferta, la producción industrial de abril en Alemania e Italia se redujo un 0,7% y un 8,8% interanual, respectivamente. En el caso del país germano, se trata de la primera caída desde 2009. Teniendo en cuenta que aproximadamente un 45% de las exportaciones alemanas se dirige a la eurozona y el peso que supone su economía para el conjunto de la zona del euro, alrededor de un 27%, este dato es un nuevo registro del agravamiento de la desaceleración económica y apunta hacia una clara contracción de la economía europea en el segundo trimestre. El índice de producción industrial para el conjunto de la zona del euro cayó un 0,8% intermensual, y la tasa interanual empeora respecto al mes anterior situándose en el -2,3%.
En este contexto, es previsible que los empresarios vuelvan a calibrar a la baja sus decisiones de inversión tal y como muestra el deterioro de la confianza empresarial. Las dudas sobre Grecia y España así como las noticias de la desaceleración del crecimiento en China han deteriorado tanto la percepción sobre la situación actual como las expectativas para los próximos meses. Así por ejemplo, el índice de gestores de compras (PMI) manufacturero para la eurozona se ha reducido hasta los 45,0 puntos mientras que el PMI de servicios cayó hasta los 46,4 puntos, en ambos casos por debajo de los 50 puntos, lo que indica contracción económica.
La inflación del mes de mayo cae dos décimas hasta el 2,4%. En este contexto de debilidad económica es normal que el dato de mayo del índice de precios de consumo (IPC) en la eurozona presentara un crecimiento del 2,4% interanual, dos décimas menos que el registro del mes anterior. El desglose de la cifra indica que la desaceleración se debe a la influencia del freno en la subida de los precios de los alimentos y de la energía. Según la previsión del Banco Central Europeo, el IPC se mantendrá por encima del 2%, y ante la desaceleración económica parece difícil un nuevo tensionamiento de la inflación.
La ausencia de una hoja de ruta para la zona del euro incrementa la incertidumbre sobre la trayectoria económica. En definitiva, sería de gran utilidad una hoja de ruta que, a grandes rasgos, defina la secuencia de pasos para alcanzar el objetivo de superación de la crisis. La ausencia de este plan estratégico está produciendo un aumento de incertidumbre que retroalimenta la desaceleración económica en una espiral viciosa.

Alemania

Alemania resiste la recesión europea

Es previsible que la economía germánica se desacelere notablemente en el segundo trimestre. La desaceleración del comercio mundial y el incremento de las tensiones en la eurozona han incidido desfavorablemente en la recuperación de la economía alemana en los últimos meses. Así, numerosos indicadores, tanto reales como de opinión, han mostrado un empeoramiento. De esta forma, es previsible una notable moderación del crecimiento económico en el segundo trimestre después de una expansión intertrimestral del 0,5% en el periodo enero-marzo. Para el conjunto de 2012 situamos nuestra previsión en un aumento anual del PIB del 0,8%, que contrasta con un retroceso de la eurozona.
El avance de la economía alemana cuenta con el impulso de la demanda interna. El consumo de las familias se sostiene por la creación de ocupación y la perspectiva de un aumento de la renta disponible. En efecto, en abril continuó incrementándose el nivel de ocupación y la tasa de paro se redujo hasta el 5,4%, la menor cota de las últimas décadas. La demanda de empleo, medida por el indicador BA-X, presenta una cierta pérdida de fuelle, pero se coloca en niveles altos. También la inflación, que se situó por debajo de la cota del 2% en mayo por primera vez desde diciembre de 2010, dio una alegría. De este modo, la confianza del consumidor mejoró un poco en mayo y se consolidó en una zona sensiblemente por encima del promedio histórico.
La tasa de inflación alemana baja por debajo del 2% y refuerza la confianza del consumidor. Así, las ventas minoristas se elevaron el 0,6% en abril en relación con el mes anterior en términos reales, desestacionalizados y corregidos de calendario. No obstante, las ventas de automóviles en mayo cayeron el 4,8% respecto al mismo mes del año anterior. En conjunto, es de esperar que el consumo de los hogares siga creciendo, si bien a un ritmo lento. En cuanto a la inversión, aunque los bajos niveles de tipos de interés la estimulan, la intensificación de la incertidumbre en el último periodo tiende a frenarla. En abril, la producción industrial de bienes de equipo mostró un ascenso interanual del 1,3%, con tendencia a ralentizarse.
La vertiente exterior continúa reflejando la fortaleza competitiva de la economía alemana, a la que contribuyeron las reformas emprendidas en los últimos años. Así, en abril las exportaciones de mercancías aumentaron el 3,4% interanual, frente a un descenso del 1,0% de las importaciones. Con relación al mes anterior, las ventas al exterior bajaron el 1,7% en términos desestacionalizados y corregidos de calendario, mientras que las compras disminuyeron el 4,8%. De esta forma, el superávit comercial resultó de 14.400 millones de euros en el mes, con un alza interanual del 33,3%. Por su parte, el superávit por cuenta corriente se elevó el 49,3% en relación con abril de 2010.
Mayores aumentos salariales en Alemania podrían contribuir al relanzamiento del crecimiento europeo. Desde el punto de vista de la oferta, en abril se constató una contracción de la producción industrial en relación con el mes precedente. En el bimestre marzo-abril la producción del sector secundario subió el 0,4% con relación al mismo periodo del año pasado. Por su parte, las entradas de pedidos retrocedieron el 1,9% en abril respecto al mes previo, pero en marzo-abril anotaban un aumento del 2,6% sobre los dos meses anteriores, gracias sobre todo a la demanda procedente de fuera de la zona del euro. La construcción en abril bajó el 6,0% respecto a marzo, tras el fuerte rebote en este mes. No obstante, las entradas de pedidos en marzo registraron una subida interanual del 6,0% en términos reales. En mayo la confianza se deterioró tanto en la industria como en la construcción y los servicios. Sin embargo, se mantenía por encima de los niveles normales en todos estos sectores.
Por otro lado, en las últimas semanas se han intensificado las voces que sugieren una mayor contribución de la economía germánica al relanzamiento del crecimiento europeo, lo que, a su vez, también beneficiaría a Alemania. Así, se han propuesto mayores aumentos salariales, en la medida en que los incrementos de productividad lo permiten, para aumentar la demanda y que así puedan elevarse las ventas de productos de los socios comerciales de la eurozona.

Francia

Cambio de orientación de la política económica francesa

El consumo de las familias galas se muestra débil en los primeros meses del segundo trimestre, pero la confianza se recupera. Los indicadores de opinión han tendido a empeorar en los últimos meses, afectados por la incertidumbre que rodea la resolución de la crisis de la eurozona, el mayor socio comercial de la economía francesa. Así, el clima de negocios en junio se debilitó ligeramente y se alejó todavía más de su nivel medio a largo plazo. En este marco, después del estancamiento del PIB galo en el primer trimestre, en el segundo prevemos que continúe una tónica similar, a lo sumo con un crecimiento muy modesto. En el conjunto del ejercicio mantenemos la proyección de una leve expansión.
Desde el lado de la demanda, el consumo de las familias se muestra débil en los primeros meses del segundo trimestre. El consumo de bienes subió el 0,6% en términos reales en abril respecto al mes anterior, pero fue debido a la energía, ya que el componente de las manufacturas bajó el 1,3% intertrimestral. En mayo la cifra de ventas minoristas disminuyó el 0,6% con relación al mes precedente en valores constantes y en el mismo mes las matriculaciones de automóviles se redujeron el 11,0% respecto a doce meses antes. Sin embargo, la confianza del consumidor, ayudada por el paulatino descenso de la inflación, continuó mejorando en mayo, si bien se situaba por debajo del nivel normal. Por otra parte, las perspectivas de la inversión no son buenas, dado que además la tasa de utilización de la capacidad productiva siguió cayendo en el segundo trimestre.
En cuanto al sector exterior, la demanda de exportaciones fue impulsada sobre todo por los países no comunitarios. De este modo, en el periodo febrero-abril las ventas al exterior de mercancías se elevaron el 0,3% con relación a los tres meses previos. No obstante, la correspondiente tasa registrada por las importaciones fue del 2,5%. Sin embargo, respecto a un año antes las exportaciones en los tres últimos meses disponibles subieron el 5,8%, frente al 3,4% de las importaciones.
La demanda de exportaciones francesas es impulsada sobre todo por los países no comunitarios. Desde la óptica de la oferta, la panorámica es similar. La producción industrial se incrementó el 1,5% en abril respecto al mes anterior, pero el componente de manufacturas bajó el 0,7%. En el periodo febrero-abril la producción manufacturera se contrajo también el 0,7% con relación a los tres meses precedentes. Los pedidos industriales anotaron un aumento intertrimestral del 1,7% en abril gracias principalmente a la demanda exterior, pero se deterioraron en mayo. La producción de la construcción se incrementó el 2,3% en abril en relación con marzo, pero la confianza del sector siguió reduciéndose en junio. Por su parte, las viviendas iniciadas en abril registraron una caída interanual del 25,0%. La confianza de los servicios empeoró en junio y amplió la diferencia con el promedio histórico. Las perspectivas para la industria y los servicios solo eran moderadamente favorables a corto plazo.
El crédito a las empresas no financieras continúa desacelerándose en Francia. En este marco, el desempleo continuó ascendiendo. Así, la tasa de paro alcanzó el 10,2% en abril. En contrapartida, el coste salarial del sector privado no agrícola se ralentizó hasta anotar un alza interanual del 2,1% en el primer trimestre.
Complicada conciliación de la orientación al crecimiento y el logro de los objetivos de déficit público. Cabe señalar que la intensificación de la crisis de la deuda de los países periféricos de la eurozona apenas ha afectado a los bonos del Estado francés en el último periodo. Así, al final de la cuarta semana de junio el diferencial de rendimiento entre la deuda soberana francesa a diez años con la homóloga alemana se colocaba en unos 110 puntos básicos, bastante por debajo del nivel del comienzo del ejercicio y alejada del récord de 189 puntos básicos marcado en noviembre de 2011. No obstante, el crédito a las empresas no financieras en general siguió desacelerándose y en abril anotó un crecimiento interanual del 3,2%, 0,7 puntos menos que en marzo.
La amplia mayoría parlamentaria alcanzada por el Gobierno en las elecciones legislativas refuerza su política económica anunciada, que ha puesto el acento en la reorientación hacia el crecimiento. No obstante, se plantea el problema de conciliarla con el logro del objetivo de un déficit público del 3,0% en 2013 y del 0% en 2017. Se ha propuesto una nueva política de financiación de la economía al servicio del crecimiento, articulada en torno a tres ejes: la creación de una banca pública de inversión, así como la reforma del ahorro reglamentado y del sistema bancario. Pero por otra parte, los empresarios han manifestado su preocupación de que los aumentos de impuestos previstos y posibles restricciones a las empresas supongan un riesgo para las inversiones.

Italia

Las exportaciones frenan la caída de la actividad en Italia

Empeoran los indicadores económicos y revisamos ligeramente a la baja la previsión del PIB italiano para 2012 hasta el -1,8%. Los datos detallados de la contabilidad nacional transalpina del primer trimestre confirmaron la retracción intertrimestral del 0,8%, si bien la tasa de variación interanual fue revisada a la baja en una décima hasta el -1,4%. La demanda nacional tuvo una contribución a la variación intertrimestral del PIB de -1,7 puntos porcentuales. Dentro de ella, la inversión tuvo una aportación de -0,7 y el consumo de las familias de -0,6 puntos. En cambio, el consumo público contribuyó con 0,1 puntos. No obstante, la mayor aportación provino de la demanda exterior, que totalizó 0,9 puntos.
En los últimos meses se ha producido un empeoramiento de los indicadores económicos en general. Así, el clima económico se deterioró en mayo hasta la cota mínima desde abril de 2009. De este modo, es previsible que continúe la recesión. En este marco, revisamos ligeramente a la baja nuestra previsión de variación del PIB para 2012 hasta el -1,8%.
Por lo referente a la evolución de la demanda interna, el consumo de las familias sigue mostrándose débil. Así, las ventas de automóviles cayeron el 14,3% en mayo en relación con el mismo mes del año anterior. Además, la confianza del consumidor continuó disminuyendo en junio hasta marcar un nuevo nivel mínimo de las últimas décadas. Esta deriva se explica por la preocupación por la evolución del mercado de trabajo. En abril, el empleo bajó el 0,1% respecto al mes anterior en términos desestacionalizados y la tasa de paro siguió ascendiendo hasta el 10,2%. En consonancia, la retribución salarial por hora trabajada tiende a ralentizarse y su variación interanual se colocó en 1,4% en abril. Tampoco son favorables a corto plazo las perspectivas de la inversión, ya que la confianza de las empresas está en horas bajas.
La subbalanza de mercancías transalpina registra un superávit en abril. En este entorno, el sector exterior se configura como la tabla de salvación, pero los problemas estructurales de competitividad de la economía subalpina limitan su capacidad de arrastre. En abril, el déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente resultó de 1.138 millones de euros, con una reducción del 76,5% en relación con doce meses antes. Cabe señalar que la subbalanza de mercancías anotó un superávit de 596 millones de euros, frente a un déficit de 2.066 en abril de 2011.
Por otra parte, hacia mediados de junio la rentabilidad de las obligaciones del Estado a 10 años volvió a superar el 6% y el diferencial con las homólogas alemanas repuntó, debido al contagio por Grecia y España. No obstante, las medidas comunitarias rebajaron la tensión y al final de la cuarta semana de junio la prima de riesgo se situaba en 411 puntos básicos, lejos del récord de 550 alcanzado en noviembre de 2011. Es importante que los rendimientos de la deuda pública no se disparen, ya que la carga por los intereses podría ser insostenible.
Para ayudar a alcanzar los objetivos presupuestarios y propiciar el crecimiento económico, con la vista puesta en conseguir la confianza de los mercados, el Gobierno presidido por Mario Monti aprobó un nuevo paquete de medidas el 15 de junio. Entre las decisiones figuran: privatizaciones empresariales e inmobiliarias, desgravaciones fiscales para las empresas que contraten trabajadores altamente cualificados, facilidades para el relanzamiento de la construcción, relajación de la ley concursal, facilidades para la financiación de las infraestructuras, reforzamiento del sector energético, mayor transparencia de los gastos públicos y agilización de los procesos judiciales.

Reino Unido

Reino Unido: ¿compra de activos financieros por parte del banco central?

Nuevo paquete de medidas de política económica para lograr los objetivos presupuestarios y propiciar el crecimiento. La publicación del dato desglosado del producto interior bruto del primer trimestre del año generó dudas sobre el proceso de recuperación de la actividad económica en el Reino Unido. El PIB fue revisado una décima a la baja hasta el -0,3% intertrimestral, dejando el crecimiento interanual en el -0,1%. La descomposición del mismo indica que el consumo privado se desacelera desde el 0,4% intertrimestral del trimestre anterior hasta el 0,1%. La sorpresa la provoca el aumento del gasto público con un 1,6% intertrimestral. Situación que debería revertir en los próximos trimestres debido a las políticas de austeridad implementadas por el Gobierno.
El deterioro de la economía del Reino Unido se confirma. Un tema preocupante lo encontramos en el epígrafe de formación bruta de capital fijo con una caída de -0,3% intertrimestral. Con este ya son dos trimestres consecutivos de retroceso en la inversión en el Reino Unido. Con todo, las exportaciones sorprendieron positivamente con un aumento del 0,1% intertrimestral, y esto a pesar de la fortaleza de la libra y del deterioro del crecimiento en los principales socios comerciales del Reino Unido. Sin embargo, las importaciones crecieron un 0,4% intertrimestral.
Lanzando una mirada a los últimos cuatro trimestres, la economía del Reino Unido ha experimentado una ligera recesión. La caída en el PIB refleja no solo obstáculos internos (como por ejemplo, el ajuste fiscal y el deterioro de la renta disponible de las familias entre otros) sino, además, el impacto de la situación en la Unión Europea y la desaceleración económica a nivel mundial. En cuanto a los sectores económicos que han mostrado mayor debilidad deben destacarse las manufacturas y el de la construcción, mientras que el sector de servicios ha aportado crecimiento en el último trimestre.
Algunos indicadores económicos invitan a la esperanza, como por ejemplo el dato de ventas minoristas del mes de mayo que, tras el descalabro del mes de abril, presentó un crecimiento del 1,4% intermensual. Sin embargo, es difícil pensar que esta mejora es sostenible, ya que la mayoría de indicadores adelantados apuntan en sentido contrario. Un buen ejemplo de ello es el índice de gestores de compras de manufacturas (PMI) del mes de mayo, que descendió hasta los 45,9 puntos, por debajo del nivel de 50, indicando contracción económica. De hecho, si el conjunto de indicadores macroeconómicos mantiene la tendencia actual, nos veríamos obligados a corregir a la baja nuestra previsión de crecimiento del PIB para este año, que actualmente se sitúa en el 0,6%. Ante la gravedad del deterioro económico, el Gobierno británico en combinación con el Banco de Inglaterra anunciaron planes para la creación de una línea de 10.000 millones de libras esterlinas para apoyar la concesión de crédito a las pequeñas y medianas empresas y a las familias.
En Europa emergente, preocupan el contagio de la crisis de la deuda, la situación de Hungría y la desaceleración económica. Por otra parte, se publicaron las actas de una reunión de política monetaria del Banco de Inglaterra en la que se tomaron dos decisiones. En primer lugar, mantuvieron el tipo de interés oficial en el 0,5%. Además, cinco de los nueve miembros votaron en contra de una propuesta del gobernador del banco central, Mervyn King, de incrementar el programa de compra de activos. El acta recogió que la mayoría de miembros creen que será necesario un mayor estímulo monetario en los próximos meses, pero también resalta que estos preferían esperar al resultado de las elecciones legislativas en Francia y Grecia. Todos coinciden en que una de las amenazas más graves para la economía del Reino Unido es la interacción entre la incertidumbre generada por la crisis europea y su impacto en los mercados financieros que, en última instancia, se puede acabar traduciendo en una reducción del crédito a empresas y familias.
Los miembros del comité de política monetaria tendrán margen de sobra para aumentar el programa de compras de activos, pues el dato de la inflación del mes de mayo sigue su tendencia a la baja. El índice de precios al consumo retrocedió dos décimas hasta situarse en el 2,8% interanual, siendo el nivel más bajo de los últimos dos años y medio.

Europa emergente

Europa emergente: tres cuestiones críticas en el paso del ecuador de 2012

Con la mitad de 2012 discurrido, tres cuestiones siguen siendo las fundamentales a fin de establecer un cierto balance de situación en Europa emergente: la intensidad del contagio financiero que la crisis de la deuda está comportando, la situación de Hungría y el grado de ralentización de la actividad.
Hungría y Rumania se ven más afectadas por el episodio de estrés financiero vivido tras las primeras elecciones griegas. Empezando por el primero de estos interrogantes, la evolución de la prima de riesgo, medida por la cotización de los credit default swaps del bono soberano a tres años, indica que el fuerte estrés financiero generado por la combinación de las dudas sobre las elecciones griegas y la incertidumbre sobre la situación de España e Italia (por tanto, entre principios de mayo y la actualidad) ha sido más apreciable en el caso de Hungría y Rumania y más moderado en los de Polonia, la República Checa y Eslovaquia. La situación de estos tres últimos países refleja una preocupación mínima en materia de solvencia del sector público y unos vínculos directos (tanto comerciales como financieros) con Grecia reducidos. Rumania contrasta precisamente en ese último aspecto, ya que la notable importancia de los bancos helenos en su mercado bancario nacional y unos vínculos comerciales estrechos están reflejándose negativamente en la prima de riesgo del país.
Las negociaciones de Hungría con los organismos internacionales pueden estar a punto de empezar... El caso de Hungría es más complejo. Como es conocido, fruto de unas necesidades de financiación exterior para 2012 relativamente elevadas (lejos, con todo, de una inmediata incapacidad para hacerles frente), ya en noviembre pasado el Gobierno solicitó asistencia financiera a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, en un horizonte de más largo plazo, preocupaba a los mercados financieros una situación de endeudamiento público entre las más elevadas de la región (del orden del 80% del PIB).
...tras cambios legales referidos al banco central y el anuncio de nuevas medidas de ajuste fiscal. Tras solicitar la financiación multilateral, las negociaciones se detuvieron debido a que el Gobierno sorprendió a finales de 2011 con la adopción de una nueva normativa restrictiva de la independencia del banco central húngaro. Asimismo, se constató una evolución presupuestaria falta de ajuste, provocando que las instituciones comunitarias, en el marco del procedimiento de déficit excesivo, decidiesen retirar parte del fondo de cohesión a partir del 1 de enero de 2013.
Tras meses sin excesivas concreciones, en las últimas semanas se han producido dos hechos relevantes que pueden allanar el camino de la ayuda financiera. En primer lugar, las conversaciones entre el banco central y el Gobierno han dado lugar a una enmienda de la legislación que será remitida al parlamento húngaro como máximo a principios de julio. Dicha legislación restituye competencias clave en materia de política monetaria al banco central. Sin esperar a la plena adopción de la nueva normativa, el Gobierno solicitará inmediatamente al FMI y a las instituciones comunitarias el reinicio de negociaciones formales.
La actividad sigue a la baja en el segundo trimestre, intensificando la recesión de Rumania, Hungría y la República Checa. El segundo cambio relevante es el anuncio de una serie de medidas presupuestarias para 2012 y 2013 que la Comisión considera adecuadas para garantizar que el déficit público se situará en niveles inferiores al 3% del PIB. Como consecuencia, recomienda la suspensión de procedimiento de déficit excesivo y la no aplicación de la multa anteriormente comentada. Todo ello ha confirmado el escenario dominante entre los inversores financieros de que a finales del verano Hungría dispondrá de asistencia financiera internacional.
Bajo esta interpretación, se entiende que desde mediados de marzo (cuando el reinicio de las negociaciones se descontó en los mercados financieros) y hasta el 7 de mayo, la prima de riesgo magiar descendiese cerca de 100 puntos básicos. Desafortunadamente, en dicha fecha se conoció el resultado de las primeras elecciones griegas, abriéndose un periodo de fuerte aversión al riesgo. En este contexto, la evolución de la prima de riesgo indica que los inversores incluyen a la economía magiar entre los eslabones débiles de la Unión. Ello se debe no solo a la situación fiscal del país, sino también a las expectativas de recaída en la recesión que se manejan.
Este último factor nos remite al tercero de los interrogantes con los que abríamos este apartado. Ante un escenario macroeconómico en la zona del euro notablemente incierto, y con los indicadores de actividad en las economías centrales de la Unión en franco deterioro, la cuestión de establecer el alcance del proceso de frenada de la actividad en Europa emergente se torna especialmente dificultosa. Cabe recordar que las cifras de crecimiento del primer trimestre sitúan en recesión (entendida como dos trimestres consecutivos con el PIB en retroceso) a Rumania y la República Checa, y en prácticamente esta situación, a Hungría. Solo escapan de la tónica de debilidad Polonia y Eslovaquia.
Los últimos indicadores de actividad sugieren que difícilmente el segundo trimestre será mejor que los tres primeros meses del año. El más sintético de todos ellos, el de sentimiento económico, ha empeorado en abril y mayo en todos los países que aquí reseñamos, con la excepción de Rumania, que ha registrado una moderada mejora. El deterioro es mayor en el caso de Hungría y de la República Checa. Todo ello apunta a que, en el segundo trimestre, la República Checa seguirá en recesión mientras que Hungría entrará plenamente en esa misma situación. Rumania podría estar saliendo de la recesión en dicho segundo trimestre, mientras que Polonia y Eslovaquia crecerán en términos intertrimestrales, pero a cotas reducidas. A partir de aquí, cabría esperar una paulatina mejoría (ciertamente, lenta) en todos los países, con la probable excepción de Hungría, que debería notar plenamente los efectos del ajuste fiscal en marcha en la segunda mitad de 2012.

Ganancias de competitividad para relanzar el motor exterior

Ante la debilidad de la demanda interna prevista para los próximos años, toda la atención se centra en el comportamiento del sector exportador español. Su dinamismo marcará la capacidad de recuperación de la economía. Sin duda, en un mercado cada vez más globalizado, la ganancia de competitividad será un factor clave para el impulso de las exportaciones. Tras años de marcado deterioro, recientemente se han observado avances en este sentido. Pero el recorrido de mejora de la competitividad es aún amplio. ¿Hasta dónde pueden impulsar las exportaciones estas ganancias de competitividad?
Los indicadores de competitividad más frecuentes suelen computarse a partir de la evolución de los precios o de los costes laborales por unidad de producto. Un aumento de estas variables por encima del registrado en el resto de economías deteriora la capacidad de exportar de un país y facilita la entrada de productos extranjeros en su mercado doméstico. Como consecuencia, su relevancia en el comercio internacional se puede ver reducida a largo plazo.
Este fue el caso de la competitividad española a partir de su incorporación a la zona del euro. Como muestra el gráfico siguiente de la izquierda, tanto los índices basados en la evolución relativa de los precios como de los costes coinciden en apuntar hacia una clara pérdida de competitividad respecto al resto de países de la Unión Monetaria Europea (UME) entre 1999 y 2008. Sin embargo, se observan diferencias entre ellos. Concretamente, la evolución de los costes laborales unitarios (CLU) relativos manifiesta una mayor volatilidad que la de los indicadores de precios. Por lo que respecta a estos últimos, se aprecia un incremento del precio de los bienes españoles un 10% superior al de los europeos hasta 2008. Este diferencial se redujo hasta el 5% en el caso del precio de los productos exportados, por lo que la pérdida de competitividad de los bienes no comercializables fue mayor que la de los comercializables durante los años de expansión.
Es por ello que, ante la importancia de poder reflejar con mayor precisión la competitividad real de una economía, algunos estudios proponen el uso de medidas de competitividad desagregadas que permitan tener en cuenta la distinta composición de los bienes comercializados.(1) Al mismo tiempo, otros procedimientos permiten refinar el cálculo de competitividad al distinguir los destinos de las exportaciones de un país y sus competidores en ellos. Este es el caso de los tipos de cambio efectivos reales que ponderan los precios -o los costes- relativos y los tipos de cambio en función de la presencia de cada país en los principales destinos exportadores. La evolución de estas medidas de mayor complejidad también muestra una pérdida de competitividad durante gran parte de la década pasada.
Pero, en este contexto, no deja de sorprender la evolución relativamente favorable de la cuota de las exportaciones españolas en el conjunto del comercio mundial. Desde la incorporación a la Unión Monetaria Europea (UME), en 1999, la presencia exportadora de España en el comercio mundial se ha reducido en apenas 2 décimas para situarse en el 1,7%. Dicha contracción, cercana al 10%, fue prácticamente la mitad de la registrada por la cuota exportadora del conjunto de la zona del euro que, en 2011, se situaba en el 26,3% frente al 32,7% una década atrás. Este mejor comportamiento podría explicarse por la existencia de otros factores, además de la competitividad-precio, que también influyen en la cuota exportadora de un país tales como la calidad de sus exportaciones, la especialización sectorial o la destinación geográfica.
(1) Véanse Crespo Rodríguez, A et al. (2011), «Indicadores de actividad: la importancia de la asignación eficiente de los recursos», Banco de España, Boletín Económico Diciembre y De Broeck, M. et al. (2012), «Assessing Competitiveness Using Industry Unit Labor Costs: an Application to Slovakia». IMF Working Paper.
Este resultado, sin embargo, no debe ocultar que las ventas españolas al exterior siguen por debajo de su nivel potencial. Un claro ejemplo es el reducido peso de nuestras exportaciones de bienes con respecto al PIB, concretamente del 20,6% en 2011. Esta cifra es la menor entre las cuatro principales economías de la zona del euro, lejos del 43,0% que representa en Alemania o del 34,0% del conjunto de la unión monetaria.
El margen de crecimiento de nuestras exportaciones es, por lo tanto, amplio. Sin duda, una mejora de la competitividad ayudaría a ello. En efecto, según los principales modelos econométricos, la competitividad es, tras la evolución del comercio mundial, uno de los principales factores explicativos del comportamiento de las exportaciones españolas.(2) De hecho, según estas estimaciones, un incremento de la competitividad respecto a los países industriales, medida a través de la tasa de cambio efectiva real de los precios, de un 1% representa un aumento del nivel de las exportaciones reales a largo plazo entre el 0,6% y el 1,3%. Ello significa, por ejemplo, que si el índice de competitividad volviera al nivel precedente a la incorporación a la zona del euro, las exportaciones reales aumentarían entre el 8,4% y el 18,3% respecto al nivel de 2011. En este caso, el peso de las exportaciones de bienes se elevaría hasta una horquilla comprendida entre el 22,3% y el 24,4% del PIB, un nivel superior al francés y a la par con el italiano.
(2) Véase García C. et al. (2009), «Una actualización de las funciones de exportación e importación de la economía española», Banco de España. Documento de trabajo 0905.
Este escenario se basa en una mejora de la competitividad del 16% respecto al nivel de 2008. ¿Pero es posible una corrección de tal magnitud? Durante los últimos 50 años, se han observado importantes reducciones del índice de competitividad que, en algunos casos, superaron el 15%. En las ocasiones precedentes a la caída iniciada en 2008, estos descensos fueron el resultado de devaluaciones de la peseta, concretamente en 1967, 1979 y 1992. Sin embargo, las ganancias de competitividad fueron transitorias. A medio plazo eran neutralizadas por la elevada inflación resultante de la pérdida de valor de la moneda. Este fenómeno se observa claramente durante los años posteriores a las devaluaciones de 1967 y 1982. Tras la devaluación de 1995, en cambio, no se observa este efecto. La inflación controlada a niveles confortables debido, en gran parte, a la mayor disciplina fiscal explicaría esta diferencia.
Actualmente, la presencia de una política monetaria europea independiente no permite utilizar las devaluaciones como mecanismo de ganancia rápida de competitividad. Las reducciones del indicador son, en consecuencia, más lentas que anteriormente. El gráfico anterior así lo confirma. Entre 2008 y enero de 2012, la corrección del tipo de cambio efectivo fue del 5%, lejos de las caídas observadas anteriormente. Sin embargo, al responder a factores estructurales, probablemente el efecto de la corrección sea más duradero.
En definitiva, el margen de mejora es amplio. Sin embargo, para seguir avanzando en esta dirección es necesario emprender reformas estructurales. Los últimos informes de la Comisión Europea y del Fondo Monetario Internacional hacen especial hincapié en este aspecto. Entre las medidas que proponen destacan aquellas que aumentan la competencia en los mercados de bienes y de servicios, facilitan la reasignación de recursos hacia los sectores de bienes comercializables, potencian la innovación, ayudan al crecimiento de las empresas y eliminan fricciones en el mercado laboral. Sin duda no es una tarea fácil, pero sus beneficios, a través de la consolidación del sector exterior como motor económico del país, pueden ser muy elevados.
Este recuadro ha sido elaborado por Joan Daniel Pina
Departamento de Economía Europea, Área de Estudios y Análisis Económico, "la Caixa"




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