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Informe Mensual, núm 359 - Julio-Agosto 2012
Mercados financieros - Mercados monetarios y de capital
Informe entero ( 2,2 MB )
     

Continúan las dificultades

La incertidumbre sobre la eurozona centra la atención. Finaliza el primer semestre del año y las claves de los mercados financieros internacionales siguen siendo las mismas que a su inicio: la crisis poliédrica de la eurozona y la debilidad del ritmo de crecimiento de la economía global. Estos dos frentes han ido alternando desde hace tiempo fases de pesimismo y esperanza a ritmo desigual. En el último mes, ambos han evolucionado de manera preocupante. En el caso de la eurozona, la vicisitudes de las elecciones presidenciales en Grecia y la evolución del sistema bancario español han acaparado el flujo de noticias cotidiano. Pero en el trasfondo, lo que aflora es la intensificación de los riesgos económicos para el conjunto de la región, y la sensación de falta de rumbo de los políticos para solventar la crisis. A este respecto, en el transcurso del mes de junio se han multiplicado los encuentros entre los líderes de los distintos países, con las miras puestas en el Consejo Europeo de los días 28 y 29 de junio. En cuanto al pulso de la actividad en las principales economías mundiales, han predominado las sorpresas negativas. Los inversores han reaccionado con prudencia y moderación, en parte gracias a que las autoridades monetarias están haciendo uso de políticas expansivas para reducir la probabilidad de una caída brusca del crecimiento.

Los bancos centrales, de nuevo a escena

El papel de los bancos centrales es crucial en el contexto actual. En el escenario económico global que se perfila, el papel de las autoridades monetarias vuelve a ganar protagonismo. No obstante, y atendiendo a la excepcional situación en términos de la acumulación de deuda en algunos países, es necesario que los respectivos gobiernos desarrollen políticas acordes con el fin de asegurar la estabilidad financiera, monetaria y económica. Por ello, los bancos centrales de regiones clave como Estados Unidos y la eurozona están transmitiendo a los mercados un mensaje claro de compromiso y voluntad de adaptación de sus medidas al entorno, pero al mismo tiempo urgen a los líderes políticos a afrontar sus propios desafíos.
El BCE no desvela si volverá a comprar deuda soberana de la periferia. En el caso de la eurozona, la actitud del Banco Central Europeo (BCE) se está caracterizando por la cautela. Las declaraciones de los miembros de la entidad se centran en explicar y defender la estrategia vigente de política monetaria, y en realizar contínuos llamamientos al esfuerzo de los gobiernos de cara a progresar en la integración bancaria y fiscal de la región. Este fue precisamente el mensaje que el presidente del BCE, Mario Draghi, quiso transmitir con motivo de la reunión periódica de la institución. En este sentido, el discurso de Draghi cumplió con las expectativas creadas, dado que sirvió para reiterar con detalle el mensaje firme y claro de las últimas semanas. Según explicó, en base al análisis de la situación económica y monetaria de la región, el BCE decidió que no hay motivos para alterar el tipo de interés de referencia, situado en el 1%. No obstante, aunque las estimaciones de crecimiento de la entidad para este año se mantienen con respecto a marzo, los responsables del BCE son conscientes de la existencia de varios riesgos que amenazan la estabilidad. Entre ellos destacan el incremento de las tensiones en los mercados financieros (alimentadas por la incertidumbre en torno a las necesidades de recapitalización de la banca europea) y el eventual encarecimiento a medio plazo de las materias primas. Es por ello que la entidad, en palabras de Draghi, «vigila muy de cerca» todos los eventos y «están listos para actuar». Sin embargo, parece baja la probabilidad de un recorte de los tipos de interés en el corto plazo, puesto que apenas afectaría a la dinámica en la que está inmersa la economía de la región. En cuanto a la participación del BCE en el mercado secundario de deuda, el banco central mantuvo su postura de abstenerse salvo que la situación financiera de la eurozona se tornara extremadamente negativa. Igualmente, descartó la realización de otra subasta de liquidez a 3 años, pero por el contrario amplió las facilidades de financiación a 1 y 3 meses para la banca europea hasta enero de 2013.
Al hilo de los acontecimientos de las últimas semanas relacionados al sector bancario, el BCE ha animado a la creación de la unión bancaria y de un fondo de garantía de depósitos unificado en la región, que permitan hacer frente a adversidades crediticias futuras y restaure la confianza de los inversores sobre la solvencia del sistema. De igual manera, apela a la flexibilización de las capacidades de los fondos de rescate europeos (FEEF y MEDE) para inyectar fondos a la banca de forma directa, evitando la intermediación de los gobiernos y su impacto sobre las cuentas públicas. El BCE reconoce que estos pasos no son fáciles, dado que requieren que los líderes políticos adopten medidas políticamente ambiciosas y desarrollen estrategias con objetivos a largo plazo.
Desde el BCE se incentiva a la creación de la unión bancaria europea. En Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) ha saldado el debate sobre la necesidad de nuevos estímulos monetarios, ampliando la vida de la «Operación Twist». La modesta evolución de las principales partidas del PIB durante los últimos meses y la debilidad que se percibe en el contexto económico y financiero global, han determinado una rebaja de las estimaciones que realiza la institución para el crecimiento de los próximos trimestres (desde 2,7% a 2,2% en 2012). Según apunta, en este entorno es previsible que la dinámica del mercado laboral también se vea afectada negativamente, manteniéndose la tasa de desempleo por encima del 8% durante este año. En base a estas proyecciones, la Fed ha mantenido los tipos de interés en el rango del 0%-0,25%. Adicionalmente, decidió ampliar el plazo de duración de la conocida como «Operación Twist», hasta finales de 2012. Con este programa, cuyo fin estaba previsto para junio, la entidad pretende seguir extendiendo la duración medida de su cartera de deuda y reducir (aún más si cabe) los tipos de interés a largo plazo. A través de la compra de bonos del Tesoro americano a largo plazo y la venta de aquellos con un vencimiento inferior a 3 años, la Fed persigue flexibilizar las condiciones de financiación del sector privado. Asimismo, intenta disipar cualquier amenaza deflacionista sobre la economía. El uso de esta herramienta permite a la Fed mantener el tamaño de su balance, eludiendo los incrementos que se producirían con la aplicación de otras medidas de carácter cuantitativo.
China baja tipos por primera vez en cuatro años. En el terreno de los países emergentes, la fase de desaceleración que atraviesan la mayoría de sus economías empuja a los responsables de los bancos centrales a transmitir mensajes más agresivos a los mercados financieros que en el caso de la Fed y el BCE. La actuación ordenada y predecible de las autoridades es bien recibida por los inversores, que pueden adaptar sus expectativas de rentabilidad en base a la información económica recibida. La publicación de datos de actividad débiles de las últimas semanas y la paulatina moderación de la inflación, son los principales argumentos que justifican la continuidad del carácter expansivo de las medidas monetarias de estos países. En junio se han producido nuevos movimientos en dos de las principales economías emergentes, China y Brasil. Por primera vez desde que comenzara la etapa de relajamiento (hasta ahora protagonizada por medidas cuantitativas), el banco central chino recortó el tipo de interés oficial en 25 puntos básicos hasta el 6,31%, en un intento por combatir la flaqueza de la economía y dinamizar los flujos de crédito hacia el sector privado. Igualmente, la autoridad brasileña ajustó por séptima vez consecutiva los tipos de interés hasta el nivel mínimo de 8,5%.
Los tipos de interés interbancarios muestran una gran estabilidad. En este contexto, los tipos de interés interbancarios de Estados Unidos y de la eurozona apenas han registrado variaciones de consideración. En el entorno europeo, las turbulencias derivadas de la incertidumbre política en Grecia y de la necesidad de recapitalización de la banca española, han sido compensadas por la red de seguridad dispuesta por el BCE (a través de las LTRO de diciembre y febrero) y los gobiernos. Gracias a esta protección, los tipos de interés euríbor a 12 meses han mantenido una suave trayectoria bajista, situándose de nuevo en los niveles de abril de 2010 (previo a que el BCE comunicara el inicio de una normalización monetaria que luego fue abortada).

Las rentabilidades de las deudas española e italiana, en «alerta roja»

Presiones severas sobre la deuda soberana española. Como ya ocurriera en mayo, las dudas sobre la solidez y estabilidad de la eurozona han dominado el sentimiento de los inversores durante gran parte de junio. El mes comenzaba con un brusco aumento de las tensiones a resultas de la posible salida de Grecia del euro y los crecientes recelos sobre la salud del sistema bancario de España. En el transcurso de las semanas, y al hilo de las múltiples citas políticas que han tenido lugar, el grado de nerviosismo ha ido fluctuando, pero siempre en cotas altas. Por lo que respecta a Grecia, el partido ganador de las elecciones ha logrado formar un gobierno de coalición que apoya la permanencia del país en la Unión Monetaria. En cuanto a España, el Gobierno ha obtenido el respaldo del Eurogrupo para afrontar las necesidades de recapitalización del sector bancario. El crédito acordado asciende hasta 100.000 millones de euros, y bajo unas condiciones que se determinarán a lo largo de julio. Aunque ambos acontecimientos suponen superar obstáculos que inicialmente parecían problemáticos, lo cierto es que la reacción positiva de los mercados fue efímera, de manera que las tensiones (en forma de ampliación de primas de riesgo) no tardaron en volver. La explicación se encuentra en la desconfianza que sigue planeando sobre la viabilidad a largo plazo de la Unión Monetaria. De ahí la relevancia que ha adquirido el debate sobre las fórmulas para mejorar su funcionamiento, en particular las propuestas para avanzar hacia una unión fiscal, una unión bancaria y, en última instancia, una unión política.
España sigue sufriendo rebajas de rating. Lógicamente, en este contexto, el ánimo de los inversores se ha caracterizado por la prudencia, lo que finalmente se ha traducido en un nuevo castigo a la deuda soberana de los países de la periferia europea, y en concreto España. A esta penalización también han contribuido las rebajas de la calificación crediticia que las principales agencias realizaron tanto del Reino de España como de gran parte de las entidades financieras locales. Así, la rentabilidad del bono español a 10 años llegó a superar la barrera del 7% durante varias sesiones, y el diferencial con el bund alemán rebasó con creces los 500 puntos básicos, nivel máximo desde la entrada del euro.
La aversión al riesgo reduce las yields de los países más solventes. Como resultado de la búsqueda de seguridad por parte de los inversores, las tasas de rentabilidad de la deuda soberana de las economías más solventes, como Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, continuaron inmersas en la tendencia bajista iniciada hace varios trimestres, llegando a marcar nuevos mínimos. En el caso de las obligaciones norteamericanas a 10 años, la yield descendió hasta el 1,60%. Esta circunstancia se justifica, además de por la preferencia de los inversores particulares por activos financieros considerados seguros, por otros factores como la compra de deuda por parte de los bancos centrales (tanto de países desarrollados como emergentes) y por el cambio del marco regulatorio en el sector financiero, que promueve políticas de acotación de riesgos.

El euro, en el centro de todos los debates

El euro no se recupera de la fuerte depreciación de mayo. Tal como se ha señalado, la evolución de los acontecimientos políticos en Grecia, la ayuda al sistema bancario español y el debate sobre la refundación de la UEM han alimentado oscilaciones en las primas de riesgo de múltiples activos financieros, que se han visto bien reflejadas en la cotización del euro. En el transcurso del mes, el tipo de cambio del euro se ha movido bajo un tono de debilidad alrededor de 1,25 dólares, consolidando por lo tanto la intensa deprecicación que experimentó en mayo. De hecho, tomando una perspectiva más amplia de la evolución de la divisa europea se aprecia claramente que desde febrero se ha intensificado la tendencia de depreciación del euro frente al dólar. A este proceso de pérdida de valor del euro han contribuido factores como la aversión al riesgo vinculada a la crisis de deuda de la eurozona, la salida de flujos de capitales de activos denominados en euros, y la mejora comparativa de las proyecciones económicas en otras áreas geográficas.
En otros ámbitos del mercado de divisas, destaca la continuidad del proceso de depreciación frente al dólar de la mayoría de monedas emergentes, achacable a la fase de desaceleración económica y relajamiento monetario que atraviesan. En un hecho especialmente remarcable, las autoridades chinas han situado el cruce oficial entre el yuan y el dólar en niveles claramente más depreciados que los prevalecientes a principios de año.

Los mercados de renta corporativa se resienten ante la crisis

El repunte de las tensiones en Europa genera temor entre los inversores y los emisores de renta fija privada. Como en los dos meses anteriores, el clima de los mercados de deuda privada ha seguido dominado por la inestabilidad de la periferia europea. Como era previsible, el repunte de las tensiones en el seno de la eurozona fue inicialmente secundado por un incremento de los spreads de crédito a nivel global. Dando paso posteriormente a una fase de moderada relajación en los principales índices, tras la marcha favorable de los acontecimientos. En este escenario han confluido dos tendencias combinadas. De una parte, los inversores confusos ante el flujo de noticias provenientes de la eurozona. De otra, las compañías recelosas a acudir a los mercados en búsqueda de fondos por temor a enfrentarse a unos costes de financiación elevados. Esta situación ha derivado, a su vez, en dos efectos. El primero ha sido la salida neta de flujos de capital en fondos de renta fija europea hacia otros mercados menos expuestos a la coyuntura de la crisis soberana. Y el segundo, la diáspora de emisores a los mercados norteamericanos, atraídos por los reducidos tipos de interés de financiación allí prevalecientes.
Las agencias de rating revisan a la baja la calificación crediticia del sector bancario europeo. Desde el punto de vista sectorial, nuevamente el sector financiero europeo ha sido el más castigado por la coyuntura actual. A las dificultades crediticias suscitadas por la crisis de la región y por el endurecimiento de la regulación del sector, se unieron las revisiones a la baja del rating de muchas de las entidades de la eurozona, destacando los descensos de calificación efectuados sobre la banca española.
La otra cara de la moneda está representada por los mercados de renta corporativa de los países del sudeste asiático. El impacto de los sobresaltos de la crisis de la eurozona y el temor a la caída del crecimiento económico en Estados Unidos y en China ha sido relativamente moderado. La resistencia de estos mercados ha provocado la afluencia de inversores extranjeros atraídos por el binomio de rentabilidad y seguridad que ofrecen las nuevas emisiones, tanto de bonos soberanos como corporativos.

Las bolsas capean a duras penas las adversidades

Las bolsas internacionales recuperan terreno, aunque en precario. Aunque el primer semestre del año ha finalizado con un balance negativo para la mayoría de las bolsas internacionales, el mes de junio se ha caracterizado por la relativa mejora de los índices. La reducción de los temores a que Grecia saliera del euro y la asistencia de la eurozona en la recapitalización del sistema bancario español marcaron un punto de inflexión en la trayectoria de la apetencia por el riesgo de los inversores. Si bien todavía quedan por resolver aspectos de especial relevancia en la eurozona, los agentes han sabido valorar los esfuerzos de los dirigentes políticos en materia fiscal y financiera. Esta consideración ha logrado, en gran medida, contrarrestar el efecto negativo del empeoramiento de los datos de actividad económica global.
Los inversores vigilan el proceso de rescate de la banca española. La evolución de los índices bursátiles ha variado dependiendo de la exposición de las compañías cotizadas a las injerencias de la crisis europea. Así, el S&P 500 ha logrado estabilizar su trayectoria gracias a la continuidad de las buenas perspectivas de beneficios empresariales y a las garantías de liquidez de la Fed. En el caso de las bolsas de los países emergentes, la evolución de los índices ha estado vinculada a los distintos episodios de flexibilización monetaria de sus economías y a la búsqueda de rentabilidades más seguras por parte de inversores extranjeros.
Por lo que respecta a la eurozona, en junio se ha producido una mejora neta de la mayoría de los índices, aunque desde niveles de capitalización que siguen siendo muy bajos. El Ibex 35 experimentó una subida cercana al 10% desde los mínimos de mayo, circunstancia que no ha evitado la extrema vigilancia de los inversores. Además del deterioro de la confianza de la capacidad de la economía española para cumplir con los compromisos presupuestarios impuestos por la Unión Europea, se sumaron los daños sobre la salud de los balances de las entidades financieras locales (donde la presencia de deuda pública y activos inmobiliarios es muy elevada) y las rebajas de calificación crediticia de España y de gran parte de los bancos. Sin embargo, la confirmación del apoyo de los socios comunitarios al sistema bancario español con un préstamo de hasta 100.000 millones de euros, y el posterior anuncio de las necesidades de capitalización del sector por parte de las empresas de valoración externas por importe de 62.000 millones de euros, dieron un respiro a la deteriorada cotización del sector.




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