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Volumen 34, de la Colección Estudios Económicos
Introducción La Política Agraria Comunitaria, que dentro de poco cumplirá medio siglo de vida, se ve hoy obligada a replantearse todo su contenido, y tras un largo recorrido se sitúa ahora ante un escenario de profundos cambios. En él coinciden la quinta ampliación comunitaria, la recapitulación de la tercera fase de notorios cambios en la regulación agraria que se abrió con la Reforma MacSharry y los trabajos finales de la Ronda de Doha, con la que la Organización Mundial del Comercio aspira a ampliar y profundizar los acuerdos de la Ronda Uruguay del GATT, diez años atrás, sobre el comercio internacional de productos agrarios. Una verdadera encrucijada de alcance histórico, sin duda. Una ocasión propicia para proceder al recuento de lo que se ha hecho y de lo que habrá que intentar hacer en un futuro que ya no espera. Éste es precisamente el objetivo del libro que hoy se presenta. Objetivos de la Política Agraria Común (PAC) El recuento de lo que ha sido y de sus consecuencias debe contraponer objetivos y resultados, propósitos y efectos de uno y otro signo. Por lo pronto, hay que recordar que la política agraria sienta sus bases, en la Conferencia de Stressa, sobre una realidad económica y social europea que aún conserva viva la memoria de las penurias económicas provocadas por la segunda gran contienda bélica. De ahí que sus primeros objetivos sean estimular la oferta agraria e incrementar la productividad, para asegurar el autoabastecimiento alimenticio, así como mejorar las rentas agrarias para alcanzar una remuneración equitativa de los agricultores. Objetivos que se persiguen a través de medios bien definidos: establecimiento de precios generosos y sistemas de intervención iguales en todo el territorio comunitario y férrea protección en frontera de la producción interna frente a la competencia exterior. Objetivos, en suma, que van a hacer bascular todo el peso de la PAC hacia el lado de la política de precios y mercados, en detrimento de la política de estructuras —y su sucesora, la política de desarrollo rural—, que apenas ha podido despuntar durante decenios enteros pese a que su conveniencia quedó formulada también desde los albores del proceso de integración. Efectos de la regulación agraria Desde el final de los años setenta, además, los vigorosos dispositivos de protección implantados por la PAC comenzaron a destilar un buen número de problemas y fuertes tensiones. Mirando hacia adentro: cuantiosos excedentes que suponían un elevado coste para el presupuesto comunitario, desequilibrios sectoriales (debido a la distinta protección otorgada a las producciones continentales y mediterráneas), empresariales (la PAC ha favorecido, sobre todo, a las grandes explotaciones) y regionales (los Estados del norte, especializados en las producciones más protegidas y con explotaciones más eficientes, son los que, en términos relativos, han resultado más agraciados), perpetuándose también aquí muchos de los desequilibrios iniciales entre las agriculturas del norte y el sur del espacio comunitario. La tercera línea de efectos a apuntar en el debe acumulado por la PAC va adquiriendo, conforme avanza el tiempo, una especial entidad; pues cuestiona la propia legitimación social de esa fundamental política comunitaria. Lo hace, a su vez, desde tres frentes. Por una parte, la generosa política de precios aplicada desde los orígenes de la regulación agraria ha promovido el desarrollo de modelos de producción intensivos que han ocasionado un considerable daño medioambiental. Además, el modelo de producción auspiciado por la PAC, unido a la laxitud de las inspecciones comunitarias, propiciaron el surgimiento de graves problemas alimentarios y sanitarios —vacas locas, pollos con dioxinas, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob...—, causando una fuerte conmoción en la opinión pública. Finalmente, la sociedad europea tampoco acepta de buen grado ni la concesión indiscriminada de ayudas a los agricultores para producir bienes de los que el mercado está saturado ni la opacidad de unas subvenciones encubiertas por unos precios situados muy por encima de las cotizaciones internacionales. Pero los efectos perversos de la regulación agraria se han dejado sentir también en los mercados internacionales, arreciando las críticas contra la PAC, tanto desde los países en desarrollo con gran potencial de producción agraria, como desde los países más avanzados, por más que estos últimos hayan practicado también, en general, políticas agrarias fuertemente proteccionistas. Unos y otros han objetado, además de la fuerte protección del mercado comunitario, las cuantiosas subvenciones a la exportación que aplica la Unión Europea para colocar sus ingentes excedentes en el mercado internacional, concurriendo de forma desleal con los países en desarrollo. No puede sorprender, ante todo ello, que los intentos reiterados de cambio de la PAC formen parte, y parte sustancial, de su propia historia, movidos por el ánimo de corregir los problemas internos y externos. La PAC conoce consecuentemente, desde fechas tempranas, un permanente proceso de reforma con el común denominador de reducción de los excedentes, como medio de limitar las exportaciones subvencionadas y los costes financieros de la PAC, mantenimiento de un número suficiente de agricultores en el medio rural y sostenimiento de las rentas agrarias. Descarga del libro entero :
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